Frente al sentimiento avasallador de aparente y común normalidad que esta sociedad nos quiere imponer, la literatura debe hacer la crónica de la extrañeza José María Merino A mis padres, por confiar en mí, por estar siempre conmigo. A mis abuelos que son lo más grande que tengo. Agradecimientos Sobre todo a mi familia, por el apoyo, la comprensión que nunca me ha faltado de ellos, porque sin su uyuda incodicional no hubiese llegado hasta donde estoy hoy. A mis hermanos, Roxana y Osiel, porque siempre se han preocupado por mí, y me apoyan de manera incondicional. A mi prima Amelia, por lo de linda. A mi tía Irelis, por darme un espacio en su vida. A mi novio por toda su paciencia y cariño. A José Domínguez, por aceptar ser mi tutor, por mostrarme el camino. A mi grupo de Letras, porque juntos éramos lo más grande. A Yily, porque nos hemos querido y apoyado siempre, y porque sin su ayuda incondicional no hubiese podido terminar mi tesis. A Ari y Laurita porque hemos compartido muchas cosas juntas, y las voy a querer siempre. A Daya, por su cariño durante estos cinco años. A Yily, Yaly y Yanet, porque hemos estado juntas siemprey son muy especiales para mí. A Lisbe, Isma, y Roky, porque forman la tripulación de «El Barco». A los muchachos del 107B, por los tantos momentos compartidos. A Rolando, por los diez minutos que siempre me está dedicando. A Victor y Zuca, por los buenos ratos. A Nicolai por la tecnología. A Tuté, por ayudarme a superar el desamparo tecnológico A Carmen porque me enseñó cómo debe ser una buena madre, profesora, amiga. A Idania por toda su ayuda y apoyo. A mis profesores de la carrera, porque les debo mi formación profesional. RESUMEN Por ser el estudio de la intertextualidad uno de los tópicos menos tratados en el abordaje de la cuentística de José María Merino, la presente investigación se propone analizar cómo se produce la generación de nuevos significados y sentidos en la intertextualidad correspondiente a la ficción en una selección de Cuentos de los días raros, texto original del autor antes mencionado. En pro de dar cumplimiento al problema científico de esta investigación, resultó necesario realizar una conceptualización de la intertextualidad, además fue preciso profundizar en conceptos estrechamente vinculados al término como: la ficción y el fantástico; partiendo de sus definiciones clásicas hasta sus teorizaciones más actuales, dada la carencia de un estudio previo que organizara y sistematizara los principales rasgos constitutivos de la intertextualidad en José María Merino. Las generalidades del fenómeno a estudiar, los principales autores y los postulados más significativos respecto al tema comprenden el primer capítulo de este estudio: «Instrumentación teórico-metológica para el análisis de la intertextualidad en la ficción de Cuentos de los días raros.» En el segundo capítulo: «La intertextualidad en una selección de cuentos correspondientes al libro Cuentos de los días raros se analiza cómo se emplea la intertextualidad y su relación constante con la ficción, a partir del vínculo entre tradición y renovación, así como la generación de los nuevos sentidos. ÍNDICE Introducción / 1 Desarrollo / 6 Capítulo 1: Instrumentación teórico-metodológica para el análisis de la intertextualidad en la ficción de Cuentos de los días raros / 6 1.1 Intertextualidad, concepto y método / 7 1.2 La ficción: concepto y método. Su relación con la intertextualidad en cuentos de Merino / 18 1.2.1 El fantástico una expresión de la ficción. Concepto /23 Capítulo 2: La intertextualidad en una selección de cuentos correspondientes al libro Cuentos de los días raros / 31 2.1 Consideraciones iniciales / 31 2.2 Análisis intertextual de una selección de cuentos/ 36 Conclusiones / 75 Bibliografía / 77 Anexos / 83 1 INTRODUCCIÓN La narrativa española contemporánea, a partir de la década de los 60 del siglo XX, se caracteriza por una pluralidad temática y estilística que se evidencia ante el acercamiento a su voluminosa producción, la cual se erige por su originalidad. Dentro de la amplia gama de escritores españoles en esta etapa, se destaca la producción literaria de José María Merino Sánchez (La Coruña, 5 de marzo de 1941), quien es considerado, por su madurez creadora, uno de los principales narradores de la literatura española en la actualidad. El presente Trabajo de Diploma propone el abordaje de la intertextualidad en la ficción de Cuentos de los días raros (2004), una de las colecciones de relatos más relevantes de dicho autor:, privilegiando aquellos cuentos que presentan un empleo más significativo de marcas intertextuales. Para adentrarse en este tema se propone como objetivo general: • Dilucidar lo original y aportador de José María Merino en su empleo de la intertextualidad como parte de la ficción en su libro Cuentos de los días raros, perteneciente a la narrativa española contemporánea. Como objetivos específicos: • Determinar relaciones de los Cuentos de los días raros con componentes de la tradición cultural europea, latinoamericana y española. • Caracterizar especificidades intertextuales en la ficción de un conjunto de cuentos de Cuentos de los días raros. La intertextualidad, como cuestión cultural posibilita el estudio de los cuentos seleccionados desde una perspectiva transdisciplinaria, ofreciendo una visión de los textos en su integridad, y teniendo en cuenta la relación dialéctica entre sus procedimientos intertextuales y los sentidos generados mediante los mismos. Para la realización del presente estudio se cuenta con una reconocida bibliografía sobre la intertextualidad. Forman parte de la misma las antologías de Desiderio Navarro, las concepciones de Mijail Bajtín, Gerard Genette, Ryszard Nycz, Glowinski, y José Enrique Martínez, por solo citar algunos; y la de otros que anteriormente, sin utilizar el término, se 2 adentraron en el estudio de las relaciones entre los textos pertenecientes a diferentes épocas, tal es el caso de Marcelino Menéndez Pelayo. La existencia de análisis intertextuales sobre obras literarias o de otro tipo son muy escasos. A lo anterior se hace necesario acotar, la definitiva actualidad del uso de la intertextualidad como un método de análisis, del cual se hallan distintas posturas que encuentran su punto de partida en la dialogicidad de Bajtín. En la Universidad Central de Las Villas, la intertextualidad ha sido abordada en algunos trabajos de diploma, -dígase así: Concierto barroco de Carpentier de la diplomante Dayana Rodríguez, y Entre el dolor infinito y el amor infinito: una lectura espiritual del Presidio Político en Cuba, de Sergio García Zamora. De la misma forma, existen algunos trabajos de curso de la disciplina Literatura Española que se han ocupado igualmente de tal relación en la obra literaria. En el caso de la ficción y el fantástico, fue necesario consultar un amplio repertorio bibliográfico, donde se destacan autores como: Aristóteles (sus ideas han sido retomadas por varios estudiosos en la actualidad, destacando su vigencia), Tzvetan Todorov, Victor Bravo, Juan María Calles, y David Roas, principalmente. En la carrera de Letras, se encuentra un importante número de trabajos de curso realizados sobre la ficción y el fantástico; aunque no tratados desde el punto de vista de su relación con la intertextualidad, de lo que se desprende uno de los principales aportes del presente trabajo. Ciertamente, entre los autores más reconocidos de la promoción literaria española que se ha desarrollado a partir de la década del 70 del pasado siglo y hasta la actualidad, se encuentra José María Merino, este autor es poco conocido en Cuba, y por tanto, poco estudiado. A pesar de una vasta y reconocida labor literaria que abarca tanto la novela como el cuento y la poesía, se halla muy poca bibliografía sobre la misma en Cuba, apenas se encuentra algún que otro texto en Internet, algunas reseñas en libros que abordan la literatura española del siglo XX, así como varios trabajos de curso que versan sobre una reducida parte de su cuentística. El principal interés hacia el autor proviene del escaso acercamiento que existe hacia su figura; por lo que el análisis de esta investigación hará explícitas las especificidades particulares de la selección de cuentos citada con anterioridad, lo que conlleva necesariamente una concepción general de su poética. 3 En sus cuentos, Merino crea mundos e historias posibles que se enriquecen mediante la interrelación de lo fantástico con una visión de lo cotidiano, y a su vez, es destacable la sustentación metatextual utilizada por el autor, que remite a la lógica de disímiles fenómenos de la realidad sociocultural. De ahí, que haya sido incluido dentro de la llamada literatura fantástica, a partir de la asunción de los códigos narrativos de esta modalidad literaria en sus distintas manifestaciones; y de su marcada tendencia a asumir la ficción como cuestión cultural, no en un estrecho sentido psicológico. Dichas relaciones conducen, además, a un significativo empleo de procedimientos intertextuales, reflejando estos últimos una estrecha vinculación entre tradición y renovación. El propio Merino ha declarado públicamente sus prerrogativas para escribir un buen cuento y al respecto ha expresado: A mi entender, un buen cuento necesita envolver su mundo en una luz peculiar, dotar a sus personajes de dones, actitudes o peripecias singulares y conseguir tal interés en la trama que el lector se sienta empujado insoslayablemente hasta el final. Que conste que no me estoy refiriendo solamente a los cuentos de corte fantástico. El cuento más realista del mundo debe trascender en su desarrollo, escenarios, personajes y acciones para conseguir cierta palpitación arquetípica. […] Me refiero al sentido de la narración pura en que lo sintético predomina sobre lo analítico, que tiende a la máxima expresividad en el menor espacio dramático posible y que, plantee como se plantee el desenlace -es decir, con independencia de que el autor tienda a ser ambigüo o explícito-, resulte siempre un final exhaustivo, que concluye o, mejor, relata la intensidad de lo narrado. […] los cuentos no toleran elementos accesorios. Todos los materiales del cuento tienen una función principal: de ahí la difícil concisión a que obligan, que no está solo en el empleo de las palabras, sino –sobre todo- en la previa selección de los motivos.1 Es necesario apuntar que esta investigación no cuenta con un antecedente directo en el panorama literario de Cuba, por ser esta selección de Cuentos de los días raros una producción reciente y de poca divulgación en este país. Sin embargo, estos relatos han sido analizados, aunque de forma breve en el extranjero, fundamentalmente desde el punto de 1 José María Merino: «El cuento, narración pura», en Ínsula, # 495, 1988, pp. 21. 