UNIVERSIDAD CENTRAL “MARTA ABREU” DE LAS VILLAS FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA MONOGRAFÍA Relaciones raciales en el sector cuentapropista: una mirada desde las mediaciones por la subjetividad en propietarios arrendatarios de hostales en la ciudad de Santa Clara Yuslaidy Oviedo Rodríguez Rosanaily Alvarez Laureiro Isaac Iran Cabrera Ruiz Edición: Liset Ravelo Romero Yuslaidy Oviedo Rodríguez, Rosanaily Álvarez Laureiro, Isaac Iran Cabrera Ruiz, 2019 Editorial Feijóo, 2019 ISBN: 978-959-312-371-6 Arbitrada por pares académicos Editorial Samuel Feijóo, Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, Carretera a Camajuaní, km 5 ½, Santa Clara, Villa Clara, Cuba. CP 54830 Índice Introducción ............................................................................................................................................ 4 Relaciones raciales y subjetividad: referentes teóricos para su estudio en el cuentapropismo ................ 8 Racialidad: su construcción temática ..................................................................................................... 8 Subjetividades en las relaciones raciales: su comprensión histórico-cultural ...................................... 11 El sector cuentapropista como escenario de reproducción de la racialización .................................... 18 Investigación cualitativa para el estudio de la configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara ............................................................. 25 Posicionamiento epistemológico y metodológico en el estudio de la configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara ............................................... 25 Descripción del contexto de investigación ........................................................................................... 26 Entrada al campo y selección de los participantes ............................................................................... 27 Instrumentos para el estudio de la configuración subjetiva social de la racialidad ............................. 30 Estrategia para el proceso de construcción e interpretación de la información .................................. 32 Configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara ............................................................................................................................................. 34 Configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios empleadores de hostales en CUC ................................................................................................................................ 34 Configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios no empleadores de hostales en CUC ................................................................................................................................ 43 Configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios no empleadores de hostales en CUP ................................................................................................................................ 45 Configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara: una mirada integradora desde los núcleos de sentido ............................................................... 51 Modelo teórico comprensivo de la configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara ........................................................................................ 51 ¿Cómo se describe al grupo racial? Configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios según los rasgos que describen al grupo racial ........................................................ 52 ¿Somos iguales? Configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios según las desigualdades por la pertenencia racial .......................................................................... 55 Discusión de resultados ........................................................................................................................ 60 Referencias bibliográficas ...................................................................................................................... 63 4 Introducción Clasificar a los seres humanos por razas implica necesariamente el establecimiento de fronteras divisorias entre unos y otros, cuyo punto de partida es el énfasis en la diferencia. A decir de Martínez-Ten y Tuts (2003), la idea de raza ha estado, desde sus inicios, vinculada al mantenimiento de desigualdades sociales y límites que separan a los seres inferiores de los superiores; siendo considerada por Holt (1995) como una de las ideas que más daño ha hecho a la humanidad, de las más permanentes y destructivas. Autores como Bello y Rangel (2000) identifican la raza como un determinante de desigualdad distributiva y de oportunidades, que al mismo tiempo es portadora de un conjunto de mecanismos de exclusión y segregación. Su carácter clasista y diferenciador, legitimado a partir de prácticas discriminatorias, ha convertido a la raza en una problemática social de interés para políticos, intelectuales e investigadores sociales, máxime en sociedades que se mueven hacia discursos cada vez más inclusivos e igualitarios. A nivel internacional, el tratamiento de esta problemática en el plano político se ha orientado a la búsqueda de soluciones para su erradicación desde los espacios institucionales a partir de la formulación de leyes y declaraciones que rechazan cualquier forma de discriminación por concepto de raza. Ejemplo de ello lo constituyen la Declaración sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1963 y la Declaración sobre la Raza y los Prejuicios raciales aprobada en 1978 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Por su importancia y complejidad este fenómeno ha estado inscrito en la agenda de investigadores sociales por más de cuatro décadas. Los estudios realizados han abordado ampliamente desde una perspectiva teórica y empírica el racismo como problema social, orientando el análisis en los últimos tiempos hacia una nueva fisonomía cuyas manifestaciones son menos visibles y directas, caracterizado por formas más sutiles de expresión y que se ha denominado racismo moderno. En Estados Unidos, durante los años sesenta del pasado siglo, las investigaciones realizadas estuvieron centradas en el estudio del prejuicio racial, al constituir una forma de expresión y consecuencia del racismo. Los datos registrados en este contexto como resultado de 5 la aplicación de numerosas encuestas fueron sistematizados por Oskamp (1991). Referente a ello, Morales-Domínguez, J. F. (1996) planteó que estos resultados mostraron que desde 1960 pese a la lucha por los derechos civiles realizada entre 1960 y 1970 y a todos los esfuerzos posteriores a favor de la igualdad, la actitud del grupo dominante apenas se ha modificado y sigue siendo, en términos generales, negativa hacia la posibilidad de una igualdad plena entre razas. Por su parte, Ovejero (2000) ha significado la necesidad de hacer frente a los estereotipos y prejuicios raciales desde campos disciplinares como la Psicología y la Educación, de manera que se desarrollen acciones orientadas a su diagnóstico e intervención. Sobre este particular, Morales-Domínguez, J.F. y Yubero (1996) advierten que “sin dudas, para profundizar en el fenómeno del racismo, es necesario desarrollar desde una perspectiva psicosocial, aspectos vinculados a los estereotipos y el prejuicio como origen de conductas xenófobas y racistas.” De esta forma, diversos psicólogos sociales con el propósito de comprender el fenómeno racial y desarrollar acciones para su erradicación, han enfocado el estudio del prejuicio hacia su caracterización desde las relaciones intergrupales, haciendo énfasis en los efectos que este produce y sus conexiones con los estereotipos y la discriminación racial. En el caso de Cuba, el estudio de la racialidad aparece vinculado a la labor investigativa de Aníbal Rodríguez, quien desde 1950 y por más de treinta años estudió los estereotipos y prejuicios raciales configurados en adolescentes y jóvenes. También otros investigadores como Carrazana (2005), Espina-Prieto, R. (1994, 1999, 2006, 2007, 2009, 2011), Morales- Domínguez, E. (2002, 2008, 2009, 2012), Núñez-González (2003, 2011, 2015), Romay (2012, 2015), entre otros, han significado el papel de estas formas subjetivas en la supervivencia del racismo en la sociedad cubana y su expresión en las relaciones sociales. Estas investigaciones han estado nucleadas por instituciones como la Fundación Fernando Ortiz, el Centro de Antropología del CITMA, el Centro de Estudios sobre Juventud, el Ministerio de Cultura y la UNEAC. Su interés por solucionar esta problemática se fundamenta en la persistencia de desigualdades raciales y formas de discriminación racial que se creyeron eliminadas a partir de las medidas adoptadas por el gobierno revolucionario. Al respecto, Núñez-González (2015) afirma que la necesidad de iniciar estudios sistemáticos acerca de la problemática racial en el país, con un enfoque multidisciplinario, ganó fuerza después del triunfo revolucionario de 1959. En este momento se pensó que las 6 inequidades raciales desaparecían con las medidas de justicia desarrolladas por la Revolución. Sin embargo, las desigualdades objetivas heredadas limitaron la igualdad real de acceso a las oportunidades abiertas en el proceso de construcción de la nueva sociedad. Por otro lado, la existencia de factores subjetivos —prejuicios y estereotipos raciales— reproducidos y trasmitidos de generación en generación, inclusive en condiciones distintas, se hizo evidente. En la actualidad, el problema racial continúa siendo un tema pendiente, pues a pesar de los esfuerzos por eliminar la racialización de las relaciones sociales, reemergen como resultado del proceso de socialización desigualdades raciales ya existentes como potencialidad y realidad social, que se expresan en múltiples espacios cotidianos no solo en el plano estructural, sino también subjetivo. Su presencia aún en sectores emergentes como el cuentapropista, constituye evidencia de ello. Al respecto, Mederos y García-Rojas (2015) advierten que en este entramado la racialización es uno de los factores que contribuye a ampliar las fuertes brechas de desigualdad generadas al interior de este sector. Ello lo sitúa como espacio social donde la raza continúa operando cual instrumento estratificador de las relaciones sociales. Siguiendo a Espina-Prieto, M.P. (2012), la emergencia del cuentapropismo ha constituido una fuente importante de relaciones sociales en términos de redimensionamientos subjetivos individuales, intra e intergrupales condicionados por la mayor modificación del perfil de la estratificación social, la ampliación de las diferencias de ingresos y su grado de concentración. En coherencia, autores como Rodríguez-Alemay y Torralbas (2011), Curbelo (2012), Del Llano (2012), Pañellas (2012, 2013), Caballero (2013) han constatado que el grupo de cuentapropistas en los últimos tiempos ha experimentado una acelerada dinamización que se expresa no solo en sus cifras, sino en sus configuraciones subjetivas y relaciones sociales. La actualización del modelo económico cubano a partir de 2011, ha implicado una transformación en las relaciones laborales al ampliar formas de vincularse al trabajo de manera autónoma, bajo tipos y formas de propiedad sobre los medios de producción diversas, tanto individuales como colectivas, conformando un sistema de relaciones sociales multidimensional (García-Rojas, 2014). De esta forma, la heterogeneidad que caracteriza al sector por cuenta propia está dada por las formas de propiedad y otros elementos estructurales como el sexo, la edad, el nivel de instrucción, el color de la piel, la ubicación territorial, el tipo de actividad que realizan, las 7 formas en que organizan la producción y los servicios, la utilización de fuerza de trabajo adicional y la forma y la magnitud