Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas Facultad de Humanidades Departamento de Periodismo Título: Primero con la Revolución. Cuatro décadas en la historia del periódico camagüeyano Adelante Autor: Amaury M. Valdivia Fernández Tutor: Lic. Eduardo Labrada Rodríguez Santa Clara, 2009 1 Dedicatoria A Cuba y la Revolución, A mi Familia 2 Agradecimientos A todos los que me ayudaron y, en especial, a los que no. 3 Porque no hay hoy sin ayer. Anónimo 4 RESUMEN Primero con la Revolución es una investigación dedicada a analizar la historia del periódico camagüeyano Adelante desde su fundación en enero de 1959 y hasta comienzos de 1999. Con una perspectiva cualitativa, el estudio se acerca a las características infraestructurales, estructurales y superestructurales de la publicación, y las relaciones que estableció con el contexto socioeconómico y político existente en ese período, comprobando el profundo efecto que tuvo en el sistema de comunicación pública cubano el triunfo de la Revolución 5 INDICE INTRODUCCIÓN................................................................................................................ 7 1. MARCO TEÓRICO....................................................................................................... 10 1.1 Historiar la prensa. Una tarea pendiente ................................................................... 10 1.2.1 La prensa y su contexto............................................................................................. 11 1.2.2 Propuestas en torno a un tema ................................................................................. 14 1.3.1 Dos sistemas, una realidad........................................................................................ 17 1.3.2 Estructurando la sociedad ........................................................................................ 21 1.4. El periodismo y algunas de sus herramientas ........................................................... 27 2. MARCO REFERENCIAL ............................................................................................ 30 2.1 Entre el aislamiento y la ignorancia............................................................................ 30 2.2 El esplendor colonial .................................................................................................... 30 2.3 Independencia o muerte............................................................................................. 311 2.4 En tiempos de «generales y doctores» ........................................................................ 33 2.5 La Revolución en marcha. ........................................................................................... 35 2.6 La década tormentosa ................................................................................................ 377 3. MARCO METODOLOGICO....................................................................................... 40 4. ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS............................................................................ 44 4.1 Nace un nuevo medio.................................................................................................... 45 4.2 El «Diario de la Revolución Socialista» ...................................................................... 53 4.3 En tiempos difíciles....................................................................................................... 60 CONCLUSIONES .............................................................................................................. 66 RECOMENDACIONES .................................................................................................... 68 BIBLIOGRAFIA ................................................................................................................ 69 ANEXOS ............................................................................................................................. 81 6 INTRODUCCIÓN Las investigaciones comunicativas ocupan un lugar destacado en los estudios que se emprenden en la actualidad sobre las sociedades humanas. Las estrechas relaciones de interdependencia imperantes entre los más diversos sectores y grupos sociales que integran el mundo contemporáneo, y la creciente importancia de la información, han motivado que el análisis de los procesos de la Comunicación devenga en objetivo recurrente de indagaciones realizadas desde las más diversas ópticas y regiones geográficas. Dentro de esos procesos han abundado los acercamientos a la historia de los medios de difusión y sus relaciones con los distintos sistemas sociales establecidos a la largo de la humanidad. Numerosos análisis, con mayor o menor grado de rigurosidad científica, se han venido realizando desde hace décadas acerca de las más diversas publicaciones y contextos comunicativos. En Cuba, aunque las investigaciones en Comunicación tienen ya algunos años de existencia, aún resultan insuficientes los estudios acerca de la historia de los medios de prensa locales y de alcance provincial. El erróneo principio de considerar a todo el país casi como una simple extensión de la ciudad de La Habana y las dificultades para acceder a fuentes confiables de información, determina que la mayoría de las indagaciones sobre el tema se centren en medios de alcance nacional o capitalino. Esa situación se agudiza si a los acontecimientos ocurridos luego de 1959, se refiere. Por lo regular se producen sólo acercamientos anecdóticos, sin validación científica y referidos a contextos muy específicos, que carecen de una visión integradora de los sucesos y sus vínculos con la realidad de la etapa histórica en que se produjeron. Adelante, el primer periódico fundado en Cuba luego del triunfo de la Revolución, no escapa a esa realidad, una situación que la presente tesis se propone revertir. Su tema es la historia del rotativo camagüeyano durante las cuatro primeras décadas de su existencia, entre 1959 y 1999. En base a él se plantea como problema de investigación: ¿cuáles fueron las características infraestructurales, estructurales y superestructurales del periódico camagüeyano Adelante desde su fundación, en enero de 1959, y hasta 1999? 7 Durante el análisis de dicha problemática se establece un objetivo general: caracterizar al periódico camagüeyano Adelante desde su fundación, en enero de 1959, y hasta 1999. Para su estudio se trazan varios objetivos específicos, encaminados a brindar una visión abarcadora y profunda de la publicación durante el período señalado. Ellos son: Determinar los principales elementos que conformaron la infraestructura del periódico camagüeyano Adelante entre 1959 y 1999. Definir los rasgos estructurales del periódico camagüeyano Adelante durante el período estudiado. Analizar las características de la superestructura del periódico camagüeyano Adelante en la etapa investigada. El trabajo posee cuatro capítulos. En el primero se analizan los principales planteamientos teóricos existentes acerca de las investigaciones históricas en Comunicación y las vinculaciones entre la prensa y los distintos contextos sociopolíticos por los que han transitado las sociedades humanas. En particular, los estudios de Celia del Palacio Montiel, Michael Schudson y Manuel Martín Serrano, ocupan lugares sobresalientes en este segmento de trabajo, debido a sus abarcadores observaciones y fundamentación científica. Reflejar las condiciones socioeconómicas y políticas en que se desarrolló el proceso estudiado, constituye el objetivo del capítulo referencial, segundo de la presente tesis. Esa exposición permite al lector contextualizar los diferentes acontecimientos ocurridos a lo largo de la historia de la publicación, obteniendo así una visión más objetiva de su funcionamiento. Por otra parte, el capítulo metodológico recoge elementos fundamentales de la investigación, entre los que sobresalen el problema, los objetivos, los métodos y las técnicas empleados para llevar a término la indagación científica. También se definen y operacionalizan las categorías, y se señalan otros aspectos como la muestra de publicaciones revisada y los criterios seguidos en su selección. Finalmente, en el cuarto capítulo se recogen los resultados alcanzados en el proceso investigativo. Los principales acontecimientos de la historia del periódico durante la etapa 8 analizada y sus vinculaciones con el contexto social y político de los distintos momentos vividos por el país en esos años, contribuyen a brindar un análisis objetivo, validado mediante entrevistas, revisiones bibliográficas y el análisis de contenido. Concebida desde una perspectiva cualitativa, la presente investigación confirma la estrecha relación existente entre el funcionamiento de una institución comunicativa y la realidad que la circunda. Esa situación, que en el caso particular de Adelante motivó una amplia evolución tecnológica, organizativa y periodística; constituye uno de los presupuestos ineludibles a la hora de aproximarse a las investigaciones comunicativas sobre fenómenos de la comunicación. 9 1. MARCO TEÓRICO 1.1 Historiar la prensa. Una tarea pendiente Aunque tan antigua como el hombre mismo, la Comunicación constituye un campo de la creación humana aún incompletamente estudiado. Esa situación se agudiza en el caso de la historia de los procesos comunicativos y, en particular, de la prensa. En la actualidad, si bien abundan los materiales dedicados a reseñar el devenir periodístico de medios o regiones específicas, «la escritura de la historia de la comunicación está tristemente subdesarrollada. En parte la razón se encuentra en el hecho de que los medios de comunicación son en una amplia medida, tal como indica su nombre, los trasmisores y no los creadores de las causas y los efectos de los que por lo general se ocupan los historiadores». (Schudson, 1993: 2) Las contradictorias opiniones esgrimidas sobre la prensa contribuyen también a agudizar ese fenómeno, pues la polarización «entre los intelectuales apocalípticos, que la han denunciado como si fuera portadora del fin de la cultura, y los intelectuales integrados, que la han encomiado por sus virtudes modernizadoras» (Mattelart1, 1996: 340), han entorpecido no pocos procesos investigativos sobre el tema. Latinoamérica no escapa a tan compleja realidad. En la investigación de la historia de la prensa a nivel regional prima la «repetición de las mismas ideas de los bibliógrafos del siglo XIX, no se recurre a documentos de primera mano, [generándose] estudios descriptivos y desligados de sus contextos histórico-políticos». (Bernedo, 1998; citado en Del Palacio, 2000: 3). Tal situación resulta en particular preocupante si se tiene en cuenta el importante papel que desempeñan los medios de difusión masiva en las sociedades contemporáneas, cada día 1 Armand Mattelart. Sociólogo belga especializado en el estudio de los medios de comunicación de masas. En la actualidad es Profesor catedrático en Ciencias de la Información y de la Comunicación en la Universidad de Paris VIII (Vincennes-Saint Denis). Entre sus libros pueden citarse Diagnóstico social sobre América Latina. Las estructuras sociales, freno al desarrollo económico, Santiago de Chile (1963), Los medios de comunicación en tiempos de crisis (1984) e Historia de las teorías de la comunicación (1997), los dos últimos junto a su esposa, Michelle Mattelart. 10 más dependientes de la información. Por eso, hoy son numerosas las voces que señalan la necesidad de conformar: «una mirada retrospectiva hacia el devenir de la comunicación a través de la historia como punto de partida para el desarrollo de teorizaciones, [conscientes de que] historiar la comunicación se erige no sólo como una vía de intelección de su pasado, sino también como un vehículo de interpretación de su presente». (Huizinga, 1980: 92; citado en Amaya, 2003: 9) Integrar conocimientos y metodologías diversas parece ser la palabra de paso, si de historiar la prensa se trata. Pues «quien menosprecie la necesaria integración de saberes extraños, terminará con las manos vacías. La transdisciplinariedad es necesaria para abordar los procesos y fenómenos comunicativos» (Amaya, 2003: 8), aunque con la necesaria claridad de objetivos que conduzca a buen término todo proyecto investigativo que se emprenda. 