Facultad de Humanidades Especialidad Letras Departamento de Literatura y Lingüística Trabajo de Diploma Intertextualidad en la novela Al cielo sometidos de Reynaldo González Autor: Delvis Toledo De la Cruz Tutor: MSc. José Domínguez Ávila 2015-2016 AGRADECIMIENTOS A los que estuvieron, a los que están y a los que estarán… DEDICATORIA A los pícaros y pícaras del siglo XXI, pero sobre todo a los que piensan igual que Antonio el de Extremadura: « Sin libertad, hasta el aire que se respira duele.» RESUMEN Por ser el estudio de la intertextualidad uno de los más relevantes dentro del campo de la literatura actual, la presente investigación se propone examinar y analizar en relación con los procesos intertextuales de la novela Al cielo sometidos de Reynaldo González, su asimilación de los componentes literarios de la tradición picaresca española, destacando además sus aportes a la literatura cubana y latinoamericana de acuerdo a lo renovador y transgresor. En pro de dar cumplimiento al problema científico de la investigación, resultó imprescindible realizar una conceptualización de la intertextualidad, como fenómeno que impulsa la generación de nuevos sentidos y significados dentro de una misma obra literaria, en su correspondencia con otros textos. Las generalidades del fenómeno a estudiar y la caracterización de la novela picaresca española y latinoamericana, ocupan el primer capítulo de este estudio: ―Intertextualidad y novela picaresca‖. En el segundo capítulo: ―Análisis intertextual de la novela Al cielo sometidos‖, se observan los aspectos más significativos de la biografía del autor, se analizan las relaciones intertextuales que se establecen con los principales referentes tanto picarescos como de otra índole, teniendo en cuenta los tipos intertextuales propuestos para dicho análisis, y cómo son asimilados sobre la base de un pensamiento nuevo y actualizado. ÍNDICE INTRODUCCIÓN ............................................................................................................ 1 CAPÍTULO I: INTERTEXTUALIDAD Y NOVELA PICARESCA ...................................... 6 1.1. Intertextualidad: concepto y caracterización ...................................................... 7 1.2. La novela picaresca: su caracterización .......................................................... 19 CAPÍTULO II: ANÁLISIS INTERTEXTUAL DE LA NOVELA AL CIELO SOMETIDOS .36 2.1. Generalidades: el autor y su novelística ......................................................... 36 2.2. Intertextualidad texto-realidad, texto-género. Personajes representativos…...42 2.3. Intertextualidad texto-texto. Los referentes picarescos y otros………………...63 CONCLUSIONES ......................................................................................................... 83 RECOMENDACIONES…………………………………………………………………….....85 BIBLIOGRAFÍA……………………………………………………………………… ……...86 1 INTRODUCCIÓN Los estudios e investigaciones sobre el fenómeno de la intertextualidad son de especial relevancia si se tiene en cuenta sus inicios bastante tardíos, luego de la segunda mitad del pasado siglo cuando la teórica búlgara Julia Kristeva acuñara el término en el año 1967. Con anterioridad a Kristeva ya otro investigador, Mijail Bajtín se había pronunciado por la construcción de una noción acertada sobre el tema, con el fin de sustituir la segmentación estática que se tenía de los textos y abordar la ―palabra literaria‖ no en un sentido fijo, sino concebido como un cruce de superficies textuales. Así, la concepción bajtiniana de los procesos que se dan en la literatura poseen una esencia dialógica, se funda en el diálogo y en la manera en la que el proceso de comunicación (que siempre es polifónico y pluridireccional) se desarrola. De este modo la literatura se convierte en el medio idóneo para aplicar el análisis intertextual y extraer a partir de él novedosos resultados que exponen la relación directa de la literatura del pasado con la del presente. Tal es el caso de la novela picaresca española, que cobra nueva vida y vuelve a ejercer, como lo ha hecho desde su aparición en el siglo XVI, una profunda autoridad dentro de las letras hispanoamericanas, desde hace más de dos centurias hasta los momentos actuales. La picaresca tiene ese carácter: representa hechos de la realidad en la mayoría de los casos de manera didáctica, bajo el motor impulsor de seguir adelante que presentan los protagonistas. El género tiene una enorme capacidad de renovación en relación con sus respectivos contextos socioculturales y sus sujetos, que la actualidad literaria no deshecha. En esencia, la picaresca no será una modalidad literaria olvidada mientras las artimañas de los pícaros vengan a condimentar la existencia, algo que resulta bastante usual en los países latinoamericanos. De este modo, los estudios intertextuales que se pueden implementar a una obra literaria, han logrado y logran insertarse a la medida en el largo proceso histórico- literario que vive el mundo en la actualidad. Con su manejo, los distintos autores (Manfred Pfister, Jonathan Culler, Yuri Lotman, M. Riffatterre, M. Glowinski, G. Genette 2 o el propio Bajtín) asumen determinados temas de diferentes modos y en consecuencia, pueden aportar elementos nuevos que enriquecen su realidad. Por tales razones, en la presente investigación se propone como tema la intertextualidad en la novela Al cielo sometidos del escritor cubano Reynaldo González partiendo de sus propias especificidades. Para ello se ha escogido operar principalmente con las tipologías ofrecidas por el teórico Ryszard Nycz en cuanto a la relación explícita que existe entre dos textos (relación texto-texto y texto-realidad) bajo las diversas apariencias en las que se pueda encontrar. De este modo, mediante el proceso de la comparación entre los textos literarios y utilizando el análisis intertextual será posible concretar que la novela picaresca española y otros textos pertenecientes a la época de su surgimiento, constituyen la base narrativa que Reynaldo González toma para la creación de sus personajes y acontecimientos en Al cielo sometidos. Por lo que se plantea el siguiente problema científico: Problema científico: ¿Cómo operan los tipos intertextuales e intertextos en la novela Al cielo sometidos en su representación de la realidad sociocultural española de finales del siglo XV? Como objetivo general: - Examinar, atendiendo a la integridad temática, ideológica y estilística, lo renovador de la novela Al cielo sometidos en su asimilación de la tradición literaria española, en específico de la narrativa picaresca. Como objetivo específico: - Analizar los tipos intertextuales e intertextos de la novela Al cielo sometidos en su relación con sus referentes externos. Así, analizando un fenómeno de gran relevancia en los estudios literarios, se logra también el acercamiento a una novela cubana actual, merecedora de importantes premios: Ítalo Calvino (2000) el Premio Nacional de la Crítica (2001) y el Premio de la Academia Cubana de la Lengua en el año 2005. 3 El presente estudio se apoya en la importancia de contribuir a los exiguos estudios que hasta ahora se han realizado sobre dicha novela. La más reciente y cercana investigación realizada data del año 2012 con un estudio titulado Análisis del sistema de personajes en Al cielo sometidos en la presente Universidad Central Marta Abreu de Las Villas por la estudiante Ilien Sotolongo Castro, lo cual hace del presente estudio un continuador de las investigaciones literarias en dicha universidad, y en el resto de las instituciones de nivel superior presentes en Cuba. Por tanto, posee una connotación especial como punto de apoyo y antesala para futuros trabajos que se realicen con un enfoque semejante. Sobre la presente novela de Reynaldo González son escasos los estudios e investigaciones de gran alcance dentro del panorama crítico cubano, remitiendo solo a entrevistas, prólogos, y presentaciones en artículos aislados. Los estudios propiamente de crítica literaria y de investigación son escasos, de los que se pueden citar se hallan reunidos los estudios de importantes figuras de las letras cubanas como Nara Araújo, Beatriz Maggi, o Marlen Domínguez sin descartar a otras figuras del ámbito periodístico como Julio Martínez Molina. Destacan los trabajos ―Verdad, poder y resistencia en Al cielo sometidos‖ del año 2003 y ―Al cielo sometidos‖ de Araújo y Beatriz Maggi respectivamente. También hallamos un breve estudio de Rogelio Riverón titulado ―El cielo pecador. Una relectura de Al cielo sometidos‖ (2006). Otros autores tienen presente a la novela parcialmente en el análisis lingüísticos debido a la riqueza léxica que presenta y la relación que posee con el léxico de la obra literaria de Miguel de Cervantes, tal es el caso de ―Los que hoy vivimos, con su lengua hablamos…‖(2006) de la profesora y lingüista cubana Marlen Domínguez. No se debe dejar fuera la serie de publicaciones de diversa índole que han sido dedicadas al autor de la novela en el sitio web Cubaliteraria y en Cubarte, que remiten directamente a autores como Alberto Infante, Julio Martínez Molina y Filippo La Porta. Entre ellos, son importantes algunos trabajos como ―Al cielo sometidos: dos pícaros nada celestiales‖, ―La picaresca barroca de Reynaldo González‖, este último publicado en una serie de entrevistas hechas al autor por Filippo La Porta para las revistas Il Manifesto y L`Unitá en el año 2003. 