de los ingresos que complejizan su composición y se configuran como factores generadores de desigualdades socioestructurales al interior del propio sector (Betancourt, 2013). Según afirma García-Rojas (2014), los estudios sobre las desigualdades socioestructurales en este sector han recibido tratamiento desde un análisis macro a nivel provincial o nacional, por lo que urge la inclusión de los territorios y municipios en estos tipos de investigaciones, en tanto resulta observable la presencia en ellos de cambios en la conformación de estructuras socioclasistas. La provincia de Villa Clara, tercera en agrupar mayor cantidad de cuentapropistas del país, ha constituido un escenario propicio para el estudio de las desigualdades sociales y raciales. Resultados investigativos de estudios realizados en este sector muestran una sobrerrepresentación del grupo racial blanco en el mismo, principalmente en la posición de trabajadores propietarios empleadores y de arrendatarios empleadores o no (García-Rojas, 2014). Más recientemente en un estudio realizado por Castellón (2017) constató la presencia de estereotipos, prejuicios y comportamientos discriminatorios en propietarios de negocios cuentapropistas exitosos de Santa Clara. Los resultados obtenidos en dichas investigaciones evidencian la presencia del fenómeno racial en el sector emergente de la economía cubana y la persistencia de subjetividades en la configuración de la racialidad que legitiman y reproducen las diferencias raciales en el sistema de relaciones sociales. Esta realidad, se asociada a la insuficiencia de estudios que aborden la problemática desde una comprensión histórico-cultural de la subjetividad. De este modo, el monográfico se propone como objetivo general develar la configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara. Expone los resultados investigativos obtenidos durante el período comprendido entre febrero y junio del 2018. El monográfico se estructura en tres apartados fundamentales que abordan aspectos teóricos, metodológicos y de construcción e interpretación de la información. 8 Relaciones raciales y subjetividad: referentes teóricos para su estudio en el cuentapropismo Racialidad: su construcción temática Los orígenes de la palabra raza se remontan a los siglos XIII y XVII en el contexto europeo, surgiendo esta, de forma ocasional, relacionada más con la religión, el comportamiento y el medio ambiente, que seguían siendo los criterios más importantes para conceptualizar la diversidad humana, en vez de la apariencia física e ideas sobre el cuerpo como organismo natural (Wade, 1997). En la Europa de los siglos XVI al XVIII el concepto de raza se construyó también a partir de la exclusión gradual de aquellas culturas y sociedades que estaban fuera de la ecúmene cristiano –la “Cristiandad”– mediante la construcción de relaciones de alteridad (mecanismo de autodefinición en oposición al otro). Estas ideas fueron elaboradas durante el período de formación del capitalismo mercantil y se reafirmó por los descubrimientos, conquista y posterior colonización de las “nuevas tierras” (Said, 1996). Su evolución entre los siglos XVIII y XIX se hizo evidente al consolidarse la idea alrededor del cuerpo y la biología. Desde esta línea, el naturalista Karl Linneus (1707- 1778), desarrolló un sistema clasificatorio por especies y género, una taxonomía del mundo natural, que ubica a las diferentes razas humanas como especies y subespecies. La clasificación fue basada en características físicas y diferencias biológicas de las especies clasificadas, a las que se asociaban determinados atributos sociales y culturales. De este modo, los rasgos y atributos físicos pasaban a formar un todo, donde cultura y sociedad parecían estar dominadas por una condicionante natural. El mecanismo para clasificar a los diferentes grupos y culturas humanas se realizaba bajo la misma lógica clasificatoria de plantas o animales, pero sin que en la práctica se diera cuenta de los fundamentos fisiológicos que sustentaban la operación, de tal modo que las diferencias fueron naturalizadas sin ser biologizadas (Wade, 1997). Otro referente en este siglo lo constituyó Camper (1722-1789) quien mediante un posicionamiento biologicista, les otorgó a los negros una posición inferior, cercana a los 9 animales, en su taxonomía de la raza. Por otro lado, Darwin en su obra magistral El origen de las especies indicaba que no era posible seguir pensando en tipos raciales permanentes. Sin embargo, el darwinismo fue utilizado selectivamente para sostener la idea del evolucionismo social según el cual las razas más aptas dominaban mejor a las otras. Estos antecedentes sentaron pautas en la comprensión de la raza a partir de la clasificación de grupos humanos según rasgos heredados que se asocian a características físicas, genéticas y fenotípicas fundamentalmente. Esta concepción biologicista en el estudio de las razas resultó plausible desde la Antropología Física, por lo que la raza ha sido definida como “grupo biológico que posee en común cierto número de caracteres hereditarios que lo separan de otros grupos, y por los cuales se distingue también su descendencia”, realizando especial énfasis en las relaciones de parentesco, básicamente en las que se heredan, resaltando a la vez la necesidad de poner de relieve la diversidad de la población humana (Martínez-Fuentes, 2002). Para el autor lo racial comprende lo biológico de la población humana. Sin embargo, estudios sobre el genoma humano han demostrado que existe muy poca información genética que evidencie las diferencias en términos raciales, en tanto la variación genética al interior del grupo es mayor que la intergrupal. Por lo mismo, Lewontin, Rose y Kamin (1987) refieren que “la diferenciación racial humana en realidad no va más allá del color de la piel. Cualquier uso de las categorías raciales debe buscar su justificación en alguna otra fuente que no sea la biológica” (p.155). Por lo mismo, Ovejero (2009) afirma que la raza no solo clasifica biológicamente, sino que, más aun, cualifica socialmente, razón por lo cual se habla de raza social o grupo racial, al margen de clasificaciones antropofísicas, en términos de agrupaciones fenotípicamente semejantes y desemejantes, donde el aspecto sociocultural apunta a ser más importante que el biológico, legitimándose de este el concepto de razas humanas como concepto psicosocial, como construcción social. Esta comprensión de la raza es compartida por numerosos autores como Lapervanche y Bottomley, 1988; Caño, 1996; Ferrer, 2002, Martínez-Heredia, 2002; Campos, 2012; Martínez y Tuts, 2003; Vásquez, 2005; y Puertas, 2010, quienes significan el papel de la cultura y lo social en la construcción de lo racial. 10 Jesús Guanche, al referirse a la racialidad, expresó “es una noción que puede conducir a engaño y, de hecho, conduce por el lastre conceptual y activo del racismo y los prejuicios raciales, ya que lejos de valorar lo estrictamente biológico, posee una connotación sociocultural y clasista” (Guanche, 1996: 53). En esta línea, Martínez-Heredia (2009) ha referido que las razas constituyen construcciones sociales, determinables histórica y culturalmente, que identifican o marcan grupos a humanos respecto a otros grupos, en dependencia de las relaciones que sostienen entre sí. Posicionada en esta concepción teórica de la raza, Romay (2015) refirió “nadie nace blanco, negro o mestizo; sencillamente se aprende a serlo, no importa el color que exhiba la epidermis”. En este proceso de aprendizaje se va configurando la identidad social en el entramado de relaciones sociales, donde las interacciones interpersonales e intergrupales que se producen en el proceso de socialización de los individuos juegan un papel significativo en su formación, asimismo la cultura y el contexto histórico concreto. En la construcción de las categorías raciales el color de la piel emerge como un criterio esencial que permite distinguir una categoría de otra. Al respecto, Esteban Morales (2002) refirió que tanto el color de la piel como la determinación de rasgos fenotípicos son el resultado de la reducción que de lo racial, como condición social y cultural de las sociedades, hacen algunos sujetos, cuestión que ha sido caracterizada por el autor como racismo cultural. En relación con ello, Romay (2015) señala que al color de la piel se le atribuyen significados, que son asimilados socialmente y validados en las relaciones sociales, los cuales se convierten en marcadores de diferenciación, ya que se le van a asignar determinadas cualidades, dígase a colores y a tonalidades de la piel. Sin lugar a dudas esto trae consigo repercusiones en el orden práctico que impactan en el quehacer diario de las personas, más cuando toda la actividad social está determinada y depende de las cualidades que previamente sean atribuidas por el color, lo que abre una brecha a las desigualdades raciales. En este caso, como plantea Morales-Domínguez, E., el negro como grupo social ha tenido menos oportunidades de acceso a los adelantos de la ciencia y la técnica, a la cultura, a mejores empleos y a situarse en posiciones de ventaja, históricamente con menos aceptación por su color de piel y sus rasgos físicos. Por ende, ha tenido condiciones de vida 11 menos favorables, en una sociedad con tendencia al “blanqueamiento” y donde mientras más oscura sea la piel o se conserven rasgos negroides, más atrasada será la persona (comunicación personal, noviembre 29, 2012). Según Martínez-Heredia (2002), son las ideas que se tienen sobre las razas las que les dan significado al color de la piel, los tipos de facciones y de cabellos y otros rasgos marcantes, no son estos los que tienen un significado por sí mismos. La racialidad debe comprenderse entonces desde el sistema de relaciones sociales en que se produce, donde deviene como realidad social subjetivada y se naturalizan las diferencias entre las categorías raciales, produciendo formas específicas de relación. Tal comprensión de la racialidad implica su articulación obligatoria con la subjetividad. Subjetividades en las relaciones raciales: su comprensión histórico-cultural Todo proceso social está multicondicionado (C. de autores, 2004), bien por condicionamientos socioeconómicos, político-jurídicos, institucionales, socioculturales, ambientales, educacionales, así como por la subjetividad (C. de autores, 2009). En esta línea, Pérez-Yera (2008) afirma que todos los contextos sociales son mediadores de los procesos de expresión de la subjetividad humana y son sistemas complejos de relaciones sociales, ya sean económicas, políticas, legales, éticas o estéticas, que se mediatizan unos a otros y son mediados por la subjetividad. Romay (2015), al referirse a las relaciones de dominio producidas en torno a pertenencias raciales advierte que estas, aunque preponderantes en el universo material, solo se completan si logran extenderse a la subjetividad e implantarse en el imaginario de dominadores y dominados, haciéndoles compartir un mismo y contradictorio modo de aprehender la realidad, mediante representaciones sociales cargadas de estereotipos. Autores como Rodríguez-Ruiz, Carrazana y García (2011) significan la pertinencia de acceder a lo que a nivel de subjetividad circula en el imaginario social en torno a la racialidad. Al respecto subrayan que para comprender cómo las desigualdades raciales se pueden reproducir, más allá de la herencia y las limitaciones económicas, en necesario explorar en las expresiones que tienen dichos fenómenos en la subjetividad; en tanto aparecen vinculadas a expresiones de una mentalidad prejuiciosa que tiende a disminuir al 12 otro racialmente definido. De igual forma, Morales-Domínguez, J.F. y Yubero (1996) señalan que para profundizar en el fenómeno del racismo, es necesario ahondar en los estereotipos y el prejuicio como origen de conductas xenófobas y racistas. Desde esta perspectiva se puede concluir que la racialización de las relaciones