1.2.1 La prensa y su contexto Diversos son los criterios que se manejan en torno a la investigación histórica en Comunicación. Sin embargo, en un aspecto parecen coincidir todas las posiciones: la necesaria interdisciplinariedad de los estudios a desarrollar. En ese sentido, la investigadora Celia del Palacio Montiel2 ha afirmado: «es preciso seguir insistiendo en la profunda necesidad de hacer estudios tanto pluridisciplinarios como interdisciplinarios especialmente en el campo de la historia del periodismo». Se pueden lograr así historias comparadas, «elaboradas por equipos pluridisciplinarios [que] serían de mucha utilidad». (Del Palacio, 2000: 5) Esas posiciones rompen con una larga «tradición» de investigaciones históricas sobre la prensa que hasta hace sólo unas décadas se centraban en los aspectos más puntuales y anecdóticos en la existencia de las más diversas, y no pocas veces intrascendentes, 2 Directora de la División de estudios de la Cultura del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara. Con una larga experiencia en la investigación de la historia del periodismo en México, ha colaborado, entre otros, en los libros Sociabilidad y cultura en Guadalajara a mediados del siglo XIX; Imprenta e impresores de Veracruz, 1795-1850; y La influencia de Voltaire en los intelectuales tapatíos de la primera mitad del siglo XIX. 11 publicaciones. Tan numerosos como estériles trabajos, surgidos desde la segunda mitad del siglo XIX, por lo regular analizaban: «periódicos u hojas de todo tipo que puedan ser considerados como tales […] a causa de la abrumadora abundancia de fondos […] de razones propiamente políticas: la necesidad de autoafirmación de los Estados [y] a causa de la propia facilidad de tales tratamientos» (Timoteo3: s/f, 11). El resultado previsible de tales estudios eran las memorias o historias de instituciones comunicativas específicas «con demasiada frecuencia convertidas en un desfile de personalidades y reajustes organizativos» que «no [ofrecían] una comprensión general del lugar de la comunicación en la experiencia humana o en el campo social» (Schudson, 1993: s/n; citado en González, 2005: 15) y pecaban por el carácter parcial y poco confiable de sus análisis. Con el desarrollo impetuoso de las tecnologías de la información y el papel social de la comunicación, se impuso la necesidad de estructurar nuevas metodologías para el estudio de los procesos que en ella tienen lugar. Así, mientras a no pocos «estudiosos les preocupaba precisamente el estudio de cómo las energías moduladas y transportadas (las señales) se [constituían] en estímulos implicados en una interacción comunicativa» (Piñuel4, 2005: 68) y otros fenómenos asociados a los procesos de emisión y recepción de mensajes, otros centraban su atención en la historia de la comunicación y sus relaciones con los diferentes contextos sociales vividos por la humanidad. 3 Jesús Timoteo Álvarez. Catedrático de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid con larga experiencia en el campo de la comunicación social. Fundador y presidente del Instituto de Pensamiento de Estratégico «UCM-Think-Com», dirige además el equipo de Investigación «Comunicación/es», con sede en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de numerosos libros y ensayos sobre los medios de comunicación, entre ellos sobresalen: Historia y modelos de la comunicación en el siglo XX y Gestión del poder diluido. 4 José Luis Piñuel Raigada. Profesor de la Universidad Complutense de Madrid especializado en Epistemología, Teoría de la Comunicación y Metodología de la Investigación en Comunicación. Algunas de sus obras son: Epistemología de la Comunicación y Análisis de la Referencia (1981), El Consumo cultural (1987), La Dirección de Comunicación. Prácticas profesionales y diccionario técnico (1993) y Ensayo General sobre la Comunicación (2006). 12 Tales empeños no resultaban de fácil consecución, toda vez que como señala el teórico alemán Erick Kahler: «para volverse historia los acontecimientos deben ante todo estar relacionados entre sí, […] La continuidad, la coherencia, es un requisito previo elemental de la historia». (Kahler, 1964: 15; citado en Del Palacio, 2000: 5) Coincidiendo con él, Del Palacio Montiel ha llamado la atención acerca de la importancia de analizar de forma integradora aspectos tan diversos para el accionar de una publicación como «sus contenidos […] precios, circulación [y] modo de producción». Esos aspectos internos, unidos a otros externos, entre los que sobresalen «las leyes en torno a la prensa, censura, acceso a la información y los acontecimientos históricos, sociales y culturales» (Del Palacio, 2000: 6) influyen de forma decisiva en el accionar periodístico y varían constantemente, condicionando cambios en todo el proceso comunicativo y en las consecuentes lecturas que de él se pueden hacer a través del tiempo. Lo anterior determina que la estudiosa apoye el desarrollo de una llamada historia comparativa de la prensa, que define como el: «intento de explicación de fenómenos e interconexión de hechos, no sólo en un eje diacrónico, sino también sincrónico, buscando el hilo conductor no sólo en la relación de los hechos en un solo lugar, sino procurando encontrar semejanzas y diferencias de los procesos en distintos lugares de una misma región, de diversas regiones e incluso del mundo entero». (Del Palacio, 2000: 3-4) Elementos económicos como las inversiones de capital, la publicidad y las relaciones prensa-actividad mercantil, unidos a la demografía histórica, la historia y geografía culturales, y las legislaciones referidas al tema, son propuestos por la investigadora mexicana como ineludibles referentes a tener en cuenta en las indagaciones sobre el devenir de la prensa continental. «Alejarse progresiva e inexorablemente de la historia descriptiva sería la primera prioridad. Llegar a explicar las causas profundas de las interrelaciones e interconexiones de los fenómenos es el objetivo verdadero: ¿Por qué tenemos el periodismo que tenemos? ¿De dónde viene y a dónde va la prensa?» (Del Palacio 2000: 14) 13 El objetivo fundamental deber ser brindar una panorámica plural de los procesos analizados, insertándolos en su contexto social e interrelacionándolos con fenómenos similares ocurridos en otras regiones. 1.2.2 Propuestas en torno a un tema Otro de los estudiosos sobresalientes en el campo de la investigación histórica sobre la comunicación es el estadounidense Michael Schudson5, quien ha señalado la necesidad de promover indagaciones históricas amplias y científicamente validadas que subsanen las carencias existentes en dicho ámbito de la creación social. Frente a modelos como los behavioristas y funcionalistas, que entienden la comunicación desde el análisis de los Actores que en ella interactúan, los canales que emplean y los contenidos que manejan (Arias6 et al., 2005), Schudson plantea una estructura metodológica que propone indagar en la historia de la comunicación desde tres vertientes investigativas principales: la macrohistoria, la historia propiamente dicha y la historia de las instituciones. La primera, y más utilizada de ellas, que «considera la relación de los medios de comunicación con la evolución humana y se plantea la pregunta: ¿de qué modo la historia de la comunicación esclarece la naturaleza humana?» (Schudson, 1993: 2), ha contado con figuras tan reconocidas como los pensadores canadienses Harold Innis y Marshall McLuhan, los cuales han desarrollado enciclopédicos estudios acerca de la comunicación y su incidencia en contextos y períodos de tiempo determinados. Otros catedráticos, entre los 5 Sociólogo e investigador norteamericano especializado en temas de la comunicación social. Profesor de la Universidad de Columbia (Washington DC.), es autor de obras como The objectivity norm in American Journalism (La norma de la objetividad en el Periodismo Americano), Discovering the news: a social history of american newspapers (Descubriendo las noticias: una historia social de los periódicos americanos), y las conferencias Transparencia en la sociedad contemporánea y Enfoques históricos a los estudios de la Comunicación. 6 María Antonia Arias Fernández. Profesora titular de Sociología en la Universidad de Santiago de Chile. Doctorada en la Universidad Complutense de Madrid, ha centrado su labor en torno a la práctica sociológica cualitativa y la metodología de la investigación social. Es autora de artículos como Una aplicación del modelo dialéctico: el proceso de mediación estructural en la prensa escrita, Métodos de análisis de actores en comunicación y ha colaborado en los libros Propuesta para el análisis del espacio entendido como discurso social y Un circuito de cultura alternativo. 14 que sobresalen Donald Lowe y James Beniger, han publicado análisis históricos acerca de la percepción comunicativa burguesa y el efecto de los medios de difusión masiva durante la Revolución Industrial del siglo XIX, ámbitos en los cuales la comunicación desempeñó funciones determinantes en la conformación de nuevas realidades sociales. Por otro lado, la historia propiamente dicha, que «considera la relación de los medios de comunicación con la historia cultural, política, económica o social y aborda la pregunta: «¿de qué modo influencian los cambios en la comunicación y cómo se ven influidos por otros aspectos del cambio social?» (Schudson, 1993: 5), ha contado con una menor aceptación. Entre sus principales representantes se encuentran Elizabeth Eisenstein y Chnadra Mukerji, autores de sendos análisis acerca de la repercusión de la imprenta en la transformación del pensamiento social y el desarrollo capitalista. Finalmente, se ubica la historia de las instituciones, que: «Considera el desarrollo de los medios de comunicación en el sentido preliminar de instituciones de los medios de comunicación, pero también en el sentido de la historia del lenguaje, de la historia de un género especial de impresión (la novela) o de película (comedia excéntricas) atendiendo a ellos mismos [y] plantea la pregunta, ¿de qué modo se desarrolló esta (o aquella) institución de la comunicación de masas?» (Schudson, 1993: 7) Este último modelo de investigación histórica tiene en cuenta a las fuerzas sociales externas a la institución de los medios de comunicación o la industria sometida a estudio sólo en la medida en que afectan a la misma; dando por sentado cualquier impacto de la institución o de la industria en la sociedad. Investigaciones sobre la BBC (Asa Briggs, 1979) y la radiodifusión norteamericana (Erik Barnow, 1970), están entre los principales exponentes del modelo de historia de las instituciones, que Schudson define como «ladrillos necesarios de una historia de la comunicación, [aunque por sí solos] no ofrecen una comprensión general del lugar de la comunicación en la experiencia humana o en el cambio social». (Schudson, 1993: 8) Al respecto, el estudioso destaca el reto investigativo que representa definir el real impacto cultural de los medios de comunicación, toda vez que «por lo general faltan los exámenes 15 de datos (y aunque sean disponibles, son inadecuados)». (Schudson, 1993: 9) Preguntas aparentemente tan sencillas cómo ¿quién leía una u otras publicaciones en un contexto histórico determinado? o ¿cuáles eran las reales repercusiones de los mensajes por ellas difundidos?, resultan obstáculos significativos para toda indagación que se emprenda, por lo que se deben aprovechar las más diversas fuentes de