FACULTAD DE PSICOLOGÍA. TRABAJO DE DIPLOMA. Particularidades del Cuadro Interno de la Enfermedad en pacientes con Cardiopatía Isquémica. Autora: Ariadna Veloso Rodríguez. Tutor: Dr. Eduardo veloso Pérez Asesor: Dr. Amaury Dagoberto Martínez 2005-2006 “El hombre llega a ser sujeto por una reflexión sobre su situación, sobre su ambiente concreto. Mientras más reflexiona sobre la realidad, sobre su situación concreta, más emerge consciente comprometido, listo para cambiar la realidad” PAULO FREIRE Dedicatoria. A mi princesita para que le sirva de ejemplo y guía en el arduo y díficil camino de la vida. A esa pequeña personita que con cada gesto, cada sonrisa, incluso con sus diminutas lágrimas ha sido inspiración y motivo de esfuerzo. A la memoria de mi abuelo Veloso; por todo el ejemplo que me distes, por los valores que ayudaste a formar en mí; porque sé que en todo momento estuviste aquí, conmigo. A mis padres; como muestra de agradecimiento y de todo el orgullo que siento por ellos. Agradecimientos: A mis padres: por todo el amor y el apoyo brindado a lo largo de mi vida; porque han sabido ser guía en todo momento, porque sin ustedes este sueño no se hubiese hecho realidad. A mi esposo: compañero y amigo; por toda la ayuda que me brindó; porque siempre encontró la palabra adecuada, aquella que necesité en momentos en los que el agotamiento parecía vencerme. A ti; gracias por entrar a mi vida y por este apoyo. Porque de este sueño también eres protagonista. A mi familia: porque siempre han estado conmigo, brindándome todo su amor y cariño; apoyándome, dándome fuerzas e impidiéndome flaquear. A Yisell y Cibeles: por confiar en mí, porque su ayuda fue incondicional.. A mis amigos: por estar allí donde los necesité, porque siempre he podido contar con ustedes A mis compañeros de estudio: por estos cinco años vividos, por todo el cariño y la ayuda mutua compartida. Porque todos, de una forma u otra han contribuido y formado parte de esta etapa de mi vida. A los trabajadores y cardiólogos del HPSS y a los pacientes diagnosticados de Cardiopatía Isquémica por su colaboración en la investigación. A mis profesores de la UCLV por haber contribuido a mi formación profesional A todos los que de una forma u otra han sido cómplices en este sueño hoy hecho realidad. A la Revolución por darme esta oportunidad. Gracias. Resumen. Los factores psicológicos tienen una gran influencia tanto en la prevención como en el desarrollo, eclosión y el subsiguiente período de rehabilitación de la cardiopatía isquémica; de ahí la gran importancia de su estudio desde el marco de la Psicología. De estos planteamientos podemos concluir que en un estudio del enfermo somático se hace necesario conocer las particularidades psicológicas del enfermo, estudiar el cuadro interno de la enfermedad. Considerando estos criterios, por la importancia del tema en cuestión y debido a la existencia de pocos estudios realizados el objetivo de nuestro trabajo consiste en describir las particularidades del Cuadro Interno de la Enfermedad de los pacientes estudiados con Cardiopatía Isquémica en El Hospital Universitario Camilo Cienfuegos de la provincia de Sancti Spíritus. Cumplimentar Nuestro objetivo fue posible con la utilización, en la muestra seleccionada, de varias técnicas y métodos diagnósticos como: Entrevista semiestructurada al cardiólogo del paciente, Entrevista semiestructurada al paciente, Test de Ansiedad Rasgo – Estado. IDARE, Test Tetradimensional de la Depresión, Diferencial Semántico de Salud y Modificación de la escala de autovaloración Dembo – Rubinstein. Los resultados arrojaron que este tipo de paciente poseen un adecuado conocimiento de la enfermedad que padecen, no siendo así respecto a las modificaciones saludables que deben realizar en su estilo de vida. La misma les resulta dolorosa, manifestando que piensan mucho en su enfermedad; valorándose a sí mismo como una carga y sin que la misma implique trastornos en la sexualidad. Estos pacientes poseen altos niveles de ansiedad rasgo y ansiedad estado y manifestaciones depresivas, aunque no intensas. Tienen una adecuada valoración de su estado de su salud y su carácter se ve afectado en períodos de crisis de la enfermedad, lo que no limita sus aspiraciones en la vida. Introducción. El vínculo entre la psicología y el estudio de las enfermedades mentales ha sido tan estrecho que parecía el único posible; pero desde finales de los años sesenta del pasado siglo comenzó un interesante proceso en el que se ha comprometido el estudio y atención de la problemática salud - enfermedad. En nuestro país se ha realizado un esfuerzo extraordinario en la creación de un sistema de salud cuyo objetivo es el hombre como ser biopsicosocial, con una cobertura preventivo – asistencial que garantice una atención integral al individuo. Al analizar los principales problemas de salud de la población cubana es imposible dejar de pensar en los problemas cardiovasculares y por tanto en las cardiopatías isquémicas.Este grupo de enfermedades son la primera causa de muerte en el mundo en los inicios del tercer milenio (OMS, 2003) y la Cardiopatía Isquémica (CI), entidad llamada por muchos “el azote de la vida moderna”, es hoy la primera causa de muerte a nivel mundial. En nuestro país sólo por esta causa, fallecen anualmente más de 20 000 personas, de las cuales aproximadamente el 70% han sido por cardiopatía isquémica; destacándose el incremento de estas cifras con el decursar de los años, lo cuál nos demuestra la alta incidencia y prevalencia de este tipo de enfermedad en la población cubana; cuya aparición la podemos encontrar cada vez en edades más tempranas de la vida. Así pues, tanto por sus consecuencias humanas como económicas, las enfermedades coronarias son las que presentan la mayor trascendencia de cuantas existen en la actualidad. La Psicología de la Salud postula que en todas las enfermedades están presentes estados emocionales, comportamientos y valoraciones acerca de la condición patológica, las limitaciones que lleva aparejadas, las exigencias de los procedimientos diagnósticos y terapéuticos, el pronóstico y el impacto para la vida futura. La cardiopatía isquémica no queda exenta de esta determinación multicausal donde los factores psicológicos y la dinámica de sus interacciones van a estar interactuando con factores biológicos, ambientales, sociales, etc.) (Martín, 1998). Desde el mismo comienzo de la enfermedad con la aparición del cuadro sintomatológico, tienen lugar en el paciente isquémico un conjunto de respuestas psicológicas, las que se justifican dada la cronicidad e intensidad de su manifestación; pues la sintomatología incide directamente en el estado psíquico del paciente provocando reacciones emotivas que van a ser vivenciadas por él como una situación de tensión , lo cual constituye no solo una barrera en el logro de la estabilidad y compensación del paciente, sino que también puede influir en la gravedad de los síntomas. Estos factores psicológicos tienen una gran influencia tanto en la prevención como en el desarrollo, eclosión y el subsiguiente período de rehabilitación de la cardiopatía isquémica; de ahí la gran importancia de su estudio desde el marco de la Psicología en aras de un mejor y más exitoso proceso rehabilitatorio, así como para lograr mejorar la calidad de vida de estos pacientes y hacer más eficaz y efectivo los programas de prevención secundaria en esta área de la salud humana. El progreso científico - técnico y su influencia cada vez más creciente en la medicina moderna ha traído una alta especialización de los médicos y un perfeccionamiento tecnológico de los medios diagnósticos y terapéuticos. La efectividad de los modernos tratamientos de muchas enfermedades han aumentado los plazos de supervivencia de un gran número de pacientes. A su vez todo esto tiene un aspecto negativo, con frecuencia la atención del médico está concentrada en las manifestaciones de la propia enfermedad; sin embargo, las particularidades de la reacción del organismo como un todo y más aún, las peculiaridades de la personalidad del enfermo se valoran insuficientemente (A.R.Luria ,1989; B.W Zeigarnik ,1986; J. Grau ,1984; Veloso ,1990). Es meritoria la demanda de profundización en la psicología del enfermo caracterizada esta como el reflejo subjetivo de la enfermedad, las nociones sobre ella, las vivencias y la actitud ante la enfermedad. Crece la importancia de que el médico conozca la valoración por el enfermo de su propio sufrimiento somático, la actitud ante él y su resultado final, hacia la familia, los allegados, la actividad social laboral. De estos planteamientos podemos concluir que en un estudio del enfermo somático se hace necesario conocer las particularidades psicológicas del enfermo, estudiar el cuadro interno de la enfermedad, todo aquello que experimenta subjetivamente el enfermo, toda la masa de sensaciones, no sólo sus sensaciones mórbidas localizadas, sino su disposición general, su autobservación, sus representaciones sobre su enfermedad, sobre sus causas; todo aquello que para el enfermo está relacionado con su visita al médico; aquel enorme mundo del paciente que consiste en combinaciones extremadamente complejas de su percepción, emociones, afectos, vivencias psíquicas y traumas (Luria, 1944). La investigación del cuadro interno de la enfermedad en las condiciones actuales de desarrollo de la medicina es imprescindible para lograr brindar al paciente una atención integral como ente bio – psico – social, y derivado de esta investigación adecuar las técnicas de rehabilitación a aplicar; evidenciándose así no solo su importancia diagnóstica sino como paso previo a la intervención psicológica de este tipo de paciente para contribuir a mejorar su calidad de vida. Considerando estos criterios, por la importancia del tema en cuestión y debido a la existencia de pocos estudios realizados en esta temática ha surgido la interrogante siguiente que se convierte en nuestro problema de investigación: ¿Cuáles son las particularidades del Cuadro Interno de la Enfermedad en pacientes con Cardiopatía Isquémica? .Contestar esta pregunta ha sido la motivación central de realizar el presente trabajo de diploma en esta temática. Nuestro trabajo permite enriquecer el estado documental de la temática objeto de estudio. Además, el debate de los resultados de la investigación con los médicos tratantes de estos pacientes favorecerá sin dudas su tratamiento y rehabilitación al ser considerada en las mismas los aspectos subjetivos, la vivenciación que los enfermos hacen de su enfermedad, contribuyendo también a la conscientización del personal de salud sobre la necesidad de valorar la dimensión psicológica en el estudio, tratamiento y rehabilitación de los pacientes en independencia de la patología que presenten . Sin dudas un modesto aporte a la psicología de la salud en función del bienestar del hombre, objetivo prioritario de nuestro sistema nacional de salud y de nuestro proyecto social de desarrollo. Capítulo 1: Fundamentación Teórica. 