4 vista de sus implicaciones en las áreas temáticas de lo fantástico, ejemplo de ello son los trabajos De lo fantástico y sus aledaños: Cuentos de los días raros, de José María Merino, de Eduardo Martín Larequi García y José María Merino: Semblanza crítica, de Ángeles Encinar. Tales estudios no se adentran en el análisis de diversos cuentos en pro de evidenciar las relaciones intertextuales propiamente dichas, sino que solo rozan diversos aspectos. Por lo que se plantea la siguiente problemática: Problema científico: ¿cómo se produce la generación de nuevos significados y sentidos en la intertextualidad correspondiente a la ficción en una selección de Cuentos de los días raros? La intertextualidad como método analítico integra dos procedimientos fundamentales, el análisis semántico-estilístico de intertextos y la comparación; mediante ellos se adentra en la intrínseca relación entre tradición y renovación en la obra de Merino. El estudio intertextual requiere de la confrontación de los textos fuentes y los intertextos en la búsqueda de los nuevos sentidos. Estas cuestiones metodológicas parten de las propias especificidades del texto. La razón está en que el concepto de intertextualidad, enfrenta históricamente los textos como trasformaciones del pasado en el presente; lo que constituye un aspecto relativamente convencional y normativo, ya que el cambio se lleva a cabo de modo creativo, con nuevas configuraciones de elementos en los órdenes del discurso, y con nuevos modos de intertextualidad. A lo anterior se hace necesario acotar la significativa actualidad del uso de la intertextualidad como un método de análisis, del cual se hallan distintas posturas que encuentran su punto de partida en la teoría de la dialogicidad de Bajtín. Al respecto, sería acertado citar al intelectual español José Enrique Martínez Fernández cuando afirmara: «Alejados ya de lo que pudo ser una moda, el concepto de intertextualidad se ha asentado como característica ineludible de todo texto verbal a la vez que como fenómeno activo que en los textos literarios la crítica debe atender, describir, analizar y valorar».2 En la organización del trabajo la estructura quedó conformada por dos capítulos: el primero contiene las cuestiones teórico-metodológicas, concernientes a los conceptos de intertextualidad, ficción y fantástico, teniendo en cuenta el criterio de varios autores en 2 José Enrique Martínez Fernández: La intertextualidad literaria. (Base teórica y práctica textual), Editorial Cátedra, S.A., 2001, pp. 37. 5 diferentes contextos. Fue dividido en dos epígrafes para lograr un estudio orgánico: el primero está dedicado a la intertextualidad con la referencia de los principales autores y los postulados más significativos. El segundo epígrafe se ha encaminado a la ficción, que incluye un sub epígrafe dedicado al fantástico; de igual forma se evidencian, las principales características de cada uno de estos componentes. El capítulo dos, se ha destinado al análisis de una selección de Cuentos de los días raros, y se compone de un epígrafe referido a las generalidades de la literatura española en la actualidad y la obra literaria de José María Merino, haciendo énfasis en los Cuentos de los días raros; mientras que un segundo epígrafe se ha dedicado al análisis intertextual de una selección de cuentos. 6 CAPÍTULO 1 INSTRUMENTACIÓN TEÓRICO–METODOLÓGICA PARA EL ANÁLISIS DE LA INTERTEXTUALIDAD EN LA FICCIÓN DE CUENTOS DE LOS DIAS RAROS En la colección de relatos Cuentos de los días raros aparecen cuentos que se destacan por la presencia de recursos intertextuales, cuyas fuentes principales proceden de la literatura española, latinoamericana y europea en general. A partir de esta presencia se generan diferentes tipos de intertextualidad, y entre ellos, se advierte un importante uso de la metatextualidad (entendida como una de las categorías dadas por Genette, referida a la relación de comentario, o sea reflexión sobre la fuente), propiciando así una meditación acerca de la literatura y su vínculo con la sociedad; de ahí estriba la necesidad de conocer o acercarse al concepto de intertextualidad, como una aproximación que posibilite los elementos primarios para el estudio de dichos cuentos. No es la intención última de este capítulo narrar la evolución del término intertextualidad. Menos aún evidenciar el curso diacrónico del concepto porque ha sido la fase más abordada por parte de la crítica. Lo que se pretende es implementar un aparato categorial, teórico-metodológico que posibilite el análisis de una selección de los Cuentos de los días raros. De ahí que la elección de autores y criterios esté en consonancia con la metodología del análisis literario seleccionado. Se abordará la intertextualidad en cuanto al origen del concepto mismo, así como el tratamiento que ha recibido por algunos teóricos desde el estructuralismo francés hasta la actualidad. Se atenderá a las tipologías establecidas y la correspondiente proposición de su instrumentación en el presente trabajo. Como se ha enunciado, una de las características generales de la narrativa de José María Merino es el cultivo del fantástico, como una manifestación de la ficción literaria. Se hace pertinente por tanto, un breve bosquejo sobre esta última categoría y su relación con el fantástico, dado el hecho de que son conceptos específicos, vinculados a la intertextualidad en los cuentos objeto de análisis, y de manera sustancial, en toda su obra. 7 1.1- Intertextualidad, concepto y método Los Cuentos de los días raros, develan a un autor que crea con naturalidad y entereza, a la vez que conjuga lo universal y lo nacional. La intertextualidad en estos relatos de José María Merino, forma parte de su modo de creación, precisamente, sobre bases culturales sólidas, desde la perspectiva de la relación entre tradición y renovación. De este modo, se considera necesario partir de lo que se entiende por intertextualidad, para poder evidenciar su relación con otras categorías y conceptos. De manera general, se entiende por intertextualidad, el conjunto de relaciones que acercan un texto determinado a otros textos de diversa procedencia, del mismo autor o más comúnmente de otros, de la misma época o de épocas anteriores, con una referencia explícita (literal o alusiva) o no, «con la apelación a un género, a un arquetipo textual o a una fórmula imprecisa o anónima»3. Sin duda, la intertextualidad tiene una estrecha relación con lo que la historia literaria y la literatura comparada conocían, desde antes, como estudio de «fuentes», pero la definición actual desborda y podría decirse que, convierte en relativos los resultados de aquellas tendencias positivistas, para proponer una idea del texto colmado de percepciones interpretativas. Algunos refieren la intertextualidad a cuestiones de procedimientos, o sea, lo asumen desde un acepción estrecha. Esto es discutible, debido a que es un elemento fundamental en la configuración histórica de la literatura, ya que todo texto es consecuencia de otros, y precedente para muchos, con los cuales se encadena en una trayectoria diacrónica que representa al cabo un producto cultural. Al reconocer el carácter comunicativo del texto, entendido este como un producto o registro cultural, se está dentro del concepto de intertextualidad. La intertextualidad indica la relación entre textos, los cuales pueden ser coetáneos de un mismo período o de una etapa anterior. Este vínculo entre textos del pasado y del presente desde el punto de vista cultural es expresión de la tradición, partiendo del hecho de que toda creación del hombre porta una realización creadora y por lo tanto original, lo que implica una relación entre tradición y renovación. Se entiende entonces como renovación los cambios cualitativos, que son el resultado de la transformación producida por el hombre. 3 José A. Olivera Marroig, y Magdalena Capó Juan: «Definición de Intertextualidad», en http://www.um.es/tonosdigital/znum4/estudios/cyhinter.htm (Encontrado el 16-02-2011) 8 El término intertextualidad fue introducido en 1967 por Julia Kristeva, a partir de los estudios que realizara sobre algunas teorías bajtinianas. Desde ese momento, numerosos críticos y teóricos han abordado el concepto ampliando o restringiendo su campo conceptual, incluso se han originado nuevos términos (con el empleo de prefijos, por ejemplo inter, véanse intercontextualidad, interdiscursividad…). Sin embargo, no es este un asunto nuevo, desde la antigüedad ya existían vocablos y conceptos determinados para definir algunas relaciones concretas entre dos textos o más; ejemplo de ello son la parodia, el centón, la palinodia, la paráfrasis, el pastiche, la alusión…, que mucho más tarde se generalizaron bajo el término de intertextualidad. Los gérmenes de la teoría intertextual, ya se encontraban en Aristóteles. Un tratamiento de la intertextualidad en el análisis del texto literario surge en los inicios del siglo XX. El intelectual español Marcelino Menéndez Pelayo abordó, sin la persepectiva metodológica comunicativa que instauró Bajtín, la relación dialogal entre los textos como un fenómeno esencialmente cultural. En su obra Orígenes de la novela se dedicó a examinar las fuentes grecolatinas e hispánicas de la novela del siglo XV La Celestina. Allí apuntaba: «La creación de una forma de diálogo enteramente nueva en las literaturas modernas, es una de los méritos más singulares de este libro soberano»4. En la segunda década del siglo XX, anterior a Bajtín, Menéndez Pelayo había enfocado ya la problemática del diálogo entre textos de épocas diferentes. En las primeras décadas del pasado siglo los estudios literarios comienzan a tener sistematización con un grupo de intelectuales que se dedicaron a estudiar los problemas lingüísticos en la lírica, es lo que se conoce como «Formalismo ruso» (1916-1926). En estos estudios se pueden encontrar determinadas ideas que de cierta forma se refieren al intertexto. Sin embargo, las escuelas que formaron parte de dicha tendencia mostraban una visión inmanentista, no admitían la estrecha relación de los textos literarios con la sociedad. Simultáneamente, inicia su labor Mijáil Bajtín, el cual además de haber sido una importante personalidad en el mundo de la estética, se nutre de un pensamiento marxista 4 Marcelino Menéndez Pelayo: Orígenes de la novela. Primeras imitaciones de Celestina. (IV), Santander, Aldus, S.A. de Artes Gráficas, 1943, pp. 221. 9 (que integra dentro de la obra una historia y un accionar social ). En su teoría literaria, Bajtín concibe la novela, en particular las de François Rabelais, Jonathan Swift y Fedor Dostoievski5, como polifonías textuales donde resuenan, además de la propia, otras voces, como una heterología o heteroglosia, es decir, como una apropiación y recreación de lenguajes ajenos. Según Bajtín6 la conciencia es esencialmente dialógica, y la idea, de hecho, no empieza a vivir sino cuando establece relaciones dialógicas esenciales con ideas ajenas. Gran significación se le otorga pues, a su teoría de la dialogicidad, con la cual encontramos el paralelismo con lo que hoy conocemos como intertextualidad. En esta teoría, toda rama del saber es consecuencia de ella, todo emisor es contestatario. Esta idea se explica cuando emitimos un criterio y, a su vez, decimos que no compartimos esa idea; acá nos convertimos en emisor-contestatario. La teoría de la dialogicidad implica una dialéctica entre emisor-receptor, así como posee un carácter histórico porque es la relación entre tradición y revolución. Para Bajtín, todo enunciado, hablado o escrito, desde los más breves turnos en una conversación hasta un trabajo científico o una novela, están demarcados por un cambio en el hablante o en el escritor, y se orientan retrospectivamente hacia los enunciados de hablantes previos y prospectivamente a enunciados anticipados de hablantes futuros. De esta forma, el enunciado que es la organización lógica del texto (forma parte de él) es inherentemente intertextual, puesto que está constituido por elementos de otros textos. La concepción del hombre como ser dialógico ha propiciado que el concepto de intertextualidad haya sufrido numerosas reelaboraciones, ya que es, precisamente, el carácter dialógico del enunciado la base de esta noción, al establecer la relación de voces propias y ajenas, teniendo en cuenta que el lenguaje es una propiedad colectiva, aspecto que también refleja la dimensión social del lenguaje. Por ello ha referido Bajtín: La palabra vive fuera de sí, en su orientación al objeto; si nos abstraemos hasta el final de esta orientación, entonces en nuestras manos quedará sólo el “cadáver desnudo” de la palabra, por el cual no podremos saber nada acerca de la situación 5 Para Bajtín, es en la novela donde el dialogismo alcanza su punto más álgido, ya que la narrativa es esencialmente dialógica o polifónica al propiciar el intercambio entre el lenguaje y la cultura. 