interpersonales tiene entre múltiples mediaciones, las producidas por la subjetividad, a través de su configuración como estereotipos y prejuicios y sus expresiones en el comportamiento social como discriminación; los cuales traman los diferentes procesos que caracterizan las redes de relaciones en la vida social y se expresan en los espacios sociales de la vida cotidiana. Estereotipo, prejuicio y discriminación, según Duckitt (2001), son términos utilizados cotidianamente de manera indistinta para dar nombre a diferentes actos de injusticia, dirigidos hacia un individuo o colectivo. En el marco de la Psicología Social, estos conceptos guardan una estrecha relación entre sí, pero no significan lo mismo (Dovidio, Hewstone, Glick, & Esses, 2010). Para Martín-Baró (2000) los estereotipos constituyen productos ideológicos, en tanto materializan unos intereses sociales, promoviéndolos y justificándolos. Son productos de una historia y para su estudio se debe contemplar la situación social en la que surgen y donde, de hecho, sirven como canalización psicosocial de unos intereses de clase. La concepción del estereotipo debe incorporar, además, según este autor, tanto lo que hay de distorsionante en él como su base de verdad y no atribuírsele sistemáticamente una naturaleza peyorativa. Por otra parte, Fiske (2004) resume algunos aspectos que considera son definitorios de los estereotipos: a) simplifican o exageran los rasgos atribuidos a un grupo; b) sirven para justificar o racionalizar las reacciones afectivas y conductuales hacia un grupo; c) al tratarse de estructuras cognitivas, son rígidos y resistentes al cambio, aunque se obtenga información que los descodifique; d) desde una perspectiva cultural, conviene destacar su carácter consensuado, en la medida en que son creencias compartidas por los miembros de una cultura. 13 Sobre el carácter consensuado de los estereotipos, Tajfel (1972) explica que estos pueden llegar a ser sociales sólo cuando son compartidos por gran número de personas dentro de grupos o entidades sociales, entendiendo por compartir un proceso de difusión efectiva. Su funcionamiento y uso es el resultado de una íntima interacción entre esta estructuración contextual y el papel de los mismos en la adaptación de los individuos a su medio ambiente social. Siguiendo a Cabrera, Rodríguez-González y Álvarez (2018), los estereotipos como subjetividad social, configuran, desde las pertenencias grupales, creencias compartidas, atribuidas a sí mismo u otras categorías o grupos sociales, a los cuales caracteriza de forma generalizada y diferenciadora, a la vez que justifican el comportamiento intergrupal. Estos tienden a tener un carácter consensuado y participan de los procesos de percepción social a través de la descripción y caracterización de los grupos sociales, donde a través de la pertenencia grupal se asignan a personas características atribuidas a los miembros de su grupo. Asimismo, le confieren orientación al comportamiento y tienden a sesgar la percepción del grupo social a través de la acentuación de similitudes endogrupales y de diferencias exogrupales como distorsiones de la realidad. Según Tajfel (1984), el contenido de los estereotipos sirve para acentuar las diferencias entre los grupos y para mostrar las semejanzas dentro del propio grupo. Respecto a su contenido, Páez (2004) y Silván, Cuadrado y López (2009) han identificado algunas áreas en las que se agrupan características o atributos asignados para describir a grupos, tales como la apariencia o rasgos físicos, conductas de rol o roles, rasgos de personalidad y roles laborales u ocupaciones. En la actualidad una de las propuestas que goza de mayor aceptación es la de Fiske, Cuddy, Glick y Xu (2002) y Fiske, Xu, Cuddy y Glick (1999) que agrupa las creencias estereotipadas en torno a dos dimensiones: a) competencia o capacidad instrumental, que aglutina características asociadas a inteligencia, habilidad para alcanzar metas prestigiosas o racionalidad y b) sociabilidad o afectividad, en la que se agrupa el contenido que se refiere a características relacionadas con aspectos como amistad, simpatía o sensibilidad. Los estereotipos, al hacerse operativos en la vida cotidiana, en palabras de Omi & Winant (1994), “testifican la forma en que la estructura social racializada moldea la 14 experiencia racial y condiciona significados” (p.59), configurándose, en ocasiones, como prejuicio racial. Los prejuicios han sido definidos como una actitud desfavorable, intolerante, injusta o irracional hacia otro grupo de personas (Oskamp, 1991); basada únicamente en su pertenencia a un grupo (Worchel, 1988). Ashmore (1970) establece cuatro características distintivas del prejuicio: a) es un fenómeno intergrupal, b) es una orientación negativa hacia el objeto del prejuicio y puede implicar agresión, evitación u otras conductas negativas, c) es injusto e incurre en una generalización excesiva y es d) es una actitud. Al ser considerado el prejuicio como actitud, resulta necesario exponer algunas consideraciones teóricas que permitan su comprensión. En estudio de las actitudes han predominando tres concepciones fundamentales: unidimensional, bidimensional y tridimensional. En la concepción unidimensional se definen las actitudes desde su composición de un solo elemento, identificado por lo general con el factor afectivo. Por otra parte, la concepción bidimensional considera como componentes esenciales: el cognoscitivo y el afectivo. El componente cognoscitivo está constituido por las ideas o creencias que la persona tiene acerca del objeto de la actitud y el afectivo por los sentimientos que posea en torno al mismo. Estos sentimientos expresan la significación positiva o negativa que el objeto despierta en el individuo, e impregnan sus creencias dándoles un carácter dinámico (Rosenberg, 1960). La concepción más compleja y quizá la que ha gozado de más popularidad, la tridimensional o tripartita, postula tres elementos esenciales en las actitudes: los conocimientos, los afectos y las tendencias conativas o a reaccionar (Smith, 1985,1993); (Zanna y Rempel, 1988). Referente a las actitudes, Morales-Domínguez, J.F. (1996) afirma que existe consenso respecto a la consideración de la evaluación como su componente esencial. Desde esta perspectiva, Fazio (1989) define las actitudes como una asociación objeto-evaluación en la memoria. Tres son sus características esenciales: orienta siempre a la persona hacia el objeto al que hace referencia, connota ese objeto de forma positiva o negativa y es permanente, ya que perdura en la memoria. Desde el punto de vista de su existencia como subjetividad las actitudes son una predisposición y tendencia de comportamiento, que tiene un componente único: sentidos 15 subjetivos evaluativos de la realidad social, los cuales contienen siempre registros simbólicos emocionales compartidos en los espacios sociales de acción y relación del sujeto, los que se individualizan (Cabrera, Rodríguez-González y Alvarez, 2018). De esta forma, el prejuicio, en tanto actitud negativa constituye un fenómeno que se origina en procesos de grupo (Brown, 1998; Morales-Domínguez, J.F., 1999) en tanto esta actitud se forma en el proceso de socialización del individuo y en la asimilación de la cultura de su entorno, al entrar en contacto con la realidad y darle un significado específico a los elementos que la integran, en dependencia de los intereses y necesidades de la persona y de las normas y valores de su colectividad. Morales-Domínguez, J.F. et al. (2007), indican que el prejuicio es grupal en una triple dirección, su objeto son los miembros de otro grupo (exogrupo), por otro, las actitudes prejuiciosas son compartidas mayoritariamente por los miembros del propio grupo (endogrupo) y finalmente el prejuicio refleja el estado de las relaciones intergrupales en un momento determinado y, por lo tanto, ofrece variabilidad con el tiempo y las circunstancias. Al mediar en el proceso de construcción, reproducción y naturalización de la racialidad, esta forma subjetiva ha merecido especial análisis en las investigaciones científicas. A nivel internacional destacan los estudios sobre actitud o prejuicio étnico- racial desarrollados en los Estados Unidos, aproximadamente desde los años 60, cuyos resultados han sido sintetizados por Oskamp (1991) en tres apartados principales: distancia social entre los grupos étnicos, igualdad de tratamiento e implementación de los principios de igualdad. Asimismo el análisis presentado por Devine (1995) acerca del prejuicio étnico y racial. En un análisis de los determinantes en la formación de actitudes racistas, Horowitz (citado en Ovejero, 2009), expresa que “las actitudes hacia los negros no están determinadas principalmente por el contacto con personas de esa raza, sino por el contacto con la actitud dominante hacia ellos”. De esta forma, tanto estereotipos como prejuicios transmitidos en procesos socializadores pueden convertirse en prácticas de exclusión social ejercidas por los grupos de mayor poder, a partir de las cuales los grupos menos poderosos quedan fuera del ámbito de la justicia y de las preocupaciones morales (Morales- Domínguez, J.F., 2003). 16 Van Dijk (2003) reconoce la exclusión, la subordinación y la marginación como formas de discriminación en las que se basa el racismo en Latinoamérica, derivadas de una distribución desigual tanto de los recursos de poder material, como de poder simbólico. La discriminación ha sido definida por Núñez, Rodríguez-Ruiz, Pérez-Álvarez y Buscarón (2011) como aquellas conductas expresadas en el tratamiento desfavorable de unas personas o grupos por otros, de diferente filiación racial, a partir de referencias arbitrarias a su supuesta inferioridad. La discriminación constituye el elemento más pernicioso del prejuicio, pues consiste en conductas de estigmatización y rechazo de otras personas por el hecho de pertenecer a ciertos grupos sociales. Se define como “cualquier conducta que niega a los individuos o grupos de personas una igualdad de tratamiento” (Allport, 1954, p. 51, citado en Rodríguez-González, 2018). Según Van Dijk (2007), prejuicio y discriminación, basados en representaciones estereotípicas negativas respecto a distintos grupos étnicos y raciales se acompañan de un conjunto de consecuencias psicológicas y sociales que, en su mayoría, tienen un impacto negativo en los individuos, grupos y sociedades expuestos a experiencias de esta naturaleza, y que se constituyen a partir de una red de relaciones entre discursos y prácticas sociales, que hacen interactuar los imaginarios sociales con los individuales. Los sentidos subjetivos que se configuran en estereotipos y prejuicios en torno a la raza, se expresan en prácticas discriminatorias en las que se segrega a los seres humanos por su filiación racial. De esta forma, la discriminación resulta un elemento significativo en la definición y establecimiento de las relaciones sociales en la vida cotidiana, en la medida que legitima y pauta formas de relación. Para el estudio de los prejuicios y estereotipos como formas dinámicas en las que se organiza la subjetividad, nos posicionamos desde la perspectiva histórico cultural propuesta por González-Rey (1997, 2006, 2007, 2013), que la define como “la producción simbólico- emocional que caracteriza la experiencia vivida, no como reflejo del mundo, sino como producción diferenciada dentro de él, algo que caracteriza todos los procesos humanos”. La subjetividad, desde esta perspectiva, es inseparable de la singularidad del sujeto en acción, cuya actuación siempre ocurre dentro de redes de subjetividad social donde los otros, así como los diferentes efectos de sus acciones e interrelaciones, están siempre 17 presentes en la configuración subjetiva de la acción individual. El otro es inseparable de la configuración subjetiva de la acción, por tanto, no hay sentido subjetivo asociado al otro fuera de una configuración subjetiva que integra “muchos otros” de forma simultánea. Esos “otros” no están corporeizados en el momento actual de la relación, sino que existen como producciones simbólico-emocionales, como sentidos subjetivos de una experiencia vivida. De esta forma, la subjetividad se define, según González-Rey, Mitjáns y Bezerra (2016), como esa especificidad de los fenómenos humanos, que representa un nivel superior del desarrollo de la psique alcanzado por los seres humanos de forma inseparable al desarrollo de la cultura. No se reproduce de forma ideal, como reflejo de la realidad, sino que es una producción del sujeto, que se construye en las mediaciones que participa, a través del proceso de socialización (González-Rey, 2013); va a ser el hombre quien va a tener un papel activo en la propia configuración de su subjetividad, y quien va a ser sujeto de las relaciones sociales. En este sentido se puede decir que la cultura representa siempre una multiplicidad de configuraciones subjetivas sociales e individuales que, de forma continua, progresiva, va sufriendo cambios en la medida que esta avanza y el hombre como agente de cambio y creación de la misma le confiere nuevos giros. De esta forma la cultura nos coloca frente a realidades simbólicas que adquieren valor normativo y relacional por el vínculo inseparable de lo emocional y lo simbólico. Las prácticas culturales que pasan a formar parte de nuestras identidades no son racionales, son subjetivas, y las emociones tienen un lugar central en la configuración subjetiva de esas prácticas y relaciones, las que pasan a ser formaciones y procesos esenciales de la subjetividad. La cultura es subjetiva en sus propias producciones, las que responden a la imaginación y creación humanas, pero a su vez esas producciones entran en sistemas supra individuales políticos, económicos y jurídicos, que se configuran subjetivamente a nivel macro individual, constituyendo otro sistema, también de naturaleza subjetiva que, al configurarse de múltiples formas singulares en los individuos que viven esas realidades, adquiere una relevancia particular en los procesos que se organizan en la vida social. A ese sistema le hemos denominado subjetividad social. Desde esta perspectiva, la subjetividad social se define como un sistema de sentidos subjetivos y configuraciones subjetivas que se instala en los sistemas de relaciones sociales 18 y que se actualiza en los patrones y sentidos subjetivos que caracterizan las relaciones interpersonales que tienen lugar en un mismo espacio social (González-Rey, 2008); implicándose de forma diferenciada en las distintas instituciones, grupos y formaciones de una sociedad concreta (González-Rey, 1993, 1997). Partiendo de este posicionamiento, el proceso de subjetivación de la racialidad implica una producción de sentidos subjetivos con respecto a las pertenencias raciales, que se organizan en prejuicios y estereotipos, que van a estar permeados de las experiencias de vida de cada persona en relación con su grupo racial o con otro diferente al de él. En este sentido las desigualdades presentes en la sociedad ponen a un grupo de personas en una posición desventajosa en donde no tienen el mismo acceso a las oportunidades que determinan su bienestar. El sector cuentapropista como escenario de reproducción de la racialización El empleo constituye una de las esferas más importantes a tener en cuenta dentro de la política social, al estar directamente relacionada con el bienestar de la población. El mismo posee una doble función, económica y social. En relación al plano económico posibilita la asociación de la fuerza de trabajo a los restantes factores de producción, con el fin último del crecimiento de la economía y con ello la riqueza, con el máximo de eficiencia y eficacia. Desde la perspectiva social, constituye una vía de obtención de ingresos y es reconocido como un vehículo importante de inserción y movilidad social. Adicionalmente, contribuye a transformar las ideas y expectativas de las personas, la forma en que se manifiestan y las relaciones sociales (Rosales y Esquenazi, 2016). Debido a ello, quizás uno de los principales retos en esta sociedad que evoluciona aceleradamente es la generación de empleos, por el constante incremento de desocupados a nivel mundial. En esta línea, una de las alternativas que se ha tenido en cuenta, desde hace algún tiempo, para la solución de este fenómeno ha sido la promoción del autoempleo como una de las formas más eficaces en la generación de la ocupación, pues siempre ha existido quien ejerce esta nueva forma de trabajo como una alternativa para el sustento de su economía. Para Muñoz y Pino (2015) el cuentapropismo es definido, adecuándose su subsistencia a las particularidades del contexto cubano, como “aquel que realizan personas 19 naturales en actividades productivas y de servicios, y que cumplen con todas las regulaciones establecidas legalmente para este tipo de sector socioeconómico” (p.28), considerándolo como una de las mejores formas de generación de empleos. Apuntan que el mismo se ha mostrado en un proceso de construcción-deconstrucción por las propias etapas de crecimiento y desviaciones de la economía, como resultado de las estrategias de perfeccionamiento y mecanismos económicos que se han implementado, y que, aunque han ido sufriendo cambios, no están exentos de ellos en la etapa actual. Mederos y García-Rojas (2015) plantean que el cuentapropismo dispone de una estructura socioclasista. Dicha estructura posee un carácter relacional y no jerárquico, pues sus componentes establecen estrechos vínculos y pueden variar en correspondencia con cambios dentro del sector y cada una de sus actividades, dependiendo también de las particularidades del contexto en que el trabajo por cuenta propia tiene lugar. Las relaciones de propiedad dentro de este sector agrupan a sus trabajadores desde la siguiente clasificación: - Propietarios empleadores: se concentran los que desarrollan actividades de producción de bienes materiales mayores, de producción de bienes materiales menores, de servicios: de valor agregado, de nivel tecnológico, gastronómico, doméstico y personales. - Propietarios arrendatarios empleadores o no: se corresponde con los arrendadores de casas, habitaciones y espacios que sean parte integrante de la vivienda y a arrendatarios de equipos y medios de trabajo. - Autoempleados: son aquellos que ofrecen de servicios profesionales (profesores de música, repasadores, etc.). - Asalariados privados: son los que se encuentran en la condición de contratados. En Cuba, los orígenes del cuentapropismo se remotan a etapas tan antiguas como la colonia y la neocolonia donde la actividad productiva en el sector informal proporcionaba un sustento efectivo a la economía del país. Luego con el triunfo revolucionario de 1959, estas van perdiendo significación, con las transformaciones sociales que pretendían resarcir los daños a las masas explotadas, se vio quebrantada y fue cediendo espacio al trabajo en el sector estatal cubano. A mediados de la década de los noventa, coincidiendo con las difíciles condiciones económicas en las que se encontraba inmerso el país debido al derrumbe del campo 20 socialista, se revitaliza nuevamente como estrategia para beneficio de la economía y de la población, como una alternativa de empleo, surgiendo bajo la tutela del socialismo que se pretendía implantar en Cuba. Tanto la reestructuración a nivel interno como externo de la economía provocaron nuevas formas de relación, influenciadas por las vías de obtención de ingresos, pues según García-Rojas (2014), una de las principales características de la etapa la constituyó la transición de un modelo al socialismo hacia un nuevo sistema socioeconómico que combina elementos del socialismo con una economía de mercado. Desde esta perspectiva Díaz y Piñeiro (2012) refieren que las medidas tomadas en favor del trabajo por cuenta propia, legisladas por el Decreto-Ley No. 14 de 1978 centraron su mirada en los servicios de peluquería, sastrería, carpintería, mecánica y fotografía, junto a trabajos profesionales como dentistas, médicos, arquitectos e ingenieros graduados antes de 1964. La ampliación de manera significativa, del trabajo por cuenta propia durante este período, produjo un aumento de los trabajos que entonces se podían ejercer. Ellas se pueden agrupar en actividades de transportación y apoyo, actividades de reparación de viviendas, actividades vinculadas a la agricultura, actividades vinculadas a necesidades familiares y personales, actividades del hogar, entre otras (Pérez y Torres, 2013). Tales reordenamientos en la estructura económica cubana, incidieron notablemente en la nueva composición de la estructura socioclasista de la sociedad. La emergencia de nuevos sectores que daban la oportunidad de una elevación de los ingresos personales, junto con la legalización del uso del dólar en el país, fraccionaron la composición de la sociedad en dos campos, los que tenían acceso al peso convertible y los que no (Espina- Prieto, M.P., 2008). Según la autora, el esquema socioestructural supuso entonces, la presencia de tres grandes grupos o estratos: posiciones ventajosas (grupo de altos ingresos), posiciones intermedias (grupos de ingresos medios) y posiciones desventajosas (grupos de ingresos bajos). Este proceso de desarticulación económica según el tipo de trabajo al cual un individuo accede, provocó fuertes desigualdades en la población por el color de la piel. La población no blanca se encontraba en una posición desventajosa, conclusión que se sustenta en las investigaciones que demuestran la menor representación de negros y mestizos en el sector emergente en este período y en el contexto contemporáneo (Morales-Domínguez, E., 2008). 21 Concerniente a ello, investigaciones realizadas por el Instituto Cubano de Antropología durante este período apuntan a una subrepresentación de negros y mulatos en determinados segmentos ventajosos de la estructura laboral cubana y por ende una sobrerrepresentación de blancos, que no sólo se encontraron más representados en los sectores emergentes de la economía, sino que además su presencia era mayoritaria como dirigentes, tanto en este sector como en los tradicionales. Por otra parte, las estrategias de sobrevivencia de los negros y mestizos dependían en gran medida del esfuerzo personal y se realizaban con recursos escasos (Rodríguez-Ruiz, García-Dally y Carrazana, 1999; Espina-Prieto, R. y Rodríguez-Ruiz, 2003). Como una síntesis de estos resultados, se manifiesta que negros y mestizos solo hallaron una representación mayoritaria en su conjunto entre los trabajadores que prestan servicio indirecto al turismo (Espina-Prieto, R., 2007). Asimismo, constituyeron una exigua minoría del sector agrícola privado, sólo 2 %, y en las cooperativas sólo representaron el 5 % (Morales-Domínguez, E., 2002). Ambos constituían sectores que recibían elevados ingresos. Como generalidades en este período puede concluirse que las desigualdades sociales que se intensificaron con la crisis económica y las medidas de ajuste para enfrentarla, aunque afectaron a toda la población cubana, tuvieron mayor incidencia en los grupos raciales negro y mestizo. Las investigaciones realizadas sobre los primeros impactos de la apertura, resaltan el otorgamiento de más de 230 mil nuevas licencias desde finales de octubre hasta febrero de 2012 (Pérez y Pons, 2013), de las cuales el 68% correspondieron a personas que no tenían vínculo laboral, lo que indica la formalización de algunos negocios que subsistían en la ilegalidad. Las licencias más demandadas estuvieron orientadas hacia la elaboración y venta de alimentos, los trabajadores contratados, los transportistas, la producción y venta de diferentes artículos, los arrendatarios, carretilleros y mensajeros, en ese orden de significación (García-Rojas, 2014). Esta nueva irrupción en la dinámica nacional ha implicado determinadas transformaciones en las relaciones laborales al diversificar las formas de vincularse al trabajo de forma autónoma, bajo tipos y formas de propiedades diversas sobre los medios de producción, tanto individuales como colectivas, conformando un sistema de relaciones mutidimensional (Mederos y García-Rojas, 2015). 