1.1- La Cardiopatía Isquémica como problema de salud. Las enfermedades del corazón se han convertido en motivo de estudio y preocupación de la ciencia moderna por su gran incidencia en la población mundial y cubana. Entre las principales afecciones cardiovasculares se mencionan las enfermedades valvulares, de origen reumático o de origen congénito, otras infecciosas, la insuficiencia cardiaca y la Cardiopatía Isquémica (CI). (Alfonso, 2000). El término cardiopatía se refiere a la alteración en el funcionamiento del corazón e involucra a la función primaria del mantenimiento de la circulación sanguínea. El término "isquémico" significa que un órgano, en este caso el músculo cardíaco, no ha recibido suficiente sangre y oxígeno. En resumen, la cardiopatía isquémica es un trastorno del miocardio provocado por el desequilibrio entre los requerimientos del músculo cardíaco y el flujo coronario a causa de alteraciones en la circulación coronaria, las cuales pueden ser agudas o crónicas, así como también funcionales o estar en relación con una enfermedad crónica. Se excluyen de esta entidad nosológica los trastornos motivados por los cambios en el flujo coronario que obedezcan a otras causas, tales como estenosis aórtica, hipertensión arterial, entre otros. (Roca, 2002). La causa biológica de la cardiopatía isquémica es la ateroesclerosis, que se debe a un disturbio del metabolismo de las grasas, y su resultado es la pérdida de la integridad de la estructura y función de los vasos coronarios. Esto determina una reducción variable del flujo sanguíneo y, por tanto, de oxígeno al miocardio. (Roca, 2002). En el surgimiento y mantenimiento de la CI influyen determinados factores de riesgo, entendidos estos como aquellos elementos o circunstancias que favorecen la formación de ateromatosis coronaria. Dichos factores se clasifican en dos grupos: modificables y no modificables. Estos factores de riesgo pueden ser predisponentes y desencadenantes. (Roca, 2002). Factores de riesgo no modificables. Antecedentes familiares: Es indudable su participación en conjunto con otros factores de riesgo, ya que es obvio que las “cargas familiares” conforman perfiles más severos de riesgo para el paciente. Este mayor riesgo puede estar mediado por efectos genéticos en otros factores de riesgo como obesidad, hipertensión, dislipemia y diabetes. Sexo masculino: Es universalmente aceptado que la mayor incidencia de la CI ocurre en el sexo masculino; sin embargo, en las mujeres menopáusicas esta diferencia se borra y se plantea ya que a los 65 años las ¾ partes de los fallecimientos de deben a ataques coronarios agudos. Para explicar esto se involucra el factor protector estrogénico, que desaparece de forma paulatina a partir de los 55 años, lo que favorece el incremento del colesterol sérico. • Edad: Es conocido que antes de los 40 años la incidencia de la enfermedad es baja y prácticamente desconocida en la infancia y en la adolescencia. Puede decirse que la CI es una afección con preferencia de la 5ta década de la vida, aunque en investigaciones recientes se plantea su aparición en edades cada vez más jóvenes de la vida. Cuatro de cinco pacientes que fallecen por enfermedad cardiovascular son mayores de 65 años. Factores de riesgo que pueden ser modificados • Cigarrillo / fumadores de tabaco: El tabaco altera los mecanismos de dilatación de las arterias sanas; el vaso se contrae y disminuye el riego sanguíneo, modifica los valores de colesterol y otras grasas que contribuyen al desarrollo de las lesiones coronarias y favorece coágulos de sangre dentro de las arterias (formación de trombos). La nicotina aumenta los niveles de adrenalina y noradrelanina circulantes, hormonas que elevan Ia tensión arterial y aumentan los latidos del corazón. El fumar cigarrillos causa que se forme una placa en las paredes interiores de las arterias. Las evidencias parecen indicar que la exposición crónica a ambientes con humo de tabaco (fumadores pasivos) aumentaría el riesgo de enfermedad cardiovascular. • Colesterol aumentado en sangre: El riesgo de enfermedad coronaria se incrementa con el aumento de los niveles de colesterol. Cuando otros factores (como hipertensión y tabaquismo) están presentes, el riesgo crece más aún. • Hábitos de alimentación: Las investigaciones han mostrado que la dieta afecta el desarrollo de la presión sanguínea elevada (hipertensión). Se calcula que solamente el 18% de las mujeres y el 20% de los hombres consumen las cinco porciones recomendadas de frutas y verduras por día. • Obesidad: Se considera factor de riesgo independiente cuando hay sobrepeso mayor del 30%, en especial cuando se ha iniciado a los 25 años de edad y la obesidad es troncular, que se caracteriza por adiposidad excesiva en el abdomen. La obesidad, en forma típica, tiende a aumentar la presión arterial y los niveles de colesterol total y LDL y disminuir el HDL, predispone a la diabetes tipo 2. Además, recientemente se ha encontrado que se asocia con niveles sanguíneos elevados de homocisteína, un producto del metabolismo de la metionina con fuerte efecto oxidante y favorecedor de la aterosclerosis. Es perjudicial porque incrementa el esfuerzo a que es sometido el corazón, y se vincula a la enfermedad coronaria por su influencia negativa sobre el colesterol y la diabetes. • Inactividad física: En diversos estudios epidemiológicos observacionales se ha demostrado que la actividad física regular reduce el riesgo de enfermedad coronaria. Estas consecuencias positivas pueden estar en relación con que el ejercicio físico aumenta el nivel de HDL colesterol, mejora la resistencia a la insulina, reduce el peso corporal y la presión arterial. El sedentarismo es un factor de riesgo para la enfermedad cardiovascular. Los individuos que no hacen suficiente actividad física también tienen dos veces más probabilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares en comparación a quienes se mantienen físicamente activos Factores de riesgo emocionales: Los factores de riesgo emocionales incluyen los no tan clásicos o tradicionales como el patrón de conducta Tipo A, las emociones de ira y hostilidad, la reactividad cardiovascular, la depresión, la ansiedad, el estrés y la falta de apoyo social. Los factores emocionales de riesgo no se presentan aisladamente, sino que se influyen mutuamente y a su vez interactúan con los factores de riesgo tradicional. (Fernández – Abascal, Martín, Domínguez, 2003). Como se puede apreciar son muchos los factores de riesgo que en interrelación pueden llegar a predisponer o precipitar la enfermedad coronaria, pero la importancia que ha ganado el estudio de este grupo de enfermedades se debe sobre todo a sus elevados índices de morbilidad y mortalidad. Las enfermedades del corazón constituyen la principal causa de muerte en nuestro país desde hace más de cuatro décadas. Actualmente sólo por esta causa, fallecen anualmente más de 20 000 personas (20 995 en al año 2004, lo cual significa un aumento de 8291 fallecidos desde 1970) (Anexo No.1) de las cuales aproximadamente el 85.9% corresponden a la población mayor de 60 años. Su tendencia al incremento en los últimos años se debe entre otras razones al envejecimiento poblacional. Dentro de este grupo de enfermedades, la cardiopatía isquémica constituye la principal causa de muerte en el país, responsable del 72.5% del total de fallecidos por estas enfermedades y el 19.7 % del total de fallecidos en el año 2004 (Anexo No.2). Su importancia crece si se tiene en cuenta además que la misma afecta en mayor medida a la población masculina (representando el 53.16 % del total en el 2004) (Anexo No.3); pudiéndose encontrar con mayor frecuencia en edades más jóvenes de la vida. La prevalencia de la cardiopatía isquémica en Cuba es 7 x 1000 habitantes en mayores de 15 años y su incidencia en el año 2001 fue de 1,7 x 1000 habitantes mayores de 15 años. (Ramírez, M. 2002). En la provincia Sancti- Spíritus se encuentran dispensarizados un total de 10740 pacientes afectados por cardiopatía isquémica, lo que evidencia un aumento significativo comparado con años anteriores. A su vez, cuando se analiza la prevalencia e incidencia en cada uno de los municipios de la provincia se constata un incremento significativo, destacándose los municipios Sancti Spíritus y Cabaiguán. (Informe del año 2005 del Sectorial Provincial de Salud Sancti Spíritus.) La información que ofrece el Sistema de Información de dispensarizados, adolece aún de la calidad requerida para medir con exactitud la magnitud de estas afecciones en la comunidad. No obstante permite, junto a otros estudios, dirigir las acciones fundamentales que favorezcan modificaciones en el perfil de la mortalidad actual. Según fuentes oficiales de mortalidad, publicadas en el Anuario Estadístico de la OMS, comparativamente con 16 países seleccionados, Cuba ocupa el segundo lugar de importancia en la mortalidad por enfermedad isquémica del corazón en las edades comprendidas entre los 35 y 64 años de edad, y se sitúa en el noveno lugar, en las edades más avanzadas (75 años y más). En el año 1970, las defunciones por cardiopatía isquémica representaron el 76.7% del total de fallecidos por enfermedades del corazón. Esta proporción se incrementó y llegó a alcanzar los índices más altos del período (1970-2000) en el año 1990 (85,2%). A partir de ese año, los índices declinan hasta representar en el año 2004 el 72.5% del total de fallecidos por enfermedades del corazón (Anexo No. 4). Precisamente por estos altos índices de morbilidad y mortalidad es que resulta necesaria la realización de investigaciones que permitan en un primer momento profundizar en el conocimiento que se tiene de la enfermedad, para posteriormente usar ese diagnóstico en una labor acertada de intervención psicológica. Cuando se hace referencia a la CI no se hace alusión a una única patología, sino a varias, pues el término CI agrupa una serie de enfermedades. Se plantea que la Cardiopatía Isquémica tiene distintas formas de presentación en la población afectada. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud ha propuesto una nomenclatura internacional para identificar las manifestaciones clínicas de la enfermedad: Paro Cardíaco, Angina de Pecho, Infarto del Miocardio Agudo, Insuficiencia Cardiaca en la cardiopatía isquémica y arritmias. (Roca, 2002). Paro Cardíaco. El paro cardíaco se define como la cesación brusca de actividad mecánica del corazón y puede adoptar dos variantes: muerte súbita y paro recuperado. La muerte súbita es aún término controvertido a causa de las circunstancias complejas que pueden acompañar a este hecho, por lo que se exigen una serie de requisitos para plantear esta entidad. Estos son: a) Debe ser un fallecimiento de causa natural (se excluyen accidentes, homicidios, etc.). b) Debe tener un carácter inesperado. c) El tiempo de evolución del proceso que conduce a la muerte no debe sobrepasar las 6 horas. El paro recuperado es aquel en que el paciente responde a las maniobras de resucitación cardiopulmonar, con el restablecimiento de un ritmo cardíaco útil. (Roca, 2002). Angina de Pecho. Es un síndrome clínico caracterizado por crisis paroxística de dolor u opresión, generalmente de localización retrosternal, que suele irradiarse a la región precordial, al brazo izquierdo y a veces a otras zonas vecinas. Puede ser provocado por esfuerzos o ansiedad y otros factores ambientales que sean capaces de alterar las demandas de oxígeno del miocardio. (Cecil, 1998; Roca, 2002). Infarto Agudo del Miocardio (IMA). El IMA es la necrosis o muerte de una sección del músculo cardíaco a causa de la interrupción brusca o disminución crítica de su riego sanguíneo. Si el bloqueo dura por muchos minutos u horas, parte del corazón se muere y deja de trabajar bien por la necrosis o muerte del músculo. (Roca, 2002). Insuficiencia Cardiaca en la cardiopatía isquémica. La insuficiencia cardíaca (IC) es el síndrome clínico que se produce cuando el corazón no puede mantener un bombeo de sangre adecuado para satisfacer las necesidades metabólicas de los tejidos en cada momento, con una presión de llenado normal cuando el retorno venoso también lo es. (Roca, 2002). Puede ocurrir como complicación de un Infarto del Miocardio Agudo (IMA) o provocada por arritmias. La IC es un síndrome caracterizado por la presencia de síntomas y signos de hipertensión venosa pulmonar (disnea) y/o sistémica (edemas) o de gasto cardíaco bajo (fatiga), atribuibles a una disfunción mecánica del corazón. (Cecil, 1998; Roca, 2002). Arritmias. Se considera que existe una arritmia cardíaca cuando se altera la producción o conducción normal del