6 Mijail Bajtín: «El problema en la novela», en Problemas literarios y estéticos, Editorial Arte y Literatura, Cuidad de La Habana, 1986, pp. 108. 10 social ni del destino vital de la palabra en cuestión. El hecho de estudiar la palabra en ella misma, ignorando su orientación fuera de sí, es tan absurdo como estudiar la vivencia psíquica fuera de esa realidad a la cual está dirigida por la que se determina dicha vivencia.7 La citada idea de Bajtín nos remite a su concepción de la palabra como uso social. Mijail Bajtín fue una guía, un punto de partida para otros teóricos que luego abordaron estas problemáticas. En la Francia de los años 60 del pasado siglo XX se produce por vez primera una asunción del pensamiento bajtiniano; siendo el enfoque cultural del texto, uno de sus grandes legados en los estudios literarios. Este punto de vista recibió en Estonia un tratamiento singular con la Escuela de Tartu, de la que fuera líder Yuri Lotman, continuador del pensamiento estético bajtiniano. En su ensayo «El texto en el texto»8, Lotman, aún sin manejar el término intertextualidad, concibe la cultura como texto complejamente organizado que forma un complicado sistema que encierra en sí textos interrelacionados. La Escuela Estructuralista de Tartu es heredera tanto del formalismo ruso como del pensamiento de Bajtín; de esta forma Lotman llega a una concepción del texto que implica el concepto de intertextualidad en cuanto a concebirlo según un orden histórico, como trasmisor de significados y generador de nuevos sentidos. Es pertinente, por tanto, destacar el papel del estructuralismo como tendencia teórico-metodológica en los estudios literarios del siglo XX, ya que el mismo puso su atención en el estudio del texto en su unidad material y de sentidos, considerando la obra de arte como un sistema y reconociéndola como un signo artístico. La intertextualidad, como ya se ha podido apreciar, es un fenómeno cultural que forma parte del proceso de «transculturación»9, de ahí que haya sido manejada por el narratólogo Gérard Genette en su obra Palimpsestos: la literatura en segundo grado10, como 7 Mijaíl Bajtín: «La palabra en la novela», en Problemas literarios y estéticos, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1998, pp. 120. 8 Yuri Lotman: «El texto en el texto», en Criterios, # 5-12, Casa de Las Américas, La Habana, enero 1983- dic. 1984. 9 Término acuñado por Fernando Ortiz en el texto Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940). En el cual se configura el nacimiento de la nacionalidad cubana como un producto propio de la unión de las raíces que la componen, es decir, de la mezcla entre la cultura africana y la española, las cuales aportaron características únicas y distintivas a la cultura cubana. 10 Gérard Genette: «La literatura en segundo grado», en Desiderio Navarro. en Intertextualité. Francia en el origen de un término y el desarrollo de un concepto, UNEAC, Casa de las Américas, 11 transtextualidad, entendida esta como la trascendencia textual de los textos. En este estudio Genette tiene como propósito acercarse a las múltiples relaciones que se establecen entre los textos y reconocer los distintos procedimientos que permiten crear textos sobre la base de otros textos, pero en su forma más restrictiva. El autor establece cinco tipos de relaciones transtextuales: 1. la intertextualidad, definida como una relación de co-presencia entre dos o más textos o la presencia de un texto en otro. La forma más explícita y literal de intertextualidad es la citación y la menos explícita es el plagio o también la alusión: Yo lo defino, de una manera ciertamente restrictiva, por una relación de copresencia entre dos o más textos, es decir, eidéticamente, y, la mayoría de las veces, por la presencia efectiva de un texto en otro. Con su apariencia más explícita y más literal, es la práctica tradicional de la cita (con comillas, con o sin referencia precisa); con una apariencia menos explícita y menos canónica, la del plagio (en Lautréamont, por ejemplo), que es una toma en préstamo no declarada, pero también literal; bajo una forma aún menos explícita y menos literal, la de la alusión, es decir, de un enunciado cuya plena intelección supone la percepción de una relación entre él y otro al que remite necesariamente una u otra de sus inflexiones.11 2. la paratextualidad, entendida como la relación que el texto mantiene con los títulos, subtítulos, íntertítulos, prefacios, epílogos, entre otros; llamados paratextos: Está constituida por la relación, generalmente menos explícita y más distante, que, en el conjunto formado por una obra literaria, mantiene el texto propiamente dicho con lo que sólo podemos denominar su paratexto: título, subtítulo, intertítulos; prefacios, postfacios, advertencias, introducciones, etc.; notas marginales, al pie de página, finales; epígrafes, ilustraciones; prière d` insèrer, cintillo, sobrecubierta, y muchos otros tipos de señales accesorias, autógrafas o alógrafas, que le procuran al texto un entorno (variable) y a veces un comentario, oficial u oficioso, del que el lector más La Habana, 1997, pp. 53-62 (Del libro de Genette solamente es conocida por la autora de este Trabajo de Diploma, esta sección recogida por Desiderio Navarro en su antología). 11 Ídem, pp. 56. 12 purista y el menos inclinado a la erudición externa no siempre puede disponer tan fácilmente como quisiera y pretende.12 3. la metatextualidad, comentario que une un texto con otro sin que sea necesario citarlo, en una relación más bien crítica: Es la relación, se dice más corrientemente: de “comentario” que une un texto a otro texto del que él habla, sin citarlo (convocarlo) necesariamente, y hasta, en última hipótesis, sin nombrarlo.13 4. la hipertextualidad, relación de un texto con un texto anterior o hipotexto: Por ésta entiendo toda relación que una un texto B (que llamaré hipertexto) a un texto anterior A (que llamaré, desde luego, hipotexto) en el cual él se injerta de una manera que no es la del comentario.14 5. la architextualidad, definida como una relación absolutamente muda que articula cuando mucho una mención paratextual: Se trata de una relación completamente muda, que sólo es articulada, a lo sumo, por una mención paratextual (titular, como en Poesías, Ensayos, La novela de la Rosa, etc., o, la mayoría de las veces, infratitular: la indicación de Novela, Relato, Poemas, etc., que acompaña al título sobre la cubierta), de pura pertenencia taxonómica.15 Como podrá apreciarse en el cuerpo del capítulo 2, de la tipología propuesta por Genette se instrumenta para el análisis de los cuentos de Merino los conceptos: metatextualidad, intertextualidad, hipotexto, este último denominado en el presente trabajo, texto fuente. Por su parte, el intelectual polaco Ryszard Nycz16, asume la intertextualidad como una categoría que abarca todo un conjunto de propiedades y relaciones del texto, y que necesariamente, señala los indistintos niveles de dependencia en que se halla su producción y recepción con respecto al conocimiento de otros textos y architextos (reglas genéricas, 12 Ídem, pp. 56. 13 Ídem, pp. 56. 14 Ídem, pp. 57. 15 Ídem, pp. 58. 16 Riszard Nycz: «La intertextualidad y sus esferas, textos, géneros y mundos», Criterios 1993, s/n, Casa de las Américas, Pp.97. 13 normas estilístico–enunciales). Agrega que no es tanto uno de los componentes del texto que exige que se le tome en consideración en el equipamiento de este y que se determine la limitada posición y papel que posee la estructura jerárquica del mismo, como más bien uno de sus aspectos o dimensiones cuya toma en consideración debe reflejarse en el conjunto de los problemas y categorías que entran en juego en la investigación de la literatura.17 Además, argumenta que se trata de la definición de una zona de inalienable mediación entre el conjunto de las propiedades y relaciones intratextuales y el campo de las referencias y condicionamientos extratextuales en la realidad social, histórica y cultural. Sin embargo, Nycz aclara que las unidades intertextuales deben ser consideradas por el lector como ya leídas, referidas a una cultura anterior, que de por sí suman significados al texto donde aparecen sin necesidad de realizar certeramente su identificación. El teórico destaca tres tipos de relaciones intertextuales: 1. Texto-texto: la cual puede observarse en las relaciones que poseen los Cuentos de los días raros con algunas obras literarias. Esta relación se corresponde en cierta medida con la que plantea Genette dentro de su concepto de transtextualidad como intertextualidad, o sea, enmarcar un texto dentro de otro, por medio de sus formas más literarias: la cita, la alusión, el plagio. Además, Nycz señala que no se debe ver solamente este tipo de relación dependiendo de indicadores textuales, pues la intertextualidad rebasa en muchas ocasiones los límites literarios. 2. Texto-género, ejemplificada en los textos objeto de análisis en cuanto a la asunción del género testimonio. La relación texto-género se corresponde con la noción de architextualidad de Genette, y remite a la reelaboración de un texto en otra clase de género o lenguaje diferente del que le corresponde. Para ello Nycz expresa: «Los géneros son tratados aquí como invariantes normativas (institucionalizadas) de variadas versiones de la actualización de un conjunto dado de reglas textuales.»18 3. Texto-realidad, dada en las referencias a la realidad cultural, histórica, que pueda contener un texto. 17 Ídem, pp. 114. 18 Ídem, pp. 105. 14 En cuanto a la relación texto-realidad, la importancia de esta última relación reside en el estudio y el develamiento de los mecanismos semánticos y estructurales que hacen efectiva la referencialidad.19 El concepto realidad indica la realidad cultural, no la realidad natural o social propiamente. La realidad cultural, que puede ser las manifestaciones diferentes del arte, la política, la historia, todo aquello que crea el hombre, es recepcionada en los textos creados por el propio hombre. Su reconocimiento y percepción se representan en las marcas lingüísticas. Vale destacar, de igual forma, el criterio de otros estudiosos como Michel Riffaterre20, quien considera la intertextualidad como la percepción que lleva a cabo el lector, de la relación entre una obra y otras que la preceden. Su método de análisis intertextual se orienta hacia la recepción, de ahí que en la práctica de la intertextualidad sea fundamental la interacción entre escritura y lectura. Cuando se hace uso del término intertextualidad, se refiere a un transcurso constante de la cultura. El que es sin dudas, un proceso que implica tradición y renovación, pues a la vez que se advierte cómo un texto asimila lo que ha generado la cultura, es posible constatar cómo este responde, transgrede, renueva con sus textos. Al respecto resulta de singular importancia el artículo de Glowinski «Acerca de la intertextualidad»: Examinada con referencia a una obra particular, la intertextualidad deviene un cofactor de la interpretación, considerada en la escala de cierto tipo de textos, se conecta con la problemática genológica, o de manera más general de las formas literarias ampliamente entendidas, mientras que, analizada como elemento de las transformaciones y de la evolución, revela su dimensión histórico literaria. Y no se debe olvidar este aspecto de ella, porque la intertextualidad es una de las formas de relación con la literatura del pasado, de una relación que se forma en consideración a las necesidades, tareas e ideales de la literatura en curso de formación, o sea, distinta de una actitud archivística. La intertextualidad así entendida deviene una manifestación de un fenómeno más amplio: de la tradición literaria. No coincide con ella, porque la tradición abarca esferas de fenómenos que se hallan fuera del dominio 19 Ídem. pp.107. 