22 La emergencia de esta forma productiva ha constituido una fuente importante de relaciones sociales en términos de redimensionamientos subjetivos individuales, intra e intergrupales condicionados por la mayor modificación del perfil de la estratificación social, la ampliación de las diferencias de ingresos y su grado de concentración (Espina- Prieto, M.P., 2012). Resultados investigativos, como los evidenciados por Pañellas (2015), revelan que, desde el punto de vista subjetivo, se evidencian dinámicas motivacionales que impactan no solo comportamientos orientados a motivos concretos sino también a una reconfiguración de sus relaciones reconociéndose diferentes niveles de status y poder que ocupan estos grupos en la sociedad. Esta emergencia constituye una preocupación sobre la que otros autores también han alertado. En este caso, para Zabala (2013) el incremento del sector no estatal constituye precisamente uno de los retos a la equidad social en el país, argumentando que ello está dado en la necesidad de disponibilidad de recursos para el ingreso al sector, en el desarrollo exitoso o no, que pudiesen tener y sus consecuencias en términos de ingresos económicos y sus derivados. Siguiendo a estos autores, se sitúa nuevamente al color de la piel como una de las principales desigualdades sociales presentadas en el sector que por ser emergente no se encuentra exento de ello. En esta línea se plantea que no existe una voluntad política de llevar estadísticas sobre el color de la piel en el trabajo por cuenta propia, aunque estando representados todos los grupos raciales en este sector, se destaca una ventaja para las personas blancas, en cuanto a la consolidación de los negocios y a la obtención de ganancias, lo que también se encuentra en correspondencia con la percepción de éxito y prosperidad de dichos negocios (Fundora, 2012). La ciudad de Santa Clara, considerada entre las provincias del país que más cantidad de trabajadores por cuenta propia agrupa, ha experimentado en los últimos años un crecimiento acelerado del sector emergente de la economía. Según datos de la Oficina Municipal de Estadísticas e Información obtenidos en septiembre de 2013, Santa Clara contaba con 11 120 trabajadores por cuenta propia y un total de 11 560 cuentapropistas vigentes por actividad. De ellos, 418 solicitaron más de una licencia para ejercer en el sector. Con dos licencias se reportaron 383 trabajadores por cuenta propia, 33 cuentapropistas con tres licencias para ejercer y solo 1 con cuatro y cinco licencias 23 solicitadas. La representación masculina predomina en la actividad en el municipio en tanto 7 612 cuentapropistas eran hombres para un 68,4 % del total en el municipio mientras las mujeres representaban el 31,6 % con un total de 3508 mujeres cuentapropistas. De acuerdo a la fuente de procedencia, investigaciones realizadas por Pino y Muñoz, (2011), destacan que el mayor número de los trabajadores por cuenta propia, en la ciudad, provienen de personas desvinculadas del estudio y el trabajo, jubilados y personas que tienen vínculo laboral en el sector estatal y que se incorporan además a esta modalidad, al igual que las amas de casa, que han ido alcanzando un número considerable. Ello denota una positiva aceptación del pluriempleo como característica nueva de la apertura del sector, así como la posibilidad de ejercer la actividad para aquellas personas anteriormente desvinculadas, jubiladas y amas de casa. En otras investigaciones realizadas por estos autores en el contexto villaclareño, específicamente en la provincia de Santa Clara, se evidenció que en relación con la estructura socioclasista la mayor cantidad de cuentapropista que obtienen 800 mil pesos de ingresos o más, se ubican en los propietarios empleadores y consecuentemente, los grupos más vulnerables, se encuentran ubicados en actividades de autoempleo de menor magnitud y en la posición de asalariados privados. Al analizar el impacto del trabajo por cuenta propia en el presupuesto del territorio y comparar el incremento de los ingresos obtenidos en los diferentes períodos, se puede apreciar el crecimiento sustancial en los ingresos registrados por la ONAT. De lo que se trata es de la flexibilidad y autonomía con que pueda actuar tanto el gobierno del territorio como el del municipio de Santa Clara y la racionalidad para utilizar tales recursos, en función del propio desarrollo de la localidad y por tanto del bienestar de su población, si se consideran los notables y progresivos incrementos en la recaudación fiscal (García-Rojas, 2014). Desde esta perspectiva, investigadores sociales cubanos como Rodríguez-Alemay y Torralbas (2011), Pañellas (2012), Curbelo (2013) y Mederos (2012) han identificado evidencias de desigualdades estructurales en la población santaclareña, donde la pertenencia a un grupo racial diversifica las formas de relaciones sociales y la obtención de ingresos. En esta línea se identifican mayor presencia de trabajadores blancos en las actividades ubicadas en la posición de propietarios empleadores, una presencia mínima de cuentapropistas negros y/o mestizos como propietarios empleadores. Por otra parte, los 24 niveles de instrucción de la población negra y mestiza oscilaban, en ese entonces, entre técnicos medios, preuniversitario, secundaria y un mínimo de ellos resultaron universitarios. De este modo, la población negra y mestiza adquiere nuevamente carácter vulnerable al ser minoritaria en los factores que hacen que las actividades sean más exitosas. Ello se reafirma en el hecho de que los blancos son los que tienen mejores ganancias y negocios más consolidados. Estos resultados tanto en la sociedad cubana como en el contexto santaclareño específicamente, revelan que el color de la piel continúa aún en los tiempos que transcurren operando bajo mecanismos de desigualdad social, reproduciendo los patrones culturales heredados y legitimados en la sociedad cubana, donde las personas no blancas siguen ocupando un lugar desfavorable. 25 Investigación cualitativa para el estudio de la configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara Posicionamiento epistemológico y metodológico en el estudio de la configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara El enfoque cualitativo de investigación, como señalan Von-Bertalanffy (1981); Ortí (1994) y Mejía (2004), implica la comprensión de la realidad en todas sus cualidades, como estructura dinámica, que permite develar el nivel de la realidad social que corresponde a los hechos de significados en la esencia humana, no como algo abstracto al individuo sino como el conjunto de sus relaciones sociales. Siguiendo a Alonso (2012), la investigación cualitativa es concebida como una propuesta interpretativa que aborda lo esencial en el desarrollo del conocimiento social, su utilización y aplicación en la propia realidad que se comprende, constituyendo pautas científicas que devienen en contribuciones desde la investigación social. Según Mejía (2004) la investigación cualitativa se orienta a múltiples campos, temáticas definidas por el estudio del mundo social como lugar de la producción de la significación y por el conocimiento de la subjetividad de las relaciones sociales, de los valores, actitudes y creencias. Desde esta perspectiva, este enfoque sustenta sus bases teórico-metodológicas a partir de una epistemología cualitativa, para el estudio de la subjetividad. Al respecto y consecuentemente con los supuestos anteriores, González-Rey (1997, 2000, 2006, 2013) plantea que la epistemología cualitativa presenta tres características esenciales: el carácter constructivo interpretativo del conocimiento, la investigación como un proceso dialógico y la relevancia de lo singular como nivel legítimo para la producción del conocimiento, las cuales son descritas a continuación: - El conocimiento es una producción humana que no se reduce a constataciones inmediatas y lineales del momento empírico, sino que se legitima en su capacidad para generar nuevas construcciones y articulaciones sobre aspectos de la realidad susceptibles de ser investigados. 26 - La investigación sobre los procesos humanos es un proceso social donde la comunicación es esencial para la emergencia del sujeto y de su subjetividad. - La información proveniente del caso singular es legitimada, a partir de su pertinencia y aporte al sistema teórico producido en la investigación, en el proceso permanente de implicación intelectual del investigador. La singularidad tiene valor por el carácter diverso del ser humano y de los espacios de vida social según su organización en la cultura La investigación constructiva-interpretativa es el tipo de investigación derivado de esta articulación epistemológica. Esta metodología, según González-Rey y Mitjáns (2016), considera la investigación como proceso relacional-dialógico donde investigador y participantes son sujetos del proceso, aunque con funciones e intereses diferentes en su curso; en el que son inseparables la aplicación de instrumentos y la construcción de la información. De esta forma la investigación se posiciona en el enfoque cualitativo de investigación derivado de la epistemología cualitativa, asumiendo como metodología la constructiva- interpretativa, para el estudio de la configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara. Descripción del contexto de investigación Según datos aportados por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) en el año 2016, Santa Clara es considerada entre las provincias del país que mayor cantidad de trabajadores por cuenta propia agrupa, ubicada como tercera después de La Habana y Matanzas, sucedida por Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba. Dentro de la provincia, la capital provincial asume la mayoría de los cuentapropistas, con 15 081, seguida de Camajuaní que agrupa 3 861 y Placetas que aporta 3 539. En el país, las actividades más representativas dentro de este sector son: elaboración y venta de alimentos con un total de 57 776 trabajadores vinculados, transporte de carga y pasajeros con 47 733 trabajadores y por último arrendamiento de viviendas, habitaciones y espacios con 29 952 trabajadores. En Santa Clara, como en los demás municipios del país, los organismos facultados en autorizar las licencias para el ejercicio del trabajo por cuenta propia en sus diferentes modalidades son: la Dirección Municipal de Trabajo y Seguridad Social (DMTSS), la 27 Dirección Municipal de la Vivienda (DMV) y el Ministerio de Transporte (MITRANS); por otra parte la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT) municipal, tiene la responsabilidad de ejecutar el cobro de impuestos y por ende facultar legalmente a aquellos que posean licencias para operar en esta modalidad de empleo, asimismo es el organismo encargado de ejecutar el control legal de estas actividades mediante un grupo de inspectores facultados para tal fin (García-Rojas, 2014). En datos ofrecidos por el periódico Juventud Rebelde el 26 de octubre del 2017, para el cierre de septiembre del mismo año sumaban 579 415 las personas incorporadas al sector no estatal, cifra que supera en 56 560 la reportada en el año anterior. Por otra parte el portal web www.cmhw.cu, en la misma fecha, sobre el aumento del cuentapropismo en Santa Clara planteó que la tendencia al incremento se ha mantenido de forma sostenida desde octubre del 2010, fecha en que se amplió y flexibilizó esta opción de empleo con nuevas resoluciones, de acuerdo con datos estadísticos del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social (MTSS). Del total de personas autorizadas a ejercer el trabajo por cuenta propia hasta septiembre del 2017 encontramos que el 32 % eran jóvenes, el 15 % combinan