estímulo, lo que se manifiesta porque los latidos se hacen irregulares, o permaneciendo regulares sobrepasen los límites de frecuencia aceptados de forma convencional como fisiológicos. (Roca, 2002). Como se ha podido apreciar hasta este momento, el diagnóstico e intervención en pacientes que porten alguna de estas enfermedades resulta fundamental en aquellos que sobreviven a un episodio de esta naturaleza. El diagnóstico profundo que resulta necesario de este paciente debe incluir los aspectos médicos, fisiológicos y también un completo diagnóstico psicológico que contribuya en la definición de estrategias encaminadas a la rehabilitación psicológica. Cuando se habla del diagnóstico médico profundo, se hace referencia por supuesto a aquel diagnóstico que incluye no sólo las afecciones fisiológicas presentes en la persona, sino aquel que determina y toma en cuenta su pronóstico como paso previo indispensable para la rehabilitación física que en muchos casos puede llevarse a cabo. La valoración pronóstica en los pacientes con cardiopatía isquémica debe ir encaminada básicamente a estratificar los enfermos en grupos de bajo, medio y alto riesgo de presentar complicaciones durante su evolución. El grupo de pacientes con un riesgo bajo se caracteriza por presentar una mortalidad cardiaca inferior al 1% por año, mientras que en los de riesgo alto la mortalidad es superior al 5% anual. (Candell, 2003). La mortalidad media de los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio y no han presentado complicaciones durante la fase aguda suele estar comprendida entre el 1 y el 5%, de aquí la importancia de delimitar a los pacientes de alto riesgo entre estos enfermos con infarto no complicado, los cuales podrían beneficiarse de una revascularización coronaria. La disfunción ventricular izquierda y la isquemia miocárdica son los principales mecanismos fisiopatológicos que determinan el pronóstico, y en estudios realizados se ha demostrado que la evolución de un primer infarto de miocardio no complicado durante el primer año y a los 5 años viene determinada básicamente por estos factores. Dado que más de un 80% de las complicaciones graves postinfarto tienen lugar durante el primer mes de evolución, la mayor parte de las guías de actuación postinfarto recomiendan practicar las exploraciones encaminadas a valorar estos factores antes del alta hospitalaria. (Candell, 2003). La disfunción sistólica ventricular izquierda grave, especialmente si se acompaña de insuficiencia cardiaca, va asociada a un muy mal pronóstico. No obstante, en el subgrupo de pacientes con miocardio disfuncionante pero viable (hibernado y/o aturdido) la revascularización quirúrgica ha proporcionado una clara mejora en la supervivencia. (Baker, D. 1994). De este modo, la distinción entre una disfunción ventricular secundaria a necrosis y la ocasionada por miocardio viable tiene una gran importancia clínica en el tratamiento de estos enfermos. Existe un amplio consenso en la literatura médica acerca de que los pacientes con disfunción sistólica grave después de un infarto, angina grave (con o sin insuficiencia cardiaca) y arterias coronarias adecuadas muestran una mejor evolución cuando los revascularizan, aunque posteriormente no se compruebe una mejora significativa de su FE basal. Por otra parte, en aquellos pacientes con signos de insuficiencia cardiaca predominante y disfunción ventricular izquierda secundaria a extensas zonas de miocardio disfuncionante pero viable, además de la mejora clínica, suele observarse a menudo una mejora de la función sistólica regional y global después de la revascularización. (Bax, 1999). La valoración pronóstica del paciente, como se señala anteriormente, resulta indispensable en el momento de toma de decisiones con respecto a las posibilidades de llevar a cabo una rehabilitación integral del paciente, donde debe definirse si puede o no llevarse a cabo la rehabilitación física unida a las otras estrategias de rehabilitación o si es necesario prescindir de la rehabilitación física y centrar esfuerzos en otros aspectos no menos importantes de esta. En 1964, la Organización Mundial de la Salud definió la rehabilitación cardiaca como el "conjunto de actividades necesarias para asegurar a los pacientes con cardiopatías una condición física, mental y social óptima, que les permita ocupar por sus propios medios un lugar tan normal como les sea posible en la sociedad". El programa multifactorial que se lleva a cabo en estos pacientes comprende: - Aplicación del tratamiento médico o quirúrgico más adecuado a cada caso. - Movilización precoz y ejercicio físico programado y supervisado. - Evaluaciones funcionales sucesivas (monitorización de la tensión arterial y de la frecuencia cardiaca, pruebas de esfuerzos, etc.). - Prevención secundaria de los factores de riesgo (tabaco, alcohol, hipertensión arterial, sedentarismo, etc.). - Intervención psicológica e integración social. De este programa de rehabilitación es necesario detenerse en la intervención psicológica considerando que la recuperación de la calidad de vida puede estar dificultada por factores personales (ansiedad, irritabilidad, depresión o apatía), familiares (tales como la actitud sobreprotectora de la familia o regresiva del paciente ante la realización de ciertas tareas, relaciones sexuales, etc.) o laborales (por el retraso en la incorporación al trabajo en personas competitivas y ambiciosas en el campo laboral). Los objetivos de la intervención psicológica son: - Facilitar la resolución de la situación emocional reactiva en la fase aguda de la enfermedad. - Prevención secundaria de las fuentes de estrés emocional crónico. - Apoyar la reducción de otros factores de riesgo y el mantenimiento de los cambios en el estilo de vida. 1.2- Factores psicológicos en la cardiopatía isquémica. Aunque todas las enfermedades tienen una determinación multicausal, las variables del ambiente social y las psicológicas pueden ser más relevantes en el origen y evolución de algunas enfermedades que en otras. (Morales, 1999). En todas las enfermedades están presentes estados emocionales, comportamientos y valoraciones acerca de la condición patológica, las limitaciones que lleva aparejadas, las exigencias de los procedimientos diagnósticos y terapéuticos, el pronóstico y el impacto para la vida futura. Cada paciente presentará entonces su propia “respuesta a la enfermedad”, en la que se ponen de manifiesto no sólo las características regulares de esta como hecho biológico, sino también, y sobre todo, las del sujeto como persona actuando en una situación específica. Al valorar cualquier estado personal, sea en la salud o en la enfermedad, se deben considerar factores biológicos (genéticos), psicológicos (educacionales o vivenciales) y sociales que condicionan en gran medida la evolución. Sólo así es posible profundizar en la comprensión del enfermar humano sea cual sea su modalidad. (Álvarez, 2003). Estudios realizados, considerando estos preceptos, en pacientes afectados de cardiopatía isquémica evidencian que los mismos suelen tener respuestas de carácter depresivo, con sensación subjetiva de incapacidad fisicopsíquica (se consideran incapaces de hacer nada de cara al futuro). Tendrán tendencias a estar recluidos en sus domicilios sin contacto con el exterior. Con menor frecuencia, existen enfermos que niegan la enfermedad al encontrarse muy bien, sobre todo si el infarto ha cursado sin complicaciones y creen que puede haber habido alguna equivocación diagnóstica o una exageración por parte del médico. Querrán demostrarse a sí mismos que no ha pasado nada realizando ejercicios y actuaciones que pueden ser muy peligrosas. (ATCASTURIAS, 2003). Por otra parte, conviven con frecuencia, con mitos y falsas creencias al respecto de su nueva situación; que pueden traer consecuencias que se pueden manifestar en forma de una incorrecta prevención de procesos posteriores y el desarrollo de prácticas y modos de vida nocivos para el individuo. (Granero y Muñoz, 2003). La aparición de una enfermedad coronaria grave supone, en términos de rol, un encuentro nuevo e inesperado con una realidad distinta y no deseada, que puede condicionar las actividades y las relaciones de los individuos afectados en aspectos laborales, familiares, sociales, etc. La presencia del infarto o de cualquier enfermedad considerada incapacitante, puede alterar la autopercepción del paciente como integrante de una unidad familiar y de una comunidad, por el temor a un cambio en sus funciones y su imagen dentro de estos medios. Esta circunstancia se observa especialmente en hombres en edad laboral activa, cuyo papel sigue siendo considerado como mantenedor de la economía familiar, en los que la aparición de la enfermedad coronaria es considerada como un evento invalidante para la realización de una actividad laboral normal que asegure la economía de la familia. La sensación de envejecimiento, culpabilidad, desconfianza y falta de independencia son factores claves para entender la pérdida de estima en estos pacientes. En otros estudios se ha encontrado que en algunos pacientes las relaciones familiares pueden verse alteradas, no solo por los problemas anteriores, sino también por el temor a la aparición de una falta importante de independencia que trasforme el tradicional rol de cuidador al de sujeto cuidado. A pesar de que algunos pacientes pueden aceptar esta nueva situación, temen sin embargo la excesiva protección que sus familiares pueden ejercer sobre ellos. Muchos pacientes mayores han manifestado miedo de convertirse en una carga, mientras en pacientes jóvenes, de forma más acentuada que los mayores, ven más alternativas para la solución de estos problemas. Los pacientes de edad avanzada consideran el padecimiento de cardiopatía isquémica como incapacitante y premonitor de muerte. Esta curiosa mezcla de ansiedad y esperanza se encuentra presente en todas las fases de la enfermedad. En cuanto a las situaciones de estrés encontró que los pacientes que manifiestan padecerlas ven pocas salidas, bien por ser consideradas inherentes a su actividad laboral o familiar, o por otra parte, innatas en el individuo que las padece. En el caso de ofrecer una solución a este problema, esta pasa por considerar la posibilidad del control de la ansiedad mediante tratamiento farmacológico, descartando en general los cambios en el estilo de vida hacia una existencia más relajada. (Buceta y Bueno, 1996). Unido a todos estos factores que se mencionan acerca de la existencia de factores psicológicos asociados a la enfermedad cardíaca es necesario detenerse en el análisis del Cuadro Interno de la Enfermedad (CIE) en estos pacientes por presentar determinadas peculiaridades que matizan la rehabilitación de los mismos, a la vez que influyen en la calidad de vida experimentada por ellos y en la prevención secundaria de la enfermedad. 