20 Michael Rifaterre: «Semiótica intertextual: el interpretante», en Intertextualité…, ídem. pp.150 15 de la intertextualidad. Parece, sin embargo, que actualmente no hay manera de analizar la tradición literaria pasando por alto esta cuestión. La intertextualidad es una forma de la tradición fijada en el texto, no la única, porque otra es la que Genette definió como architextualidad (en el caso en el que el texto apela a reglas vigentes en una época anterior). Pero una forma importante, una que hay que tomar en cuenta cada vez que se someta a análisis la problemática de la tradición.21 Ciertamente, no se puede analizar la estructura del texto si no se le sitúa de uno u otro modo con respecto a otros textos. Su esfera es amplia porque en el marco de ella se hallan también apelaciones de diversos tipos a estilos estabilizados y convencionales, tanto literarios como sociales, a condición sin embargo de que su carácter distinto y de algún modo también su procedencia, sean claramente destacados sobre el fondo de la obra. Para Glowinski el concepto intextextualidad implica la interpretación con un sentido histórico- literario, a la vez que vincula la relación entre los géneros discursivos; la intertextualidad como expresión de la relación entre tradición y renovación en el orden cultural. El intelectual español José Enrique Martínez Fernández, en su libro dedicado al estudio de la intertextualidad literaria en los inicios de este siglo, realiza un abordaje crítico del concepto, y a su vez, hace una ejemplificación de la práctica textual en la poesía española contemporánea. El estudioso define inicialmente a la intertextualidad «como una propiedad o cualidad de todo texto, concebido como un tejido de textos, que remite siempre a otros textos en una relación asumidora, transgresora o transformadora.»22 De manera más precisa, el teórico español refiere: En principio llamamos intertextualidad a las relaciones entre textos que se establecen dentro de un texto determinado. Ahora bien, una definición de este tenor dejaría probablemente insatisfechos a quienes exigirían una mayor precisión técnica. Unos y otros se han apresurado a ofrecer definiciones de acuerdo con su concepto amplio o restringido del fenómeno intertextual. En cualquier caso, la intertextualidad alude al 21 Michael Głowinski: «Acerca de la intertextualidad», en Criterios No.32, Casa de Las Américas, La Habana, 1994, pp. 185. 22 José Enrique Martínez Fernández: La intertextualidad literaria (Base teórica y práctica textual), Ediciones Cátedra S.A., Madrid, 2001, pp. 10. 16 hecho de que el texto no se legitima en su corporeidad o singularidad, sino por estar escritos desde, sobre y dentro de otros textos.23 Martínez Fernández en concordancia con el pensamiento de Glowinski, asume la relación perenne que posee el término intertextualidad con la tradición literaria y, de la misma forma enuncia la presencia de la renovación dentro de los mismos textos. Por lo que el punto exacto donde coinciden ambos teóricos, a pesar de las diferencias ideoestéticas que puedan poseer se encuentra en observar cómo un texto toma de la fuente y a su vez, transgrede, genera nuevos significados para otros textos. La intertextualidad, según Martínez Fernández, se ha mostrado como un eficaz método de interpretación textual literaria, y por ello esgrime a su vez una propuesta operativa de tal método, que desarrolla, de manera acertada y detallada, el corpus analítico de este método de exploración textual. Para este estudioso, la intertextualidad puede ser verbal o no; en la primera distingue dos tipos de relaciones: la intertextualidad (interna) y la extratextualidad (externa). El autor se refiere a intertextualidad externa cuando el mecanismo intertextual abarca autores diversos, y a interna cuando se afectan textos del propio autor (tal y como sucede con José María Merino y muchos de sus cuentos). La intertextualidad externa coincide con la subdivisión hecha por Nyzc en la relación que estableciera este entre texto- realidad, de forma que a los textos no literarios responden los textos no escritos. Al referirse a los intertextos presentes en cualquier texto literario, el autor anuncia acertadamente la aparición de dos nociones de suma importancia para el logro de su cabal significación semántica: la descontextualización y la recontextualización24. Después de la exposición de diversas teorizaciones alrededor del concepto podemos tomar determinadas ideas sobre la intertextualidad, destacando su ya apuntada interacción entre uno o varios textos, siendo esta relación fuente de nuevas interpretaciones que se desprenden de sus perspectivas semánticas, funcionando dentro del eje temático del hipotexto. 23 Ídem, pp. 74. 24 El autor ve estas categorías en un doble proceso, de manera que la descontextualización posibilita que el intertexto se aísle de su contexto textual y situacional originarios; mientras que en la recontextualización se produce la adquisición de nuevos valores, aunque siempre en relación con el significado previo, en este sentido, tiene una importancia radical el reconocimiento del intertexto por parte del lector. 17 Resumiendo lo expuesto sobre el concepto inntertualidad, puede afirmarse: - La intertextualidad en su acepción amplia hace referencia a las relaciones o nexos existentes entre textos (sean estos coetáneos o no); manifestándose como un fenómeno textual que pone en evidencia la relación entre tradición y renovación. En lo referido a la interpretación y comprensión de los relatos, es importante la generación de significados y nuevos sentidos que en ellos se encuentran. - La intertextualidad implica, por tanto, la transmisión de significados y la reproducción de nuevos sentidos, siguiendo el criterio de Lotman, lo cual trae consigo que el tratamiento de los intertextos en los cuentos se va a focalizar desde ese punto de vista de la relación con la tradición y la renovación. De lo anterior se desprende el empleo, dentro del análisis, de procedimientos comparativos, a partir de los textos fuentes e intertextos. - No es exclusiva de la literatura, sino que constituye todo un fenómeno cultural que se generó como concepto a partir de las teorías bajtinianas referidas a la Dialogicidad, aunque es necesario puntualizar que es un fenómeno tan antiguo como la humanidad misma. Con respecto a la intertextualidad, y más específicamente a las relaciones intertextuales que se proponen desentrañar en la ficción literaria correspondiente a una selección de Cuentos de los días raros; se ha considerado más consecuente suscribirse a las tipologías intertextuales expuestas por Nycz, -díganse: texto-texto, texto-género y texto-realidad; teniendo siempre en cuenta que esta última rebasa los indicadores textuales. También es preciso señalar que, si bien se asume el término intertextualidad no haciendo uso, por ejemplo, en su totalidad de la terminología de Genette, coincidimos en la distinción que el mismo realizara de la metatextualidad, con respecto a que esta última, en el acto de la enunciación, expone integradamente reflexiones y sentimientos. De forma coherente, es válido insistir en los nexos existentes entre ficción e intertextualidad, puesto que ambos conceptos alcanzan una importancia medular en la presente investigación. Y es que la ficción, como representación «creada» de la realidad, en su punto de encuentro con la intertextualidad dota al texto de un carácter profundamente connotativo, que mantiene siempre una relación de significado con la realidad objetiva. Como se verá en la continuidad de estas líneas, mediante la ficción, el autor establece vínculos entre esferas diferentes de la realidad. 18 1.2-La ficción: concepto y metodología. Su relación con la intertextualidad en cuentos de Merino Una de las características generales de la narrativa de José María Merino es el cultivo de la ficción en que interrelaciona lo cotidiano con lo inusitado y extraño. En Cuentos de los días raros se cuestiona el hecho de que en la creación literaria de la actualidad se estén produciendo transformaciones en detrimento de los valores estéticos, éticos y educativos contenidos en la ficción. Se hace pertinente por tanto, un breve bosquejo en función de la definición de dicha categoría y su relación con el fantástico. A través de la historia de la literatura se han manifestado diferentes teorías y hasta contradicciones con respecto a la ficción, principalmente desde el punto de vista gnoseológico, es decir, en cuanto a la relación entre realidad y ficción. Se debe recordar que la ficción es anterior a la escritura o al mundo que hoy se conoce; y que se trata de un producto natural y originario de la imaginación humana. Platón, al referirse a la creación poética, concebiría esta como la confección de una imagen que no es simple copia. La imitación para él consistía en «el ocultamiento del poeta en su imagen creada.»25 Su discípulo Aristóteles, insistió en la imitación o mímesis como la representación de lo universal que es posible y verosímil, pero que jamás es copia. Es decir, Aristóteles concibe la ficción como una correspondencia entre la imagen creada de manera imitativa por el poeta, lo posible, lo universal de la realidad.; he aquí una de las más importantes facetas de la ficción: la relación entre realidad e imagen creada. El artista puede, en opinión de Aristóteles, representar la realidad tal y como se le presenta, pero también como la manifiesta la tradición, la opinión pública, el mito, etc.; y más aún tal como ella debería ser. También afirma: «El arte imitativo se funda, pues, según se dijo al comienzo, en las tres diferencias siguientes; en el medio por el cual, en el objeto y en el modo como se imita.»26De manera que ficción como mímesis es modelo, representación de la realidad por medio, o desde, la conciencia del hombre como sujeto social. 25 Platón: La República, Instituto de Estudios políticos, Madrid, 1949. 26 Aristóteles: Poética (Traducción Ángel J. Capelletti), Pensamiento Filosófico, Monte Ávila Editores, Caracas, 1991, pp. X. 19 La mímesis en términos de Aristóteles implica lo posible, lo universal, lo singular de la realidad. Para el filósofo todas las obras literarias imitan de la realidad de acuerdo con el principio de la verosimilitud, lo que diferencia a la literatura de la historia es que esta expone las cosas que han sucedido y aquella las que podrían suceder. Es necesario insistir en que Aristóteles fundamenta la imitación de «las acciones de los hombres», es acaso esto lo que posibilita que lo verosímil tenga espacio en la literatura. De ahí estriba entonces que el concepto de verosimilitud sea uno de los ejes esenciales dentro de la concepción de la ficción, con lo que inaugura Aristóteles una de las facetas más relevantes de la ficción, la relación entre realidad e imagen creada. Continuando a Aristóteles, es imprescindible apuntar que sus concepciones han sido punto de partida para posteriores teorizaciones sobre la ficción, y aún hoy estas son consideradas como ejes básicos para el discernimiento de la creación literaria. Desde su promulgación, las teorías aristotélicas han sembrado tanto seguidores como detractores. Mijail Bajtín se ha referido a la literatura como un proceso en el cual se refleja y refracta la realidad, de manera tal que no se presente como una mera copia, sino como una transformación creadora de la misma.27Para Bajtín el término «refracción» comunica la idea de transformación. Por su parte otro estudioso, Víctor Antonio Bravo, reconoce que en el ámbito de la ficción siempre existe en relación indisoluble con el ámbito de lo real, y que tal nexo tiene, fundamentalmente, dos vías de representación. En la primera, la ficción intenta transparentarse para en su lugar dar paso a lo real; y en la segunda, la ficción se identifica con lo verosímil, con lo real. Con esto la ficción, según sus criterios, adquiere y demuestra su razón de ser, existe porque expresa lo real al constituirse en lo verosímil.28 No obstante al referirse a la relación dialéctica entre realidad y ficción, Bravo (desde su posición postestructuralista) se detiene en la presencia de la alteridad, que entiende como la 27 Sin embargo, también se han manejado criterios que arremeten contra la anterior idea, al respecto es posible hallar concepciones como la de Margarita Schulltz (Estética, mentira y ficción) quien entiende la ficción como mentira, sin tener en cuenta que encierra también el mundo de lo posible, porque como imaginación es producto de la conciencia, como reflejo casi exacto del ser humano, y representación, a su ves, de lo universal, de lo general, aunque a nivel de determinados discursos y géneros no se excluya lo singular. 