4 Además, a las primeras ediciones de la obra se les han dedicado varias presentaciones por parte de algunos especialistas, entre ellos la de Jorge Luis Arcos para la primera edición del libro en Cuba, y otro ofrecido para la revista Unión, así como otros trabajos en revistas latinoamericanas; ―Cruces y encrucijadas en Al cielo sometidos de Reynaldo González‖ de Fernanda Elisa Bravo Herrera. Se consideró muy apropiado utilizar como textos de especial referencia en cuanto al análisis teórico, los estudios de José Enríque Martínez Fernández, La intertextualidad literaria (base teórica y práctica textual) (2001) así también la Selección y traducción de textos de Desiderio Navarro Intertextualité. Francia en el origen y desarrollo de un concepto (1997) e Intertextualitat, la teoría de la intertextualidad en Alemania (2004). Con estos estudios considerados esenciales y con el auxilio de otros textos afines se puede contar con las posturas fundamentales de la crítica para el abordaje de la metodología de análisis intertextual. Así también para la consulta de bibliografía pasiva relacionada con el género de la picaresca en sentido general, se cuenta principalmente con el apoyo de una amplia bibliografía, entre los cuales destacan La literatura picaresca desde la historia social (1986) de José Antonio Maravall, La novela picaresca y el punto de vista (1970) de Francisco Rico, El concepto de género y la literatura picaresca (1992) de Fernando Cabo por solo mencionar algunos. Se consideran textos igualmente relevantes y de consulta necesaria las obras de Alonso Zamora Vicente, Enrique Tierno Galván y Jenaro Taléns; Qué es la novela picaresca (1962), Sobre la novela picaresca y otros escritos (1974), y Novela picaresca y la práctica de la transgresión (1975), respectivamente, entre otros. Asimismo se han recopilado varios estudios editados en revistas nacionales e internacionales sobre la novela y el héroe de la picaresca, tales son los casos de Salvador Bueno y Pedro Salinas, en la revista Bohemia (1963) y la Revista de la Universidad de Buenos Aires (1946). En la organización de la investigación, la estructura quedó conformada en primer lugar por la presente introducción, que da continuidad a dos capítulos: el primero de ellos presenta dos epígrafes concernientes a las cuestiones teórico-metodológicas; la conceptualización y caracterización de la intertextualidad como fenómeno literario, teniendo en cuenta a los autores principales y las consideraciones conceptuales desde 5 su aparición hasta convertirse en un fenómeno de gran alcance literario, y un segundo epígrafe dedicado a la descripción y caracterización de la novela picaresca; las obras paradigmáticas, enfocando el análisis en las características más relevantes que los estudiosos del género le han otorgado, el contexto de desarrollo y los rasgos de sus personajes principales. El segundo capítulo está destinado al análisis intertextual de la novela; presenta tres epígrafes fundamentales con el objetivo de lograr un estudio más orgánico, que van desde la visión del autor de la obra, su novelística, la realidad sociohistórica de los personajes en la novela Al cielo sometidos, los principales referentes picarescos en ella y el análisis de otros intertextos. Por último están las conclusiones de la investigación y posteriormente la propuesta de las recomendaciones que se pueden adoptar en caso de que se continúe la misma línea de estudio en la obra. 6 CAPÍTULO I INTERTEXTUALIDAD Y NOVELA PICARESCA En la tercera edición cubana de la novela Al cielo sometidos perteneciente al año 2009 aparecen destacadas varias reseñas críticas en las que, entre otros aspectos, se coincide en ―la hazaña literaria‖1 lograda con la obra como un producto artístico que rinde tributo y ―respeto por la época narrada, lo que deviene una bien lograda reconstrucción del momento histórico en cuestión, y la sapiencia demostrada por el escritor en materias tan disímiles como las corrientes filosóficas y del pensamiento sociales manejadas en el período‖2. Por tanto, la novela de Reynaldo González se va a identificar por la presencia de recursos intertextuales cuyas fuentes principales van a proceder esencialmente de la historia y literatura españolas. Es por ello que en el texto se generan varios tipos intertextuales, razón que demuestra la importancia de conocer y tener claras las nociones sobre este concepto, como proceso que otorga los elementos básicos para el análisis de la novela. De ahí que en el presente capítulo se pretenda caracterizar el fenómeno literario desde las posturas abordadas por los teóricos más relevantes; sus directrices principales en distintos momentos históricos desde el origen conceptual, las tipologías que se han establecido y su propuesta metodológica para este trabajo. Por otro lado, como texto que rinde homenaje a la clásica novela picaresca, es necesario también en este capítulo una observación directa de las características fundamentales que definen a este tipo de literatura; destacando el interés por las obras más conocidas y de más alta calidad literaria, que han servido de paradigma al género. En ese orden, se plantea también desmenuzar la esencia de sus héroes o 1 Beatriz Maggi: «Sobre Al cielo sometidos», en Al cielo sometidos de Reynaldo González, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2009, p. 288. 2 Amir Valle: «Sobre Al cielo sometidos», en Al cielo sometidos de Reynaldo González, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2009, p. 297. 7 protagonistas con el fin último de analizar en Al cielo sometidos un estudio picaresco que se reactualiza. 1.1. Intertextualidad: concepto y caracterización La intertextualidad, entendida como categoría bajtiniana, es una asunción de otros enunciados en la comunicación humana como un proceso que implica la transmisión de los significados insertos en la tradición cultural y la generación de nuevos significados y sentidos. De este modo se percibe su naturaleza histórica transtextual, o expresándolo de manera globalizadora, transcultural. La teoría de la intertextualidad se sustenta sobre la base de que no es posible la lectura y la existencia de un texto sin tener presente la realidad de su época, de otra época y la autoridad de otros autores y escritos. Sus rasgos se apoyan en hechos concretos, parten siempre de elementos relacionados con la realidad, en la que todo está ligado, como un tejido; en el que se pueden presentar elementos iguales, semejantes y opuestos de un texto antiguo en uno actual. Resulta de este modo una interconexión, engarzamiento entre textos, que remite a ―un rasgo de enunciado a otro texto (literario) en el sentido casi infinito de la palabra‖3, sin importar que sean o no literarios. El catedrático español y crítico literario Ricardo Senabre menciona sus consideraciones al respecto refiriendo que la ―intertextualidad‖ él la observa como el término acuñado por Julia Kristeva en el año 1967 para designar un fenómeno literario practicado desde hace siglos: ―la inserción en el texto propio de fragmentos breves, citas o frases pertenecientes a textos ajenos y, por lo general, fácilmente reconocibles por el lector‖4. Señala también que las funciones del intertexto pueden ser muy variadas: un homenaje patente al autor citado, un reconocimiento explícito e implícito de modelos y también un indicio para interpretar el texto presente al incorporarle el sentido de la obra que se toma en préstamo. Pero insiste sobre todo en que ―la intertextualidad nada tiene que ver con la copia. Es un procedimiento recomendado, incluso, por los tratadistas del Renacimiento, desde Marco Girolamo Vida hasta Ronsard o Pedro Simón Abril. Se 3 Desiderio Navarro: Intertextualität 1, la teoría de la intertextualidad en Alemania, Casa de las Américas/UNEAC, 2004, p. 53 4 Ricardo Senabre: «Del intertexto al plagio», en El Cultural de El Mundo, 9-15 de mayo, 2001, p. 3. 