1.3- Cuadro Interno de la Enfermedad. En el año 1909 el médico Sajarin, en sus conferencias sobre medicina clínica plantea la urgencia de considerar la influencia de los factores sujetivos de la enfermedad (Sajarin, 1909), idea desarrollada posteriormente por sus discípulos Goldsheiter, (1929), Mudrov, (1949) y Boking, (1950). (Sajarin, 1909; Nikolaeva, 1987). Luria comprendía por cuadro interno, “todo aquello que experimenta subjetivamente el enfermo, toda la masa de sensaciones, no sólo sus sensaciones mórbidas localizadas, sino su disposición general, su autobservación, sus representaciones sobre su enfermedad, sobre sus causas; todo aquello que para el enfermo está relacionado con su visita al médico; aquel enorme mundo del paciente que consiste en combinaciones extremadamente complejas de su percepción, emociones, afectos, vivencias psíquicas y traumas”. Al igual que Luria, Goldsheiter (1929) había señalado la presencia de este concepto al cual denominó “cuadro autoplástico de la enfermedad” el cual comprende toda la suma de sensaciones, vivencias, estados de ánimo del enfermo, junto con sus propias representaciones. Incluye información sobre la enfermedad de la cual dispone el paciente por su conocimiento anterior sobre medicina o que obtiene por la literatura, por la comunicación con quienes le rodean, de la comparación de sí mismo con otros enfermos, etc. Para estos autores el cuadro interno de la enfermedad depende de los siguientes factores: curso de la enfermedad, presencia u ausencia de dolor, defecto físico, circunstancia donde se da la enfermedad, personalidad premórbida y situación social del enfermo. Este autor consideró dos componentes fundamentales del cuadro autoplástico: el sensitivo y el intelectual. El primero formado por las sensaciones subjetivas que parten de una enfermedad local concreta o del cambio patológico del estado general del enfermo. Este aspecto subjetivo que es precisamente el más obviado por la mayoría de los terapeutas, puede ser magnífico indicador de los síntomas iniciales de una alteración patológica que podría descubrirse antes de ser registrada por los métodos externos que se aplican en la actualidad. El segundo componente al que se refiere Goldsheiter es el intelectual, el cual es creado por el mismo paciente, por la reflexión sobre su enfermedad, su disposición general y estado; lo que es el resultado de ideas provenientes del análisis que realiza de las sensaciones que aparecen en él, del efecto iatrogénico de lo que escucha decir a los médicos, de las conclusiones que extrae de las conversaciones con ellos, con sus familiares, amigos y otros enfermos; aquí entra en acción su experiencia personal, tanto emocional como cognitiva, los rasgos de su carácter, tipo de sistema nervioso, temperamento, traumas sufridos, concepción del mundo; en fin, todo el mundo interno que mantiene marcada influencia sobre las funciones del organismo y las manifestaciones de las alteraciones de la psiquis. Haciendo un análisis de lo anterior Luria llamaba la atención de lo erróneo que sería concebir separadamente lo “objetivo” de lo “subjetivo” en el diagnóstico y tratamiento del enfermo; tendencia que lamentablemente domina en la medicina tradicional y deja sus vestigios en la clínica moderna. La dialéctica del estudio del hombre urge un análisis donde se combinen y correlacionen ambos aspectos con métodos apropiados que revelen esta unidad biopsicosocial, tal y cómo se revela en el hombre mismo. Otro concepto utilizado es vivencia de la enfermedad. Kvasenko y Zubariev plantean en la psicología del enfermo, el reflejo subjetivo de la enfermedad, su relación intrapsíquica, las nociones sobre ella y la relación con esta, las vivencias y la actitud ante la enfermedad, la valoración que hace el paciente de su dolencia orgánica, la actitud ante ella y sus resultados, así como hacia la familia, la actitud sociolaboral y el medio que lo rodea. Al proceso de conocimiento de las personas psicológicamente sanas y sus reacciones personales a la enfermedad le denominó somatonosognosia. Ella consta de tres etapas: • Etapa sensitiva o sensológica: Es la etapa inicial en la comprensión por parte del enfermo de su padecimiento, refleja la reacción del paciente a fenómenos que se han desarrollado, dolores de diferente intensidad y vinculados con ellos un sentimiento de insuficiencia propia de la actividad coordinada de diferentes órganos y sistemas, con la aparición de signos de trastornos morfofuncionales. • Etapa valorativa e intelectual: Surge como resultado de la reelaboración intrapsíquica por el paciente de los datos sensológicos, para lo cual parte de la comprensión de la enfermedad, o sea, cómo el proceso morboso se refleja en su mente, el análisis que hace el enfermo de las sensaciones que percibe, sus conclusiones sobre las conversaciones con los especialistas. El enfermo tiende a añadir los síntomas somáticos concretos y a la realidad somática de su enfermedad toda una serie de valoraciones, así como temores y angustias que dependen de su concepto sobre la enfermedad, su posición ante la vida, su postura ante la muerte y muchos otros valores y conceptos. • Etapa de formación de la actitud ante la enfermedad: Transcurre en el enfermo en el proceso de su desarrollo individual y su educación. El hombre desde etapas tempranas ve cómo enferman otras personas que le rodean. Al padecer la enfermedad, el individuo contrasta las manifestaciones de la enfermedad en sí mismo y sus vivencias con lo que él conoce del padecimiento de otros. Este proceso de formación de las nociones sobre la enfermedad es extremadamente complejo, contradictorio y dinámico y está determinado por el medio social en el cual transcurre la vida y la actividad de la personalidad. Kvasenko y Zubariev plantean además que un indicador que va a determinar básicamente la actitud del enfermo hacia su patología es el grado de conscientización de la enfermedad, el cual puede expresarse de varias formas: a) Plena conscientización y adecuada comprensión. b) Conscientización parcial, incompleta con insuficiente adecuación de la valoración de la enfermedad. c) Ausencia de conscientización. d) Conscientización alterada, aberrada, perfectamente enferma, con desarrollo patológico de la enfermedad. El enfermo valora su enfermedad no sólo en su totalidad, sino que analiza los síntomas aislados. El tiene su propio diagnóstico, su razonamiento sobre las causas, pronóstico y tratamiento. El cuadro psicológico del padecimiento somático de esta manera se refracta en cada caso concreto adquiriendo un matiz individual. El mismo estará condicionado por el conjunto, tanto de las particularidades individuales de la personalidad, como por la peculiaridad de la enfermedad, así como la situación vital del enfermo. Partiendo de las posiciones del materialismo dialéctico el enfermo es lo singular, lo individual, lo específico (V.P. Plettienko, 1960). La enfermedad es lo general, lo inespecífico. Kervikov afirmó que las relaciones de adaptación tenían que ocurrir tanto en el plano físico como psíquico, lo que manifiesta el estado general, el cual ha cambiado y se manifiesta en diferentes áreas. La persona que enferma de acuerdo a las concepciones que tiene de la enfermedad, cambia el estilo de vida. (Kervikov, 1971). Misrujin y Frumkin abordan la posición hacia la enfermedad y centran la atención en los síntomas más relevantes del paciente que refleja la esencia patogénica de la enfermedad y distinguen la relación ante una enfermedad crónica y una enfermedad transitoria, aspecto que declaran pero no desarrollan. (Misrujin, Frumkin, 1970). Kvasienko y Zubariev consideran que la sintomatología participa en la construcción del CIE; en primer lugar, por las manifestaciones corporales, localizables y generalizadas que provocan en el ámbito del reflejo sensorial de la enfermedad. En segundo lugar, reconocen que la enfermedad provoca una situación particularmente difícil en la vida de las personas. Al activar el cerebro, las alteraciones somatogénicas producen ruptura en la esfera neuropsíquica por el polimorfismo en la intensidad de las situaciones que acompañan la sintomatología. (Kvasienko; Zubariev; 1980). Morozov y Lebedinskij, ven el aspecto subjetivo que se forma en la vida del enfermo como resultado de la enfermedad donde participaban diferentes componentes y procedimientos de estudio médico, la comunicación con el equipo médico y las nuevas situaciones con la familia, el trabajo y las situaciones de curación. La constrastacion de las quejas subjetivas del paciente con datos clínicos objetivos experimentales es la metodología más utilizada para el estudio de cuadro interno de la enfermedad. (Nikolaeva, 1965, 1970,1972; Zeigarnik, 1969; Jolfina, 1973; Shestopalova, 1984). La diversidad de términos utilizados para profundizar en el estudio del cuadro interno de los enfermos hasta el momento actual ha seguido como direcciones de investigación en el cuadro interno de la enfermedad: las condiciones y los factores dependientes de las circunstancias en las que transcurre la enfermedad, la personalidad premórbida, y la posición social del paciente. El valor de esta concepción renueva la compresión de los determinantes de salud, con un enfoque personal hallando de esta forma: 1. Una perspectiva integradora de la enfermedad no centrada en los factores patológicos, es decir, en las sensaciones mórbidas localizadas sino que enfatiza en los recursos personales conservados, actúan como reguladores que facilitan la prevención de enfermedades, la promoción de salud y la percepción del riesgo a enfermar, donde lo psicológico como elemento mediatizador e integral desempeña un rol determinante. 2. Una perspectiva holística del enfermo, quien a partir de su historia vital reconoce la necesidad de salud, la posibilidad de cambio, participa en el perfeccionamiento de su estilo y calidad de vida, comprende cualitativamente la enfermedad y analiza su experiencia significativa, diversificada, desarrolladora, vinculada a la construcción de espacios interactivos de desarrollo personal sobre la base de las condiciones socio - histórico cultural concreta. 3. Una perspectiva del tratamiento como proceso y resultado, no con un fin en sí mismo, si no orientada a satisfacer la demanda de salud y considera la percepción y evaluación individual de los elementos patógenos y salutógenos. El cuadro interno de la enfermedad define en un sujeto concreto los determinantes sujetivos de salud, tanto en sus indicadores salutogénicos y patogénicos con una perspectiva holística del enfermo, de la enfermedad y con una visión del tratamiento como proceso y resultado, por lo tanto no es un indicador o preámbulo mecánico de las patologías sino una expresión de la salud integralmente concebida. La identificación de lo objetivo sólo a los aspectos directamente observables y lo subjetivo a lo que no sea posible observar, constituye el eje fundamental de inconsistencia teórico - metodológica en el estudio del cuadro interno y externo de la enfermedad y niega el carácter dialéctico, dinámico de esta estructura psicológica. Los determinantes objetivos representan todas las manifestaciones, expresiones que están en relación con la enfermedad, sean o no susceptible a la observación. Los determinantes subjetivos incluyen la interpretación que cada sujeto realiza de lo que objetivamente ha vivenciado a través de su experiencia. Lo determinantes subjetivos de CIE parten de la representación y autoobservación que el sujeto hace respecto a la enfermedad a partir de sus condiciones socio - históricas, donde se revela la intensidad y estabilidad de los cambios o tendencia en el sistema de actividades, comunicación, en la conducta general. Todo intento de explicar el CIE no puede obviar a la personalidad como una de las formas más complejas de organización de la subjetividad. La personalidad se va configurando mediante el tipo de actividades y sistema de relaciones que caracterizan la vida social de la persona convirtiéndose en estados dinámicos, contradictorios portadores de un valor emocional estable, que actúan como sistema autorregulador (González, 1997; González, y Mitjans, 1989). El CIE como determinante de salud tiene sus factores predisponentes a través de la historia individual, en el proceso de formación de sentidos a partir de el tipo de vivencias que particulariza a la relación del sujeto con el objetivo de dicha vivencia, “que es una unidad en la que están representados un todo indivisible, por un lado lo experimentado, por el otro, lo que el propio individuo aporta a esta vivencia y que a su vez se determina por el nivel ya alcanzado anteriormente” (cit.Bozhovich;1976:99). En relación con el estudio del CIE, está la expresión del sentido subjetivo que tiene para el sujeto la