28 Victor Antonio Bravo: La irrupción y el límite, Universidad Nacional Autónoma de México, 1988, pp.30. 20 representación de dos ámbitos distintos e interrelacionados; y que supone a su vez una frontera que separa los territorios y que se convierte en un elemento significativo. Igualmente declara la complejidad de dicha relación, y al respecto comenta: «Solo la relativa autonomía del ámbito de la ficción permite y genera esa complejidad de inversiones donde el límite que separa los ámbitos se convierte en un laberinto o en un espejismo.»29 En los años noventa del siglo XX, el escritor y ensayista Juan María Calles en su tesis doctoral «La modalización en el discurso poético»30, específicamente en su capítulo primero, se dedica a profundizar en lo concerniente a la relación entre la comunicación literaria y el estatuto de la ficción. El autor se aventura en el mismo, hacia un recorrido crítico que contempla diferentes criterios o abordajes teóricos que este tema ha suscitado, sobre todo en el ámbito de la creación poética; objeto último de su análisis. Partiendo primero, de que la discusión sobre el estatuto ficcional de la literatura es acaso uno de los conflictos más acuciantes de la teoría literaria contemporánea; y luego reconociendo que las teorías relativas a la ficción se han circunscrito en la mayoría de los casos en la indagación de las propiedades distintivas del texto y el lenguaje literario; y aduciendo, finalmente, que la literatura se define como un discurso de ficción frente al discurso natural, y que es definitiva, un género ficcional en sí mismo; Calles justifica su acercamiento a tal temática. Ante tales prerrogativas, el estudioso se da a la tarea de comprobar si realidad y ficción suponen estatutos comunicativos diferenciados. En su epígrafe dedicado al discurso ficcional, Calles reconoce que la caracterización del lenguaje literario desde el concepto de ficcionalidad halla su origen en Aristóteles, y asume que esta condición puede ser analizado bidireccionalmente: por una parte, se refiere al proceso mismo de la comunicación y al carácter retórico que le es inherente (desdoblamiento comunicativo y hablar ficticio); mientras que por otro lado, relaciona la obra literaria y la realidad extraliteraria. De manera general, Juan María Calles va ofreciendo, entre el análisis crítico a otros autores; sus propias reflexiones, que se dirigen a 29 Ídem, pp.33. 30Juan María Calles: «La modalización en el discurso poético», Edición digital, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1997, en http://visvives.com/servlet/SirveObras/…/009402-1-pdf (Encontrado el 20-03-2011) 21 concebir el surgimiento de la ficcionalidad del discurso literario a partir de su ubicación en el contexto de su situación comunicativa. También examina que el discurso ficticio puede abarcar, tanto estructuras verbales como poemas, novelas, guiones de teatro, (lo que habitualmente es llamado literatura); a la vez que incluye otras, como ciertas actuaciones lúdicas de los niños o algunos anuncios publicitarios. Igualmente argumenta: El concepto de ficción tiene una naturaleza puramente discursiva, no ontológica, y constituye un ámbito de uso de la lengua específico marcado por una especial contextualización y un uso especial del esquema y acto comunicativos, que afecta a la ubicación y entidad de los participantes en el acto mismo de la comunicación. Se trata de una compleja relación cambiante a lo largo de la historia y que se rige por un sistema de convenciones. […] El discurso ficticio ofrece la posibilidad de utilizar el discurso natural incluso para intentar decir lo “indecible”. En el discurso ficticio, entre el lector y el autor comienza una relación especial que está regida por suposiciones, obligaciones y responsabilidades diferentes a las de un enunciado natural […]. Somos conscientes de que tanto el discurso natural como el ficticio son categorías funcionales que suponen un complejo sistema de transacciones entre los interlocutores del proceso. Sabemos que tras toda transacción lingüística hay una transacción social, y en todo discurso literario hay primero un intercambio lingüístico.31 Juan María Calles sitúa como una necesidad, atender a la función estética del discurso ficticio, ya que la interpretación del mismo es más placentera en cuanto escapa a las presiones pragmáticas que exige la interpretación del discurso natural; y que este también ofrece la posibilidad de otras formas de percepción y cognición al margen de la propia interpretación. Sin dudas, sus teorías señalan ineludibles puntos de contacto con la teoría aristotélica, sobre todo en lo referente a la ficción como una relación indisoluble entre realidad e imagen creada. Por otra parte, el intelectual puertorriqueño Melvyn Torres entiende el problema de la «verdad» en el texto narrativo a través del concepto de ficción; de esta temática y otras se ocupa en su capítulo «Conceptos sobre el relato, ficción y género testimonial» en su libro 31 Ídem, pp.15. 22 Contar el tiempo. Aproximaciones a la narrativa de Pablo de la Torriente Brau. En la labor de dilucidar tal conflicto, Torres postula importantes criterios de otros autores, en los cuales se basa y apoya; entre ellos se cuentan las consideraciones de José Pozuelo Yvancos. Respecto a este intelectual caribeño, cree oportuna la reproducción de las sentencias iniciales de su libro Poética de la ficción (1993), con el objetivo de esclarecer que la ficción acaba refiriendo, ya sea directa o simbólicamente la experiencia real del lector: La cuestión de la ficción literaria puede comenzar a entenderse cuando nos resistamos a la tradicional e ingenua contraposición de la literatura/realidad como dos esferas independientes y en la que la literatura supusiera una “versión” más o menos cercana a lo real, los hechos, la historia. Veremos cómo es dificilísimo aprehender un concepto de realidad que en sí mismo no implique elementos de ficción.32 Las ideas anteriormente expuestas caracterizan las perspectivas críticas que asume José María Merino ante la realidad, desde el punto de vista de su relación con la ficción, entendida esta como lo posible, lo verosimil, y lo universal. La ficción surgió con el objetivo de intentar darle un sentido a la realidad; por lo que su estudio tiene como estrategia, una búsqueda de los sentidos del texto artístico; y la ficción de la literatura, como la de todo arte, es una forma de expresar la cultura. Desarrollada la exposición de teorizaciones diversas sobre el concepto de ficción, se puede asumir una concepción de ella. De esta forma, se entiende que en cuánto a la ficción es pertinente hallar sus orígenes más elevados en Aristóteles y su concepción de la mímesis como representación de lo universal que es posible y verosímil; teoría que ha sido heredada por numerosas figuras que se cuentan, desde Cervantes hasta criterios más actuales como el expuesto por Juan María Calles. Además, tiene como una de sus facetas más significativas: la relación entre realidad e imagen creada; y una de las sendas más originales de reafirmación creadora del sujeto social ante su propia identidad. 1.2.1- El fantástico; una expresión de la ficción. Concepto El cuento fantástico contemporáneo se caracteriza por la narración de acciones cotidianas, comunes y naturales, que en un determinado momento da paso a un hecho sorprendente e 32 Melvyn Torres: Contar el tiempo. Aproximaciones a la narrativa de Pablo de la Torriente Brau, Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2006, pp. 58. 23 inexplicable que entre otros procesos, provoca un estado de desconcierto en el lector. Para una mejor comprensión del fenómeno se hace pertinente entonces el discernimiento del concepto fantástico. A partir de los años 60 se elaboran teorías sobre la base de una concepción dual o dualista de la ficción (como otra realidad), como la que defiende Víctor Bravo33, quien igualmente alega que la ficción que pone en escena lo fantástico es una de las expresiones de esta última vía y puede caracterizarse por la irrupción de un ámbito en el otro, transgrediendo el límite que los separa. Profundizando en el fantástico, tema que ha propiciado una amplísima bibliografía teórica; es imprescindible tener en cuenta que como expresión de la ficción, se realiza en la práctica artística de los diferentes autores, de modos diversos. Resulta necesario tener en cuenta, que es portador de pensamientos o sentimientos en correspondencia con su sujeto creador y su contexto sociocultural; mediante distintos recursos brinda la sensación de lo inexplicable y lo ilógico. De forma general, en su acepción amplia se muestra mediante la ciencia ficción y lo fantástico propiamente dicho. Todavía se debate la inclusión o no dentro del fantástico, del realismo mágico y lo real maravilloso. Y aún se encuentran criterios que cuestionan esta subdivisión, al respecto se cuentan con las consideraciones de Arnaldo Toledo, quien en su reciente estudio titulado Exploraciones en la zona fantástica aborda críticamente las más reconocidas posturas que el tema ha propiciado, así como el desarrollo de la literatura fantástica en Cuba, y excluye de su material investigativo la literatura de ciencia ficción y los cuentos maravillosos para niños. Al referirse a lo sobrenatural, característica que para muchos críticos justifica la aparición del hecho fantástico, el autor alega las diversas funciones que esta categoría ejerce en la realidad, y aclara que su origen no se debe legítimamente a la creación literaria y que mucho debe la invención fantástica a la fantasía popular. Más adelante afirma, el profesor cubano: Con ello lo fantástico deja de significarse solo como una historia ficticia, un relato de acontecimientos caprichosos, un “romance” en el lenguaje anglosajón, para mostrarse 33Victor Antonio Bravo: La irrupción y el límite, Universidad Nacional Autónoma de México, 1988, pp.74. 24 como algo emergido de la propia realidad del hombre, profundamente enraizado en la vida, y por tanto, en ese sentido, extraordinariamente significativo, revelador y “real”.34 Se debe aclarar que el fantástico, aún cuando es una expresión de la ficción, es a su vez un discurso que conforma imágenes que no coinciden con el código esencial de la ficción que concibió Aristóteles, pues rompe con la verosimilitud; aunque puede estar en función de una concepción racionalista del mundo, que reconoce el poder de la imaginación, de ahí que pueda tener una actitud crítica y reflexiva ante la realidad. Por su parte, Tzvetan Todorov, en Introducción a la literatura fantástica, obra que se ha constituido como punto de partida para posteriores teorizaciones sobre el tema; parte de las teorías presentadas por Caillois y Vax, tomando también las ideas sobre lo siniestro de Freud, e intenta construir un modelo del hecho fantástico en sí. Inicialmente comenta: «La expresión “literatura fantástica” se refiere a una variedad de la literatura o, como se dice corrientemente, a un género literario»35por lo que se vuelca a descifrar la naturaleza de los géneros literarios, y por tanto, a demostrar la pertenencia del fantástico a tal categoría. Para Todorov, lo fantástico se basa esencialmente en la vacilación del lector, que considera una condición «facultativa», cuando una vez identificado con el personaje y ante un suceso extraño; se presenta una importante disyuntiva: En un mundo que es el nuestro, el que conocemos […] se produce un acontecimiento imposible de explicar por las leyes de ese mismo mundo familiar. El que percibe el acontecimiento debe optar por una de las dos soluciones posibles: o bien se trata de una ilusión de los sentidos, de un producto de imaginación, y las leyes del mundo siguen siendo lo que son, o bien el acontecimiento se produjo realmente, es parte integrante de la realidad, y entonces esta realidad está regida por leyes que desconocemos […] Lo fantástico ocupa el tiempo de esta incertidumbre.36 34 Arnaldo Toledo: Exploraciones en la zona fantástica, Ediciones Capiro, Santa Clara, Cuba, pp.84. 