8 considera que lo original de un texto no reside en sus componentes aislados, sino en el conjunto‖.5 En este sentido la intertextualidad tiene una estrecha relación con lo que la historia literaria y la literatura comparada conocían, desde antes, como estudio de ―fuentes‖, pero la definición actual va mucho más allá, convirtiendo en relativos los resultados de aquellas tendencias positivistas, para proponer una idea del texto colmado de apreciaciones múltiples. Algunos refieren la intertextualidad a cuestiones de procedimientos, es decir, lo asumen desde una acepción más esquemática. Resulta un criterio que puede discutirse, debido a que es un elemento fundamental en la configuración histórica de la literatura, ya que todo texto es consecuencia de otros, y precedente para muchos, con los cuales se encadena en una trayectoria histórica que ilustra en última instancia un producto cultural. En este sentido se apunta a la productividad de textos, es decir, al cómo los textos pueden transformarse y reestructurase existiendo convenciones (géneros, discursos) para generar nuevos textos, manifestando su heterogeneidad. Así lo decía Marcelino Menéndez Pelayo en su ensayo ―La Celestina‖ (1919) antes de Bajtín: ―Todo se une, todo se encadena en la historia literaria; no hay antecedente pequeño ni despreciable; no hay obra maestra que no esté precedida por informes ensayos, y no sugiera (…) un mundo de relaciones cada vez más complejas y sutiles‖6. José Enríque Martínez Fernández en su libro La intertextualidad literaria (base teórica y práctica textual) (2001), para quien el fenómeno supone, siguiendo al teórico francés Gérard Genette la relación de un texto con otro u otros textos, la producción de un texto desde otro u otros precedentes, manifiesta también la necesidad de acotar y concretar el término. Defiende que, la ―Intertextualidad‖ es un concepto que debe circunscribirse a ciertos hechos concretos si lo que se quiere es su utilidad para el estudio comparatista; si no es así, corre el riesgo de solapar bajo el mismo término todo tipo de afinidades, relaciones, alusiones, reminiscencias, convenciones y tradiciones, 5 Ídem, p. 3 6 Marcelino Menéndez Pelayo: «La Celestina» en Origen de la novela, Tomo III, Aldos, S.A., Santander, 1943, p. 353. 9 extendiendo el concepto hasta el infinito: ―Tzvetan Tódorov se apoyaba en la «Intertextualidad» como una aplicación puntual, pues de lo contrario, aplicándolo a todo, podía pasar del rango de recurso conceptual al de lugar común.‖7 Otros críticos en cambio, señalan otros puntos de vista y perspectivas intertextuales destacándose la figura de Michael Riffaterre. Considera que estas relaciones entre los textos son la esencia de la lectura literaria. La cantidad de interrelaciones que se dan en un texto literario no tiene sentido sin un lector; por lo tanto, más que proceso de producción, es un fenómeno de recepción, fundamental en la decodificación o interpretación del texto. Acepta la ―Intertextualidad‖ como ―la percepción por parte del lector de las relaciones entre una obra y otras que la preceden, componente esencial de la literariedad por cuanto que la función estética de un texto reposa sobre la posibilidad de integrar un texto en una tradición o en un género.‖8 Al reconocer el carácter comunicativo del texto, entendido este como un producto o registro cultural, se está dentro del concepto de intertextualidad. La intertextualidad indica la relación entre textos y otros fenómenos socioculturales, los cuales pueden ser coetáneos de un mismo período o de una etapa anterior. Este vínculo entre textos del pasado y del presente desde el punto de vista cultural es expresión de la tradición, partiendo del hecho de que toda creación del hombre porta una realización creadora y original, llevando consigo una relación entre tradición y renovación. Para reforzar esta idea es válido destacar los criterios del investigador Adolfo Colombres cuando refiere que: ―La tradición bien entendida no es lo que debe cambiar sino lo que debe cambiarse‖9, en ese cambio, está contenida dicha renovación; de modo que cuando se refiere al tema ―se quiere decir tan solo que hay que contar con ella en el punto de partida, como una referencia valiosa para producir significados.‖10 7 José Enríque Martínez Fernández: La intertextualidad literaria: (base teórica y práctica textual), Cátedra, Madrid, 2001, p. 75. 8 Amelia Sanz Cabrerizo: «La noción de intertextualidad hoy», Revista de Literatura, LVII, núm. 114, 1995, pp. 341-62. 9 Adolfo Colombres: La emergencia civilizatoria de Nuestra América, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2001, p. 118 10 Ídem, p. 119 10 En la teoría literaria planteada por Bajtín se concibe la novela, como polifonías textuales donde resuenan, además de la autoral, otras voces, como una heterología o heteroglosia, o sea, como una apropiación y recreación de lenguajes ajenos. Según Bajtín ―la conciencia es esencialmente dialógica, y la idea no empieza a vivir sino cuando establece relaciones dialógicas esenciales con ideas ajenas‖ 11. Gran significación se le otorga a esta teoría, con la cual encontramos el paralelismo con lo que actualmente se conoce como intertextualidad. En ella, toda rama del saber es consecuencia de ella, todo emisor es contestatario: se implica una dialéctica entre emisor-receptor. Para Bajtín, todo enunciado (que engloba a la palabra y a sus significados: ―la significación puede llegar a existir solo cuando dos o más voces se ponen en contacto: la voz de un oyente, responde a la voz de un hablante‖12) hablado o escrito, desde los más breves turnos en una conversación hasta un trabajo científico o una novela, están demarcados por un cambio en el hablante o en el escritor, y se orientan retrospectivamente hacia los enunciados de hablantes previos y prospectivamente a enunciados anticipados de hablantes futuros. De esta forma, ―el enunciado, que es la organización lógica del texto (forma parte de él) es inherentemente intertextual, puesto que está constituido por elementos refractados de otros textos.‖13 Profundizando más sobre este tema, en el capítulo II de ―La evaluación social, su papel, el enunciado concreto y la construcción poética‖, Bajtín y Pavel Medvédev dedican un espacio a razonamientos sobre el enunciado. Para ambos ―todo enunciado concreto es un acto social‖14. Es situado en su condicionamiento social e histórico: ―Entre el sentido y el acto (la enunciación), entre el acto y la situación histórico social concreta se establece un vínculo histórico, orgánico, actual. La singularidad material del 11 Mijaíl Bajtín: «La palabra en la novela» en Problemas literarios y estéticos, Ciudad de La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1986, p. 120. 12 Ídem, p. 120 13 Ídem, p. 105 14 Mijaíl Bajtín, Pavel Medvédev: «La evaluación social, su papel, el enunciado concreto y la construcción poética» en Criterios , Edición especial en saludo al Sexto Encuentro Internacional Mijaíl Bajtín. Casa de las Américas, Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco de México, julio de 1993, p. 9. 11 signo y la generalidad y amplitud del sentido se funden en la unidad concreta del fenómeno histórico del enunciado.‖15 El hombre concebido como ser dialógico ha propiciado que el concepto de intertextualidad haya sufrido muchas reconstrucciones, ya que es, precisamente, el carácter dialógico del enunciado la base de esta noción, al establecer la relación de voces propias y ajenas, teniendo en cuenta que el lenguaje es una propiedad colectiva, aspecto que también refleja la dimensión social del lenguaje. Por ello refiere Bajtín en uno de sus estudios: ―La palabra vive fuera de sí, en su orientación al objeto; si nos abstraemos hasta el final de esta orientación, entonces en nuestras manos quedará sólo el cadáver desnudo de la palabra, por el cual no podremos saber nada acerca de la situación social ni del destino vital de la palabra en cuestión‖.16 La citada idea del teórico ruso remite a su concepción de la palabra como de uso social. Mijail Bajtín fue un punto de referencia necesario para otros teóricos que abordaron con posterioridad estos temas. En Francia, durante la década del 60 del siglo XX se produce por vez primera un auge del pensamiento bajtiniano; donde va a primar el enfoque culturológico del texto, convirtiéndose en uno de sus grandes legados a los estudios literarios. En países de la ex Unión Soviética como Estonia, este hecho recibió un apoyo muy particular en la Escuela de Tartu junto a Yuri Lotman como principal figura, que representó uno de los grandes continuadores del pensamiento estético de Bajtín. En su ensayo ―El texto en el texto‖17, el cultorólogo ruso concibe la cultura como texto complejamente organizado que forma un complicado mecanismo que encierra en sí textos interconectados. La Escuela Estructuralista de Tartu es heredera tanto del formalismo ruso como del pensamiento de Bajtín; de esta forma Lotman llega a una concepción del texto que implica el concepto de intertextualidad en cuanto a concebirlo según un orden histórico, como trasmisor de significados y generador de nuevos sentidos. En este orden, José Enríque Martínez Fernández para definir en su libro el concepto de lenguaje, toma en 15 Ídem, p.10 16 Ídem, p. 108 17 Yuri Lotman: «El texto en el texto», en Criterios # 5-12, Casa de Las Américas, La Habana, enero 1983-dic. 1984 12 cuenta tres elementos fundamentales entre los que se halla la relación que posee significado-sentido: ―por significado entienden la suma y articulación del valor semántico lingüístico y el valor semántico referencial; el sentido, en cambio, es el producto de un proceso individualizado de apropiación/lectura de ese significado.