información, sin desdeñar ni sacralizar a ninguna en específico. Los estudios sobre la historia de la comunicación revisten para Schudson el valor de brindar novedosas ópticas acerca de la evolución socioeconómica y política de las formaciones humanas. Acontecimientos disímiles, entre los que pueden citarse las revoluciones científico-técnicas, la evolución de los sistemas electorales e institucionales, y la conformación de las actuales realidades sociopolíticas, transcurren siempre influenciados por la esfera comunicativa. De ahí que analizarla y entenderla resulte requisito imprescindible para el mantenimiento y evolución de cualquier modelo de desarrollo humano. La complejidad del campo investigativo motiva, sin embargo, no pocos obstáculos. Entre las más recurrentes sobresalen «saber qué ocurre cuando un nuevo medio de comunicación se introduce en una sociedad» (Jowett, 1975: 36; citado en Schudson, 1993: 19), y hasta qué punto los «medios de comunicación se han de comprender como prácticas sociales y formas culturales, no como tecnologías distintas». (Schudson, 1993: 20) Esos y otros aspectos aún suscitan debates en la comunidad académica, que apuesta cada vez más por la imbricación de saberes tan diversos como el marxismo, los estudios sociológicos de Max Weber y la antropología de Emile Durkheim. «De este modo [señala Schudson] la Historia de la Comunicación [no se convierte en] la historia de los cambios tecnológicos que reducen el impacto del tiempo y del espacio en la interacción humana, sino en cambios organizativos sociales que hacen alterar las coordenadas del tiempo y del espacio deseable y manejables.» (Schudson, 1993: 22) En el amplio y convulso mare mágnum de la investigación histórica sobre Comunicación, donde se interrelacionan hoy elementos tan diversos como nacionalismos, y formas 16 tecnológicas y culturales, una premisa parece indiscutible: resulta erróneo desligar los objetos estudiados de sus respectivos contextos espaciales y temporales. 1.3.1 Dos sistemas, una realidad Expuesta en 1986 por el investigador español Manuel Martín Serrano7, la Teoría Social de la Comunicación (TSC) constituye uno de los más completos análisis publicados hasta hoy sobre el desarrollo histórico social de los procesos comunicativos. La TSC, que «tiene su paradigma en la Teoría de la Mediación8, su propio objeto en la comunicación pública y su material de análisis en los productos comunicativos». (Martín, 1986: 37), se basa en la existencia en toda sociedad contemporánea de dos sistemas estrechamente interrelacionados pero a la vez autónomos. Ambos encaminan sus esfuerzos a la producción y reproducción de las comunidades donde se desarrollan, en una interacción en la cual «ninguno de ellos por sí solo, tiene la capacidad de determinar los componentes que forman parte del otro ni de controlar las relaciones entre esos componentes». (Martín, 1986: 54) Por un lado, el Sistema o Formación Social (SS) está «organizado para manejar y transformar materias, energías e información con vistas a la satisfacción de las necesidades individuales y colectivas […] de los miembros de la sociedad», mientras su contraparte, «el Sistema de Comunicación Pública [SC] se organiza para manejar esos mismos elementos, 7 Estudioso español especializado en temas de la comunicación. Entre sus obras sobresalen La comunicación pública y la sobrevivencia, La mediación social y la Teoría de la Comunicación (La comunicación, la vida y la sociedad). En La producción Social de la Comunicación, aparecido por primera vez en 1986, planteó los conceptos de infraestructura, estructura y superestructura aquí manejados. 8 Modelo de investigación comunicativa planteado, hacia la década de los sesentas del pasado siglo, por el lingüista y epistemólogo francés Jean Gagnepain en el libro Du vouloir dire (Querer decirlo). Entre sus presupuestos fundamentales se encuentra la necesidad de interrelacionar diversas áreas de las ciencias sociales (como la psicología, la sociología, la etnología, etc.) para la construcción de «una modelización coherente de los comportamientos culturales humanos y llevar a cabo una reflexión epistemológica sobre las relaciones que esos comportamientos mantienen entre sí». (Álvarez, 2008: s/n) Con un fuerte arraigo en América Latina, la Teoría de la Mediación dedica particular atención a los elementos «paralelos» a los procesos comunicativos, que son definidos como mediaciones. Ellos desempeñan un importante papel en la Comunicación, al condicionar tanto la emisión, como el mensaje y la recepción que de él hacen los diferentes públicos. Entre sus principales estudiosos en el contexto regional sobresalen Guillermo Orozco, Valerio Fuenzalida y Jesús Martín-Serrano, autor éste último de un importante libro sobre el tema: De los medios a las mediaciones. 17 pero su referencia específica son los aconteceres, es decir, aquello que sucede o deja de suceder y afecta a la comunidad». (Martín, 1986: 53) Dichos sistemas son resultado de la evolución histórica de las sociedades, que al desarrollarse exigieron el establecimiento de modelos de organización social y comunicativa cada vez más complejos, posibles al reificarse los grupos humanos, es decir, al singularizarse y asumir patrones comunes, distintivos respecto a los de otras comunidades vecinas en el espacio y el tiempo. (Martín, 1986) Pero el surgimiento del Sistema Social y su contraparte Comunicativa significó sólo el primer paso en un proceso mucho más amplio y profundo que aún hoy tiene lugar. Así, a la par de los distintos proyectos sociopolíticos establecidos por la humanidad a lo largo de su existencia, el Sistema Comunicativo ha transitado por sucesivos esquemas de funcionamiento, acordes a las necesidades y posibilidades de cada contexto histórico social, teniendo siempre «señas de identidad que permiten reconocer en él a la sociedad que lo utiliza». (Martín, 1986: 19) Modelos de Comunicación como el Asambleario, por Emisarios, por Redes de Distribución de Mensajes, y por Tecnologías de Producción y Distribución en Masa de los Productos Comunicativos, fueron distintivos de experiencias gubernativas tan diversas como los imperios esclavistas de la Antigüedad, los reinos de la Edad Media y las sociedades capitalistas contemporáneas. Ellos integraron lo que Martín Serrano define como el Sistema de Comunicación Institucional (SCI), un órgano social especializado en la obtención, procesamiento y distribución de información destinada a la Comunicación Pública, «cuyas características y cuyo funcionamiento están explícitamente legitimados y regulados; [y] a la que se le asignan determinados recursos materiales y humanos». (Martín, 1986: 74) Estrechamente ligado a grupos sociales específicos, cuyos intereses defiende de forma más o menos declarada, el SCI surge como resultado de la división social del trabajo establecida en toda comunidad humana que alcanza cierto grado de desarrollo. Su funcionamiento se apoya en criterios preestablecidos respecto a la selección y el tratamiento de las 18 informaciones y cuenta, al menos en principio, con un alto grado de confiabilidad. Otras de sus características fundamentales son la clara definición de funciones que establece para todos los participantes en el proceso comunicativo, en especial los Comunicantes, sus roles y los espacios que emplean para dirigirse a la comunidad. La profunda interrelación establecida entre el SCI y el SS es explicada por la Teoría Social de la Comunicación a través de dos leyes fundamentales. En primera instancia, la Ley de la Jerarquización Institucional de los Sistemas que proveen a la Comunicación Pública, señala que: «cada sociedad institucionaliza un único sistema como cauce dominante de comunicación pública durante períodos históricos prolongados». (Martín, 1986: 77). Por otro lado, la Ley de la Integración entre información, organización y acción, destaca que «un Sistema de Comunicación Pública permanece institucionalizado en tanto y sólo en tanto, que exista un ajuste entre información pública, organización social y acción social». (Martín, 1986: 78) La permanencia o no de un SC depende en última instancia de la estabilidad del SS y el grado de coherencia que mantenga respecto a la realidad social en que se desenvuelve. En ese sentido, alcanzar la aquiescencia de los actores sociales respecto a las instituciones y grupos rectores resulta una prioridad de primer orden. Para lograrlo, se establecen mitos generalmente aceptados como el de la «imparcialidad» de los medios de comunicación masiva, a los cuales se confiere carácter de instituciones representativas de la comunidad pese a su condición de voceros de determinados sectores, y se condiciona la información para obtener «un repertorio de representaciones colectivas estables; representaciones que conservan un modelo del mundo compartido por los miembros de la sociedad». (Martín, 1986: 46-47) Tales representaciones o relatos, que a través del SC se proponen a los Actores en las sociedades contemporáneas, determinan en buena medida sus interpretaciones de la realidad y de lo que en ella acontece, proporcionándoles «un modelo del mundo reconocible en el entorno y fácticamente posible; [les sugieren] comportamientos factibles y aceptados; y [les describen] situaciones que suelen ser las más probables». (Martín, 1986: 45) 19 Ese proceso, que la Teoría Social de la Comunicación define como enculturación y en cual juegan un papel destacado las instituciones mediadoras, resulta decisivo para la preservación de los Sistemas Sociales y Comunicativos existentes en un momento y espacio geográfico determinado. Con el desarrollo de la comunicación de masas9, sobre todo desde la segunda mitad del siglo pasado, las estrechas relaciones entre los dos sistemas han continuado ganando en profundidad y complejidad hasta establecer un intrincado conjunto de conexiones que se extienden a todos los niveles y grupos de la sociedad y determinan en última instancia su preservación o derrumbe. Así, mientras el SS y SC mantienen similares ritmos de funcionamiento es posible la conservación y avance de la sociedad. Los problemas aparecen cuando «el modelo mediador […] da cuenta de la incompatibilidad o de la contradicción que existe entre la necesidad histórica y el uso funcional de los Sistemas». (Martín, 1986: 66) Es entonces cuando se origina la necesidad de nuevos reajustes, muchas veces tan radicales que pueden concluir incluso con la desaparición de uno o de los dos sistemas. Por lo regular, aunque los fenómenos varían de un contexto social a otro, la transformación del Sistema de Comunicación Pública no se corresponde mecánicamente con el cambio del Sistema Social. Sin embargo, como apunta Martín Serrano, aunque: «las transformaciones sociales [no encuentren] inmediatamente su representación coherente en los productos comunicativos de su época (o viceversa) [por larga que sea la espera] el orden social y la representación de ese orden, terminarán reconciliándose en un modelo válido de un mundo justo». (Martín, 1986: 48) De ahí que el mismo autor defienda el principio de la interdisciplinariedad para el estudio de las relaciones entre cultura y sociedad, a partir de enfoques tan diversos como el marxismo, el organicismo y el funcionalismo. En ese sentido, la Teoría Social de la 9 Fase actual de la comunicación que incorpora a sus procesos grandes grupos de personas apoyándose para lograrlo en tecnologías de producción y distribución en masa de los productos comunicativos. Desarrollada al calor del Capitalismo, al igual que esa Formación Económico Social, la Comunicación de Masas se rige por principios de creciente monopolización. 20 Comunicación centra su atención en tres perspectivas de estudios principales, encaminadas a observar cómo funcionan los procesos de control social. «La primera trabaja a nivel de los sujetos; la segunda nivel de los relatos; la tercera nivel de los productos comunicativos» (Martín, 1986: 49), pues en cada caso interacciones de una estructura trascienden a las vecinas, influenciando a elementos diversos del edificio social. 