enfermedad y estar enfermo, vivencias que emanan de los diferentes momentos del curso y evolución de la patología y que al formarse en unidades de sentido, se convierten en determinantes subjetivos del CIE. El CIE, constituye un elemento integrativo del cuadro clínico de las patologías, tiene sus regularidades y manifestaciones especificas, inherentes a cada sujeto determinado, por lo que el efecto de las terapias no es mecánico, ni define con exactitud la evolución posterior del paciente. El vinculo del CIE y el CEE, nos arroja una diversidad de experiencias, vivenciadas de modo distintos en cada uno de los pacientes estudiados. El CIE no resulta un factor aislado, fragmentado de la actividad habitual del ser humano. No sólo se manifiesta cuando hay síntomas estables e intensos. El está intrínseco en la cotidianidad y se revela en la actitud ante la enfermedad y el riesgo de enfermar. Con altos niveles de salud pueden existir sujetos que practiquen hábitos predisponentes de enfermedades: fumar, sedentarismo, obesidad, alcoholismo e inadecuado régimen de sueño, entre otros. En la determinación de indicadores de salud y/o enfermedad, las fronteras entre síntomas, hábitos y riesgo pueden: variar (transitoria o definitivamente), integrarse (arrojando una cualidad distinta) así como sustituirse (deshabituación de alcohol – habituación al fumar) sin la interiorización de los riesgos. Esto demuestra que la salud y la enfermedad son factores que no se excluyen mutuamente y representan distintos momentos y facetas del complejo desarrollo humano. El CIE no tiene que aparecer de forma brusca, con un marcado contraste entre la norma y lo patológico con un intenso colorido sintomatológico. En ocasiones resulta del aparente “estar bien” y del mecanismo psicológico inadecuado de subvalorar la situación, el síntoma y las consecuencias de estados disfuncionales del organismo. La formación del CIE no es unicausal por la presencia de síntomas físicos o psíquicos, lo que garantiza la riqueza del ser humano, las posibilidades de autoperfeccionarse, crear y buscar soluciones, alternativas ante los conflictos. La repercusión del cuado interno de la enfermedad, no es exclusivo del proceso patológico, inherente a la relación medico-paciente, sino que expresa la intención del hombre por preservar la vida sobre la base de lo que ha aprendido y lo que posibilita promocionar salud en cada situación que vive (escolar, familiar, laboral, social). Las particularidades de los determinantes de salud y su representación en la enfermedad expresan como se refracta el proceso patológico mediante la subjetividad individual, la cual es muy diversa y no se enmarca a los indicadores relacionados a la salud. La subjetividad individual y el CIE son categorías afines. El nexo entre ella es biunívoco, complejo y dialéctico. Profundizar en el CIE, así como en sus implicaciones en la subjetividad no limita ni reduce los términos antes enunciados. Cada paciente desarrolla un modo particular de desarrollar la enfermedad que expresa (directa- indirectamente) en su sistema de actividades. Esto provoca paulatinamente, emociones y reacciones, que transforman el sentido que para el sujeto tiene la actividad. El CIE y la subjetividad individual constituyen eslabones intervinculados en la evolución y curso de una patología. Los indicadores de unidad y diferencia entre ellos pueden ser motor impulsor o barreras para el desarrollo del proceso terapéutico. Los estudios psicológicos dedicados al CIE demuestran que las vivencias y experiencias que devienen de un estado patológico no son estáticas, prefijadas ni inertes y actúan sobre la subjetividad, a la vez que se expresan y desarrollan a través de ella. (Moreira, 1997;Cartaza, 1998; Figueroa, 1997,1998). El CIE está presente en todos los pacientes, aunque no siempre resulta fácil explorarlo. Las razones por las cuales aparecen barreras en su estudio pueden agruparse en dos situaciones básicas: primero por incluir lo más privado y personal: (temores, dudas, frustraciones, expectativas) y en segundo lugar por no considerarlo algunos especialistas como un elemento de vital importancia para el curso, pronóstico y tratamiento de la enfermedad. En esta perspectiva se refleja el papel regulador del CIE, tanto en su expresión diagnóstica como formativa. La formación y consolidación de los recursos personales, psicológicos compatibles con una vida sana, suponen un esfuerzo activo, ordenado y sistemático de análisis y reflexión sobre la salud y/o enfermedad a partir de cada caso estudiado pero no fragmentado. La manifestación de los determinantes subjetivos de la enfermedad exige la descripción y explicación del funcionamiento de las estructuras psicológicas vinculadas al proceso de salud. El estudio evolutivo del CIE constata en el carácter dinámico e interactivo que lo caracteriza en su formación y estructuración. El CIE comprendido en la interacción con la subjetividad permite explicar principios y categorías psicológicas con un enfoque cualitativo, histórico y contextualizado; ofreciendo útiles elementos para entender la relación entre lo somático y lo psicológico, lo afectivo y lo cognitivo, el significado social y el sentido personal. Ahora bien, todo estudio del cuadro interno de la enfermedad va informando sobre aquellas particularidades que influyen en la frecuencia, tipo y dinámica del trastorno en cuestión; permitiendo un diagnóstico más preciso, así como un tratamiento más integral y efectivo. Es lógico entonces que a la hora de estudiar el cuadro interno de la enfermedad, se presuponga de las características individuales de la personalidad del paciente, cuyas estructuras mediatizan cualquier actividad del individuo. Ello nos obliga a detenernos ante algunos aspectos y conceptos básicos acerca de la personalidad, sin abarcar por completo todas las facetas de este fenómeno, lo cual se hace difícil por su amplitud y profundidad. Un rol esencial, a veces determinante lo juega la personalidad en el establecimiento de somatonosognosias. Es poco probable que en los tiempos actuales provoque duda el hecho de que las características personales influyan en el curso de la patología somática en considerable medida, favoreciendo u obstaculizando su curación. Las particularidades psicológicas de la personalidad son las que en definitiva determinan cuáles estímulos o hechos pueden ser estresantes, tensionantes o ansiógenos para un sujeto y cuáles no; cuáles pueden desorganizar, desestructurar o desestabilizar su actividad, su personalidad y cuáles podrán contribuir a su movilización más positiva y su desarrollo. Siempre la personalidad va a mediatizar el cuadro vivencial del paciente y va a influir decisivamente en su actitud ante la enfermedad, ante la investigación y su tratamiento; así como el enfrentamiento a las limitaciones psicosociales que su enfermedad le imponga. En las teorías psicológicas de la personalidad, el problema de la autovaloración ocupa cada vez más un lugar importante y esto no es casual. La autovaloración es la imagen que tiene el sujeto de su estado actual, que incluye el saber valorar las fuerzas y posibilidades del yo, con espíritu crítico y al mismo tiempo permite al individuo calcular sus propias fuerzas con respecto a las tareas y exigencias del medio circundante; con lo cual el individuo tiene la posibilidad de plantearse sus propias aspiraciones y fines. Para Otmara González la autovaloración constituye aquel nivel de autoconciencia en el que la persona no sólo conscientiza sus necesidades, capacidades, su actividad, sino que es capaz también de valorarse, de evaluar sus capacidades mentales y físicas, sus cualidades morales y los resultados de su actividad. A. I. Lipkina escribe: “...la autovaloración es precisamente aquella formación que regula la conducta a un nivel particularmente personal. Ella determina la posición de la personalidad en relación con todas sus tareas vitales”. Fernando González Rey concibe la autovaloración como un sistema de la personalidad que incluye un conjunto de necesidades, motivos, junto con sus diversas formas de manifestación consciente. Desde el punto de vista teórico el problema de la adecuación de la autovaloración se basa en la objetividad del juicio autovalorativo del sujeto. Atendiendo a esto la autovaloración se clasifica en: 1. Autovaloración adecuada: Aparece cuando existe correspondencia entre el nivel de aspiraciones y el nivel de realización, o cuando hay una correcta relación del individuo con su entorno, es decir, cuando su actitud ante las dificultades es la más lógica. 2. Autovaloración inadecuada: Ocurre cuando no existe correspondencia entre el nivel de aspiraciones y el nivel de realización y además la relación del individuo con el medio es incorrecta. Esta a su vez se manifiesta en una variante que puede ser: a) Autovaloración inadecuada por exceso o sobrevaloración: Es cuando el individuo se propone metas muy elevadas por encima de sus posibilidades y además expresa una fuerte reacción emocional ante los fracasos constantes y frustraciones a que se ve sometido. Pueden presentar como características de personalidad la autosuficiencia, vanidad, sentimientos de superioridad, autoritarismo, etc. b) Autovaloración inadecuada por defecto o subvaloración: Es cuando el individuo se propone objetivos que están por debajo de sus posibilidades, es decir, establece un nivel de pretensiones que carece de autodesarrollo. Pueden desarrollarse características de personalidad como la timidez, sentimientos de inferioridad, inseguridad, estancamiento, etc. Los estados psíquicos se refieren a fenómenos estables de la actividad psíquica, ellos influyen en el curso y resultado de los procesos psíquicos que causaron en su fondo y pueden activar o inhibir la actividad de la personalidad. La vida demuestra que cada actividad se integra por unos y otros estados psíquicos y en alguna medida de ellos depende; su estudio despierta intereses hacia los hechos objetivos de la vida psíquica e introduce gran claridad en la comprensión de la psiquis en su totalidad. Siguiendo la idea de Levitov él define el estado psíquico como: “la característica integral de la actividad psíquica durante un período determinado de tiempo, que muestra la peculiaridad del decursar de los procesos psíquicos en dependencia de los objetos y fenómenos que se reflejan de la actividad, que antecede al estado y a las propiedades psíquicas de la personalidad”. Dentro de los estados psíquicos que se han observado con mayor incidencia en los sujetos enfermos, están la ansiedad, la depresión y la frustración. El término ansiedad significa un estado de inquietud o zozobra del ánimo, donde el sujeto experimenta la sensación subjetiva desagradable de malestar y opresión indefinida, así como el presentimiento de un peligro próximo, para él desconocido, vago e indeterminado, lo cual provoca inseguridad y se percibe como “amenaza”. Leontiev la define acertadamente como aquel estado psicológico que se provoca por contrariedades posibles o probables, por lo inesperado, por cambios en la situación habitual y en la actividad; por la retención de lo deseado y que se expresa en vivencias específicas (recelo, alarma, intranquilidad, desasosiego, temor y preocupación casi siempre infundados e inquietud no necesariamente motora). Este autor considera su definición sólo como un punto de partida para el análisis de este complejo fenómeno, pues no refiere la significación de este estado en la estructura de la personalidad y no abarca la amplia gama de expresiones ansiógenas y sus interrelaciones. La ansiedad se relaciona tradicionalmente con el cortejo sintomático de reacciones neurovegetativas como la sudoración, el salto epigástrico, los temblores internos, cambios en las pulsaciones, modificaciones de la tensión arterial, disnea, nauseas, boca seca, dolencias