‖18 Por tanto, destacar el papel del estructuralismo se hace necesario como tendencia teórico-metodológica en los estudios literarios del siglo XX, puesto que la atención es centrada en el estudio del texto como unidad material y de sentidos: así pues, se comenzó a considerar la obra artística como un complejo entramado y reconociéndose además como un signo artístico. La intertextualidad, viene a ser entonces un fenómeno cultural que forma parte del proceso de ―transculturación‖, de ahí que haya sido manejada por el francés Gérard Genette en su obra Palimpsestos: la literatura en segundo grado, en ella la transtextualidad es entendida como la trascendencia textual de los textos.19 En este estudio Genette tiene como propósito acercarse a las múltiples relaciones que se establecen entre los textos y reconocer los distintos procedimientos que permiten crear textos sobre la base de otros textos, pero en su forma más restrictiva. El autor establece cinco tipos de relaciones transtextuales: En primer lugar está la intertextualidad, definida como una ―relación de co-presencia entre dos o más textos o la presencia de un texto en otro‖20. La forma más explícita y literal de intertextualidad es la citación y la menos explícita es el plagio o también la alusión: Yo lo defino, de una manera ciertamente restrictiva, por una relación de copresencia entre dos o más textos, es decir, por la presencia efectiva de un texto en otro. Con su apariencia más explícita y más literal, es la práctica tradicional de la cita (con comillas, con o sin referencia precisa); con una apariencia menos explícita y menos canónica, la del plagio, que es una toma en préstamo no declarada, pero 18 José Enrique Martínez Fernández: ob. cit., p. 28. 19 Gérard Genette: «La literatura en segundo grado», en Intertextualité. Francia en el origen de un término y el desarrollo de un concepto de Desiderio Navarro, UNEAC, Casa de las Américas, La Habana, 1997, p. 53 20 Idem, p. 55. 13 también literal; bajo una forma aún menos explícita y menos literal, la de la alusión, es decir, de un enunciado cuya plena intelección supone la percepción de una relación entre él y otro al que remite necesariamente una u otra de sus inflexiones.21 Luego la paratextualidad, entendida como ―la relación que el texto mantiene con los títulos, subtítulos, íntertítulos, prefacios, epílogos, entre otros; llamados paratextos: Está constituida por la relación, generalmente menos explícita y más distante, que, en el conjunto formado por una obra literaria, mantiene el texto propiamente dicho con lo que sólo podemos denominar su paratexto: título, subtítulo, intertítulos; prefacios, postfacios, advertencias, introducciones, etc.; notas marginales, al pie de página, finales; epígrafes, ilustraciones, cintillo, sobrecubierta, y muchos otros tipos de señales accesorias, autógrafas o alógrafas, que le procuran al texto un entorno (variable) y a veces un comentario, oficial u oficioso, del que el lector más citarlo, en una relación más bien crítica: Es la relación, se dice más corrientemente: de ―comentario‖ que une un texto a otro texto del que él habla, sin citarlo (convocarlo) necesariamente, y hasta, en última hipótesis, sin nombrarlo.‖22 Así pues, el paratexto entonces queda fuera de la relación (transtextual) de un texto con otro u otros. Así también metatextualidad, comentario que une un texto con otro, es una relación de un texto con un texto anterior o hipotexto: ―Por ésta entiendo toda relación que una un texto B (que llamaré hipertexto) a un texto anterior A (que llamaré, desde luego, hipotexto) en el cual él se injerta de una manera que no es la del comentario.‖23 Y por último se destaca a la architextualidad, como una relación absolutamente muda que articula cuando mucho una mención paratextual: Se trata de una relación completamente muda, que sólo es articulada, a lo sumo, por una mención paratextual (titular, como en Poesías, Ensayos, La novela de la Rosa, etc., o, la mayoría de las veces, infratitular: la indicación de Novela, Relato, 21 Ídem, p. 56. 22 Ídem, p. 56. 23 Ídem, p.57. 14 Poemas, etc., que acompaña al título sobre la cubierta), de pura pertenencia taxonómica.24 De la tipología propuesta por Genette se instrumenta para el análisis de la novela de Reynaldo González: intertextualidad e hipotexto, este último denominado en el presente trabajo como referente. Por su parte, el intelectual polaco Ryszard Nycz asume la intertextualidad como ―una categoría que abarca todo un conjunto de propiedades y relaciones del texto, y que necesariamente, señala los indistintos niveles de dependencia en que se halla su producción y recepción con respecto al conocimiento de otros textos y architextos (reglas genéricas, normas estilístico–enunciales)‖25, A esta aseveración suma el criterio que no es tanto uno de los componentes del texto que exige que se le ―tome en consideración en el equipamiento de este y que se determine la limitada posición y papel que posee la estructura jerárquica del mismo, como más bien uno de sus aspectos o dimensiones cuya toma en consideración debe reflejarse en el conjunto de los problemas y categorías que entran en juego en la investigación de la literatura.‖26 Aborda la definición como una ―zona de inalienable mediación entre el conjunto de las propiedades y relaciones intratextuales y el campo de las referencias y condicionamientos extratextuales en la realidad social, histórica y cultural‖27. Sin embargo, Nycz aclara que las unidades intertextuales deben ser consideradas por el lector como ya leídas, referidas a una cultura anterior, que de por sí suman significados al texto donde aparecen sin necesidad de realizar certeramente su identificación. Destaca tres tipos de relaciones intertextuales: *Texto-texto: Esta relación se corresponde en cierta medida con la que plantea Genette dentro de su concepto de transtextualidad como intertextualidad, o sea, enmarcar un texto dentro de otro, por medio de sus formas más literarias: la cita, la alusión, el plagio. Además, Nycz señala que no se debe ver solamente este tipo de relación dependiendo 24 Ídem, p. 58. 25 Ryszard Nycz: «La intertextualidad y sus esferas, textos, géneros y mundos», en Criterios 1993, s/n, Casa de las Américas, p.97 26 Ídem, p. 114 27 Ídem, p. 115 15 de indicadores textuales, pues la intertextualidad rebasa en muchas ocasiones los límites literarios. *Texto-género se corresponde con la noción de architextualidad de Genette, y remite a la reelaboración de un texto en otra clase de género o lenguaje diferente del que le corresponde. Para ello Nycz expresa: ―Los géneros son tratados aquí como invariantes normativas (institucionalizadas) de variadas versiones de la actualización de un conjunto dado de reglas textuales.‖28 *Texto-realidad, queda establecida mediante las referencias a la realidad cultural, histórica, que pueda contener un texto. Su relevancia reside en el estudio y apreciación de los mecanismos semánticos y estructurales que hacen efectiva la referencialidad.29 En su acepción más amplia, la realidad es ―lo que pertenece al mundo en que vivimos en el tiempo y el espacio, pero también, lo que está obviamente presente a los sentidos y a todo aquello cuya existencia externa podemos determinar como objetivamente independiente de nuestro pensamiento, y de nuestra observación a través de una verificación intersubjetiva.‖30 El concepto realidad, en el plano literario, indica la realidad cultural. Dicha realidad cultural puede ilustrar las manifestaciones diferentes del arte, la política, la historia, todo aquello que crea el hombre es captado en los textos creados por el propio hombre. Para comprender completamente la última relación intertextual es necesario tener presente a un teórico llamado Benjamín Harshaw que analiza directamente este asunto. Por ejemplo, en su estudio sobre ―Ficcionalidad y campos de referencia‖ destaca como rasgo esencial de la literatura que hace referencia a ella, la reciprocidad bipolar que existe entre los llamados campos de referencia (CR) literarios.31 Así, una obra literaria determinada se puede definir como un texto verbal que proyecta al menos 28 Ídem, p. 105. 29 Ídem, p.107. 30 Antoni Martínez Riu: Diccionario de filosofía en CD-ROM, 3ra Edición, Herder, 1996, concepto de realidad. 31 Benjamín Harshaw: «Ficcionalidad y campos de referencia» en Antonio Garrido Domínguez en Teorías de la ficción literaria de, Arco/Libros, S.L, 1997, p. 135. 16 un campo de referencia interno (CRI) en el que están contenidos los significados del texto. Nombres de personas, tiempos, lugares, escenas, etc., son exclusivos de él y no pretenden una existencia externa. En consonancia, por el interés que merece para la presente investigación están los campos de referencia externos (CREX), dentro de los cuales se incluyen los campos de referencia exteriores a un determinado texto: ―el mundo real en el tiempo y el espacio, la Historia, una teoría filosófica, concepciones ideológicas, los conceptos de la naturaleza humana, otros textos.‖32 Entendida de este modo, se involucra a la ―realidad‖ bajo diversos componentes como pueden ser ―los nombres de lugares y calles, hechos y fechas históricas o figuras históricas reales, así como distintas aseveraciones que tienen que ver directamente con la sociedad, la tecnología, la psicología, la religión o en sentido general, elementos que incluyen a la naturaleza humana.