1.3.2 Estructurando la sociedad Al analizar los distintos niveles presentes en el Sistema Comunicativo y su contraparte Social, la Teoría Social de la Comunicación afirma: «Cada modo de producción de comunicación se diferencia de los otros porque prescribe conexiones específicas entre la infraestructura, la estructura y la superestructura del Sistema de Comunicación que utiliza la Formación Social para proveerse de información pública…» (Martín, 1986: 82) Para la Teoría Social de la Comunicación tales interacciones entre las condiciones objetivas (Infraestructura y Estructura) y subjetivas (Superestructura) juegan un papel determinante en la conformación y reproducción de la sociedad. Al respecto, Martín Serrano ha destacado las múltiples homologías existentes el SS y SC. En el SS, por ejemplo, la superestructura está integrada por las «normas (jurídicas, éticas, morales, etc.) Ideas (científicas, estéticas políticas, etc.) Creencias (dogmas religiosos, prejuicios, etc.)» (Martín, 1986: 55), mientras que en el SC agrupa a las visiones de lo que acontece propuestas en las narraciones, manteniendo ambos grupos de elementos estrechas relaciones de interdendependecia, que condicionan los mensajes emitidos y las interpretaciones que de ellos hacen los diferentes públicos. «Organizaciones para la producción y reproducción de la sociedad (p. e., organización familiar y del trabajo) [y] organizaciones mediadoras (p. e. empresas informativas)» (Martín, 1986: 55), ocupan el nivel estructural. Ellas, como en el estrato inferior, constituyen el soporte objetivo sobre el que se asientan ambos sistemas y estarán condicionadas por el grado de desarrollo material alcanzado por la comunidad en cuestión. Por último, aunque no por ello con menos importancia, el catedrático español sitúa a la infraestructura, que define como: «recursos y equipamiento para la producción y 21 reproducción social (materias primas, herramientas)», que en el SC constituyen los «medios, de producción, difusión y reproducción de información (p. e., imprentas, emisores de radio, televisores)». (Martín, 1986: 55) La equifinalidad de objetivos existente entre los distintos niveles del SS y el SC, y su estrecha compenetración no significa que sean idénticos ni que lleven a cabo procedimientos semejantes. Para Martín Serrano queda claro que en todo momento los sistemas, y en particular sus respectivas estructuras, están orientados por sus propios patrones: «la transformación de las necesidades humanas [para el Sistema Social] y el de la Comunicación Pública por el cambio del ecosistema social». (Martín, 1986: 56) Todas las modificaciones que se produzcan en un contexto social y temporal determinado, afectarán a distintos niveles de ambas estructuras de la sociedad humana, pudiendo llegar a ser más menos profundos y definitivos. «Los Actores Sociales (individuales o institucionales), a la vez que Agentes y Comunicantes, son los responsables con sus prácticas de que un cambio ideal tenga además consecuencias materiales y viceversa». (Martín, 1986: 56) Al respecto, varios ejemplos son planteados por Martín Serrano. Entre ellos sobresalen contextos político sociales tan convulsos como la instauración y expansión de la formación económico social capitalista, la evolución hacia las sociedades de la información vivida por los países desarrollados desde la década de los sesentas del pasado siglo y la transición hacia la democracia ocurrida en España luego de la muerte de Franco, en 1975. Las relaciones entre esos niveles son constantes y en muchas oportunidades trascienden las fronteras del sistema, incluso afectando a la estructura homóloga o a otra diferente. Así: «en ocasiones un cambio a nivel de la infraestructura de un Sistema, se corresponde con una afectación en la infraestructura del otro. Por ejemplo, el desarrollo de una red de medios de comunicación es una opción alternativa o complementaria a la ampliación de una red de transporte. Cambios a nivel de la estructura de un sistema a veces están concernidos por modificaciones en la estructura de otro. Por ejemplo, el triunfo del socialismo en un país puede corresponderse con la sustitución de las empresas privadas por las públicas en la gestión de 22 los MCM. La modificación en la superestructura de uno de los sistemas tiene en algunos casos una correspondencia con la variación en la superestructura del otro. Por ejemplo, el reconocimiento de la libertad de opinión en las constituciones de los países democráticos, debe tener su correspondencia en el contenido de los MCM». (Martín, 1986: 57) Cambios a diferentes niveles estructurales también son señalados por el investigador ibérico. Entre ellos sobresalen la promulgación, a finales siglo XIX, de nuevas legislaciones relativas a la prensa (superestructura) que permitieron la aparición de las grandes empresas informativas norteamericanas y europeas (estructura) o los avances en las comunicaciones y el transporte (infraestructura) que redundaron en la desaparición del periodismo editorialista de la centuria decimonónica y el auge del noticierismo (superestructura). Tan complejos elementos sociales no son, sin embargo, descubiertos por Martín Serrano. Sus estudios parten de los análisis realizados sobre estructura y superestructura por el marxismo y, en especial, de las tesis planteadas al respecto por Marx y el teórico italiano Antonio Gramsci. Ya a mediados del siglo XIX el fundador del materialismo dialéctico había destacado como: «En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.» (Marx, 1966: 12). Su compañero de ideas y labor, Federico Engels, desarrollaría esos criterios varias décadas después, centrando su atención en el papel jugado por el medio en el que los hombres debían construir la historia. En su opinión, no se debía subestimar la influencia de las 23 condicionantes económicas sobre un contexto social determinado, ya que los hombres instrumentan su existencia: «dentro de un medio dado que la condiciona, y a base de las relaciones efectivas con que se encuentran, entre las cuales las decisivas en última instancia, y las que nos dan el hilo de engarce que puede servirnos para entender los acontecimientos son las económicas, por mucho que en ellas puedan influir, a su vez las demás, las políticas e ideológicas».(Engels, s/f : 731; citado en Amaya, 2003: 16) Antonio Gramsci10, aunque sin abandonar por completo esos postulados, defendería una preponderancia aún mayor de la subjetividad, la ideología y los factores superestructurales en general. Retomando y ampliando el concepto de «revolución cultural», que Lenin había desarrollado en los últimos años de su vida, él destacaría la importancia del los elementos subjetivos en la permanencia o la transformación de las estructuras objetivas. Al respecto, en su obra El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, afirmó: «la estructura y la superestructura forman un "bloque histórico", o sea que el conjunto complejo, contradictorio y discorde de las superestructuras es el reflejo del conjunto de las relaciones sociales de producción». (Gramsci, 1966: 156) De esa forma, la infraestructura material, definida por él como el «conjunto de relaciones sociales», determinaría «en última instancia» a los fenómenos superestructurales. Los hombres deberían verse como seres actuantes y pensantes dentro de una situación material concreta, que desempeñaba función de «marco» o «límite» para la acción política y la ideología. (Gramsci, 1962) El también llamado «marxista de las superestructuras» desarrolló con especial profundidad el concepto de la hegemonía, que destacaba la necesidad de entender los procesos de dominación social como fenómenos en los que una clase conseguía establecer su 10 Filósofo marxista nacido en Italia a finales del siglo XIX y muerto en 1937, a causa de los padecimientos que sufrió en las prisiones fascistas. Con una destacada labor como periodista y político, integró desde su surgimiento el Partido Comunista Italiano, donde sobresalió por sus profundos análisis sobre el marxismo y la situación política italiana y mundial. Los Cuadernos de la Cárcel, amplísima colección de reflexiones sobre diversos tópicos político-sociales que realizara durante su encarcelamiento y que vieran la luz póstumamente, constituyen su obra más importante. 24 preponderancia sobre el resto de la sociedad sólo en la medida en que representaba intereses también compartidos: «de alguna manera como suyos por las clases subalternas. Y “en la medida” [significaba] que no hay hegemonía sino que ella se hace y deshace, se rehace permanentemente en un proceso “vivido”, hecho no sólo de fuerza sino también de sentido, de apropiación del sentido por el poder, de seducción y de complicidad». (Martín-Barbero11: s/f, 85). Las instituciones represivas, aunque importantes en el mantenimiento del orden burgués, jugaban para el pensador italiano un papel secundario en el escenario político social, protagonizado de modo indiscutible por la «hegemonía cultural» que las clases dominantes lograban establecer sobre las clases sometidas, a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y los medios de comunicación, y que extendía su influencia por los ámbitos morales, culturales e ideológicos de la sociedad (Gramsci, 1962). El dominio de esos medios de orientación social permitía a las clases dominantes «educar» a los dominados en la aceptación de su sometimiento. Las energías revolucionarias, lejos de orientarse a la erradicación de la explotación capitalista y la organización de una sociedad basada en la justicia social, se encaminaban entonces a la consecución de proyectos «nacionalistas» y «patrióticos», apoyados en la unión sagrada de explotados y explotadores para enfrentar supuestos peligros llegados desde el exterior. Tan útiles modelos de pensamiento integraban la cultura, que para el ideólogo italiano era en lo fundamental un campo de construcción diaria del consenso, en el que los mediadores jugaban un papel fundamental y en el que influían elementos provenientes de todos los niveles de la sociedad. 11 Jesús Martín-Barbero. Filósofo y antropólogo español especializado en Comunicación. Con una larga experiencia como docente en universidades de Colombia y México, además ha impartido conferencias en otras naciones de Europa y Sudamérica. Entre sus libros sobresalen: Comunicación masiva: discurso y poder (1978), Introducción al análisis de contenido (1981), De los medios a las mediaciones (1987) y Los ejercicios del ver: Hegemonía audiovisual y ficción televisiva (2000). 