35 Tzvetan Todorov: Introducción a la literatura fantástica, PREMIA editora de libros, México, 1981, pp. 3. 36 Ídem, pp. 13. 25 A lo largo de su exposición, Todorov hace uso de varios supuestos conceptuales como realidad, imaginación y sobrenatural, a la vez que se dedica a caracterizar las relaciones entre lo fantástico, la poesía, y la alegoría. En este recorrido, distingue entre lo extraño, lo fantástico y lo maravilloso, situando la división de estas posibilidades en la duda del lector; de manera que se constituyan como subgéneros no excluyentes. Según su criterio, quien mantenga la duda sobre la naturaleza de ciertos acontecimientos que parecen salirse de lo normal, está en el ámbito de la literatura fantástica; si esta duda se disipa, se cae en el terreno de lo extraordinario (si son hechos naturales) y en lo maravilloso (si son sobrenaturales). Este modelo que ilustra tres expresiones del hecho fantástico, es un aporte esencial para el mayor entendimiento de la inmensa producción literaria de tipo fantástica; aunque es criticable la delimitación de estas expresiones en un elemento extratextual. La obra de Todorov, es considerada, como bien se había comentado anteriormente, una fuente canónica del estudio de lo fantástico, son muchas las reconvenciones que se le han hecho a sus teorías. La mayoría de los teóricos que se han acercado al tema, parten de las consideraciones de este autor para esbozar sus propios criterios. Tal es el caso de Harry Belevan, que si bien critica algunos aspectos de las concepciones o actitudes de Todorov, entre ellas su afán por penetrar en la representatividad de lo fantástico (a través de los efectos, causas, modalidades, formas y temas) y no en su esencia; también lo retoma cuando este expresara: «La literatura fantástica representa, por un lado, la quintaesencia de la literatura; en la medida en que el cuestionamiento del límite entre lo real y lo irreal propio de toda literatura, se convierte en su centro explícito».37A diferencia de Todorov, este autor sostiene el criterio de que lo fantástico no se corresponde con un género literario, sino que surge como un elemento eminentemente reflexivo que existe en la medida en que se tiene conciencia de su aparición.38 Flora Botton Burlá en Los juegos fantásticos, resume teóricamente las distintas concepciones aportadas, así como las características generales de esta categoría. Esta autora 37 Harry Belevan: Teoría de lo fantástico: Apuntes para una dinámica de la literatura de expresión fantástica, Barcelona, Editorial Anagrama, 1983, pp. 79. 38 Entre las razones que alega Belevan para eximir a lo fantástico de constituirse como género literario se encuentran las siguientes: no puede haber “escogencia fantástica” en el autor; y lo fantástico carece de geografía y de historia, de ahí la no necesidad de situarlo en algún contexto referencial de civilización. 26 sustenta la concepción de que lo fantástico se halla en suspenso entre lo extraordinario y lo maravilloso, rompiendo así, en muchas ocasiones, el débil equilibrio en que se encuentra. También señala la presencia de determinadas características de un texto para provocar en el lector “el sentimiento de lo fantástico”, como son: la ambigüedad, la duda, la transgresión del mundo presentado…; a la vez que aclara la no existencia de temas específicamente de índole fantástica, pero sí ciertos motivos que suelen prestarse con mayor frecuencia. Se han estipulado criterios más radicales en cuanto a la verosimilitud o no del cuento fantástico. Ejemplo de ello son las concepciones de Arturo García Ramos, quien al analizar el desarrollo del cuento fantástico hispanoamericano reconoce que desde otra perspectiva, este se propone profundizar en la significación del mundo circundante fungiendo como una metáfora o alegoría del mismo. Advierte que «lo interesante respecto al cuento fantástico es advertir en que manera depende este de la realidad, o bien, preguntarse si puede prescindir por completo de ellos»39Es que para este autor, la ficción no constituye un vehículo para escapar de la realidad cotidiana; sino un instrumento para expresar lo que la literatura realista no alcanza a mostrar, y se aventura a asegurar que por su valor de metáfora de la realidad la literatura fantástica trae consigo una visión más completa de lo real.40 Sostiene, contrario a lo que otros críticos han asegurado, que es el cuento fantástico más verosímil que cualquier otro género. Asume que lo verosímil alude a que lo representado tiene alguna relación con lo real en el sentido de que la verosimilitud atañe a aquello que es posible; y también a que la verosimilitud ha de definirse en su significación, en el sentido de sus nexos con lo que es creíble, y por tanto probado para la opinión pública; aunque en la práctica el autor no aclara lo suficientemente esta creencia. La relación de la literatura fantástica con la realidad, como la de toda ficción, ha sido un elemento clave en el estudio de esta modalidad literaria, tal nexo, si bien se ha transparentado en las concepciones críticas de la mayoría de los autores abordados, halla acaso su momento más álgido en cuanto a su debate y consideración, en épocas 39 Arturo García Ramos: «Mímesis y verosimilitud en el cuento fantástico hispanoamericano», en Anales de la literatura hispanoamericana, #16, Cátedra de Literatura Hispanoamericana, Facultad de Filología, Universidad Complutense Madrid, 1987, pp. 82. 40 Al respecto, también añade: «El lector debe reconstruir una realidad abolida en su lectura, no puede volver a enfrentarse de igual modo con su entorno; se ha cuestionado la realidad no en un caso excepcional, sino en todos los casos no excepcionales, y una vez acabada la lectura lo fantástico permanece en tanto que pertenece la duda sobre lo qué sea lo real.» 27 contemporáneas. Un ejemplo de ello es el estudio realizado por David Roas, presentado por el autor en el Tercer Coloquio Internacional de Literatura fantástica celebrado en el año 2001, titulado «Contexto sociocultural y efecto fantástico: un binomio inseparable». En el mismo, Roas defiende el carácter esencialmente reflexivo de la literatura fantástica cuando afirma: El gran efecto de lo fantástico es provocar, y por tanto, reflejar la incertidumbre de la percepción de lo real […] Por tanto, no podemos mantener nuestra recepción limitada a la realidad intratextual cuando nos enfrentamos con un relato fantástico. Relacionando el mundo del texto con el mundo real se hace posible la interpretación del efecto amenazador que lo narrado supone para las creencias respecto a la realidad empírica.41 Este autor continúa con la concepción de la aparición del hecho fantástico como transgresión o amenaza, pero con la noción de que esta es empleada con el fin de intensificar el efecto moral de la historia sobre el lector. Para Roas, la función primera del texto fantástico es, precisamente, transgredir; por ello considera que cuando esta transgresión desaparece o pasa a un estado secundario, el relato no puede ser considerado fantástico. También afirma que la cualidad fantástica de un texto no es nunca apriorística sino que se percibe a medida que avanza la lectura. A diferencia de Todorov, contrapone el mundo fantástico al mundo maravilloso, por cuanto este último se presenta, desde un inicio, como un mundo inventado donde cualquier cosa puede suceder; mientras, el mundo que se construye en el texto fantástico ofrece claros signos que pueden ser interpretados a partir de las experiencias del mundo «real» que tiene el lector. Sostiene: «Esto supone ir más allá de definiciones de carácter estructuralista o inmanente, como la de Todorov que esquiva el problema de la relación con lo real afirmando que la existencia de lo fantástico depende únicamente de la reacción del lector implícito, una entidad que forma parte del mundo ficcional.»42 41 David Roas: «Contexto sociocultural y efecto fantástico: un binomio inseparable» en Odiseas de lo fantástico, Ana María Morales, José M. Sardiñas (edit.), Tercer Coloquio Internacional de Literatura fantástica, 2003, pp. 39-56. 42 Ídem, pp. 48. 28 Lo que más llama la atención de los distintos criterios que esgrime Roas, es su idea de que para definir el fantástico como género es necesario contrastar el mundo del texto con el contenido sociocultural que vive el lector; y que, por tanto, es pertinente llevar a cabo una lectura referencial de los textos fantásticos para ponerlos siempre en relación con el contexto extratextual que este vive. De esta forma, Roas concibe que la literatura fantástica tiene, como fin último y distintivo, el provocar la duda en el lector sobre su realidad y su identidad misma.43 Sobre la relación entre intertextualidad y fantástico expone: Como se hace evidente, la condición genérica que estoy exponiendo para definir lo fantástico se sitúa en la dimensión pragmática del texto, en la forma como este es leído e interpretado puesto que, a mi entender, lo fantástico depende directamente de la idea de la realidad que tiene el lector. Dicho de otro modo, para definir el género fantástico es necesario contrastar el mundo del texto con el contexto sociocultural en el que vive el lector. El discurso fantástico es un discurso en relación intertextual constante con ese otro discurso que es la realidad, entendida como construcción cultural.44 Donde si no caben dudas es en que la apreciación de cómo, a lo largo de su trayectoria literaria, José María Merino ha sabido crear un mundo de ficción en el que la realidad cotidiana convive junto al mundo de misterio de la imaginación; y la endeble frontera que separa ambos espacios, lo real y lo fantástico, y las inevitables sugerencias que se derivan de dicho contraste, impiden cualquier tipo de interpretación unívoca pues la obra de este escritor, vital y compleja, permite acercarse a ella desde múltiples perspectivas. El propio Merino se ha referido a la naturaleza del hecho literario al comentar: «Las cosas, los sucesos, existen en tanto que se cuentan, pues únicamente su relato consigue que adquieran la dimensión de lo que se puede identificar y comprender. Y lo fantástico establece con 43 José María Merino ha comentado: «Creo que la identidad es el gran tema de nuestro tiempo. La vertiginosa sucesión de noticias, ese conocimiento, bien que superficial, pero angustioso, de los sucesos cambiantes, la conciencia de lo relativo de todo, […] De ahí los intentos tantas veces irracionales de determinadas repercusiones de identidad. En mi caso la intuición de ese tema se une a otros aspectos: el del doble, el del apócrifo. Todos ellos serían variaciones sobre pérdida de identidad y el intento de su recuperación por los caminos de lo imaginario.» (Luis Mateo Díez: «José María Merino, el novelista como mediador», El Urogallo, #1, 1986, pp. 28.) 