abdominales, dificultades para concentrarse y trastornos del sueño. Algunos autores enfatizan en la “ansiedad personal” como una propiedad del hombre, condicionada por determinados factores de personalidad (H. I. Eysenk, 1968; Max Hamilton y G. Ulett, 1959), otros acentúan la valoración de la ansiedad como estado reactivo transitorio (Ch. D. Spielberger, 1972; J. Grau; D. Portero y otros). De modo general la ansiedad se clasifica de la siguiente forma: • Ansiedad personal, como rasgo o peculiar: Es aquella que se presenta como una característica individual de la personalidad, como una forma peculiar de disposición interiorizada y fijada para reaccionar ante agentes estresantes, cuya intensidad, significación y frecuencia no llegan a hacerlo patógeno, pero que condicionan, por reflejo una serie de manifestaciones en respuestas acostumbradas como forma de reacción. J. Grau plantea que este tipo de ansiedad da una idea de la predisposición del hombre a la percepción de un amplio círculo de situaciones como amenazantes y al comportamiento con estados ansiosos, lo cual se activa en un momento dado. Sus componentes fisiológicos no son fuertemente vivenciados, por “la fuerza de la costumbre” el sujeto adquiere mecanismos compensatorios más o menos adecuados, los cuales movilizan para contraponerse a la influencia de la situación estresante. En este caso por lo regular el miedo excesivo y la desconfianza están ausentes. Cobra significación la inquietud motora, la verborrea, la onicofagia persistente, los padecimientos psicosomáticos y otros síntomas similares. J.Grau señala dos formas de ansiedad personal: la específica y la inespecífica, la primera está en la base del surgimiento de la ansiedad situacional y la inespecífica está en la base del surgimiento de los estados de ansiedad patológica preferentemente. • Ansiedad situacional: Se refiere a la ansiedad devenida como reacción, como un estado de tensión ante determinadas circunstancias estresantes o íntimamente dependiente de ellas. Es concebida como una forma peculiar de estados tensionales en vías de estabilización y maduración que se percibe acompañada de una fuerte vivencia de desagrado, la cual desestabiliza la personalidad. J. Grau la define como un estado reactivo, transitorio de por sí, que surge ante condiciones específicas no habituales. Se caracteriza por la percepción de forma intensa e inestable de los problemas propios y las vivencias, no necesariamente adquiere carácter patológico, ni conduce a la desorganización de la actividad, todo depende de la fuerza del agente y del sentido que adquiera para el sujeto. Sus manifestaciones neurovegetativas son más intensas que la de los estados de ansiedad personal, pero no alcanzan el polimorfismo propio de los estados de ansiedad patológica, su dinámica se caracteriza por una aparición brusca, aguda, directamente relacionada con la situación estresante nueva. Sus contribuyentes psicológicas predominantes son el disconfort, la inseguridad interna, la irritabilidad, la desconfianza hacia los demás e inseguridad en sí mismo. Existe relación causal entre la ansiedad personal y la situacional caracterizada por un círculo vicioso en el que la ansiedad personal facilita el surgimiento de la ansiedad situacional, de intensa tensión emocional, y ésta a su vez influye en la formación de rasgos ansiosos de la personalidad, especialmente si esta relación se instaura desde la infancia. • Ansiedad patológica: Se presenta generalmente como un síndrome y se desarrolla a partir de la instauración, estabilización y generalización de los estados de intensa tensión emocional que adquieren carácter particularmente desintegrador. Se caracteriza por la exageración del cuadro vivencial del enfermo por la multiplicidad y la inadecuación de sus quejas sobre trastornos neurovegetativos, con cambios en las valoraciones del sujeto sobre sí y sobre el mundo circundante. La depresión como estado psicológico también ha sido objeto de múltiples estudios, resultando largamente descrita por muchos autores. W. Mayer Grass, E. Slater y M. Roth plantean que “las fluctuaciones en la dirección de la depresión pueden fácilmente alcanzar una importancia tal que el sujeto se ve incapacitado y tiene que pedir ayuda al médico, dado que muchas veces llegan a una profundidad que puede llegar al suicidio, un cambio de humor depresivo tan severo como éste, puede ser provocado por circunstancias excepcionales en un individuo, de una constitución formal, o por acontecimientos menos deseados en los que son naturalmente propensos a la inestabilidad del humor, la característica más notable en este cambio de humor es que el sujeto se siente infeliz, incapaz de atender a sus asuntos cotidianos o de encarar el futuro que le parece oscuro, tenebroso”. La depresión puede variar entre la tristeza común que experimentan ocasionalmente todas las personas y que no requiere tratamiento y un trastorno depresivo importantísimo que es una enfermedad grave y a menudo mortal, pero que cuentan en general con alternativas terapéuticas. El médico interviene cuando la depresión se vuelve de gravedad suficiente para afectar la vida o el trabajo del sujeto o cuando se acompaña de un trastorno médico en evaluación. La depresión ocurre de manera concomitante con otros problemas médicos, lo que hace su identificación más difícil aún. Las personas que experimentan anorexia, nauseas, fatigas, trastornos del sueño y sentimientos de depresión, pueden reflejar síntomas emocionales atribuidos a un problema médico, estos síntomas pueden ser también manifestaciones de la depresión que se expresan de manera somática. Entre los síntomas comunes de la depresión están la fatiga, agitación, pérdida del interés por las actividades ordinarias de la vida cotidiana, disminución de la libido, sentimientos de desesperanza, tristeza y desamparo. Por otra parte, con frecuencia, estos individuos están temerosos, apesadumbrados y fácilmente desanimables y tienen menos iniciativa. Es común que experimenten anorexia, pérdida de peso, estreñimiento, diarreas, dificultad para dormir o para conservar el sueño, se quejan de no ser capaces de concentrar sus pensamientos, etc. Es evidente que por su propia naturaleza todos los elementos que se integran en las funciones de la personalidad tienen una naturaleza cognitivo-afectiva. El hombre se apoya en esa naturaleza para regular todas las esferas de su comportamiento. Es prácticamente imposible representarnos un proceso o hecho psicológico puramente afectivo o puramente cognitivo. Las operaciones cognitivas tienen doble carácter: reflejo y regulador. El aspecto regulador puede vincularse a las mismas acciones del proceso cognitivo, pero puede responder a una acción más compleja donde la acción cognitiva entra a formar parte de un proceso regulador de la personalidad. Las operaciones cognitivas complejas de la personalidad en las que el pensamiento tiene un papel predominante, implican a los restantes procesos cognitivos, cuya acción está directamente relacionada con el nivel de motivación en que dichas operaciones se apoyan. Las operaciones cognitivas son portadoras de un contenido emocional derivado del contenido de los motivos que representan y a la vez, constituyen una vía de acción del sujeto sobre dichos contenidos. Unas veces la idea, la reflexión o la valoración sobre algo, se constituye sobre la base de las emociones, como manifestación de nuestros motivos, en otras ocasiones, las emociones aparecen como resultado de un proceso reflexivo y valorativo que nos conduce a incluir un hecho en los marcos de un motivo de nuestra personalidad. Es indudable que en todo momento las emociones están matizando toda la actividad cognoscitiva (percepción, memoria, pensamiento, etc.). En cada uno de estos procesos, su efectividad va a estar en dependencia del fondo emocional sobre el cual se efectúa. El hombre está inmerso en un constante proceso de recepción y elaboración de información en sus relaciones con el medio, pero no toda esta información pasará a formar parte de su repertorio de acción como personalidad. La información que resulta relevante para las operaciones reguladoras de la personalidad es denominada por algunos autores (F. González, A. Mitjans) información personalizada, la cual según ellos, está estrechamente asociada con las motivaciones del sujeto, lo que determina que el propio proceso de su recepción sea esencialmente activo, individualizando el sujeto la misma o los fines de sus operaciones personales. Las posibilidades de las operaciones cognitivas sobre la esfera afectiva son superiores en los sujetos del nivel consciente - volitivo, aunque no siempre el sistema conceptualizado en que reflejan lo que les afecta expresa los elementos psicológicos reales que están en la base de sus vivencias. Las relaciones entre lo cognitivo y lo afectivo que constituyen una de las “coordenadas” importantes de la relación entre lo consciente y lo inconsciente, es móvil y compleja, no integrándose necesariamente en una expresión consciente adecuada. La integración funcional permanente de lo cognitivo y lo afectivo en los contenidos de la personalidad no debe identificarse con la representación consciente de la integración. Todos los componentes de la personalidad anteriormente analizados se verán afectados en mayor o menor medida ante la enfermedad, de ahí la necesidad de una atención integral en salud, de una atención que valore el estado de todos estos estados psicológicos que pueden aparecer asociados a la enfermedad cardíaca como parte del CIE en estos pacientes. Teniendo en cuenta los resultados de todas estas investigaciones podemos concluir que el CIE, y particularmente sus vivencias con respecto a la enfermedad, la ansiedad, la depresión y la autovaloración, son estados que presentan características únicas, peculiares en enfermos con diagnóstico de CI. El estudio de dichas peculiaridades se fundamenta en la necesidad de un acertado diagnóstico de estas para guiar o estructurar un proceso de intervención psicológica que garantice el aumento de la calidad de vida de estos pacientes. Es por todo esto que en la presente El objeto de Investigación es el Cuadro Interno de la Enfermedad en pacientes con Cardiopatía Isquémica. Siendo el Campo de investigación las particularidades del Cuadro Interno de la Enfermedad de los pacientes estudiados con Cardiopatía Isquémica. Objetivo: Describir las particularidades del Cuadro Interno de la Enfermedad de los pacientes estudiados con Cardiopatía Isquémica. Preguntas Científicas: • ¿Cuáles características permiten describir el Cuadro Interno de la Enfermedad de los pacientes estudiados con Cardiopatía Isquémica? Tareas de Investigación: 1.- Análisis de los referentes teóricos y metodológicos que tiene actualmente la información científica sobre la problemática del Cuadro Interno de la enfermedad de los pacientes Cardiópatas. 2.