25 Más próximo en el tiempo y el espacio geográfico, el investigador venezolano Luis Britto García12 ha defendido el criterio de que los organismos sociales desarrollan una cultura, una memoria colectiva «que contiene los datos esenciales relativos a la propia estructura del grupo social, al ambiente donde está establecido, y a las pautas de conducta necesarias para regir las relaciones entre los integrantes del grupo, y entre éste y el ambiente». (Britto, 2005: 15) La organización de cada estructura social dependerá en buena medida de esas concepciones subjetivas que llegan a los integrantes e instituciones de la comunidad por diversas vías y se insertan en sus esquemas de pensamiento y comportamiento, condicionándolos. Allí, precisamente, radica la importancia del estudio de las relaciones que se establecen entre los distintos sistemas que integran las sociedades contemporáneas, y sus respectivos niveles de funcionamiento. Hoy resulta indiscutible el peso de los elementos objetivos y/o subjetivos. Los cambios que en ellos se produce generan de forma inevitable procesos de reajuste en uno o varios niveles del SS y el SC, provocando la modificación de buena parte de los esquemas de funcionamiento de la sociedad o, incluso, su colapso y sustitución. Un claro ejemplo de lo anterior pudo apreciarse durante los últimos años de existencia del la Unión Soviética y el llamado Campo Socialista europeo. En esos estados, la «liberalización» de los MCM condujo a una desenfrenada agudización de los ya grandes conflictos estructurales y superestructurales existentes. «Determinadas fuerzas ascendieron al “cuarto poder”, tomaron en sus manos la iniciativa política y trabajaron progresivamente con la opinión pública desde posiciones antisocialistas» (Brown y Dacal, 2006: 47), acelerando la crisis ideológica que generó el desplome de sus modelos sociopolíticos. Acontecimientos como esos, reafirman la necesidad de analizar los procesos de la comunicación integrándolos a las complejas realidades contemporáneas. El creciente peso 12 Narrador, ensayista, dramaturgo e investigador social venezolano nacido en Caracas, en 1940. Es autor de más de sesenta títulos entre los que sobresalen Rajatabla (Premio Casa de las Américas 1970), La misa del Esclavo (Premio Latinoamericano de Dramaturgia Andrés Bello 1980), La máscara del poder (1989) y El Imperio contracultural: del rock a la postmodernidad (1990). En 2002 recibió el Premio Nacional de Literatura de la República Bolivariana de Venezuela. 26 de la información y los medios de comunicación masiva demanda de los investigadores sobre el tema, estudios cada día más abarcadores y científicamente validados. 1.4. El periodismo y algunas de sus herramientas Numerosos elementos resultan imprescindibles a la hora de analizar cualquier medio informativo. Entre esos factores «ineludibles» sobresalen los géneros periodísticos. Definidos como «formas que busca el periodista para expresarse, debiendo hacerlo de modo diferente, según la circunstancia de la noticia, su interés y, sobre todo, el objeto de la publicación» (Gargurevich, 2002: 13); sus clasificaciones aún suscitan amplios debates entre los estudiosos sobre el tema, aunque prevalece el consenso en cuanto a señalar varios géneros «principales», presentes en la mayoría de las publicaciones contemporáneas. La nota informativa, la entrevista, la crónica, el comentario o columna, el artículo y el reportaje, sobresalen como las tipologías periodísticas más empleadas por los profesionales del sector, que también se apoyan en los géneros gráficos (fotos caricaturas, mapas, tiras cómicas), el testimonio, la reseña y la crítica, entre otros. Una panorámica más detallada permite distinguir las principales diferencias existentes entre ellos. Las nota informativa, por ejemplo, se centra «en la presentación de hechos acaecidos, recientemente, redactada de acuerdo con normas técnicas desarrolladas por la experiencia». (Gargurevich, 2002: 19) Su simple exposición de los hechos con valor noticioso contrasta con el nivel de elaboración presente en otros géneros como la crónica y la entrevista. La primera, si bien «es, en esencia, una información interpretativa y valorativa de hechos noticiosos actuales o actualizados» (Vivaldi; citado en Gargurevich, 2002; 60), exige del redactor la capacidad de juzgar los hechos que narra, de recrear el fenómeno que expone. Similar reto enfrenta todo entrevistador, que al establecer un diálogo con su interlocutor «formula pocas o muchas preguntas, sobre uno o varios temas, en busca de información, para conocer opiniones o revelar una personalidad a través de las respuestas». (Gargurevich, 2002; 44) Otros géneros de significativa complejidad son el editorial y el comentario. En particular el primero resalta por su condición de «vehículo por medio del cual exponen oficialmente sus 27 criterios los dueños del periódico, si se trata de un órgano de prensa capitalista, o la organización que dirige y auspicia ese medio, como ocurre en el socialismo» (García, 1987: 39) lo cual exige de él un estilo firme y claro, de ideas convincentes. (Calzadilla, 2005) A su vez el comentario, si bien «se despoja de la seriedad y rigidez propias del editorial para comentar una noticia» (Schiesser, 1978: 36), por lo regular demanda gran capacidad de su autor, obligado al empleo de una fuerte «carga expositiva para convencer de un asunto determinado al público, a partir de criterios concretos». (Calzadilla, 2005: 37) Lo mismo sucede con el artículo, un material periodístico que «se orienta a analizar, comentar y enjuiciar determinado hecho o problema que puede ser un acontecimiento político de actualidad, un asunto histórico, un tema de carácter teórico…», etc. (García, 1987: 3) Por ese motivo los especialistas coinciden en ubicarlo entre las labores periodísticas de mayor complejidad y exigencia, tanto en el orden cultural, como en el de la especialización y profesionalidad. Sin embargo, nadie duda en señalar al reportaje como el «género de géneros». Caracterizado como «una forma periodística que se elabora para ampliar, completar y profundizar en la noticia, para explicar un problema, plantear o argumentar una tesis» (Leñero y Marín, 1986: 68), el reportaje va mucho más allá, al «descubrir, denunciar acontecimientos de importancia social, política, económica [en busca de] cambio o beneficio social». (Díaz Rangel; citado en Gargurevich, 2002: 76) Pero el periodismo trasciende el ámbito de las cuartillas de papel y las grabaciones para ser también una compleja sumatoria de otros elementos. Entre ellos sobresalen el diseño gráfico y el tratamiento dado a las fuentes de información. En ese sentido, resulta determinante el diseño de la página, que «implica el planteamiento previo de cómo irá cada uno de los elementos, dónde se va a colocar, y qué efecto tendrá en el aspecto general de la página», todo ello en aras de «la armonización de los diversos elementos gráficos [la] consecución de un impacto gráfico, de una lectura fácil» (García, 1989: 57), posible sólo con una combinación acertada de tipografía, fotografía y espacios en blanco. 28 Los titulares, esas breves frases en las que «debe condensarse toda la imaginación, la capacidad de síntesis y el sentido artístico del periodista [pues de ellas] depende en grado considerable que el lector se sienta interesado o no en seguir adelante» (García, 1987: 43), constituyen también armas decisivas en la organización de las publicaciones. La fotografía, por otro lado, permite también privilegiar determinados contenidos, pues contribuyen a «llamar la atención sobre un artículo que de otra forma hubiera pasado inadvertido» además de «romper la masa gris de la página y [servir] de hilo que ayuda al lector a pasar de un artículo a otro». (García, 1989: 13) Por último encontramos a las fuentes periodísticas, esas «personas que el periodista observa o entrevista […] y las que proporcionan únicamente las informaciones de base o los apuntes para una noticia [cuya característica más destacada] es que suministran informaciones en cuanto miembros o representantes de grupos (organizados o no) de interés o de otros sectores de la sociedad». (Wolf, 2005: 135) Definidas también como «todo vestigio o fenómeno que suministre una noticia, información o dato» (Vega, 1995; citado en Reyes, 2003: 8), las fuentes desempeñan una importantísima función en los procesos de la creación periodística, pues constituyen la base del trabajo para toda institución informativa. 29 2. MARCO REFERENCIAL 2.1 Entre el aislamiento y la ignorancia Los estudiosos aún sostienen debates sobre la fecha de su fundación, sin embargo, todo parece indicar que la villa de Santa María de Puerto del Príncipe surgió a comienzos de 1514, junto a la hoy bahía de Nuevitas. Aislamiento y atraso fueron los elementos fundamentales que caracterizaron a la sociedad principeña en los primeros siglos de su existencia. Sólo con el siglo XVIII comenzó un lento despertar socioeconómico, promovido por el Despotismo Ilustrado de los Borbones. La mayoría de las impresionantes iglesias y otras construcciones coloniales que distinguen el centro histórico camagüeyano, junto con el primer colegio de enseñanza superior de la región, fundado por los Jesuitas en 1757, pertenecen a ese período. Un informe de la época afirmaba: «Puerto Príncipe […] sobresale en su arquitectura y caudales, [sus] sitios y lo pujante de sus haciendas lo hacen mercantil en carne, cueros, sebos, mulos y tejidos de palma…» (Luna, 2002: 25) 2.2 El esplendor colonial Incluso antes de tener imprenta Camagüey contó con su primera publicación informativa: el Semanario Curioso, un periódico manuscrito que desde 1810 editó el dominicano Antonio Herrera mediante amanuenses que copiaban los trabajos tomados de publicaciones «de La Habana, Santiago de Cuba y España, y aun de correspondencia recibida de diferentes lugares de la Isla». (Labrada, 1987: 5) El auge de la región, incentivado por la instalación en ella de la Real Audiencia de Indias y la apertura al comercio libre con España y otras colonias de América de los puertos de Nuevitas y Santa Cruz del Sur, propició la llegada de la imprenta y la aparición, el 8 de diciembre de 1812, de El Espejo, primera publicación periodística impresa en Camagüey. (Ricardo, 1989) El Espejo, publicado en el taller de Mariano Seguí de los Olivos, tenía cuatro pequeñas páginas, con una impresión muy clara y en papel de buena calidad. (Labrada, 1987) 30 Aunque su éxito inicial motivó que desde 1815 circulara como diario, las dificultades económicas lo obligaron a «cerrar sus puertas» en 1816. Hasta 1818 la recién nombrada ciudad de Puerto Príncipe13 no tuvo su propia publicación periodística. A finales de ese año o comienzos del siguiente apareció la Gaceta de Puerto Príncipe, uno de los principales hitos en la historia del periodismo local. En sus páginas vieron la luz las Escenas Cotidianas, joyas de la literatura costumbrista cubana escritas por el patriota Gaspar Betancourt Cisneros, El Lugareño. A la Gaceta… se sumaron rápidamente numerosas publicaciones noticiosas surgidas gracias a las reformas liberales ocurridas en España y al desarrollo socioeconómico experimentado por el territorio. Entre ellas sobresalieron El Censor de Puerto Príncipe, El Zurriago Principeño y El Patriota Principeño. En la etapa, merece también una mención especial el Boletín de Ciencias, Arte y Literatura, distribuido mensualmente por la Gaceta entre sus abonados. Pero, sin lugar a dudas, el suceso periodístico más importante de la primera mitad del siglo XIX fue la aparición del El Fanal de Puerto Príncipe, el 1° de enero de 1844. «El nuevo periódico, que inició sus actividades circulando los lunes, miércoles y viernes» (Labrada, 1987: 33), rápidamente alcanzó preeminencia gracias a la publicación de novelas seriadas, anuncios comerciales y artículos de corte instructivo, con tanto éxito que en 1848 hizo quebrar a la Gaceta. 2.3 Independencia o muerte La guerra preside las últimas tres décadas del siglo XIX cubano. Durante esos años el antagonismo entre criollos y peninsulares se extendió a prácticamente todos los ámbitos de la sociedad colonial (Camagüey y su historia, 1989). El periodismo, como es lógico, no escapó a esa situación. En Puerto Príncipe, permanente escenarios de las luchas libertadoras, la batalla periodística alcanzó particular intensidad desde el mismo 10 de octubre de 1868. 13 El 12 de noviembre de 1817 el «el rey Fernando VII por decreto real otorgó el título de ciudad a la villa». (Luna, 2003: 29) La región principeña contaba para entonces con una población de casi 50 mil habitantes. 