‖33 Por tanto, la literatura entra en la realidad circundante del hombre, la refracta como resultado de una respuesta, creando nuevas formas y nuevos signos de contacto entre ellas. Cada uno de los criterios anteriores disuelven la concepción de texto como unidad e identidad cerrada: aunque esté cerrado en el plano sintagmático y en el plano paradigmático de la relación con otros textos, está liberado de su carácter limitado. De lo anterior se puede concluir que solo va a cobrar significado el enunciado textual cuando esté en relación con el otro. Michael Riffaterre en su estudio titulado ―El intertexto desconocido‖ proyecta un acercamiento del concepto de intertexto. Lo concibe como ―un conjunto de los textos que podemos asociar a aquel que tenemos ante los ojos, el conjunto de los textos que hallamos en nuestra memoria al leer un pasaje dado. El intertexto es, pues, un corpus indefinido.‖34 Entendido así, de una manera tan amplia el término se puede entender 32 Ídem, p.147 33 Ídem, p. 147. 34 Michael Riffaterre: «El intertexto desconocido», en Intertextualité. Francia en el origen de un término y el desarrollo de un concepto, Colección Criterios, Casa de Las Américas, 1997, p. 170 17 como la palabra, sintagma nominal u oración o como una estructura lingüística de extensión mayor que puede estar o no en correspondencia con el enunciado. La intertextualidad, en su relación con los intertextos, adquiere entonces multiplicidad de rasgos, enfoques, matices según el sentido que se le quiera dar. En la mayor parte de los textos pueden encontrarse una mezcla de funciones descriptivas, narrativas y argumentativas, de ese modo los autores indican con ejemplificaciones clarificadoras que asignar una tipología textual a un texto no puede basarse solamente en su formato superficial, sino que dependen estrechamente de la función que ese texto desempeñe en la situación comunicativa en que se inserte. Como ejemplos de recursos que los autores pueden utilizar en este sentido está en primer lugar la alusión como herramienta que representa un hablar insinuante, o por enigmas, un dar a entender apelando a conocimientos verdaderos o supuestos del destinatario o a su cultura. Pueden reconocerse varios tipos, entre ellos la alusión- adivinanza, el discurso encubierto, la reutilización de tópicos o de modos de registro de lenguaje. Con el uso de la alusión se están utilizando palabras exactas que buscan representar las cuestiones semejantes de los personajes y de las formas de expresión de ellos. En el caso de la alusión marcada, es un estado de rememoración donde se trae al presente un texto del pasado que, en efecto, no llega íntegro sino con omisiones, adiciones y modificaciones. Intervienen el conocimiento presentado en el texto y el conocimiento almacenado en la memoria. Va a ilustrar obras que son semejantes en su condición estructural que pueden aparecer bajo un mismo código (las palabras). En síntesis, el escritor toma y reelabora lo que ha recibido y lo entrega renovado, recontextualizado. En este sentido la alusión contribuye a la idea de que cualquier texto previo puede ser utilizado en la producción de un texto nuevo para poder facilitar la interacción comunicativa con el receptor. Guarda una relación muy estrecha con la cita con la que suele estar unida. Se considera a la cita como una manifestación de la intertextualidad desde la distinción entre: cita directa, la cual considera que su inclusión va a mantener 18 dos situaciones de enunciación puesto que supone una ruptura o discontinuidad entre un enunciado y otro. Las citas implícitas, no expresas o encubiertas, no se articulan sintácticamente como citas y son de diferente tipo; aparece entonces el estilo indirecto encubierto, y por último las citas con valor probatorio o evidencial, que se usan para indicar que el conocimiento de lo dicho proviene de una fuente ajena y no de la experiencia directa. El caso de la citación, en síntesis, viene a ser la introducción de un enunciado propio dentro de la voz de otro. En esta dirección, ―entre el texto citado y el texto citador va a haber siempre alguna relación de semejanza, en todos o en algunos de los rasgos del texto. Así pues el texto citado representa la imagen del otro, lo representa como un dibujo o una grabación, sin embargo dicha imagen no está nunca completa y pocas veces es fidedigna.‖35 Hasta este momento se han abordado los rasgos más relevantes en materia de intertextualidad a través de varias consideraciones, mas se hace necesario sintetizarlas brevemente para su apreciación mejor en el desarrollo de la investigación: − En primer lugar la intertextualidad demuestra con acierto las relaciones o nexos existentes entre los textos (independientemente de su procedencia); poniendo en evidencia además otra relación importante: tradición y renovación. El papel del receptor es de suma importancia, ya que de él depende siempre la generación de nuevos sentidos y significados y permite que el texto mantenga un fluir constante. Así también, todo emisor es su vez receptor en el proceso de la comunicación que, en una acepción amplia, remite a la transculturación. − Hay por tanto en este fenómeno un intercambio constante, que permite la interacción texto-autor-receptor enfocado ante todo en la búsqueda de nuevas interpretaciones, que implica una continua renovación. Para su uso adecuado se emplean diversos mecanismos dentro del análisis, a partir de los hipotextos y otros intertextos. Este intercambio dialógico que se da entre los textos del presente y los del pasado por medio de la intertextualidad es unidireccional. 35 Graciela Reyes: Los procedimientos de cita: citas encubiertas y ecos, Madrid, Arco/Libros, 1994, p. 70. 19 − Constituye un fenómeno transcultural reconocido por las teorías, que se generó como concepto a partir de las teorías de Mijail Bajtín durante la primera mitad del siglo XX referidas sobre todo a la Dialogicidad, mas se reconoce que es un proceso que ha sido inherente al desarrollo del hombre en las esferas del arte desde su surgimiento. 1.2. La novela picaresca: su caracterización La literatura picaresca española vive sus esplendores insertada dentro del llamado Siglo de Oro, período de creación literaria que abarca aproximadamente desde las obras iniciales de Luis de Góngora y Lope de Vega, en la década de 1580, hasta entrado el siglo XVIII, siendo el siglo XVII el siglo que más lo caracteriza. En ese período, el cultivo del poder humanístico español alcanza su mayor auge manifestado en dos momentos diferentes: en la primera mitad del XVI, considerado su momento culminante, se destacan figuras importantes como Antonio de Nebrija, que alcanzó renovar los métodos de enseñanza de las lenguas clásicas en España y publicó una Gramática castellana en 1492; el importante círculo de erasmistas en la corte del rey emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico (1516-1558), con los hermanos Alfonso (Diálogo de las cosas ocurridas en Roma, Diálogo de Mercurio y Carón), ambos del año 1553, discursos en los que defiende la política del emperador, ensalzando el pensamiento erasmista (erasmismo). Posteriormente, en un segundo momento, después del año 1600, durante los reinados de los últimos Austrias: Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665), y Carlos II (1665- 1700), aquel estoicismo humanista que proclamaba la dignidad y la razón del hombre, es sustituido por un estoicismo sombrío y pesimista propiciado por la decadencia política y económica de estas tres monarquías.36 A partir de ese instante la afectación invade a la literatura española, convirtiéndola en un producto de contrastes violentos entre el hombre y la naturaleza, entre el desarreglo vital y el presentimiento de la muerte, así como entre lo real y lo ideal. Según el crítico Ángel del Río lo anterior se manifiesta en las tres grandes corrientes predominantes del 36 Extraído de http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/6658.htm (Encontrado el 20-03-2015) http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/6658.htm 20 Siglo de Oro español; tanto en el Culteranismo, el Conceptismo y en el grotesco exagerado de la picaresca y la literatura satírica, que se acentúan con rasgos extremados en autores como Francisco de Quevedo. Por esa razón la literatura de este período es sobre todo realista, satírica, de costumbres, y da una visión moral, pesimista, de la vida; teniendo como bases ideológicas el estoicismo y la escolástica; refleja y critica un estado de decadencia económica y es contemporánea de los moralistas ascéticos del desengaño. En ella, el caballero enamorado, el héroe, el pastor, la mujer ideal son sustituidos en la literatura del nuevo siglo por el rufián, el mendigo, el tahúr, la mujer pública, gente ociosa y vagabunda que no tiene más preocupación, como se observará más adelante, que satisfacer el hambre ni otro oficio que el de engañar al prójimo. En este sentido se configura paulatinamente el género y la novela picaresca durante los años más convulsos de la historia de España. Por tal motivo no pocos importantes críticos abordan el estudio de las características de la picaresca desde los aspectos sociales que se viven en la España del XVI: problemas de índole religioso, político, económico, de carácter interno pero también de alcance mundial. El primer referente de la