- Estudio y descripción de las particularidades del Cuadro Interno de la Enfermedad de los pacientes estudiados con Cardiopatía Isquémica Capítulo 3: Análisis y discusión de los resultados. Para la realización del trabajo se tomó en cuenta un grupo de indicadores los cuales abordan datos generales de los pacientes investigados (Tabla No 1). Tabla No. 1: Distribución de la muestra según sexo, edad y grado de escolaridad. Edad Grado de escolaridad Sexo Menores de 40 41- 50 51- 60 Total % 6to 9no 12mo Superior Masculino 4 16 36 56 70 3 23 24 6 Femenino 2 6 16 24 30 9 9 5 1 Total 6 22 52 80 100 12 32 29 7 % 7.5 27.5 65 100 x 15 40 36.3 8.8 Fuente: Entrevista semiestructurada al paciente. En la misma se puede apreciar que de la muestra estudiada, el mayor número está integrado por pacientes cuyas edades oscilan entre los 51 y 60 años de edad, lo que representa el 65 % de la misma. Esto significa que el 35% de los pacientes estudiados tienen edades inferiores a los 50 años; correspondiéndose con estudios epidemiológicos realizados donde se plantea que dicha enfermedad está debutando cada vez en edades más tempranas de la vida; pues si anteriormente solo se hablaba de ella en los marcos de la tercera edad, estos estudios demuestran como el mayor porciento corresponde en la actualidad a edades menores de los 60 años. (Anuario Estadístico 2004. Dirección Nacional de Estadística del Ministerio de Salud Pública de Cuba). La distribución según sexo también se corresponde con dichos estudios epidemiológicos señalando que es más frecuente la Cardiopatía Isquémica en el sexo masculino abarcando el 70% de la muestra y predominando el nivel medio y medio superior de escolaridad, lo cual viabiliza futuras acciones de orientación o intervención en estos pacientes. Cuando se analiza el estado civil (Tabla No 2) se puede observar un predominio de las personas casadas con relación a los solteros y viudos; representando el 86.3 % del total; factor que a su vez cobra gran importancia en el estudio del cuadro interno de la enfermedad y en la orientación respecto al mismo si tenemos en cuenta la influencia del compañero/a de vida del paciente en la manera en que este enfrenta y vivencia su enfermedad. Tabla No. 2: Distribución de la muestra según sexo, estado civil y antigüedad cardiópata. Estado Civil Antigüedad Cardiopatía (años) Sexo Casado Soltero Viudo < 1 año 1-3 Más de 3 Masculino 49 7 0 23 15 18 Femenino 20 3 1 13 7 4 Total 69 10 1 36 22 22 % 86.2 12.5 1.3 45 27.5 27.5 Fuente: Entrevista semiestructurada al paciente. Se evidencia además que el 55 % de la muestra tienen una antigüedad de su cardiopatía mayor de un año, lo cual es favorable para el logro de los objetivos propuestos en este trabajo investigativo, pues nos permite apreciar con mayor colorido y precisión las manifestaciones sintomatológicas estudiadas. Con el objetivo de investigar la depresión como estado psicológico en estos pacientes se utilizó el Test Tetradimensional de la Depresión. Los resultados obtenidos (Tabla No. 3) reflejan que los pacientes estudiados con Cardiopatía Isquémica presentan franca dimensión depresiva representados por el 11.3 % del total de la muestra estudiada, y aunque estos representen, dentro del total de pacientes, la minoría, no se le debe restar importancia desde el punto de vista asistencial , debido a que ya en esta fase ,el estado depresivo ha adquirido un grado considerable de intensidad y se ha extendido a varias dimensiones dentro del cuadro sintomatológico, pudiendo traer complicaciones que influirían marcadamente en el equilibrio emocional de estos paciente. El 46,3 % de los pacientes estudiados pasan por un momento precario o de desequilibrio situacional, desde el punto de vista de la sintomatología depresiva, marcando así la muestra más representativa estadísticamente, hecho este que indica que en la cardiopatía isquémica la depresión aparece en la mayoría de los pacientes, solo como síntomas aislados sin que se llegue a estructurar como un síndrome depresivo (Grado 1). También es importante considerar que el 22.5 % presenta algún síntoma de grado 2 que hace sospechar la presencia de un cuadro depresivo. Desde el punto de vista de las dimensiones que más se suelen afectar tenemos el mayor porciento, analizando cada una de ellas por separados, reflejados en los Grado 1 y Grado 0 (humor depresivo 51.3 %; ritmopatía 42.5 % ; anergia 41,3 % y discomunicación 65 % respectivamente), lo cual evidencia que estas solo se afectan mayoritariamente en sus grados más ligeros, hecho este que cobra gran importancia desde el punto de vista preventivo y rehabilitatorio, pues al presentarse la sintomatología depresiva en este tipo de pacientes en sus formas más ligeras como generalidad , viabiliza los programas preventivos que se puedan llevar a cabo en este aspecto, así como las estrategias terapéuticas pudiesen ser mas rápidas y efectivas. Resultados similares se obtuvieron en estudios realizados en el año 2005 en el propio servicio de cardiología del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico de la provincia de Sancti Spíritus. (Veloso, 2003). Tabla No 3: Nivel de Depresión en los pacientes estudiados. Dimensiones Grado 0 % Gra do 1 % Grado 2 % Grado 3 % Humor Depresivo 12 15 41 51.3 13 16.3 14 17.5 Anergia 33 41.3 25 31.3 14 17.5 8 10 Discomunicación 52 65 20 25 7 8.8 1 1.3 Ritmopatía 10 12.5 34 42.5 23 28.8 13 16.3 Depresión 16 20 37 46.3 18 22.5 9 11.3 Fuente: Test Tetradimensional de la Depresión. En lo referente a la ansiedad como estado psicológico se puede observar un predominio de niveles altos y medios de ansiedad rasgo en el 76.3 % de la muestra (Tabla No 4) lo cual significa la existencia en este tipo de pacientes de cierta predisposición a la percepción de un amplio círculo de situaciones como amenazantes (J. Grau); hecho este que se revierte en la presencia de altos niveles también de ansiedad tipo estado (68.8 % de la muestra) (Tabla No 5) debido a que la primera va actuar como condicionante de la aparición de esta última, provocando en estos pacientes la presencia de sentimientos de inseguridad, zozobra, percepción de amenaza, comportamientos de tipo ansiosos, entre otros . Tabla No. 4: Nivel de Ansiedad Rasgo en los pacientes. 19 23.8 23.8 23.8 38 47.5 47.5 71.3 23 28.8 28.8 100.0 80 100.0 100.0 Bien Media Alta Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Test IDARE. Tabla No. 5: Nivel de ansiedad estado en los pacientes. 25 31.3 31.3 31.3 33 41.3 41.3 72.5 22 27.5 27.5 100.0 80 100.0 100.0 Baja Media Alta Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Test IDARE. Para la exploración de la esfera autovalorativa se utiliza la modificación del Test de Autovaloración Dembo-Rubinstein, enfatizando en la valoración que tienen estos pacientes respecto a su estado de salud (Tabla No 6), las aspiraciones en la vida (Tabla No 7), su carácter en el momento de descompensación de la cardiopatía (Tabla No 8) y a su estabilidad emocional (Tabla No 9). Tabla No. 6: Autovaloración de la salud de los pacientes 48 60.0 60.0 60.0 25 31.3 31.3 91.3 7 8.8 8.8 100.0 80 100.0 100.0 Baja Media Alta Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Test de Autovaloración Dembo – Rubinsteins. Tabla No. 7: Aspiraciones en la vida de los pacientes. 26 32.5 32.5 32.5 23 28.8 28.8 61.3 31 38.8 38.8 100.0 80 100.0 100.0 Baja Media Alta Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Test de Autovaloración Dembo – Rubinsteins. Tabla No. 8: Carácter en periodo de crisis de la enfermedad. 53 66.3 66.3 66.3 25 31.3 31.3 97.5 2 2.5 2.5 100.0 80 100.0 100.0 Baja Media Alta Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Test de Autovaloración Dembo – Rubinsteins. Tabla No. 9: Estabilidad emocional de los pacientes estudiados. 51 63.8 63.8 63.8 24 30.0 30.0 93.8 5 6.3 6.3 100.0 80 100.0 100.0 Estable Inestable Marcadamente inestable Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Test de Autovaloración Dembo – Rubinsteins. Al realizar un análisis de las mismas se puede constatar que la mayoría, representados por el 60 % de la muestra se perciben a sí mismos como enfermos. Este hecho puede provocar distorsiones cognitivas respecto al conociendo de la enfermedad y lo que esta representa en términos de limitaciones y de salud personal, lo cual evidentemente repercute en la representación subjetiva que cada uno posee de la misma, en la manera en que se es vivenciada y enfrentada dicha enfermedad, teniendo en cuenta que la manera en que cada cual percibe su estado de salud va a influir decisivamente en la proyección y estructuración, tanto presente como futura, de la vida de cada uno de estos pacientes. En relación con este último aspecto se puede apreciar como, paradójicamente a estos datos anteriores, el 67.6 % de los pacientes estudiados poseen niveles autovalorativos altos y medios con relación a las aspiraciones en la vida lo cual demuestra como a pesar de sentirse y saberse enfermos poseen (en términos de formaciones motivacionales y elementos integrativos de la personalidad), un proyecto de vida o al menos un conjunto de motivaciones y metas estructuradas en tiempo futuro que pueden actuar como movilizadores y reguladores del comportamiento y pueden ser utilizadas como herramientas terapéuticas en el proceso rehabilitatorio. Es importante destacar que un 32.5 % poseen niveles autovalorativos bajos referente a este aspecto, lo cual indica que aproximadamente en un tercio del total de la muestra el complejo sistema motivacional que va a jugar un papel decisivo en la regulación del comportamiento, se encuentra estructurado en su gran mayoría en tiempo presente con pocas proyecciones futuras, hecho este que actúa como barrera en el proceso rehabilitatorio. Un 31.3 % se consideran en un nivel medio en cuanto a su estado de salud lo cual garantiza desde el punto de vista terapéutico y asistencial mayores posibilidades en el ejercicio de la rehabilitación desde los marcos de las resiliencias que cada uno posee y que se reconocen en ellos desde el momento en que se están valorando a sí mismos como personas cuya enfermedad no abarca o repercute a todas las esferas de la salud humana, lo cual les abre posibilidades a la compensación. Es importante destacar que el 8.8 % de los pacientes se perciben como personas saludables; hecho este que nos puede hacer pensar en dos posibilidades a la hora de su explicación: una nos haría valorar que en la génesis de este tipo de respuesta se encuentren mecanismos defensivos de evitación a la enfermedad y la otra nos dirigiría el pensamiento hacia la posibilidad de una total aceptación y adaptabilidad a la misma que se revierte en un mejor proceso rehabilitatorio y el logro de un incremento o mejoría en la calidad de vida de cada uno de ellos. Al analizar la esfera autovalorativa es importante señalar como el 66.3 % de los pacientes se perciben a sí mismos, en el momento de una descompensación de la cardiopatía, con niveles bajos respecto a su carácter; es decir, reconocen que características estables de la personalidad como lo es el carácter se modifica en el momento de una crisis, cuya génesis de este fenómeno pudiese encontrarse en sentimientos de inseguridad, temor , minusvalía que van a aparecer también como consecuencia de esta descompensación de la enfermedad, pues fuera de estos estadíos descompensatorios de la cardiopatía se perciben a sí mismos en un 63.8 % estables emocionalmente . Es importante para este tipo de estudio analizar como existe una correspondencia entre el porciento de pacientes que se consideran estables emocionalmente y el porciento que en el período de crisis se le afecta el carácter (66.3 % y 63.8 % respectivamente), hecho este que se manifiesta además en el porciento que se considera inestable y marcadamente inestable con aquellos pacientes a los que en el momento de la crisis el carácter se le torna fuerte o relativamente fuerte (36.3 % y 33.8 % respectivamente), lo cual demuestra la existencia de una correspondencia entre estas dos variables donde, en el caso de la cardiopatía isquémica, predomina en su generalidad la debilitación del carácter en el momento de la crisis, evento este al que le subyace el predominio de una estabilidad emocional fuera de estos eventos descompensatorios. Con el objetivo de conocer la percepción que de la enfermedad tienen estos pacientes, así como algunas de las maneras en que ha sido vivenciada por ellos la misma se les aplicó el Diferencial Semántico de Salud, cuyos resultados evidencian que los pacientes cardiópatas perciben su enfermedad como bien conocida (97,5%), que la misma es contraída por gran cantidad de personas (97,5%), cuyo progreso puede valorarse como medio o lento (71,3%); su padecimiento es por mucho tiempo y para toda la vida; reconociendo así su carácter crónico (93,8%), siendo poca o ninguna la posibilidad de trasmitirla (91,3%) . El tratamiento debe ser durante mucho tiempo o toda la vida (92,5%), con mucha o bastante posibilidad de repetirse (aquí se hace referencia al episodio descompensatorio de la cardiopatía) (73,8%); cuyas complicaciones pueden ser graves y muy graves (88,8%); siendo una enfermedad grave debido a la cronicidad (60%), aunque puede haber recuperaciones desde el punto de vista clínico, que se traducen en períodos en que no hay crisis (63,8%).Todo lo descrito anteriormente evidencia el adecuado conocimiento que poseen estos pacientes respecto a su enfermedad, lo cual puede estar dado por la adecuada y eficaz información brindado por el personal médico que los atienden; hecho este que desde el punto de vista de la rehabilitación juega un papel fundamental en el propósito de optimizar la calidad de vida de estos pacientes y contribuye a una mejor percepción por parte de los mismos de su enfermedad y la repercusión de esta , tanto en su estado de salud actual y futuro como desde las nuevas exigencias que esta les impone. Referente a como vivencian su enfermedad se puede apreciar como para el 57,5% de estos pacientes les resulta dolorosa, ya sea por sus limitaciones, como por los cambios en el estilo de vida o por la cercanía a una muerte en la que se comienza a pensar como una realidad posible; lo cual se refleja además en el hecho de que el 56,3% de los pacientes estudiados manifiesta que piensan en su enfermedad; valorándose a sí mismo como una carga (57,5%); sin que la misma implique; para la mayoría, trastornos en la sexualidad ocasionalmente y nunca (55 %) (Tabla No 10 a la No 24). Tabla No. 10: Contraen la enfermedad según los pacientes. 