31 Por un lado, la prensa oficialista conformó rápidamente su frente de batalla encabezado por El Fanal…, que devino en encarnizado enemigo de los patriotas, como lo demuestran sus comentarios tras la muerte de El Mayor. « ¡Viva España! El titulado mayor general Ignacio Agramonte ha muerto en rudo combate […] Loor a los valientes de Gimaguayú [que] han conseguido un triunfo de notoria trascendencia por la pacificación de este distrito». (Labrada, 1987: 66) El movimiento independentista, también organizó sus medios de prensa. Así, el 4 de julio de 1869 volvió a publicarse, esta vez en los campos camagüeyanos, El Cubano Libre. Durante su fructífera existencia, el «Órgano Oficial de la República de Cuba» difundió «la Constitución de la República […] partes de guerra, informes de los combates […] disposiciones del Gobierno en Armas, leyes del República, artículos y poemas de encendido patriotismo». (Ricardo, 1989: 88) Otras publicaciones mambisas del período fueron El Mambí, La Estrella Solitaria y el Boletín de la Guerra. Mientras, en Puerto Príncipe circulaba desde 1875 El Correo de las Damas, fundado por Domitila García (Labrada, 1987), la misma que en 1857 había dirigido El Céfiro convirtiéndose así en la primera periodista de Cuba. Con el cese de las hostilidades la aparente benevolencia colonial posibilitó la aparición de infinidad de periódicos y revistas. El panorama periodístico de la época quedó conformado con la llegada de la imprenta a vapor, en 1884, y la constante disputa entre el siempre reaccionario Fanal y el nacionalista Arrebol. Fundado por Rafael Usatorres Ramírez 13 de septiembre de 1886, El Arrebol asumió con éxito un periodismo ágil e irreverente respecto a la realidad insular. Fue «una de las primeras publicaciones del país que se vendió voceada en las calles [y] llegó a imprimir hasta 1500 ejemplares, elevada cifra para la época, pues entonces un periódico de popularidad no tiraba más de 500 ejemplares diarios». (Labrada, 1987: 84) El reinicio de las luchas por la independencia, radicalizó nuevamente el periodismo principeño. El Fanal y sus acólitos asumieron posiciones cada día más anticubanas 32 mientras El Cubano Libre y el Boletín de la Guerra, volvieron a circular, con bastante regularidad, desde agosto de 1895. (Tirado, 1947) La guerra, sin embargo, habría de concluir con la desaparición de uno de los contendientes en esa guerra informativa. Así sucedió cuando, a la caída del régimen colonial español, El Fanal de Puerto Príncipe terminó su existencia. La Intervención Militar Norteamericana, iniciada el 1° de enero de 1899, abrió un nuevo período en la historia del periodismo camagüeyano. 2.4 En tiempos de «generales y doctores» Al comenzar el siglo XX Puerto Príncipe, con la mayor parte de su riqueza destruida y menos de 90 mil habitantes, devino en fácil presa para el expansionismo norteamericano, que durante las siguientes seis décadas la transformaría en un gigantesco feudo cañero14. (Pino, 2005) En ese contexto, buena parte del periodismo camagüeyano fue lastrado por el mercantilismo y la subordinación a los intereses del capital extranjero y la oligarquía nativa. El Camagüeyano, principal diario del territorio hasta el triunfo de la Revolución, fue un claro ejemplo de lo anterior. Fundado en 1900 con el nombre de El Liberal, que cambió seis años después debido a su filiación conservadora, El Camagüeyano alcanzó casi desde sus comienzos la preeminencia informativa de la provincia. Su experimentado cuerpo de periodistas, la variedad de sus contenidos, y un impecable diseño e impresión, convirtieron al «Gran Diario», como gustaba de autocalificarse, en una de las primeras y mayores empresas periodísticas del interior del país. La publicación de libros y otros impresos formaban parte también de los negocios de la Compañía Comercial El Camagüeyano S.A., que con oportunismo y habilidad supo maniobrar, e incluso beneficiarse, en todas las convulsiones políticas de la república burguesa 14 «Camagüey se convirtió, en cuestión de pocos años, en un gigantesco cañaveral: si en 1899 solamente había dos centrales, el Lugareño y el Senado, en 1907 ya eran cinco; en 1916, diecisiete; en 1925, veintinueve. El avance se reflejó en cifras: en 1899 Cuba produjo 335 668 toneladas de azúcar, con un valor de 18 000 000 de pesos; la producción de 1923 llegó a 3 645 967 toneladas, que representaron ingresos por unos 400 000 000 de pesos.» (Guerra, 1961: 286; citado en González, 2001: 286) 33 El periodismo principeño tuvo un impetuoso desarrollo de 1900 a 1958, período en el cual más de 650 publicaciones periódicas aparecieron «en la casi totalidad de las poblaciones más importantes y aun en zonas como La Gloria, Altagracia, Senado, Piedrecitas y Redención». (Labrada, 2008: 1) Junto a El Camagüeyano y El Noticiero, los dos principales diarios agramontinos, circularon El Sol, Opinión, Acción Libre, Camagüey Ilustrado, El Bayardo Camagüeyano y Tiempos Nuevos, entre un sinnúmero de otros medios de prensa que, casi siempre con muy pocos recursos y un público limitado, se dedicaron a los más diversos temas, muchos de ellos de interés social. Sin embargo, el complejo contexto socio político de la pseudo república conspiraba contra la existencia misma de una prensa imparcial y objetiva. El mercantilismo era bandera para muchas publicaciones y radioemisoras que, «más que al pueblo, representaban a partidos políticos, sociedades burguesas, comerciales e industriales, facciones raciales y religiosas y a grupos de empresarios». (Labrada, 2008: 2) La radio fue la otra gran protagonista en el ámbito periodístico camagüeyano de la primera mitad del siglo. Ya en marzo de 1923 El Camagüeyano había utilizado altoparlantes para difundir algunos programas de la PWX, radioemisora oficial del país, mientras algunos lugareños fabricaban primitivos receptores de galena. (Villabella, 2008) Menos de un año después, la noche del 16 de enero de 1924, salió al aire la 7AZ, primera emisora radial camagüeyana. Sus transmisiones desde el céntrico Hotel Plaza estuvieron integradas por «todo un programa político y cultural que fue escuchado por los oyentes de la demarcación [y en el cual] se escucharon por los radioyentes las últimas noticias del periódico El Camagüeyano». (Viñas, 2004: 25) El amplio éxito de esa experiencia pionera abrió las puertas para la extensión del medio por toda la provincia. Así, a la 7AZ, más tarde se convertida en la CMJA, le siguieron La Voz del Tínima, Casa Monteavaro, La Voz de Oro, CMJK (La Voz del Camagüeyano) y Radio Legendario, entre otras. Para mediados de la década de los cincuentas en Camagüey funcionaban un total quince radioemisoras, ocho de las cuales trasmitían desde la capital provincial. (Najarro, 2008) 34 Tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, el prestigioso periodismo camagüeyano se balcanizó. Por un lado, la prensa tradicional fue casi completamente amordazada, tanto a través de subvenciones gubernamentales como mediante eficaces mecanismos de censura Esa realidad condicionó el surgimiento de una prensa alternativa, clandestina en todas las fases de su elaboración, distribución y consumo, pero muy eficaz en la lucha contra la tiranía. ARPE, Patria, El Soldado Rafael, Choque y Adelante, fueron sólo algunos de los múltiples voceros editados por los movimientos revolucionarios. (Vallina, 2006) Durante el período jugó un destacado papel la «Sección de Propaganda del M-26-7, organizada desde finales de 1956 por [el líder estudiantil] Charles Morell» (Labrada, 2008: 5), gracias a la cual se llegó incluso a imprimir el periódico revolucionario El Cubano Libre, en la propia sede del Colegio Provincial de Periodistas. 2.5 La Revolución en marcha. Al triunfo de la Revolución, el 1º de enero de 1959, la provincia de Camagüey constituía un verdadero feudo de las grandes empresas norteamericanas y la burguesía nacional. Por eso, en los primeros meses de 1959 la tensión dominó las relaciones de las nuevas autoridades revolucionarias con la élite local. La Ley de Reforma Agraria, firmada el 17 de mayo de ese año, marcó el definitivo rompimiento entre ambos campos. En los siguientes meses los latifundistas camagüeyanos entorpecieron por todas las vías a su alcance el cumplimiento de la nueva legislación. (Camagüey y su historia, 1989) El punto culminante de ese conflicto llegó el 21 de octubre de 1959, cuando el entonces máximo jefe militar en la provincia, Hubert Matos, intentó encabezar una conjura sediciosa contra la Revolución. (Cantón y Duarte, 2006) La rápida y decidida acción del pueblo, unida a la llegada de Fidel y Camilo desde La Habana, frustró la conspiración que, de triunfar, hubiera puesto en serio peligro el futuro del proceso revolucionario. Tras esos sucesos la Revolución vivió una profunda radicalización en tierras agramontinas. Así, entre 1959 y 1963 fueron desarrolladas dos profundas reformas agrarias que destruyeron definitivamente a los grandes latifundios que hasta entonces habían regido la actividad económica de la provincia. (Camagüey; las luchas de ayer iluminan el camino de 35 hoy, 1977) De igual forma, el azúcar, principal sector productivo del territorio, pasó a estar bajo completo control estatal. Otras industrias menores como la alimentaria, eléctrica, ligera y ferroviaria también fueron nacionalizadas durante la primera mitad de los sesentas. Simultáneamente la Revolución emprendió un amplio plan de inversiones socioeconómicas que se centró en el desarrollo agroindustrial del territorio y la solución de los grandes problemas sociales acumulados durante siglos. A la edificación de diversas industrias en la norteña ciudad de Nuevitas, Camagüey y otros municipios, se sumó el desarrollo de grandes proyectos infraestructurales y agropecuarios como las empresas Rectángulo y Triángulo (ganadería), Ruta Invasora (arroz), y Sierra de Cubitas (viandas y frutales), que multiplicaron el volumen productivo de la provincia y contribuyeron a elevar el nivel de vida de su población. (Mi Patria y mi Provincia, 1992) Además, decenas de miles de viviendas fueron construidas en zonas urbanas y rurales, mientras cifras aún mayores se incluían en los planes de rehabilitación emprendidos desde el mismo año 1959. Sin embargo, los logros más espectaculares del período fueron alcanzados en el ámbito social. Cientos de centros educaciones surgieron en todos los puntos de la provincia. Al calor de las grandes inversiones educacionales el analfabetismo desapareció de las tierras agramontinas y se produjo un sustancial incremento del nivel cultural, que para finales de la década de los ochentas alcanzó un promedio de séptimo grado. También fueron creados una universidad y tres institutos universitarios, dedicados estos últimos a las ciencias médicas, la pedagogía y la cultura física, mientras en el campo de la cultura sobresalían una compañía de ballet clásico—la única del interior del país—y varias agrupaciones teatrales de reconocido prestigio. La salud pública, por su parte, también tuvo impresionantes mejoras. Tanto la mortalidad infantil como la esperanza de vida y la incidencia de enfermedades prevenibles alcanzaron índices comparables con los de países desarrollados. En el mismo período las capacidades hospitalarias se incrementaron con la apertura de hospitales en varios municipios y el desarrollo del sistema integral de salud. (Camagüey y su historia, 1989) 36 En una somera panorámica de la provincia de Camagüey durante los treinta primeros años de la Revolución, resulta imprescindible analizar su devenir periodístico. «Al concluir 1958 existían en la provincia de Camagüey 99 profesionales de la prensa y circulaban 39 periódicos y 17 revistas, sin sumar a ello 8 noticieros radiales.» (Labrada, 2008: 1) El desarrollo del gremio en el territorio tuvo un fuerte impulso desde el mismo 1959. El 7 de marzo de ese año inició sus trasmisiones el Canal 11 Televisión Camagüey, primero surgido fuera de la capital del país. El Canal 11, que podía ser visto en alrededor de la quinta parte del territorio de la actual provincia, funcionó hasta septiembre de 1961 y se distinguió por su moderna tecnología, la más avanzada existente por entonces en la Isla, por la calidad de sus programas y la aceptación que alcanzó entre la población agramontina. La nacionalización de los medios privados y el desarrollo de la prensa revolucionaria caracterizaron