este ejercicio con el de trabajadores del sector estatal y el 11 % eran jubilados. Las actividades de elaboración y venta de alimentos, el transporte de carga, el arrendamiento de vivienda, habitaciones y espacios y agente de telecomunicaciones, en ese orden, las de mayor representación. En esta dirección, la feria del turismo realizada en la provincia en el año que transcurre previó el aumento de la actividad de arrendamiento de habitaciones, debido al vínculo entre el Ministerio de Turismo y el sector no estatal que continúa fortaleciéndose en la provincia. De 277 hostales la cifra alcanzó los 400 en el 2016 y se espera que para 2018 la cifra sea aún mayor. Entrada al campo y selección de los participantes En la inmersión inicial en el campo se presentaron los objetivos de la investigación y se les solicitó a los propietarios arrendatarios de hostales su consentimiento y disponibilidad para participar en la misma. El carácter emergente de la muestra se evidenció a partir de la adecuación de esta durante el proceso investigativo y no como prefijada de antemano al trabajo de campo. http://www.cmhw.cu/ 28 Inicialmente se consideró como criterios de heterogeneidad la ocupación (propietarios empleadores y no empleadores, empleados) y el tipo de actividad que realizan (producción de bienes materiales mayores, producción de bienes materiales menores y de servicios). Finalmente, dado el incremento de negocios de arrendamiento de viviendas, habitaciones y espacios y la carencia de investigaciones que han abordado la problemática objeto de estudio en este contexto, se decidió trabajar con los propietarios arrendatarios de hostales. La selección de los participantes respondió a un muestreo no probabilístico y se tomó como referencia para su selección la clasificación de estructura socioclasista propuesta para el trabajo por cuenta propia ofrecida por Mederos y García-Rojas (2015), centrando el estudio específicamente en el grupo de propietarios arrendatarios, fueran empleadores o no. Este grupo corresponde a los arrendadores de casas, habitaciones y espacios que sean parte integrante de la vivienda y a arrendatarios de equipos y medios de trabajo. Siguiendo los criterios de Valles (1999) se tomó en cuenta la estrategia de máxima variación o de heterogeneidad para mostrar distintas perspectivas y representar la complejidad del fenómeno estudiado, por lo que se siguieron los siguientes criterios estratégicos: - Propietarios arrendatarios de hostales y habitaciones, empleadores o no. - Propietarios arrendatarios de hostales y habitaciones en divisa y moneda nacional. Para la selección de los sujetos se emplearon las estrategias de muestreo por conveniencia y muestreo en cadena o por redes (“bola de nieve”) recogidas en Hernández- Sampieri, Fernández y Baptista (2014). Los primeros 7 casos resultaron del muestreo por conveniencia, ya que se identificaron a partir de la gestión personal de la investigadora. Por una parte, se realizó una búsqueda en el sitio web www.HostelsClub.com donde se encuentran inscritos hostales establecidos en Santa Clara, viabilizando de este modo el proceso de localización de los hostales según su ubicación geográfica. Por otro lado, las relaciones interpersonales con clientes asiduos a negocios arrendatarios en divisa y moneda nacional facilitaron su identificación. La estrategia de muestreo “bola de nieves” o muestra en cadena o por redes posibilitó la selección de los 5 participantes restantes. Siguiendo a Hernández-Sampieri, Fernández y Baptista (2014) en este muestreo, se identifican participantes clave y se agregan a la 29 muestra, se les pregunta si conocen a otras personas que puedan proporcionar más datos o ampliar la información y una vez contactados, estos son incluidos también. De esta forma la muestra quedó constituida por 12 trabajadores por cuenta propia, 6 propietarios empleadores y 6 propietarios no empleadores. De ellos, 8 son arrendatarios en divisa y 4 en moneda nacional. Vale destacar que aun cuando no se intencionó la filiación racial como criterio de heterogeneidad, la muestra quedó constituida por 9 propietarios arrendatarios de hostales pertenecientes al grupo racial blanco y 3 mestizos. Gráfico 1. Criterios de heterogeneidad de la muestra Clasificaciones Tipos de propietarios La inmersión profunda en el campo comprendió dos contactos con los propietarios arrendatarios de hostales donde se aplicaron los instrumentos definidos para recabar los datos. El estudio de los casos se realizó en los domicilios de los propietarios pues es donde se encuentran localizados sus hostales. Para garantizar la suficiencia de los datos se realizó pertinentemente un análisis del punto de saturación alcanzado. En este caso, la saturación se presentó cuando ya no emergieron nuevos sentidos y unidades de configuración de sentidos en torno a la racialidad, lo que conduce a plantear que se arribó a puntos de contacto que contemplan la presencia de subjetividades compartidas que se organizan como tendencias sociales en esa muestra. Bertaux (1993) sitúa en 30 el número de casos para lograr la saturación, aunque plantea que de 11 a 15 casos se inicia el proceso de saturación, pues se comienzan a comprender las pautas estructurales que definen el objeto de estudio. En contraposición a Hostales en CUP Hostales en CUC Propietario empleador Propietario no empleador Negocio 9, 10, 11, 12 Negocio 1,2, 3, 5, 6, 8 Negocio 4, 7 30 ello Portocarrero (1991) delimita los criterios de saturación a partir de 10 casos (citado en Mejía, 2004). Por su parte Mejía (2000) establece que estos criterios oscilan entre 10 y 40 casos. Hernández-Sampieri, Fernández y Baptista (2014) sugieren que para las muestras cualitativas no existen parámetros definidos. En la presente investigación se alcanzó la saturación de la información con 12 casos. La salida del campo tuvo lugar al alcanzarse la saturación del nivel de descripción de las categorías y se habían obtenido las explicaciones necesarias por parte del grupo de propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara, en función de la formulación de hipótesis e inferencias, que devino finalmente en la elaboración del reporte final. Instrumentos para el estudio de la configuración subjetiva social de la racialidad Los instrumentos empleados fueron: entrevista, observación, completamiento de frases, cuestionario cualitativo, escala de Likert y escala de distancia social. Estos tres últimos, se tomaron de la investigación realizada por Castellón (2017) “Subjetividad y racialidad: una mirada desde los propietarios de negocios cuentapropistas exitosos de Santa Clara, en tanto resultaron pertinentes para los propósitos investigativos y el contexto estudiado. - Entrevista Durante el proceso investigativo la técnica se utilizó con el objetivo de obtener datos generales sobre los participantes en el rol de propietarios, útiles para la investigación. Además, sirvió de complemento a las técnicas aplicadas para el esclarecimiento y profundización del fenómeno investigado. Se creó una situación de comunicación individual sobre una base progresivamente desarrolladora de investigador-investigado en forma de conversación, que siguió una tipología semiestructurada de carácter no directivo, no estructurada, informal, abierta y flexible. - Completamiento de frases El completamiento de frases constituye una derivación del test de completamiento de frases (Rotter), realizada por González-Rey. Es un instrumento que presenta inductores cortos de carácter general y específico, para que los sujetos se expresen de forma intencional, aunque no anticipa las intenciones del investigador, dado a que no exige ni 31 requiere de una respuesta correcta. Las frases, no definen su valor por el contenido explícito que las define, pues cada sujeto puede expresar sentidos subjetivos muy diferentes ante cada frase, con independencia de lo que ellas explícitamente inducen. Se trata de colocar al sujeto frente a un universo diferenciado de frases, cuyo significado debe producir a partir de su propia subjetividad, expresando los sentidos subjetivos más significativos para él en ese momento (González-Rey, 2006). Esta técnica tuvo como objetivo revelar sentidos subjetivos organizados como estereotipos y prejuicios raciales en los propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara, así como expresiones de discriminación racial. - Cuestionario cualitativo Según González-Rey (2006) el cuestionario es la técnica escrita más usada en la investigación tradicional para la recolección de datos. El cuestionario tuvo como propósito corroborar la presencia de estereotipos y comportamientos discriminatorios en torno a la problemática racial en los propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara. - Escala de Likert Se trata de un conjunto de ítems que se presentan en forma de afirmaciones o juicios, ante los cuales se pide la reacción de los participantes (Likert, 1932). Su objetivo estuvo dirigido a develar sentidos subjetivos organizados como estereotipos y prejuicios raciales en los propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara, así como expresiones de discriminación racial en la sociedad y en el sector por cuenta propia de manera particular. - Escala de distancia social La Escala de distancia social fue empleada con el objetivo de identificar prejuicios raciales configurados en los propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara. La técnica consiste en establecer diversas alternativas o situaciones ante las que el sujeto debe expresar su actitud (de aceptación o rechazo) ante un objeto de actitud. - Observación científica La observación científica constituye una técnica de investigación que permite obtener información sobre un fenómeno o acontecimiento tal y como este se produce. La observación es entendida como un proceso sistemático, en el que un investigador recoge, por sí mismo, información relacionada con cierto problema. Como otros procedimientos de recogida de datos, constituye un proceso deliberado y sistemático que ha de ser orientado 32 por una pregunta, propósito o problema. Fue utilizada en la investigación con el propósito de caracterizar los contextos investigados y corroborar los datos ofrecidos durante la aplicación de las técnicas a través del registro de expresiones extraverbales. - Triangulación Técnica de investigación que según Rodríguez-Gómez, Gil, García-Jiménez (1996): “…se define como la combinación o uso parcial de diferentes estrategias en la búsqueda de precisión y explicaciones alternativas. Responde a la necesidad de hacer, al menos, un mínimo uso de las fuentes documentales en la investigación para garantizar la validez de lo que se recoge. Se persigue el objetivo de disminuir las falsas representaciones e interpretaciones” La triangulación de datos permitió una comprensión profunda del fenómeno investigado al constatar la información obtenida en el completamiento de frases y el cuestionario, mediante la observación y la entrevista. Se apoyó además en los intercambios realizados por el equipo de investigadores. Estrategia para el proceso de construcción e interpretación de la información Para la construcción e interpretación de la información en el estudio de la configuración subjetiva de la racialidad en los propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara se empleó el análisis de contenido, tomando como referente para ello las fases y procedimientos propuestas por Cabrera (2009). En la primera fase se eligieron los materiales que guardaban correspondencia con el objetivo del análisis y que tuvieran características similares, siguiendo las reglas para la selección, en este caso los principios de pertinencia y homogeneidad. Posteriormente se organizó el material a partir de continuas lecturas flotantes y se transitó a la formulación de hipótesis. En el análisis de resultados se utilizó cursivas en cada una de las verbalizaciones de los sujetos. En la segunda fase, a partir de las expresiones obtenidas como resultado de los instrumentos aplicados a los sujetos investigados, se fue analizando la viabilidad de los indicadores y núcleos de sentido construidos del modelo teórico comprensivo de la configuración subjetiva de la racialidad en la investigación de Castellón (2017). Los 33 indicadores, según González-Rey (2015), son elementos hipotéticos construidos por el investigador ante las expresiones del otro, cuyos significados no coinciden de forma directa con el significado explícito de la expresión de ese otro. Estos forman verdaderas cadenas de significación, donde los anteriores son materia prima de los que aparecen después, relacionándose todos por el modelo en construcción (González Rey, 1999, 2007). 