novela picaresca, según Alonso Zamora, es la obra de carácter anónimo La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554). Atendiendo al estudio de este importante crítico en su libro Qué es la novela picaresca (1970), a partir del Lazarillo las novelas picarescas adoptan una forma consagrada. Dicha forma, viene a ser la autobiografía con muy pocas excepciones. El personaje habla en primera persona y narra su ascendencia, su educación, sus primeros pasos, el fluir de su vida que es condicionada contantemente por el mundo hostil. Lo único que le va a dar consistencia es la circunstancia vivida por sí mismo, de ser vivido todo por el mismo personaje. Los sucesos en ella no poseen concatenación, son puros azares sus motores de impulsión, como la vida sin sujeción a una ley previa. En el Lazarillo es donde por primera vez se pone de manifiesto lo que llaman algunos autores como Gustavo Correa o Rhina Landos Martínez André, ―héroe invertido‖ o ―envés del héroe‖. Estos personajes descubren repentinamente la presencia de una realidad brutal a través de una experiencia aleccionadora que les hace perder la 21 inocencia de niños, actuando a modo de despojo, que los inicia en los avatares y la malicia presente en el mundo. Se percata de que está frente a un mundo hostil que se halla dominado por el engaño y las burlas despiadadas. Se apoya en una ética que se deduce en la experiencia acumulada. Es un hombre sin oficio, sin empleo, holgazán, sin letras, de pobrísimos orígenes familiares, el hurtar es para él casi tan natural como respirar. Pelea por un motivo sencillo y añejo: el hambre. Este viene a ser el estímulo vital del pícaro, ella le estimula a la acción material, la aventura, a la actitud mental, el enredo, la traza, para satisfacer esa necesidad. Ella se convierte en su musa, la que inspira sus grotescas construcciones de embustes y engaños, que acaban por derrumbarse y dejarle entre sus propios fracasos. Su filosofía es de carácter práctico que no va a exponerse ni cuidadosamente ni detalladamente, sino que va a despuntar de la actitud general ante los hechos. ―El proceso definitorio del héroe picaresco está dado por un proceso de contradicción, que se define por contrarios‖37: así, se puede delinear con bastante exactitud sus características tomando las cualidades y atributos del caballero noble y volviéndolo al revés. Los ideales son los que movilizan al héroe caballeresco, mas en el pícaro estos escasean y únicamente responden a los estímulos que son producto de la inmediatez y de la materialidad. Detrás de las hazañas del héroe tradicional laten constantemente los impulsos del honor, amor y valor, mas el pícaro no siente las cosas de la honra, es cobarde, y nunca se deja llevar por el amor, la pasión que en las novelas de caballerías determina muchas de las acciones del caballero. En definitiva, el pícaro es un caballero revesado. Dichos rasgos en el nuevo héroe literario plantean un difícil problema estético de interés para el mundo: ¿Hasta qué punto la pintura de lo feo físico, pero sobre todo la sordidez moral pueden convertirse en materia de arte? En estrecha relación con la interrogante anterior se halla el hecho de que la novela picaresca sea considerada la novela sobre el pícaro no la novela del pícaro. La idea resulta paradójica si se piensa primeramente en el momento histórico en que más importancia se le da a la grandeza; en el momento en el que todos los españoles se 37 Pedro Salinas: «El héroe literario y la novela picaresca española» en Revista de la Universidad de Buenos Aires, enero-marzo, 1946, p.3. 22 sienten un poco conquistadores o al menos usufructuarios de las conquistas y de gloria nacional, una serie de autores se interesan en poner ante los ojos del mundo las lacras que esconde el esplendor oficial. La rebeldía de sus autores (que no eran pobres ni marginados en su mayoría) es uno de los rasgos importantes; estos sabían cuánto de falso había en la exaltación de valores que en el fondo no se profesaban. Por tanto, los textos tratan sobre el pícaro ya que en él se encierra la visión desencantada de la sociedad y la negación de los valores aceptados. Siguiendo una lista que atiende principalmente a la calidad literaria, el investigador madrileño Alonso Zamora Vicente recoge, posterior al Lazarillo las que él llama ―las grandes creaciones‖38 en orden no numérico para evitar la jerarquía. En a) coloca al texto de Mateo Alemán El Guzmán de Alfarache (1599), en b) al poeta y narrador Francisco de Quevedo y Villegas con su texto conocido por el título original de Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños (1626), obra que se ubica en un eje importantísimo del género al representar ―la cumbre de un arte y un estilo‖39. Posteriormente se halla la Vida del escudero Marcos de Obregón (1618) de Vicente Espinel que ―marca un nuevo ángulo visual en la historia de la novela picaresca‖40, puede ser considerada como un libro de memorias, de gran sosiego, donde el autor mezcla íntimamente la vida y la fantasía, hilvanando un libro de fuertes pensamientos y de ricos matices. Luego coloca El diablo cojuelo (1641) de Luis Vélez de Guevara y como último escalón importante dentro de la picaresca del siglo XVII, La vida de Estebanillo González, hombre de buenhumor (1646) compuesta por el propio Esteban González. Luego de la ubicación de los textos con especiales connotaciones, Zamora Vicente hace referencia a ―otras formas de la picaresca‖ y en ellas inserta en primer lugar a la picaresca cervantina. Es en Cervantes donde van a mezclarse los elementos de la picaresca al uso. Rinconete y Cortadillo (1613) viene a ser un ejemplo fehaciente de los conocimientos plenos del autor sobre la elaboración de una prosa de matices picarescos. Así también es capaz de dotarle con sus siguientes obras, nuevas miradas 38 Alonso Zamora Vicente: Qué es la novela picaresca, Ed. Columba, Buenos Aires, 1962, p. 38. 39 Ídem, p.50 40 Ídem, p. 53. 23 y perspectivas singulares: El coloquio de los perros o Con los trabajos de Persiles y Segismunda también del mismo año de publicación. Para este autor, las novelas picarescas cervantinas presentan características muy diversas, resaltando el hecho de que ―el pícaro cervantino tiene que hacer lo que Cervantes quiera‖41.y en la que ―ni una sola vez el pícaro llega a ser el dueño de la situación, sino que sigue siéndolo la ideología cervantina‖42. De ese modo presenta la peculiar distinción entre la ―picaresca no-picaresca‖ de Cervantes y la vista ya como tradicional. Así, aunque el ambiente y los personajes son picarescos, Cervantes presenta el relato (en el caso específico de Rinconete y Cortadillo y también en otros ejemplos de Novelas Ejemplares) con cierta o bastante objetividad sin caer en el pesimismo peculiar que caracterizó las novelas de la segunda mitad del XVII donde el pícaro ya se define como un malhechor declarado o hampón profesional. Se debe aclarar en este sentido, que en la personalidad de Cervantes, en el terreno del espíritu, de la concepción del hombre y de la vida, está siempre presente el culto platónico a la belleza, la búsqueda de la perfección en todos los estados humanos, elementos que se someten al escrutinio de la razón y al contraste con la realidad en su doble sentido: la realidad íntima del ser humano y la realidad objetiva, externa, de la vida social. Entre las que denomina como ―formas menores de la picaresca‖43, Zamora Vicente destaca en primer término a La pícara Justina (1605) de Francisco López de Úbeda. También bajo la línea femenina está La hija de Celestina o La ingeniosa Elena (1612) de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo y otras menos conocida como La desordenada codicia de los bienes ajenos (1619) de Carlos García, Las Harpías en Madrid y coche de las estafas (1631), La niña de los embustes, Teresa de Manzanares (1632), Aventuras del bachiller Trapaza (1637) y La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas (1642), de Alonso Castillo Solórzano, entre otras. Estos últimos textos, lógicamente, descansan bajo la sombra de los primeros ya que con el paso del tiempo la picaresca que se producía presentaba los síntomas de la desintegración; estaba revuelta con el costumbrismo o la aventura con igualdad de categoría, había caído en un estado de 41 Ídem, p. 60 42 Ídem, p. 61. 43 Ídem, p. 61. 