a la etapa que se extiende hasta comienzos del Período Especial. En esos años surgieron las radioemisoras municipales de Guáimaro, Santa Cruz del Sur y Sierra de Cubitas. Ellas, junto a las más experimentadas Radio Nuevitas y Radio Florida, conformaron el sistema de la radio camagüeyana, encabezada desde entonces por la emblemática emisora provincial Radio Cadena Agramonte, surgida en 1957. (Borges y Najarro, 2008) El punto culminante en el desarrollo del periodismo camagüeyano durante los ochentas, llegó el 24 de junio de 1985, con la salida al aire del telecentro Televisión Camagüey. La nueva televisora provincial representó un avance sustancial en el ámbito comunicativo local. Su éxito se debió, en buena medida, a la novedosa visión que brindó de la realidad lugareña. Para finales de la década, pese a errores y carencias, Camagüey podía enorgullecerse de sus avances económicos y sociales. Así lo reconocería, el 26 de julio de 1989, el Comandante en Jefe Fidel Castro. (Camagüey y su historia, 1989) 2.6 La década tormentosa Como el resto del país, la población agramontina sufrió los crudos efectos del Período Especial. En el caso del centroriental territorio resultaron especialmente nocivos los daños 37 ocasionados a la economía, basada en la producción agroindustrial, en particular azucarera y ganadera. Por entonces, a la casi completa pérdida de mercados, se unió la escasez de insumos imprescindibles para el desarrollo de las principales actividades productivas de la región. De igual forma, muy pocos proyectos sociales pudieron continuar en marcha. Decenas de miles de viviendas y otras inversiones programadas, e incluso iniciadas, quedaron suspendidas o sufrieron drásticas reducciones de recursos. Todos los sectores de la sociedad sintieron el peso de la crisis, que alcanzó cotas significativas en esferas tan neurálgicas como la alimentación, el transporte y los artículos de consumo. En medio de esa situación, sólo excepcionales medidas gubernamentales impidieron la debacle sanitaria y educacional que en cualquier otra nación hubiera acontecido. Incluso en los momentos más críticos de la década se mantuvieron en funcionamiento hospitales y otros centros asistenciales, mientras entre la población se distribuían suplementos vitamínicos y se buscaban dietas alternativas para paliar la escasez de alimentos. La educación también contó con su propia historia de resistencia, matizada por la aguda escasez de recursos y el abandono del sector por parte de cientos de profesores, debido a las difíciles condiciones de trabajo existentes. Sin embargo, ni los años más duros del Período Especial, ni su negativa repercusión sobre la sociedad, pudieron destruir a la Revolución. Para 1995 en la provincia se comenzaron a apreciar los primeros síntomas de reactivación económica. En ese año se iniciaron paulatinos incrementos de las producciones agropecuarias, principalmente ganaderas y de cultivos varios. Simultáneamente se reanimaban numerosas industrias procesadoras, que propiciaron el incremento de los productos distribuidos entre la población, tanto a través del sistema normado como en los mercados de oferta y demanda. En la misma etapa disminuyó la duración de los apagones y se apreciaron discretas mejoras en otros servicios infraestructurales, entre los cuales el abasto de agua y la transportación, sobresalían por su incidencia sobre al vida cotidiana. (Cantón y Duarte, 2006) 38 En general, hacia finales del siglo la sociedad y la economía agramontinas se beneficiaron con insuficientes pero apreciables mejoras. El auge del turismo, hasta ese momento muy poco desarrollado, contribuyó de forma decisiva al saneamiento financiero aunque sus efectos negativos aún constituyen motivos nada despreciables, de preocupación. En ese contexto, los medios de prensa también se recibieron algunas inversiones. Ante las restricciones materiales sufridas por las publicaciones periódicas, la radio y la televisión en la provincia habían asumido el protagonismo noticioso del territorio. La recuperación económica del país permitió mejorar las condiciones en que llevaban a cabo su labor, además de atender algunas de las necesidades más imperiosas existentes entre los profesionales del gremio. 39 3. MARCO METODOLOGICO Las investigaciones históricas sobre la prensa local y regional, y en particular sobre el período que se inicia con el triunfo de la Revolución, resultan aún insuficientes. En la actualidad la historia de los medios provinciales y municipales permanece relegada en el interés de la mayoría de los estudiosos sobre fenómenos comunicativos. Se pierde así buena parte de la memoria periodística cubana. Pasan al olvido incluso sucesos significativos que podrían resultar relevantes para la comprensión del proceso evolutivo de la prensa en la Isla, su panorama actual y futuro. El presente estudio, que desde una perspectiva cualitativa se propone subsanar al menos parcialmente esa carencia, tiene como problema de investigación: ¿cuáles fueron las características infraestructurales, estructurales y superestructurales del periódico camagüeyano Adelante desde su fundación, en enero de 1959, y hasta 1999? Acorde a esa problemática se plantea como objetivo general: caracterizar al periódico camagüeyano Adelante desde su fundación, en enero de 1959, y hasta 1999, y como objetivos específicos: Determinar los principales elementos que conformaron la infraestructura del periódico camagüeyano Adelante entre 1959 y 1999. Definir los rasgos estructurales del periódico camagüeyano Adelante durante el período estudiado. Analizar las características de la superestructura del periódico camagüeyano Adelante en la etapa investigada. En el desarrollo de la investigación se establecieron tres categorías analíticas, para cuya conceptualización se emplearon los presupuestos enunciados por el investigador español Manuel Martín Serrano en la página 55 de su libro La producción social de comunicación. Infraestructura: «Medios, de producción, difusión y reproducción de información (p. e., imprentas, emisores de radio, televisores). Son aquellos recursos y equipamientos disponibles para la producción y reproducción social (materias primas, herramientas) de una comunidad humana.» 40 Estructura: «Organizaciones mediadoras (p. e. empresas informativas). Representan, en el Sistema de Comunicación Pública (SC), a las instituciones creadas para la producción y reproducción de la sociedad (p. e., organización del trabajo).» Superestructura: «Visión de lo que acontece propuesta en las narraciones. Se asienta en las normas (jurídicas, éticas, morales, etc.), ideas (científicas, estéticas políticas, etc.) y creencias (dogmas religiosos, prejuicios, etc.) imperantes en una sociedad determinada.» Las labores investigativas se apoyaron en el análisis de distintos elementos. Ellos fueron: Infraestructura: Sistema de acopio de informaciones. Sistema de producción (impresión, abastecimiento material, instalaciones empleadas). Mecanismos de distribución. Estructura: Vinculación y/o subordinación del periódico a las instituciones administrativas y políticas. Mecanismos de sustento de la publicación. Sistema de administración del medio. Organización del cuerpo de reporteros. Superestructura: Orientación política de la publicación. Temas más tratados por la publicación a lo largo del período estudiado. Profundización y seguimiento brindados a los distintos contenidos. Presencia de la publicidad, la propaganda política y otros contenidos específicos dentro del medio estudiado. Uso de la fotografía, el color y otros elementos del diseño. Géneros más empleados. 41 Métodos y técnicas: Para el desarrollo de la investigación se emplearon el método bibliográfico-documental y el análisis de contenido cualitativo, «un método de investigación que se dedica a las descripción objetiva y sistemática del contenido manifiesto de la comunicación» (Kerlinger; citado en Wimmer y Dominick, en Alonso y Saladrigas, 2000: 66), que se ejecutó a partir de una guía confeccionada al efecto15. Como técnicas fueron utilizadas la revisión bibliográfica documental y la entrevista semi-estructurada. Debido al gran volumen de periódicos a analizar, se decidió seleccionar una muestra no probabilística intencional por criterio. En la misma fueron incluidos todos los números publicados en el mes de enero de los años comprendidos en el período que se estudia y los aparecidos en las semanas correspondientes a acontecimientos significativos ocurridos durante las cuatro décadas que abarca la investigación. Esa decisión se adoptó debido al carácter integrador que de forma habitual poseen los periódicos aparecidos a comienzos de cada año, donde se resumen logros y deficiencias de los doce meses anteriores y se prevén no pocos de los sucesos que marcarán el panorama noticioso de la etapa que se inicia. Por otro lado, los sucesos más importantes de esa etapa de la Revolución que se seleccionaron para el análisis, además de por su propia significación, sobresalen por el trascendente lugar que ocuparon en la existencia del medio y la provincia. Los hechos y ejemplares del periódico seleccionados para el análisis fueron: El intento de sedición contrarrevolucionaria ocurrida en Camagüey en octubre de 1959. El azote del huracán Flora. La ofensiva revolucionaria de 1968. La Zafra de los Diez Millones. El Centenario de la caída en combate de El Mayor. Los actos nacionales por el 26 de Julio realizados en Camagüey en 1977 y 1989. 15 Ver Anexo N° 1: Guía para el análisis de contenido del periódico camagüeyano Adelante. 42 Los comienzos del Período Especial. La crisis migratoria de agosto de 1994. La utilización de los métodos y técnicas antes mencionados permitió la triangulación metodológica de la presente investigación histórica, que posee carácter descriptivo y un diseño de estudio de caso único, «proceso de indagación que se caracteriza por el examen destallado, comprehensivo y sistemático del caso objeto de interés» (Rodríguez et al., 2004: 92) y que permite reflejar el desenvolvimiento de la publicación ya mencionada en tan prolongada como decisiva etapa en la historia de la prensa cubana. 43 4. ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS Cuatro días demoró en volver a circular, luego del triunfo de la Revolución, el periódico El Camagüeyano. Mientras Cuba vivía los momentos más trascendentes de su historia, el principal rotativo de la provincia agramontina callaba en espera del rumbo final que habría de tomar el país tras el derrocamiento de la dictadura batistiana. No era la primera vez que el Gran Diario, como le gustaba autotitularse, aplicaba la estrategia de «esconder la cabeza en el suelo hasta que pasara la tormenta». Ya en otros convulsos momentos históricos como la guerrita de La Chambelona y la caída de Machado, su «flexibilidad política» le había permitido sortear posiciones comprometedoras y quedar siempre en el bando de los vencedores. No había razones para pensar que ahora no pudiera suceder lo mismo, o al menos, así esperaban sus propietarios. Su cómplice tolerancia ante los desmanes de la tiranía derrocada, de la cual había recibido jugosas subvenciones, motivaban la cautela de los directivos de la Compañía Comercial El Camagüeyano S.A., que desde comienzos del siglo habían marchado a la cabeza de los medios noticiosos en la provincia. Por eso, y para «pasar la página» de tan comprometedoras relaciones, al volver a las calles el 5 de enero de 1959 el rotativo apostó por un lenguaje conciliador, oscilante entre el apoyo mesurado a la Revolución y llamados a la reconciliación. Sus criterios representaban la opinión de los grandes propietarios cubanos y extranjeros que desde hacía décadas habían acaparado casi la totalidad de las riquezas y cargos administrativos del territorio. Esas élites pretendían, con su aparente apoyo al naciente proceso revolucionario, impedir la adopción de medidas tan radicales como la Reforma Agraria, verdadera espada de Damocles pendiente sobre no pocas fortunas locales. Al mismo tiempo, el Movimiento 26 de Julio (M-26-7) y otros grupos revolucionarios se enfrascaban en la reorganización de las estructuras estatales y la sociedad camagüeyana en general. Ese proceso de inmediato impuso a las nuevas autoridades la necesidad de contar 44 con un órgano de difusión propio, que informara y orientara a la población de la extensa provincia.16 Espacios en plantas radiales y publicaciones diversas, entre las que se encontraba el propio El Camagüeyano, habían demostrado su insuficiencia para enfrentar las cambiantes y complejas circunstancias de aquellos días. Además, y aquí radicaba la base del conflicto, el carácter privado de casi todos los medios de difusión masiva del centroriental territorio dificultaba en gran medida su empleo para la divulgación de materiales casi siempre opuestos a las posiciones políticas de sus propietarios. Se imponía entonces la necesidad de una nueva prensa, completamente comprometida con la Revolución. 