78 97.5 97.5 97.5 1 1.3 1.3 98.8 1 1.3 1.3 100.0 80 100.0 100.0 1-2 3 4-5 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 11: Es dolorosa la enfermedad para los pacientes. 46 57.5 57.5 57.5 24 30.0 30.0 87.5 10 12.5 12.5 100.0 80 100.0 100.0 5-4 3 2-1 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 12: Es molesta la enfermedad para los pacientes. 38 47.5 47.5 47.5 26 32.5 32.5 80.0 16 20.0 20.0 100.0 80 100.0 100.0 5-4 3 2-1 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 13: Progreso de la enfermedad para los pacientes. 26 32.5 32.5 32.5 31 38.8 38.8 71.3 23 28.8 28.8 100.0 80 100.0 100.0 5-4 3 2-1 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 14: Es una enfermedad conocida. 2 2.5 2.5 2.5 78 97.5 97.5 100.0 80 100.0 100.0 3 2-1 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 15: Piensan en la enfermedad los pacientes 17 21.3 21.3 21.3 18 22.5 22.5 43.8 45 56.3 56.3 100.0 80 100.0 100.0 5-4 3 2-1 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 16: Tiempo de padecimiento de la enfermedad. 75 93.8 93.8 93.8 4 5.0 5.0 98.8 1 1.3 1.3 100.0 80 100.0 100.0 5-4 3 2-1 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 17: Posibilidad de transmisión de la enfermedad. 73 91.3 91.3 91.3 4 5.0 5.0 96.3 3 3.8 3.8 100.0 80 100.0 100.0 1-2 3 4-5 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 18: Tiempo de Tratamiento de la enfermedad. 1 1.3 1.3 1.3 5 6.3 6.3 7.5 74 92.5 92.5 100.0 80 100.0 100.0 1-2 3 4-5 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 19: Trastornos sexuales que provoca la enfermedad. 9 11.3 11.3 11.3 27 33.8 33.8 45.0 44 55.0 55.0 100.0 80 100.0 100.0 5-4 3 2-1 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 20: Posibilidad de repetirse la enfermedad. 59 73.8 73.8 73.8 16 20.0 20.0 93.8 5 6.3 6.3 100.0 80 100.0 100.0 5-4 3 2-1 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 21: Complicaciones de la enfermedad. 71 88.8 88.8 88.8 7 8.8 8.8 97.5 2 2.5 2.5 100.0 80 100.0 100.0 5-4 3 2-1 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 22: La enfermedad es una carga para los demás. 11 13.8 13.8 13.8 23 28.8 28.8 42.5 46 57.5 57.5 100.0 80 100.0 100.0 5-4 3 2-1 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No. 23: Los pacientes se recuperan de esta enfermedad. 51 63.8 63.8 63.8 25 31.3 31.3 95.0 4 5.0 5.0 100.0 80 100.0 100.0 1-2 3 4-5 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Tabla No.24: Gravedad de la enfermedad. 22 27.5 27.5 27.5 48 60.0 60.0 87.5 10 12.5 12.5 100.0 80 100.0 100.0 1-2 3 4-5 Total Valid Frequency Percent Valid Percent Cumulative Percent Fuente: Diferencial Semántico de Salud. Al realizar un análisis de variables interrelacionadas entre sí, donde la edad aparece como factor común entre ellas, se puede observar como existe una paradoja sintomatológica entre las edades comprendidas de los 30 a los 40 años y 56 a 60 años al hablar de ansiedad; es decir, las edades más tempranas y más tardías de aparición de la enfermedad tomadas en cuenta para este estudio; hecho este que demuestra que el factor edad influye en la manera en que dicho estado psicológico se va a manifestar en este tipo de pacientes (Gráfico No 1 y No 2). Gráfico No.1: Relación Edad-Ansiedad Estado. 0 10 20 30 40 50 60 Menores de 40 41 - 50 51-55 56 - 60 Edad An si ed ad - E st ad o. Baja Media Alta Fuente: Análisis de Frecuencia. Gráfico No.2: Relación Edad-Ansiedad Rasgo. 0 10 20 30 40 50 60 70 Menores de 40 41-50 51-55 56-60 Edad An si ed ad - R as go Baja Media Alta Fuente: Análisis de Frecuencia Respecto a la ansiedad tipo estado se puede apreciar como ocurre un aumento progresivo en el predominio de sus niveles altos hasta el rango etáreo de 51 – 55 años de edad; produciéndose entonces una supremacía en los niveles medios de este tipo de ansiedad para las edades comprendidas entre los 56 y 60 años; contrasentido que se produce para el nivel medio donde ocurre una decadencia considerable y también paulatina hasta las edades comprendidas entre los 41 y 50 años, donde el nivel medio vuelve a alcanzar la mayor jerarquía. De manera similar ocurre para la ansiedad tipo rasgo; sólo que para esta forma de manifestación de la ansiedad como estado psicológico, el declinaje de sus niveles medios comienza a invertir su sentido en las edades comprendidas entre los 51 y 55 años de edad. Lo descrito anteriormente nos demuestra como la manifestación de la ansiedad en los pacientes cardiópatas; tanto como estado o como rasgo, varía cualitativamente en dependencia de la edad, estructurándose esta variación de manera gradual. La depresión constituye uno de los estados psicológicos que con mayor frecuencia afectan a este tipo de pacientes (Veloso, 2004); analizar la edad como posible factor influyente en su manifestación sintomatológica resultó de nuestro interés dentro del estudio del cuadro interno de la enfermedad en el paciente cardiópata (Gráfico No.3). Grafico No.3: Relación Edad-depresión 0 10 20 30 40 50 60 70 Menores de 40 41 - 50 51-55 56 - 60 Edad De pr es ió n Sin coincidencia Grado 1 Grado 2 Grado 3 Fuente: Análisis de Frecuencia. En un análisis del mismo se puede constatar como sus manifestaciones coinciden para todos los grupos etáreos; pues se observa un predominio, para todas las edades del Grado 1; es decir, sus estados de salud mental transitan por momentos en los que la sintomatología depresiva abarca varias esferas de la vida, pero al hacerse un análisis de su frecuencia e intensidad sólo se puede hablar de síntomas depresivos aislados que no llegan a estructurarse para conformar un síndrome. Es importante destacar que aún cuando se evidencie este predominio al cual se hace referencia anteriormente, se manifiesta un declinaje de los mismos hasta las edades comprendidas entre los 51 y 55 años, aumentando posteriormente para las edades entre los 56 y 60 años; demostrando la vulnerabilidad presente en las edades más tempranas y más tardías de debut de la enfermedad, aunque puedan existir divergencias desde el punto de vista causal si se realiza un análisis profundo de las mismas en ambos grupos etáreos. Continuando el análisis relacional entre variables, ahora con el sexo como denominador común se puede apreciar como la sintomatología psicológica va a manifestarse de diferente manera para ambos sexos. En cuanto a la depresión (Gráfico No.4) se evidencia un predominio en el sexo masculino de la depresión Grado 1; mientras que en el sexo femenino se constata un predominio de la depresión Grado 2; es decir, ya se comienza a valorar la presencia de síndromes depresivos. Hecho este que demuestra que desde el punto de vista de la vulnerabilidad a la sintomatología depresiva se puede decir que es la mujer cardiópata más vulnerable que el hombre cardiópata a presentar un cuadro depresivo. Resultados similares se obtuvieron en estudios realizados por la National Mental Health Association (Asociación Nacional de la Salud Mental) en Canadá, los cuales concluyeron que las mujeres tienen el doble de posibilidades de sufrir la depresión después de un ataque al corazón con respecto a los hombres. Gráfico No.4: Relación Sexo-Depresión. 0 10 20 30 40 50 60 Masculino Femenino Sexo De pr es ió n Sin coincidencia Grado 1 Grado 2 Grado 3 Fuente: Análisis de Frecuencia. Respecto a la ansiedad también se evidencia diferencias de género; pues aunque en ambos sexo predominen los niveles medios de ansiedad rasgo, en la mujer cardiópata se evidencien niveles altos de ansiedad estado en la mayor jerarquía cuando en el hombre se mantiene el predominio de niveles medios (Gráfico No.5 y 6); hecho este que convierte a la mujer en la más vulnerable desde el punto de vista del género, al padecimiento de la ansiedad. Gráfico No.5: Relación Sexo-Ansiedad Rasgo. 0 10 20 30 40 50 60 Masculino Femenino Sexo An si ed ad - Ra sg o Bajo Media Alta Fuente: Análisis de Frecuencia. Gráfico No. 6: Relación Sexo-Ansiedad Estado. 0 10 20 30 40 50 Masculino Femenino Sexo An si ed ad - Es ta do Baja Media Alta Fuente: Análisis de Frecuencia. Si examinamos con precaución lo concluido anteriormente, más allá de la diferencia genérica, se puede apreciar que, aún cuando la mujer cardiópata es más vulnerable que el hombre respecto a la manifestación de la ansiedad y la depresión, es precisamente el hombre quien es más propenso a debutar con esta enfermedad, hecho este que demuestra que desde el punto de vista de los factores predispontes o de riesgo a padecerla es el hombre quien marca la supremacía; pero a la vez es quien ,desde el punto de vista de la adaptabilidad y el enfrentamiento a la misma logra los mejores resultados; lo cual ocurre de manera inversa en la mujer. El tiempo de evolución de la enfermedad constituye un factor que influye considerablemente en la vivencia que se tiene de la misma; especialmente cuando hacemos referencia a la Cardiopatía Isquémica, pues esta va a estar matizada por una serie de prejuicios y estigmas sociales, además de las características evolutivas presentes desde el punto de vista clínico , ya que estamos en presencia de una enfermedad crónica; de ahí la importancia de su estudio para este trabajo donde se ha hecho converger la antigüedad de la cardiopatía con la depresión como estado psicológico (Gráfico No.7). Gráfico No. 7: Relación Antigüedad Cardiopatía-Depresión. 0 10 20 30 40 50 60 Menores de 1 Año 1 – 3 Más de 3 Años Antiguedad - Cardiopatía De pr es ió n Sin coincidencia Grado 1 Grado 2 Grado 3 Fuente: Análisis de Frecuencia. Se puede constatar a través del análisis del mismo un predominio del Grado 1 de depresión en las distintas etapas de tiempo desde el debut de la enfermedad tomados en cuenta para este estudio; siendo importante subrayar que los mismos van declinando respecto a su manifestación (entendida en términos de presencia desde el punto de vista cuantitativo) en correspondencia con los períodos evolutivos descritos en el gráfico, tornándose a su vez (en un mismo sentido) más significativo jerárquicamente el grado 0 ó sin coincidencia donde no se manifiesta la sintomatología depresiva .Hecho este que pude estar dado por un mejor y mayor conocimiento de la enfermedad que