34 Configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios de hostales en Santa Clara Configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios empleadores de hostales en CUC Propietario Arrendatario de hostal 1 El propietario empleador del hostal, es del sexo masculino y ha desempeñado esta actividad por más de 20 años, convirtiéndose este en un negocio familiar. El mismo es arrendador en divisa, por lo que las personas que se hospedan en su hostal son de procedencia extranjera. A pesar que el negocio se encuentra alejado del centro de la ciudad, refiere que los clientes solicitan sus servicios por la atención y el trato con los que son recibidos. Atendiendo al criterio del color de su piel, el propietario se adscribe al grupo racial blanco. Sin embargo, al describir a los grupos raciales presentados no refirió características distintivas para sus miembros, al dejar en blanco la pregunta que en relación con ello se plantea en el cuestionario cualitativo, mostrando una actitud de rechazo a las diferencias entre las categorías raciales, pronunciándose por ende en favor de la igualdad social. Siendo coherente con el sentido configurado en torno a la igualdad y justicia social existente en Cuba, negó la presencia de discriminación racial entre los diferentes grupos raciales, visualizando así la sociedad cubana dentro de 10 años como una sola comunidad, todos unidos. En oposición a lo antes mencionado el sujeto reconoció las diferencias entre los grupos raciales tanto en el sistema de relaciones sociales, como en el cuentapropismo aún cuando es emergente, pues es expresión de lo que a nivel de subjetividad social circula. Asimismo posiciona a su grupo racial en un lugar privilegiado, pues expresa en los negocios cuentapropistas las diferencias por el color de la piel están presentes, es más común encontrar empleados blancos en el sector cuentapropista, que negros y mestizos, los negocios más exitosos tienen mayor número de empleados blancos, las personas de piel oscura no suelen ser empleadores sino empleados, aunque mantiene su postura de igualdad al no conferirle privilegio a ningún grupo racial en su negocio. 35 En esta dirección se aprecian contradicciones en el sujeto debido a que mantiene el ideal de la igualdad entre los grupos raciales en Cuba tenemos una sola raza, las personas negras son iguales que cualquier persona, con los blancos soy igual que con cualquier persona, con los negros soy igual. Mientras que por otra parte expresa que el color de la piel continúa marcando la diferencia entre los seres humanos en la sociedad cubana actual, aunque se mostró en desacuerdo sobre la no solución de este fenómeno social. Reconoció además que, a pesar de las medidas realizadas en el país en aras de eliminar las desigualdades sociales, aún existen diferencias en los diferentes grupos raciales, siendo el negro el más desfavorecido los negros tienen menos oportunidades y más limitaciones, los blancos más oportunidades y menos limitaciones. Esto hace pensar en estereotipos sociales que han existido por décadas, donde los blancos siempre han llevado la delantera en la estructura socioclasista. En el caso de los mestizos no otorgó opinión alguna. Estos análisis evidencian en la arrendataria las aspiraciones de eliminar las asimetrías en las relaciones sociales. En cuanto a la escala de distancia social, no expresó rechazo a establecer relaciones interpersonales con otros grupos raciales en ningún espacio de vida cotidiana. Propietario Arrendatario de hostal 2 El sujeto es propietario empleador de un hostal arrendado en divisa que se encuentra ubicado en el centro de la ciudad. Pertenece al sexo masculino y se autoafilia al grupo racial blanco, siendo el color de su piel el criterio que define su pertenencia a este grupo racial. En calidad de propietario empleador tiene contratados en su negocio a dos trabajadores, ambos pertenecientes al grupo racial blanco, basando su selección en las competencias demostradas para el desempeño en el puesto de trabajo asignado. Al referirse a su negocio lo calificó como exitoso, pues considera que sus ingresos son elevados y sostenidos durante todo el año o la mayor parte de él, habiéndose producidos en los últimos años un incremento del número de clientes que recibe. Señaló además que sus huéspedes muestran satisfacción con la calidad del servicio ofrecido e incluso al recomendar a otras personas su hostal le aportan clientes potenciales. Al explorar las creencias que posee el sujeto en relación con la racialidad como fenómeno social, este reconoció la existencia de diferencias raciales en Cuba e identificó el color de la piel como marcador de diferenciación. Sin embargo, ello resultó contradictorio 36 con el sentido de igualdad expresado en el completamiento de frases al colocar en posición de igualdad a blancos y negros, refiriendo al respecto que las personas blancas son iguales que las negras, las personas negras son iguales que las blancas y negros y blancos no se diferencian en nada. La contradicción que se produce en torno a la aceptación o negación de las diferencias raciales, explícita en las respuestas ofrecidas por el sujeto, cobra sentido si se tiene en consideración que vivimos en una sociedad donde el discurso social y político resulta cada vez más inclusivo, en favor de la igualdad y aceptación de las diferencias, por ende, en rechazo de todo tipo de discriminación que excluya al ser humanos de los grupos o espacios sociales. Los estereotipos develados en el sujeto en torno a los grupos raciales blanco y negro legitiman fronteras establecidas entre estos a nivel social, al incluir a las personas en una categoría racial u otra, lo cual muestra que a nivel de subjetividad las diferencias raciales persisten. De esta forma, atribuye características a los blancos asociadas al color de sus ojos azules y verdes y a los negros referentes a la calidad de su cabello en comparación con los blancos con pelo más malo. Resulta llamativo que a los mestizos no les atribuye rasgos distintivos, a pesar de ser reconocidos por el sujeto como grupo racial. Otras creencias emergidas colocan al blanco, grupo racial de pertenencia, en una posición de superioridad en relación a otros grupos raciales, al estereotiparlos como más competentes para desempeñarse en el sector cuentapropista, refiriendo que los negocios más exitosos tienen mayor número de empleados blancos y están más capacitados intelectualmente para emprender este tipo de negocios. Las diferencias raciales quedaron expresadas además en las oportunidades y limitaciones que el sujeto reconoció para cada uno de los grupos raciales, señalando que las personas blancas tienen mayores oportunidades y no presentan limitaciones, las personas negras y mestizas tienen menos oportunidades y como limitaciones encontramos que en este negocio casi todos son blancos. Estos registros informacionales reafirman la posición desventajosa de los no blancos en la sociedad y develan la existencia de una subrepresentación de estos en el sector cuentapropista de manera general y en los hostales de manera particular. 37 El cuestionario cualitativo y la escala de distancia social revelaron el rechazo manifiesto del sujeto a establecer relaciones de pareja con personas negras y mestizas, tanto en el plano personal como familiar. En la esfera laboral expresó su negativa a compartir el rol de propietario o ser empleado de personas no blancas, evidenciado en las siguientes afirmaciones emprendería un negocio o compartiría el que tengo como socio si fuera necesario con una persona blanca y aceptaría ser empleado de una persona blanca. Asimismo, evidenció favoritismo por el grupo racial blanco en el proceso de contratación alegando que seleccionaría como empleado a una persona blanca, lo cual resulta contradictorio con lo expuesto por el sujeto respecto a la selección de los empleados atendiendo a las competencias demostradas. Lo anterior devela la configuración de prejuicios raciales en la esfera laboral y en el marco de relaciones de pareja, que si bien intentan solaparse tras un discurso de aceptación y de igualdad social, se hacen explícitos en su pensar y actuar cotidiano. Sin embargo, en el trato que ofrece a los clientes la pertenencia racial no parece constituir un criterio relevante con los negros soy igual que con los blancos, con los blancos soy igual que con los negros, en el trato a los clientes no puede influir ni el color de la piel, ni el sexo, no discrimino a nadie. Referido a la discriminación racial el sujeto estableció una relación bidireccional entre blancos y negros, situando a cada grupo racial como objeto de discriminación y en posición de discriminador. En el caso de los mestizos señaló que discriminan a los blancos, mientras que el grupo racial negro fue identificado como el más discriminado en la sociedad cubana actual. Como experiencias discriminatorias por la pertenencia racial expresó a los negros cuando los ofenden y dicen este negro no sirve para nada o cuando los blancos humillan a las personas negras cundo se creen superiores. Propietario Arrendatario de hostal 3 La propietaria de este negocio es empleadora desde hace cinco años. El hostal es arrendado en divisa y aunque no se encuentra geográficamente ubicado en el centro de la ciudad posee gran aceptación por parte de los clientes que en él se hospedan, siendo estos de procedencia europea fundamentalmente. Tanto la propietaria del hostal como sus tres empleados se ubican en el grupo racial blanco. 