44David Roas: «Contexto sociocultural y efecto fantástico: un binomio inseparable» en Odiseas de lo fantástico, Ana María Morales, José M. Sardiñas (edit.), Tercer Coloquio Internacional de Literatura fantástica, 2003, pp. 47-48. 29 certeza esa realidad, independiente, distinta de la vivida y cercana a los sueños que solo la literatura es capaz de sugerir y suscitar.»45 Luego de las diversas teorizaciones sobre el concepto del fantástico. Se entiende que es pertinente acordar que el fantástico es una de las expresiones más genuinas de la ficción y que puede expresarse a través de una gama de procedimientos, como son: lo maravilloso, la ciencia ficción y el fantástico propiamente dicho. Por otra parte, lo fantástico no implica necesariamente, una ruptura con la realidad aunque se exprese en imágenes no creíbles y no posibles; ya que se enuncia con una sustentación metatextual que remite a la lógica de disímiles fenómenos de la realidad sociocultural, (tal y como lo concibe David Roas). Resulta esencial reiterar que el fantástico no constituye una alteridad con respecto a la realidad, sino una manera de mostrar lo que ante el hombre se manifiesta como no verosimil o no posible, y eso a nivel de la ficción. Representa una imagen que lleva aparejada una serie de recursos, podemos citar por su empleo en los cuentos que se analizan los siguientes: lo onírico, la transformación de sujetos y objetos, la extrema ambigüedad, y la existencia de mundos paralelos. Conclusiones parciales De acuerdo a lo expuesto hasta el momento sobre intertextualidad, ficción y dentro de ella el fantástico, se observa que son conceptos de esencia cultural, que en la narrativa de José María Merino y en particular en la selección de Cuentos de los días raros objeto de análisis, se interrelacionan. Resulta necesario destacar que la concepción que se maneja sobre la intertextualidad en el análisis de la selección de cuentos tiene su sustentación principal en la teoría de la dialogicidad de Bajtín. En cuanto a las tipologías abordadas, aunque existen estas cuestiones de recursos no tomados al pie de la letra, sí constituyen documentos conductores en la teoría. En lo que respecta a la ficción, el punto de partida que se maneja se encuentra en la Poética de Aristóteles, que ha sido recepcionada positivamente por estudiosos de la literatura en la actualidad, entre ellos: Juan María Calles y David Roas. En este sentido, el fantástico aún cuando implica una ruptura con los códigos aristotélicos, en última instancia tiene un basamento cultural. 45José María Merino: Cincuenta cuentos y una fábula (prólogo), en http://www.alfaguara.com/es.libro/50-cuentos-y. (Encontrado el 1-03-2011) 30 Con respecto a la metodología a seguir para el análisis de los cuentos; a través del procedimiento comparativo, se confrontarán en los textos ficción e intertextualidad respectivamente, en la búsqueda de significados y sentidos generados, ello implica la atención al factor semántico, estableciendo el análisis de contenido como otro procedimiento a seguir. Todo esto dentro de una concepción teórico-metodológica superior, referida a la relación entre tradición y revolución en términos de proceso de la cultura. 31 CAPÍTULO 2 LA INTERTEXTUALIDAD EN UNA SELECCIÓN DE CUENTOS CORRESPONDIENTES AL LIBRO CUENTOS DE LOS DÍAS RAROS 2.1- Consideraciones iniciales La colección de relatos Cuentos de los días raros fue publicado en el 2004 por la editorial Santillana con nota del propio autor. Desde su aparición ha sido considerada como una de las creaciones más representativas de la cuentística desplegada por José María Merino, por cuanto resume algunos de sus grandes temas y emplea un recurrido procedimiento: la intertextualidad. Para llevar a cabo el análisis intertextual propuesto, en una primera instancia, será imprescindible indagar en la obra cuentística de Merino, y su consiguiente inserción en el ámbito literario español en los años iniciales del presente siglo; con el objetivo de incidir directamente en las constantes de su quehacer artístico, así como propiciar un acercamiento crítico a la figura de este escritor. En un segundo momento se impondrá ya, el examen intertextual de una selección de estos cuentos. Desde mediados de los años setenta hasta finales de la década del 90 y comienzos del siglo XXI en la Literatura Española, han ido apareciendo un significativo número de narraciones que muestran y denuncian el desencanto, la apatía y la acomodación al sistema. Se pone de manifiesto en estos textos la desilusión por el contraste entre el riesgo y las esperanzas que se pusieron en el cambio político después de 1975, tras la muerte del dictador falangista Francisco Franco y los derroteros; sin embargo, que tomó la vida española y muchos militantes de izquierda, conforme se iba asentando la democracia. La idea de un incierto fiasco vital se proyecta sobre el fin de siglo español, actualizando este enfoque culturalista como síntoma de un profundo desencanto. La noción «de lo que pudo haber sido y no fue»46, el proyecto malogrado o un mero error de perspectiva 46 Jesús Ferrer Solá: «La estética del fracaso en la actual narrativa española», Cuadernos Hispanoamericanos # 579, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Gráficas Varona, Madrid, septiembre-1998, pp.17-25. 32 desembocan en una consideración fraudulenta de la realidad, posibilitando tramas, argumentos y psicologías de fecunda y renovada originalidad. En muchos de los textos se mezclan la crónica y la ficción, los personajes reales y los inventados. El intento de rescate de un tiempo perdido supone también el reencuentro con la propia identidad, el choque definitivo con una realidad que se acaba imponiendo y que les obliga a asumir, definitivamente, sus obligaciones y responsabilidades. En la narrativa que se desarrolla de los 80 a los 90 del pasado siglo, destacan algunos caracteres que luego serían constantes en la obra de sus principales exponentes. Se aprecia una tendencia a «sentimentalizar el mundo»47, manifestándose así una subjetividad y una introspección psicológica del ser humano en la reafirmación de su propia individualidad; el tono discursivo ambiciona la identificación con el público lector bajo la aparente comprensión de su singularidad; y en cuanto al estilo, se advierte una delineada postura postmoderna. Ángeles Encinar y Anthony Percival en el prólogo a El cuento español contemporáneo, trazan un breve y a la vez esclarecedor panorama literario del desarrollo de este género desde la guerra civil hasta principios de los años 90 del siglo XX. En su recorrido, advierten que a partir de la década del setenta se ponen de manifiesto dos tendencias fundamentales dentro del cuento español: el interés por «el mundo femenino y la autorreflexividad del relato»48; en esta última vertiente se ubica José María Merino, y si bien este no es el único tema que aborda este autor, se encuentra dentro de los más relevantes dentro de su obra. Ciertamente, entre los autores más reconocidos de la promoción literaria española que se ha desarrollado a partir de la década del 70 del pasado siglo, se encuentra José María Merino Sánchez. Este escritor, ensayista y poeta español nacido en La Coruña el 5 de marzo de 1941; se trasladó tempranamente con su familia a León, transcurriendo allí la infancia y adolescencia del futuro intelectual. En 1957 se fue a Madrid para estudiar Derecho y después de obtener su licenciatura ingresó en el Ministerio de Educación. Sus responsabilidades como director del Centro de las Letras Españolas le dieron la oportunidad 47 48 Ángeles Encinar y Anthony Percival: El cuento español contemporáneo, Editorial Cátedra, Madrid, 1993, pp. 26. 33 de promover y difundir la literatura. Durante sus viajes a Centroamérica en misiones de la UNESCO conoció de primera mano el mundo que serviría de escenario a sus novelas La orilla oscura (1985) y, posteriormente, a Las crónicas mestizas (1992). Merino se dio a conocer inicialmente como poeta, pero su abundante y prestigiosa obra narrativa ha eclipsado esta labor inaugural. Es necesario aclarar que su quehacer literario abarca un amplio espectro, ya que no se circunscribe únicamente a la novela, el cuento y la poesía; sino también a la leyenda, los libros de viaje y el ensayo, incluyendo además literatura para el público infantil y juvenil. Igualmente es reconocida su labor como articulista y conferenciante, como prologuista de diversos libros y antólogo de cuentos literarios. Al acercarse a su producción artística es apropiado afirmar, sin lugar a duda, que es uno de los autores actuales de mayor prestigio, reconocido tanto por el público lector como por la crítica. Su obra ha sido galardonada con importantes premios, entre ellos cuentan: el Premio Novelas y Cuentos en 1976 por Novela de Andrés Choz, su primera obra narrativa; y el Premio Nacional de la Crítica en 1986 por La orilla oscura. Con Los trenes del verano –No soy un libro- se le concedió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1993. En el año 1996 su novela histórica Las visiones de Lucrecia alcanzó el Premio Miguel Delibes; El heredero, en el 2004, el Premio de Narrativa Ramón Gómez de la Serna; y en 2006, El lugar sin culpa fue premiada con el Torrente Ballester. El volumen de cuentos Días imaginarios obtuvo el VII Premio NH de relatos en 2002 y en el 2007 La glorieta de los fugitivos se alzó con el prestigioso Premio Salambó. Toda su obra ha sido reconocida en el año 2008 con el Premio Castilla y León de las Letras, y en marzo de ese mismo año fue elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua. El género cuento ha estado siempre presente en la trayectoria literaria del escritor español, de hecho, él mismo ha enriquecido notablemente el panorama de la cuentística española durante las últimas décadas; no en vano, Merino está considerado como uno de los mejores cuentistas españoles del último tercio del siglo XX y de la actualidad. Entre sus colecciones de relatos más reconocidas están Cuentos del reino secreto (1982), Cuentos del Barrio del Refugio (1994) y Cuentos de los días raros (2004). Sus cuentos tienen como referente esencial el mundo castellano en que se ha formado, incluso con una remisión a la 34 niñez, la adolescencia; fundiéndose lo local con lo universal; y a la vez apreciándose una reflexión eminentemente crítica ante la realidad inmediata. Como expresara Cortázar: «El cuento es como una semilla de un árbol: pequeño pero con mucha fuerza; y es también ilusión, pues más que mostrar, insinúa y juega a la elipsis.»49 En la contemporaneidad se definen dos tipologías fundamentales de cuento: el popular y el literario. El primero se corresponde con el saber tradicional, con el folclore; puede ser anónimo, se trasmite oralmente y tiene como propósito primordial el distraer, el evadir o la enseñanza; mientras que el segundo, posee autor, se ubica temporal, espacial y culturalmente; y responde además a la subjetividad libre de su creador. Para el lector apresurado de estos tiempos es el cuento el género ideal: breve, intenso, sugestivo. Por su función alusiva, el cuento se sale de sí mismo e irradia una imagen más profunda de lo que deja ver a simple vista su mero contenido. Bien apuntaba Cortázar al valorar que: «Un cuento es significativo cuando quiebra sus propios límites con esa explosión de energía espiritual que ilumina bruscamente algo que va mucho más allá de la pequeña y a veces miserable anécdota que cuenta».50 Se pueden citar varios estudios que se dan la tarea de abordar los recursos ficcionales en su obra; de ellos es válido hacer mención de algunos aspectos que se muestran como constantes dentro de su ficción narrativa. Por ejemplo, Antonio Martínez Menchea hace alusión a una serie de oposiciones complementarias en la obra de Merino, -dígase así: realidad-sueño, autor- personaje, literatura-vida y realismo-fantasía; asegurando además que: «Pocas veces en la literatura española se han borrado de una manera tan perfecta los límites indecisos que separan la vigilia del sueño, lo real y lo fantástico, lo imaginado y lo vivido […]».51 Por su parte, Fernando Valls ha apuntado un «tratamiento literario modélico» al referirse a la trayectoria artística de Merino, hecho que argumenta al expresar que «contrapone el pasado y el presente banal, problema que acarrea la pérdida de la memoria y por tanto de la 49 Julio Cortazar: «Algunos aspectos del cuento», en Casa de las Américas, # 15-16, año 2, noviembre 1962- febrero 1963, pp. 3-14. 