4.1 Nace un nuevo medio El viernes 9 de enero de 1959 el colegio Cisneros (hoy Secundaria Básica Noel Fernández), ubicado en la ciudad de Camagüey, sirvió de escenario a una reunión sui géneris. No acudían a ella los estudiantes del plantel ni sus padres, sino los dirigentes de la Sección de Propaganda17 del M-26-7 en la provincia y numerosos periodistas de reconocida militancia revolucionaria. Crear un periódico que sirviera de vocero a la Revolución y enfrentara los ataques que ya comenzaban a producirse contra ella, fue el principal acuerdo de ese encuentro. Las diferencias existentes entre el nuevo gobierno y los propietarios de los principales medios noticiosos de la región no dejaban otra salida que organizar una publicación propia y con características similares a las del más importante rotativo local. Precisamente por eso se acordó que el nuevo medio se redactara e imprimiera en las instalaciones de El Camagüeyano, situadas en el céntrico callejón de Finlay N° 4, aunque a 16 En 1959 la provincia de Camagüey estaba integrada también por regiones de las actuales provincias de Las Tunas y Sancti Spíritus, además del todo el territorio que hoy ocupa Ciego de Ávila. En ese año la provincia se extendía por unos 21 mil kilómetros cuadrados y contaba con más de 640 mil habitantes. (Luna, 2002) 17 Creada clandestinamente en 1956 por el dirigente revolucionario Charles Morell, agrupó a numerosos periodistas y trabajadores del gremio, entre ellos, a buena parte de los que laboraban en El Camagüeyano. La publicación de periódicos clandestinos y propaganda revolucionaria fueron sus principales actividades durante la lucha contra la tiranía. 45 diferencia de este último, circulando en horas de la tarde, debido a la insuficiente capacidad de las máquinas impresoras allí instaladas, para producir dos periódicos matutinos a la vez. En la misma reunión, de entre numerosas propuestas, quedó definido el nombre que habría de identificar al novel diario. ¡Adelante!, entre signos de exclamación, fue la idea planteada por el periodista Gustavo Tomeu Riverón y aprobada por la mayoría de los presentes. Con esa palabra, que inicia la segunda y más vibrante estrofa del himno del 26 de Julio, se pretendía definir claramente los objetivos de la publicación y rendir homenaje a la Revolución triunfante. Así, la tarde del lunes 12 de enero de 1959 circuló por primera vez el periódico ¡Adelante!, «Órgano Oficial del Movimiento Revolucionario 26 de Julio», con una frecuencia casi diaria (sólo dejaba de aparecer los lunes) y una tirada de aproximadamente cinco mil ejemplares. (Ver Anexo N° 3) Su Consejo de Dirección estaba conformado por periodistas miembros del M-26-7, entre los que sobresalían Gustavo Tomeu Riverón, Manolo de la Torre, Enrique López González, Miguel Verdugo Guerrero y Rolando Nieves Casas. A ellos, pronto se sumarían integrantes de la Sección de Propaganda del Movimiento y estudiantes de la Escuela Profesional de Periodismo Walfredo Rodríguez Blanca18. La aparición de Adelante en el ámbito informativo de la provincia fue un verdadero suceso. Ya en los primeros días de su existencia el nuevo medio entraría en conflicto con El Camagüeyano, su predecesor y compañero de redacción. El punto de ruptura fue la detención, el 26 de enero del propio año 1959, de Carlos Pérez de Armas, presidente de la Compañía Editora El Camagüeyano S.A., y Walfredo Rodríguez, director de ese diario, ambos acusados de complicidad con el régimen batistiano. El suceso cobró rápida notoriedad debido a la preeminencia de los implicados y no dejó otra opción a El Camagüeyano que definir sus posiciones. El Gran Diario, como era lógico 18 Fundada en octubre de 1955, en ella cursaron estudios tanto jóvenes que llegaban por primera vez al mundo de la información como profesionales ya en ejercicio, que aún carecían del diploma correspondiente. De sus aulas, que fueron escenario de constantes confrontaciones políticas, se graduaron la mayoría de los periodistas que, tras el 1º de enero de 1959, emprenderían el desarrollo de la prensa revolucionaria en la provincia. 46 prever, reaccionó cuestionando la decisión y poniendo en duda la veracidad de las pruebas presentadas por el tribunal revolucionario que llevaba el caso, a lo que ¡Adelante! respondería cuatro días después divulgando el listado de todas las publicaciones que recibían subvenciones de la tiranía. En ese documento, llamado eufemísticamente «Atención mensual para periódicos y revistas», El Camagüeyano ocupaba una posición sobresaliente, entre El Mundo, Ataja y El Diario de la Marina. Luego de tan duro golpe el añejo diario nunca logró recuperar por completo su otrora indiscutible influencia. Aún así se mantuvo funcionando hasta el 31 de marzo de 1959, fecha en que el Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados lo intervino junto a otros medios entre los que sobresalían El Noticiero de Camagüey, El Pueblo (impreso en la ciudad de Ciego de Ávila) y varias radioemisoras. Mientras tanto Adelante experimentaba un sostenido auge. A comienzos de febrero, la designación de Rogelio Cisneros Díaz como director y nuevas incorporaciones de estudiantes de la Escuela Profesional de Periodismo contribuyeron al afianzamiento de la publicación que, incluso antes de la desaparición de El Camagüeyano, ocupó las posiciones de mayor preferencia entre el público del territorio. Además, desde el 4 de abril, se convertiría en matutino. Los primeros cuatro años en la vida del medio revolucionario pueden considerarse entre los más complejos de toda su historia. A las carencias materiales que debió sortear durante el período y los cambios que sufriera en casi todos los órdenes de su labor, se sumaron las convulsiones propias de esos años decisivos en la historia de Cuba. Adelante surgió con muy escasos recursos. En sus comienzos no contaba con medios de transportación propios y su reducida plantilla de trabajadores carecía incluso de fotógrafos, razón por la cual debía emplear a varios de esos profesionales provenientes de negocios privados. El M-26-7, la institución rectora del periódico por entonces, se encargaba en lo fundamental de orientarlo desde el punto de vista ideológico pero no se encontraba en condiciones de garantizar económicamente su funcionamiento. Por eso, en los primeros años la principal fuente de ingresos de la nueva publicación fue la publicidad. Los recursos del rotativo eran tan reducidos que la mayoría de sus periodistas estaban obligados a 47 trabajar además como docentes, agentes comerciales o empleados en diversas instituciones gubernamentales entre las que sobresalía el INRA. La realización del impreso constituía todo un reto. Habitualmente sus informaciones provenían en lo fundamental de la ciudad de Camagüey y zonas aledañas. Era un periódico de «goma y tijera», que para su redacción empleaba las más diversas fuentes, entre las que abundaban diarios llegados de la capital del país y de algunas poblaciones del interior. Además resultaba muy útil el servicio cablegráfico de la Prewi, una especie de agencia noticiosa establecida en La Habana, que suministraba buena parte de las informaciones nacionales y extranjeras. Un aspecto curioso del proceso productivo de la publicación en esa etapa era la existencia de no pocos reporteros freelancers, muchas veces vinculados también a otros medios de prensa, que elaboraban sus trabajos de forma independiente y luego los ofrecían al periódico. La contratación de anuncios entre los comerciantes y productores locales constituía otra de las fuentes de ingresos más empleadas por no pocos periodistas. El Departamento Comercial, ubicado en la calle República junto al conocido Teatro Apolo, se dedicaba a la venta de la publicidad, con espacios tarifados por pulgadas, en precios que variaban según la posición, la página y las características específicas del material (tamaño, elementos gráficos empleados, etc.). También tenía gran repercusión la página 7, donde aparecían los anuncios clasificados, muy empleados por la población y que tenían un precio de hasta dos pesos por pulgada. En esos primeros años entre dos mil y tres mil ejemplares diarios se destinaban a la ciudad de Camagüey mientras el resto se distribuía por el antiguo territorio agramontino utilizando principalmente ómnibus y el ferrocarril, servicios que no siempre resultaban eficientes y motivaban retrasos de hasta dos días en zonas aisladas o de difícil acceso, principalmente de las actuales provincias de Ciego de Ávila y Las Tunas. La distribución corría a cargo del propio diario, que durante las madrugadas—una vez concluidas la impresión de cada número—organizaba los envíos a los distintos municipios y la capital provincial. 48 Hacia los inicios de la Revolución el periódico no disponía de muy avanzadas tecnologías tipográficas. De El Camagüeyano había heredado una máquina rotoplana19 con superficie de plomo para la impresión directa, que procedía de los Estados Unidos. Capaz de imprimir sólo en blanco y negro, y no más de mil ejemplares por hora, ese equipamiento imponía constantes retos a sus operarios, que para elaborar el periódico debían enfrentar los obstáculos provocados por la falta de piezas de repuesto y otros insumos. Con posterioridad se emplearía una rotativa20 Hoer, de procedencia norteamericana, capaz de «tirar» hasta 32 páginas a tres colores, de forma simultánea. Se trataba de una máquina muy eficiente, entre las más modernas del interior del país, que había sido adquirida por El Camagüeyano poco antes del triunfo de la Revolución. Meses después de su surgimiento Adelante comenzó a utilizarla hasta que, a principios de los setentas, fue traslada a otra provincia. Sin embargo, las dificultades no pudieron impedir el desarrollo del primer periódico fundado tras el 1° de enero de 1959. La acelerada evolución que vivió en los primeros años de su existencia permite apreciar con claridad las estrechas interrelaciones existentes entre la prensa, el poder en los distintos contextos socioeconómicos. En general, durante los dos primeros años de su funcionamiento, Adelante no logró desligarse completamente del influjo de la prensa norteamericana que primaba en las publicaciones de la Isla. En el diseño, por ejemplo, mantenía las características fundamentales de su predecesor, El Camagüeyano: planas a ocho columnas separadas por recuadros21, grandes bloques de texto que ocupaban casi todo el espacio de cada página, pocas fotografías frente al predominio de ilustraciones, titulares llamativos, con puntajes 19 También llamadas planocilíndricas. En ellas, un cilindro presiona las hojas contra el molde impresor colocado sobre una lámina metálica llamada platina. A diferencia de las rotativas, que utilizan bobinas, las máquinas de impresión planocilíndricas emplean papel cortado. 20 Máquina de impresión «a base de dos cilindros,