38 La propietaria reconoció la presencia de la problemática racial en la sociedad al afirmar que el color de la piel continúa marcando la diferencia entre los seres humanos. De manera particular en el sector cuentapropista las diferencias se fundamentaron a partir de la sobrerrepresentación de blancos en este tipo de negocios, señalando que existe mayor número de empleados blancos en los negocios cuentapropistas más exitosos y resulta más común encontrar empleados blancos en el sector cuentapropista, que negros y mestizos. Las características atribuidas por el sujeto a cada uno de los grupos raciales se corresponden con rasgos físicos asociados a tonalidades de la piel, los ojos y la calidad del cabello, así como cualidades personológicas. De esta forma, referente al grupo racial blanco emergieron autoestereotipos que los definen como personas de piel más clara y con ojos claros, de pelo bueno, destacando la holgazanería en situaciones ocasionales como una cualidad que los distingue. El grupo racial negro fue catalogado como personas de pelo malo y de piel oscura, mientras que se resaltó como cualidad la laboriosidad los empleados negros trabajan mucho. Al grupo racial mestizo no le confirió rasgos distintivos, en tanto los sitúa en una posición intermedia entre negros y blancos, grupo racial mestizo en el medio de negros y blancos. Como puede observarse, los atributos referidos colocan en extremos opuestos a blancos y negros, confiriendo al grupo racial de pertenencia rasgos que los acercan a prototipos de belleza física que operan a nivel de subjetividad social. Por otra parte establece una polaridad en torno a la forma en que se vinculan los sujetos con la actividad laboral (holgazanes y trabajadores), mostrando una valoración positiva hacia el grupo racial negro en comparación con el blanco; a la vez que reproduce de manera latente el estereotipo de dominación del blanco sobre el negro, siendo este último objeto de explotación. Ello se evidenció de manera más explícita a través de la creencia estereotípica de que el negro tiene un estatus de vida inferior al blanco. La desvalorización manifiesta hacia este grupo racial no solo se hizo evidente en relación al blanco, sino también respecto a los mestizos, expresado en los trechos informacionales siguientes tienen más oportunidades que los negros y tienen limitaciones porque a veces los consideran negros y los discriminan. Ello coloca a las personas negras como las más discriminadas, seguida de los mestizos. La discriminación hacia los no 39 blancos constituye la forma en que se objetivan en el comportamiento prejuicios configurados a nivel de subjetividad individual y social. En la Escala de distancia social emergieron de manera explícita prejuicios raciales fundamentados por el rechazo a establecer relaciones de pareja interraciales, tanto en el plano personal como familiar; así como la negativa de compartir situaciones de vida cotidiana con personas negras, lo que corrobora la posición de este grupo racial como el más discriminado. Por otra parte, en la esfera laboral los prejuicios se manifestaron a partir del rechazo a emprender un nuevo negocio o compartir el existente con una persona no blanca y ser empleado de personas negras o mestizas. Referente al proceso de contratación se manifestó de manera explícita la negativa a ofrecer empleo a personas no blancas, esto último basado en el estereotipo de que los clientes ofrecen mayores propinas a los empleados blancos que a los empleados negros y mestizos. Otro prejuicio configurado evidenció el rechazo hacia clientes no blancos en su negocio, siendo consecuente con ello manifestó favoritismo por los clientes que pertenecen a este grupo racial. Propietario Arrendatario de hostal 5 Este propietario empleador se encuentra vinculado al sector cuentapropista desde hace 20 años. Es arrendatario en divisa, por lo que los clientes que visitan su negocio son extranjeros de diferentes nacionalidades y razas. El hostal se encuentra ubicado geográficamente en la zona centro de la ciudad. El arrendatario se autoafilia al grupo racial blanco. Sus dos empleados también se adscriben en este grupo, aunque señaló que el color de la piel no constituye un criterio para la contratación de sus empleados. Al describir el grupo racial de pertenencia se circunscribe a rasgos físicos como piel clara, pelo lacio y nariz grande. Otras creencias emergidas connotan positivamente a este grupo racial, estereotipándolos como inteligentes, educados, licenciados, ingenieros. Las cualidades definidas para el grupo racial negro lo estigmatizan mediante la atribución de conductas sociales negativas como bulleros, vagos, con mal aspecto, ladrones, negociantes y rasgos físicos como pelo malo, nariz chata y la piel oscura. Por otra parte, destacó como rasgos positivos su capacidad para el deporte y el baile, refiriendo además que algunos son buenas personas. En el caso de los mestizos les atribuye 40 características similares a blancos y negros, diferenciándolos solo en los rasgos fenotípicos pelo rizado, medios blancos por el color de su piel. El sujeto calificó la diferenciación racial como un fenómeno que siempre ha existido y persiste en las sociedades actuales, mostrando una perspectiva desalentadora respecto al tratamiento de esta problemática en el futuro, al referir que este constituye un problema que no tiene solución, las diferencias por el color de la piel continuarán marcando el lugar que cada grupo ocupa dentro de la sociedad. El reconocimiento de las diferencias quedó expresado en el sector cuentapropista afirmando que en los negocios cuentapropistas las diferencias por el color de la piel están presentes. Emergieron estereotipos asociados a la representación de los grupos raciales en este sector y los roles que ocupan, al respecto destacó que es más común encontrar empleados blancos en el sector cuentapropista, que negros y mestizos, los negocios más exitosos tienen mayor número de empleados blancos, las personas de piel oscura no suelen ser empleadores sino empleados, lo que demuestra un sentido de superioridad del grupo racial blanco. Siendo congruente con ello refiere que a blancos y mestizos, en ese orden, les son conferidas mayores oportunidades, pues los negros solo son reconocidos en el deporte, lo que se corresponde con las competencias atribuidas a este grupo. En el sujeto emergieron prejuicios raciales en la esfera de relaciones de pareja, pues rechazó la idea de establecer relaciones íntimas con personas negras, sin embargo aceptaría que miembros de su familia establecieran vínculo de pareja interracial. En situaciones de vida cotidiana no manifestó prejuicios para relacionarse con personas de otra filiación racial. Fue percibido que el sujeto reproduce patrones culturales heredados desde hace décadas y que constituyen expresión de prácticas cotidianas en relación a los grupos que más discriminan en la sociedad, pues negros y mestizos se encuentran discriminados por las personas blancas, que según refiere son las que más discriminan a otras por el color de la piel. Desde esta perspectiva, las experiencias de discriminación que ha presenciado etiquetan a las personas negras de malandros y vagos. Ello conduce a que exprese que dentro de 10 años espera que todos los esfuerzos por el logro de la igualdad social no sean en vano. 41 Propietario Arrendatario de hostal 6 El propietario empleador del hostal se sitúa en el grupo racial blanco y arrenda en divisa. Al mismo van extranjeros de diferentes lugares, aunque hace dos años aproximadamente ha sido muy visitado por turistas africanos. Sus tres empleados pertenecen a su mismo grupo racial, aunque describe que anteriormente había contratado como empleados de su negocio a personas mestizas. En relación con los rasgos que distinguen a los diferentes grupos raciales, refirió que los blancos se caracterizan por tener pelo bueno y lacio, piel clara y nariz fina. Estereotipó además a su grupo racial como personas inteligentes y capaces de emprender negocios exitosos por el nivel adquisitivo que poseen, reafirmando la superioridad de este grupo racial sobre los otros. En dirección opuesta calificó a los negros mediante rasgos físicos como pelo malo, pasa, color oscuro y nariz achatada. Les atribuyó además conductas sociales negativas, al etiquetarlos de bulleros, ladrones y mal hablados, aunque resaltó sus competencias para las actividades físicas. Las características atribuidas a los mestizos respondieron a criterios asociados a rasgos físicos como piel clara y pelo rizado, asignándole las mismas competencias que a los otros dos grupos raciales, en tanto se les consideró como una mezcla de negros y blancos. Reconoció la presencia de desigualdades en cuanto al color de la piel. Destacó que los blancos presentan una posición ventajosa en comparación a negros y mestizos, pues les son conferidas mayores oportunidades y menos limitaciones. Estos resultados fueron constatados mediante la escala Likert, pues manifestó su total acuerdo con que las diferencias por el color de la piel continúan marcando la diferencia en la vida social y en la esfera laboral. En relación al área laboral, refuerza las desigualdades antes mencionadas al expresar en los negocios cuentapropistas las diferencias por el color de la piel están presentes, es más común encontrar empleados blancos en el sector cuentapropista, que negros y mestizos, los negocios más exitosos tienen mayor número de empleados blancos, las personas de piel oscura no suelen ser empleadores sino empleados. En la esfera de las relaciones de pareja se evidenciaron prejuicios raciales debido al rechazo a establecer relaciones íntimas con personas del grupo racial negro, al igual que 42 otros miembros de su familia. En cuanto al área laboral no se evidenciaron prejuicios raciales. Por otra parte, en el completamiento de frases y el cuestionario cualitativo situó a los negros como los más discriminados, mientras que los mestizos no discriminan a ningún grupo racial. Resultó llamativo que el sujeto a pesar de pertenecer al grupo racial blanco, lo reconoce como el que más discriminan a otros por su pertenencia. Propietario Arrendatario de hostal 8 El propietario empleador del hostal se autoafilia al grupo racial blanco y se ha desempeñado como arrendatario de habitaciones desde hace 30 años. Es arrendatario en divisa y su hostal es visitado fundamentalmente por turistas europeos. En su negocio laboran dos empleados, perteneciente al grupo racial blanco, aunque plantea que el color de la piel no constituyó un factor determinante para la contratación del personal, pues en otras ocasiones ha empleado personas de diferente filiación racial. Como factor determinante en las características que diferencian a los grupos raciales identificó el color de la piel. Los blancos fueron caracterizados como personas de pelo bueno, lacio y de piel blanca, mientras que los negros fueron definidos con pelo malo y piel oscura. Además califica de buenas personas a todos los grupos raciales, lo cual muestra pobre estructuración de la respuesta ofrecida y escasa elaboración personal, orientada desde lo socialmente esperado. El propietario no evidenció prejuicios para establecer relaciones interraciales, mostrando disposición para compartir en situaciones cotidianas con personas de otras categorías raciales. Además, aceptaría sostener relaciones de pareja con personas de diferente filiación racial, reconociendo que con anterioridad ha tenido parejas negras y mestizas. Específicamente, en el sector cuentapropista, expresó un sentido de igualdad entre los grupos raciales, señalando que sin importar el color de piel, todos presentan las mismas oportunidades y limitaciones. Sin embargo, mostró acuerdo con que el color de la piel continúa marcando la diferencia entre los seres humanos en la sociedad cubana actual y que las diferencias raciales están presentes en nuestro país, lo cual resulta contradictorio con el sentido de igualdad expresado anteriormente. Refirió además que aun cuando en su negocio 43 no existe privilegio por ningún grupo en cuanto a su pertenencia racial, los clientes puntuales son blancos. Por otra parte, en el cuestionario cualitativo aplicado situó a blancos y negros como los que más discriminan en la sociedad, ubicando como objeto de discriminación a los mestizos, que son los que no discriminan en la sociedad. Configuración subjetiva social de la racialidad en propietarios arrendatarios no empleadores de hostales en CUC Propietario Arrendatario de hostal 4 La propietaria es no empleadora y se ubica en el grupo racial blanco, atendiendo al color de su piel como criterio distintivo. Su hostal ofrece el servicio de arrendamiento en divisa, por lo que la mayor confluencia de clientes procede de Europa y Estados Unidos. El hostal se encuentra geográficamente ubicado cerca del centro de la ciudad. Al explorar las creencias que posee en relación a los rasgos que distinguen los grupos raciales, consideró que no existen características diferenciadoras para cada uno de ellos, negando la existencia de cualidades o rasgos que coloquen a un sujeto dentro de una categoría racial y por ende lo visualice como diferente, evidenciado ello en creo que las características según grupo racial no es más que un estereotipo, no pienso que funcione así realmente. En coherencia con ello planteó que no existen desigualdades en cuanto a la pertenencia racial en Cuba, enfatizando en la superación de las mismas a partir de los logros de la Revolución las personas en Cuba no viven ninguna desigualdad por el color de su piel, porque si algo se ha logrado en este país es eliminar la discriminación racial. Por lo mismo mostró desacuerdo en cuanto a la ubicación de un grupo r