24 letargo, en el que los alientos que produjeron la trascendental manifestación literaria se hallaban en buena medida vacíos. Es importante señalar brevemente que debido al auge, empuje y la divulgación que tuvo la picaresca en su momento en la Península, poco a poco va a evolucionar, dando paso a un género casi irreconocible en otras regiones de Europa, en países como Italia o Alemania. Es en Francia donde toma y alcanza una gran difusión, por tal motivo algunos autores aseveran que ―superó y ayudó a la creación española‖44. Así pues a partir del año 1700 siguieron saliendo de todos los rincones de Europa los personajes picarescos. Pero el viaje del pícaro continúa en un devenir constante ya que España durante el siglo XVI tiene como pilar fundamental seguir extendiendo todo su dominio, inclusive mucho más allá del Atlántico; busca ante todo las permanencias tanto de sus gentes como de su cultura por todos los territorios. Por tal razón, la literatura picaresca también traspasó las fronteras peninsulares y se asimiló fuertemente en la cultura literaria de América. La primera novela picaresca como tal que recoge Idelfonso Pereda Valdés en su libro La novela picaresca y el pícaro en España y América es El Periquillo Sarniento (1816) de José Joaquín Fernández de Lizardi, en la que Pereda refiere que ―va adquiriendo semejanzas con el Guzmán de Alfarache en el momento en que el protagonista va topándose con personas mezquinas que lo llevan al mal y a la delincuencia‖45. Otra de las obras que también despiertan el interés del autor es Martín Fierro (1879) de José Hernández donde se puede hallar por primera vez la naturaleza entremezclada del pícaro y del gaucho andino. Mas Picardía no será el último pícaro, también José Rubén Romero con La vida de Pito Pérez de 1938 le rendirá honores al género con un personaje que lo observará todo desde un punto de vista optimista; que no se rinde con facilidad, que desea hacerse notar utilizando la crítica de un modo muy propio y directo. Su manera de ver el mundo constituye un ataque directo a la política y al entorno que lo engloba. 44 Roberto Ramírez Color: Intertextualidad del género picaresco en «La tumba» de José Agustín, Morelia, Michoacán, 2009, pag.34. 45 Idelfonso Pereda Valdés: La novela picaresca y el pícaro en España y América, Organización Medina, Montevideo, 1950, p. 105 25 Relevante también es la influencia en autores más contemporáneos como Alejo Carpentier o Mario Vargas Llosa de la literatura picaresca. En varios de los relatos del primer autor citado, como en Semejante a la noche (1952) o El camino de Santiago (1958) está presente de manera constante el motivo del viaje tan recurrente en la naturaleza de los pícaros tradicionales. No por gusto la intelectual cubana Luisa Campuzano ha mencionado en algunos de sus estudios: ―España es un escenario privilegiado en el constante ir y venir de sus personajes y sus ideas‖46. Otros estudiosos de la obra carpenteriana, además de ver en sus textos una relación aún más directa con la picaresca española, presente por ejemplo, en el estudio titulado ―«Lo picaresco y el punto de vista» en El recurso del método de Carpentier‖47 de Sharon Magnarelli, aprecia una profunda vinculación que se proyecta y amplifica en el tiempo con la obra de Miguel de Cervantes, sobre todo con El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1605). Por otro lado, del autor de La ciudad y los perros (1963) cabe solo citar un fragmento de análisis crítico de dicha obra para llevarse una idea de la influencia sólida del género en Vargas Llosa: …el círculo en que se mueve su protagonista forma una sociedad cerrada con sus propias normas, ritos de iniciación de los nuevos con los más antiguos y jerarquía de relación mutuas, semejante en su espíritu y organización a los grupos que encontramos en la picaresca, tales como la sociedad de hampones en Rinconete y Cortadillo de Cervantes, la de los mendigos del Guzmán y la de los hidalgos del Buscón.48 Así pues, queda demostrado de manera concisa que la novela picaresca, más que un fenómeno literario peninsular posee valores que traspasan las fronteras continentales, que invade las obras de otros autores contemporáneos, cuyo inicio data desde mediados del siglo XVI con La vida de Lazarillo de Tormes, llevada a su pleno desarrollo con el Guzmán de Alfarache y la Vida del Buscón a principios del siglo XVII. 46 Luisa Campuzano: Carpentier entonces y ahora, Editorial Letras Cubanas, 1997, p.45 47 Sharon Magnarelli: «El camino de Santiago de Alejo Carpentier y la Picaresca», en Revista Iberoamericana, año 40, núm. 86, enero-marzo de 1976, p.67 48 Gustavo Correa: «El héroe de la picaresca», THESAURUS, Tomo XXXII, núm. 1, 1997, p.89. 26 Es por tanto el héroe de la novela picaresca española un personaje que sigue reencarnándose con diversidad de matices que mantienen viva su figura y su mensaje en sus más variadas características. Por tanto, es necesario referir en lo sucesivo las características del pícaro que desde una u otra concepción del mundo aparecen representadas e interconectadas en las distintas obras picarescas: La pobreza del pícaro: ―El pobre (…) es esencialmente el hombre al que la debilidad de sus recursos coloca siempre a merced de todos en la sociedad‖49. Como bien refiere el importante crítico José A. Maravall en la cita anterior, resume una cuestión latente durante los siglos XVI y XVII cuando se alcanza el auge de la estimación social de la riqueza (período de auge de la picaresca); de manera que: desde el inicio, el protagonista del Lazarillo es pobre, pero lo son también Justina, Pablos, Alonso, Marcos de Obregón, Teresa de Manzanares, Rufina, Trapanza y muchos de los restantes héroes pícaros que aparecen en las obras citadas por Zamora Vicente con anterioridad. Para empeorar aún más la situación del pícaro, fue en la Península donde el contexto era mucho más dramático que en otros lugares y paradójicamente donde menos esfuerzos se hacían para erradicar la pobreza. Esa viene a ser la causa primaria que ve José A. Maravall por la cual la picaresca española ―se dibuja sobre un fondo de extensión de la población subalimentada y carente de medios (…) que en vez de sentirse atraída por un trabajo remunerado, prefiera dejarse hundir en la más baja esfera de la mendicidad…‖50. Por tanto, el pícaro se va a degradar en mendigo; se rebaja a pedir, pero como no está carente de juventud y de salud, dotes inteligentes y facultades manuales, no se reduce solo a pedir; aplica además los medios desviados, aptos para ejercer su ingenio y los resortes de su industria. El ingenio y la industria del pícaro: estas dos cualidades van a definir al antihéroe de manera peculiar ya que en ellos la mayoría de las veces está presente esa “facultad o potencia del hombre, con que sutilmente discurre o inventa trazas, modos, máquinas y 49 José Antonio Maravall: La literatura picaresca desde la historia social, Taurus Ediciones, Alfaguara, 1986, p.37. 50 Ídem, p. 54. 27 artificios, o razones y argumentos, o percibe y aprehende fácilmente las ciencias‖51 así como ―la destreza u habilidad en cualquier arte, lo que puede considerarse además por ingenio y sutileza, maña u artificio‖, respectivamente. Ambas características aunadas en el pícaro determinan una parte de la esencia de su naturaleza: la capacidad de comprender y asimilar, y la habilidad de saber hacer con sagacidad. El héroe ingenioso se degrada paulatinamente en una trayectoria descendiente, que se halla relacionada muchas veces con su propio pasado, con sus experiencias desmoralizadoras y con el enfrentamiento a un mundo difícil y engañoso. Lo que responde directamente al planteamiento del crítico literario Gustavo Correa en uno de sus estudios: ―La respuesta del héroe pícaro a su situación de inferioridad en el mundo social, es la de convertirse en un burlador de los demás que utiliza las armas de la disimulación y del fraude‖52. La inmensa mayoría de los textos picarescos acentúan la estafa como una de las características esenciales de los héroes versados en la industria del pícaro. Los ejemplos más evidentes en este sentido son la heroína de La pícara Justina, en La ingeniosa Elena, el protagonista del Estebanillo González y sobre todo el Pablos de Quevedo. Sintéticamente, el pícaro es ingenioso cuando hace uso de sus trucos y artimañas aprehendidas a lo largo de su vida, y es industrioso cuando se vale de las acciones que lo definen como ser marginado, pueden ser la estafa o el hurto, mediante el engaño. El pícaro citadino: en el importante estudio social de José A. Maravall queda explícito que las gentes de vida apicarada optan sin pensarlo por el ambiente de la ciudad populosa, rechazan como escenario impropio para sus aventuras la aldea, considerando al campesino un ser desprovisto de interés y de calidad personal. En el manual de la vida picaresca se coloca a la convivencia urbana en un plano superior destacando los favores que les brinda este escenario. Por tanto aparece lo que se llama la tendencia migratoria en el pícaro. De este modo el concepto de aglomeración va a ser el más admirado por ellos: los pícaros se van a sentir atraídos por el número y la variedad de sus pobladores, la riqueza ostensible de sus gentes, el número, riqueza 51 Real Academia Española (RAE), Diccionario de Autoridades, Conceptos de industria e ingenio, Gredos, Madrid, 1963. 52 Gustavo Correa: ob. cit., p.79. 