50 Ídem, pp. 10. 51 Antonio Martínez Menchea: «La doble orilla de José María Merino», en Cuadernos Hispanoamericanos, # 439, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Gráficas 82, S.A., Madrid, enero-1987, pp. 117. 35 identidad; más que significativo es cómo se vale de los procedimientos típicos de la literatura fantástica y el misterio, para insuflarles un contenido crítico con respecto a la realidad».52 También Vance R. Holloway se ha acercado al estudio de la obra narrativa de Merino, específicamente a examinar las constantes subyacentes a la confabulación de la realidad, la fantasía y la metaficción en la misma, estableciendo como constantes importantes el nexo entre los elementos antes señalados y el mito en la representación del sujeto humano contemporáneo. Aunque el autor enfoca su examen en la novela La orilla oscura, sus criterios resultan esclarecedores y oportunos para una comprensión de toda la obra de Merino, incluyendo su cuentística, al decir: En efecto, la narrativa de Merino constituye una urdimbre de escritores, lectores, procesos, compositores y leyendas compuestas. Sugiere que uno llega a conocerse a través del discurso, en los textos de los demás, construyéndose a raíz de elementos intertextuales. Las obras de Merino yuxtaponen una búsqueda de fuentes míticas que llevada a su final acabaría en la nada de la pérdida de uno mismo mediante un proceso de desidentificación y metamorfosis terrible pero también deseable. Plantea además un constante rodeo, un desplazamiento en la existencia textual, una circunscripción que reitera una y otra vez cómo se entretejen en el sujeto contemporáneo los recuerdos, las imaginaciones, las ensoñaciones, las lecturas y los pensamientos. […] En las novelas de Merino, esta circunscripción perceptiva se realiza a través de las dimensiones metaficticias de los protagonistas que andan alrededor del monomito del eterno retorno. Ellos ciernen la dádiva de la eternidad mediante su papel doble como autores y lectores. Asimismo nosotros nos escribimos, nos leemos y somos leídos en el gran texto monomítico de la vida histórica.53 El denodado empeño de Merino en el cultivo del cuento literario es digno de reconocimiento, pues desde los lejanos tiempos de su primer libro de relatos, Cuentos del 52 Fernando Valls: «El bulevar de los sueños rotos» en Cuadernos Hispanoamericanos # 579, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Gráficas Varona, Madrid, sep. 1998, pp. 27-37. 53 Vance R. Holloway: «La circunscripción del sujeto: metaficción, mito e identidad en la narrativa de José María Merino», en Anales de la Literatura Española Contemporánea, Vol. 21, Issues 1 - 2, 1996, pp. 98-99. 36 reino secreto, el escritor ha conseguido construir un mundo narrativo de infrecuente coherencia y no menos rara belleza. Sus temas y motivos predilectos, sus paisajes, los escenarios de su imaginación y su memoria, hasta algunos personajes que reaparecen constantemente hasta adquirir un aire familiar y entrañable, los ha reiterado una y otra vez en diversas formas y versiones, y; sin embargo, el lector encuentra siempre entre ellos el estímulo para disfrutar de un renovado y provechoso entretenimiento que no excluye ni la emoción de la ternura ni tampoco el paradójico deleite del escalofrío. La narrativa de José María Merino retoma mucho de su propia vivencia, tanto real como imaginaria, pero con el objetivo de trascenderlas, por medio de recurrencias fantásticas y míticas. Se trata de un autor que manifiesta un interés por descubrir lo oculto de las cosas y lo inexplicable de los sucesos, de forma que los límites entre la apariencia y la realidad se mezclan llegando a confundirse. Los territorios recorridos por los Cuentos de los días raros son más variados que los de otros volúmenes de cuentos del escritor leonés. A diferencia de libros anteriores como Cuentos del reino secreto, El viajero perdido o Cuentos del Barrio del Refugio, cuya unidad es indiscutible; este nuevo volumen presenta cierta dispersión, pues ni todos los cuentos son fantásticos, ni hay un cronotopo característico de las historias que en ellos se desarrollan, y por último, no existe un modelo común para sus protagonistas ni para sus estructuras narrativas. Lo cual no quiere decir, que los Cuentos de los días raros carezcan de la trabazón que es seña de identidad de anteriores colecciones; sino que es una colección de cuentos que presenta características particulares, que permiten establecer determinada unidad entre los relatos que la conforman. 2.2- Análisis intertextual de una selección de cuentos de Cuentos de los días raros De manera general, José María Merino dentro de los Cuentos de los días raros configura tres tipos de relaciones intertextuales fundamentales: texto-texto, texto-género y texto- realidad, asumiendo estas importantes implicaciones en el contexto sociocultural español. Siguiendo las tipologías de relaciones intertextuales expuestas por Nycz, se pretende evidenciar mediante un análisis más detallado la relación entre texto-género (algunos cuentos a analizar y el género testimonio); sin dejar de comentar que mediante el discurso 37 eminentemente metatextual que muestran casi todos los relatos, este toma un tono ensayístico. De igual forma, la relación texto-texto será puesta al descubierto mediante la promulgación alusiva de distintos referentes literarios de la literatura española, europea y latinoamericana que se dan cita en los relatos. Por último, la relación texto-realidad se observa principalmente a partir de la alusión, casi siempre desde el punto de vista testimonial, a la realidad española e internacional. El estudio intertextual que se pretende realizar en una selección de los Cuentos de los días raros, permitirá descubrir las relaciones entre la tradición y la renovación en la obra de Merino; así como también evidenciará la forma en que un texto asimila un producto cultural heredado, transformándolo y renovándolo al mismo tiempo.54 Estos tipos no se presentan de manera yuxtapuesta en los respectivos cuentos, sino que, en la integridad de los mismos, se imbrican. Dentro de los quince relatos que componen los Cuentos de los días raros se ha realizado una selección de siete cuentos, teniendo en cuenta que presentan un empleo más significativo de marcas intertextuales, los cuales resultan objeto de análisis. Ellos son: «Mundo Baldería», «Papilio Síderum», «Celina y Nelima», «All you need is love», «La impaciencia del soñador», «El viaje secreto», y «El apagón». El análisis ha sido organizado atendiendo en cada caso a la asunción de la tipología intertextual. En el primer grupo se analizan los cuentos en que son dominantes los tipos intertextuales texto-realidad y texto- género; en este caso se encuentran «Celina y Nelima», «La impaciencia del soñador» y «El apagón». Mientras que los cuatro cuentos restantes se destacan por un marcado empleo de la metatextualidad. Lo más llamativo de la mayoría de estos cuentos, en los cuales se vinculan intertextualidad y ficción (dentro de ella el fantástico), es que como suele ocurrir en la narrativa breve del escritor leonés, la irrupción de lo extraordinario no desemboca en ese efecto de inquietud y sobresalto –el miedo– que para muchos estudiosos constituye el fundamento emocional de lo fantástico; sino en una especie de aceptación o reconocimiento 54 Luis García Montero en su estudio «Palabras de honor», dedicado a abordar la trascendencia de la ficción en la más monumental obra cervantina, sin proponerse hacer un examen sobre la intertextualidad, comenta: «El escritor no solo hereda una tradición sino que rehace la tradición con su obra nueva, porque reordena el pasado con un cambio de perspectiva: “los monumentos existentes conforman un orden ideal entre sí”, el cual se ve modificado al introducirse la nueva obra de arte (la que es realmente nueva) entre ellos». En Impresiones sobre el Quijote. Lecturas andaluzas en su cuarto centenario, Granada, Junta de Andalucía, 2006, pp. 113. 38 de que existe otro ámbito de la realidad que apenas se alcanza a vislumbrar, salvo en momentos excepcionales. «Celina y Nelima» Este cuento es uno de los que tiene menor complejidad semántica y estilística. El relato no se relaciona con un propósito específicamente imaginativo, tan habitual en ciertas creaciones fantásticas; sino que la ficción responde a lo más tradicional que emana del siglo XIX. La tecnología computacional se representa mediante algunos de los recursos fantásticos y con ciertas dotes de humor. En el relato, la creación de un programa de inteligencia artificial se toma como pretexto para desencadenar conflictos entre los dos personajes protagónicos: el profesor Souto y Celina, su alumna y amante. Personajes, con un fuerte componente satírico, como parodia de las relaciones interpersonales. La cotidianidad sobre la que se asienta este cuento de Merino, permite interpretarlo como una metáfora o una parábola ilustrativa, de fenómenos que nada tienen de extraordinarios, sino todo lo contrario, en este caso el deterioro de las relaciones personales por un exceso de dedicación al trabajo y por los celos: En pocos días, Souto pasó de la admiración al deslumbramiento, y permanecía tantas horas ante la pantalla del ordenador que Celina tenía que ir a su despachito si quería verlo, y si no le avisaba se le pasaba la hora de cenar.55 (p.15) […] ―Celima, ¿se puede saber que te pasa? ―Trabajando ―murmuró ella―.Nelima, mi vida, dime lo que sientes cuando te tecleo. Y yo aquí, esperándote como una idiota. (p.17) El cuento utiliza desde sus inicios, la función metatextual, aunque no con la significación ideológica y estética de otros cuentos. Aparece nuevamente el profesor Eduardo Souto, personaje recurrente en la narrativa meriniana y, sin duda, alter ego del autor. En esta ocasión se presenta como lingüista, el cual de un momento y sin causa aparente ha dejado de percibir el significado de las palabras; sin embargo, es necesario 55 José María Merino: Cuentos de los días raros, Santillana Ediciones Generales, Madrid, 2004. (Todas las citas son tomadas de los cuentos objeto de análisis, al final de ellas se les colocará la página en que aparecen) 39 subrayar la indagación que se realiza en el texto de la propia confección del léxico, sobre el sentido que posee cada palabra y ahí, precisamente, se encuentra el hecho reflexivo, parte intrínseca de la intertextualidad como fenómeno. Nótese en el siguiente ejemplo la meditación que se realiza sobre el lenguaje en sí mismo: Dejar de percibir el significado de las palabras es la más desdichada enfermedad que le puede aquejar a un lingüista. Eso le había sucedido un día al profesor Eduardo Souto, y con ello se inició para él un largo período de confusión y delirio. La oscuridad de las palabras, en que no conseguía identificar otra cosa que la pura acumulación de los sonidos que la componen, le llevó a buscar en los ruidos naturales el sentido que ya no era capaz de hallar en aquéllas. (p.11) Lo anterior se presenta como alusión. Tratando de reencontrar su identidad, «momentáneamente perdida», el profesor Souto se refugia en la naturaleza, en los ruidos naturales, para intentar encontrar el sentido que ya no era capaz de hallar en las palabras; hasta el punto de convertirse en un vagabundo. Luego de un largo período