28 y belleza de sus casas, la variedad de oficios, profesiones, magistraturas, los locales que ofrecen los más apetitosos objetos, el lujo y la animación. La multitud confusa y sin rostro que reflejaba la ciudad iba a representar también otra de las ventajas fundamentales para el pícaro: la libertad constante que busca es solamente posible bajo el ambiente de confusión que le proporciona y que a su vez lo define, bajo la actitud de la indiferencia y la ignorancia. De modo que la ciudad acentúa en ellos la anomia, la desvinculación, la conducta desviada, la insolidaridad e individualismo, los férreos deseos de lograr llegar a la cúspide de la aristocracia, aunque para lograrlo tenga que usurpar los símbolos propios de la clase alta y su ostentación. Acentúa en ellos el engaño, el fraude, el robo, en consonancia con la frustración y la derrota dados por la insuperable barrera de la diferenciación de clases. El pícaro anticlerical: en la aguda crítica social que la picaresca se propone, no ataca los principios básicos, los dogmas de la Iglesia, sino las costumbres corrompidas ejercidas por el clero, sobre las cuales no había una censura plena. Están vigentes en las novelas picarescas más conocidas, como el Guzmán de Alfarache, las constantes alusiones a la Inquisición en la denuncia del régimen del terror que imponía sobre la inmensa mayoría de las personas, principalmente a los pobres. La picaresca ataca en buena medida a la Inquisición, por mostrar dos caras distintas, arremetiendo su naturaleza corrosiva hacia ella, exponiendo, entre muchos otros elementos, una libertad de lenguaje poco usual en esa época, apoyada por la imperante ideología erasmista y la libertad de conciencia. La pícara Justina es la más transgresora en este sentido; donde su protagonista se muestra ―verdaderamente incorregible en su ligereza para tratar las cosas piadosas.‖53 De las clases religiosas más atacadas se encuentran los ermitaños, ―más por su hipocresía que por cualquier otra cosa‖54. Otros de los ejemplos textuales más abarcadores en este sentido son Marcos de Obregón de Vicente Espinel, y en Teresa de Manzanares: el pícaro contempla la religión al pormenor, con atrevimiento, y con bastante mofa, hay una 53 Frank Wadleigh Chandler: La novela picaresca en España, López Hoyos 6, Madrid, La España Moderna, s.f.p. 57. 54 Ídem, p. 63. 29 presentación descarnada de la avaricia de todos los eclesiásticos, la lujuria de los clérigos, y la práctica casi explícita de la prostitución. La risa y lo burlesco también forman parte sustancial de la configuración de los pícaros en la literatura, de manera tal que ellos mismos son inconscientes de su carácter burlón y risible. Ellos van a ignorar este hecho, cumpliéndose así una de las aseveraciones de Maravall: ―un personaje cómico es generalmente cómico en la exacta medida en que se ignora a sí mismo. ―Lo cómico es inconsciente‖55. Así queda justificado el trasfondo de la burla pícara: se manifiesta todo en contra de las rigideces del sistema o el estar atado a las formalizaciones. De ese modo, arremete contra ello expresando su carácter liberal, tornándose la burla implícita mucho más agria y amarga. Su risa burlona frente a todo lo que le rodea representa un modo de ejecutar su actuar libre y despreocupado. El tono burlesco que da paso a la risa y a la diversión en el pícaro es de vital importancia ya que en ello está recogida la agresión, impiedad, el impulso de venganza y sobre todo la negativa de seguir con las normas que impone la sociedad. Pero también está presente el sentimiento ante la frustración y el rencor por el fracaso. En este sentido, lo burlesco se transforma en una descripción cruda; exhibiéndose la falta de escrúpulos morales y sentimientos: puede regocijarse en la crueldad. La burla, desde la perspectiva picaresca, sirve de herramienta al propio pícaro para aplacar la situación lastimosa, de presión social, que lo hubiese llevado a actuar física y violentamente contra los demás; toma los vicios individuales, las locuras, ridiculizando los abusos o las deficiencias, por medio de la farsa, la ironía y otros métodos con el fin último de lograr un cambio en la sociedad despiadada en la que vive. Ejemplos de pícaros burlescos son Lazarillo, Esteban y Justina apreciándose aun más en el Pablos quevediano cuando su protagonista dice: ―con estas y otras cosas, comencé a cobrar forma de travieso y agudo entre todos.‖56 Las pícaras y su proyección social: La pícara Justina (1605) es la obra donde aprecia la mayoría de los autores críticos (por ende la primera novela plenamente picaresca con 55 José Antonio Maravall: ob. cit., p. 633. 56 Francisco Quevedo: Historia de la Vida del Buscón Llamado don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, 5TA Edición del Buscón, Zaragoza, Pedro Verges, 1902, p.80. 30 la mujer en su núcleo narrativo) que las riendas las toma el personaje femenino. Fue seguida de Teresa de Manzanares, protagonista de La niña de los embustes (1632) y posteriormente La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas (1642) ambas de Alonso Castillo de Solórzano. Salas Barbadillo también destacó con La hija de Celestina, que también presenta un modelo de mujer dedicada a la vida picaresca, en ella se presenta una delincuente especializada que ejerce también la prostitución como se ejerce en La lozana andaluza (1528) de Francisco Delicado, texto que junto con La Celestina de Fernando de Rojas, poseen los gérmenes de la picaresca tradicional. En ellas, la mujer va a convertir en características propias, el engaño y la querencia casi viciosa de los bienes económicos y materiales de aquellos personajes poderosos que la desean: ―La mujer se ve a sí misma como mercancía vendible y como tal, debe cuidar su honor‖57, de modo que la picaresca configura a su pícara sin ese velo honesto que la caracterizó durante la novela de caballerías; se hace acompañar en muchos casos de personajes mucho más marginados, en sentido general, son compañías que ni ella misma desea tener, pero la razón primaria es siempre constante: conseguir a toda costa el objetivo que desea ayudándose de la mentira y falsedad como principales métodos, justificando así la casi absoluta ausencia de personajes femeninos honestos dentro del género. La pícara viene a ser la ―mujer fatal‖58, pero además, una mujer vivaz, bella físicamente que los hombres encuentran muy atractiva. Esta pícara como el resto de su calaña, siempre va a pensar en grande, no le va a bastar con el dinero que le otorgan sus clientes; es tan atrevida como para ingeniárselas y tomar libremente los bienes ajenos. Maravall, a modo de resumen sintetiza una serie de características claves de este tipo de mujeres: hay en ellas una falsa apariencia y de engaño, junto a una relación demoníaca, de codicia, indiscreción; dando lugar a mujeres pseudo-doncellas, pseudo- cultas, prostitutas, melindrosas, etc. Así, ―la mujer se convierte en el sexo más imperfecto, más proclive al mal, y al mismo tiempo, posee una serie de enérgicos recursos en su persona que son difíciles de vencer si no se está avisado.‖59 57 Dolores Nieves: Literatura picaresca, Cuadernos H-13, Humanidades, La Habana, 1973, p.64. 58 Idelfonso Pereda Valdés: ob. cit., 97. 59 José Antonio Maravall: ob. cit., p.657 31 La mujer pícara es asociada la mayoría de las veces a ―la actividad a la que se dedica alguien que mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero‖ y atribuida a acciones personales como: ―deshonrar, perder su empleo, autoridad, etc., abusando bajamente de ella por interés o por adulación‖60. Para afincar más el concepto anterior expresa el investigador Frank Wadleig Chandler respecto a los personajes femeninos de la picaresca: ―el amor en ellas está en razón directa de la riqueza‖61 y destaca como texto fundamental a La pícara Justina de Úbeda, cuya protagonista expone las razones por la cuales las mujeres de su tiempo se enamoran: en primer lugar está el interés, luego, la alegría de ver a un hombre hecho un esclavo a sus pies en el lecho, y en tercer lugar, ceder a ese momento, representa ―el remedio pronto á la impertinencia‖62. En materia de lucha entre sexos, cabe apuntar también que cuando se comparan los papeles entre mujer-hombre, la pícara prostituta ―bajo el estricto terreno de las relaciones sexuales tiene mayor resistencia (…) La mujer por sus encantos sexuales va a ser considerada una amenaza de debilitamiento para los hombres…‖63 En consecuencia, en el oficio de la prostitución, la mujer de la picaresca ve un arma de defensa, y una la llave que le garantiza el éxito (usando las artes propias de su sexo) en los objetivos que se traza. Los pícaros, su movilidad y curiosidad: los viajes del pícaro son los que dan la posibilidad de reflejar ciertos fenómenos localmente vinculados, ofreciendo condiciones óptimas para reflejarlos. El primero de ellos es el fenómeno social del vagabundaje, sumado a un factor de carácter religioso con el auge tanto de peregrinos y mendicantes como de pordioseros, y por último lo tocante a la economía, incitando en ellos los desplazamientos masivos en búsqueda de mejores formas de vida. Como bien dice Alonso Zamora Vicente; ―el pícaro es un vagabundo, un hombre que se lanza al sol y al 60 Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, 22 a Edición, Segunda acepción del término prostituta. 61 Frank Wadleigh Chandler: ob. cit., p.42. 62 Ídem, p.42. 63 José Antonio Maravall: ob. cit., p.696. 32 aire de los caminos, dispuesto a buscarse en las revueltas de los mismos la contingencia que lo sostenga sobre esta tierra de Dios‖64. Incluso en la propia evolución que va teniendo el género, los horizontes del vagabundo se van ampliando; así, en el Guzmán de Alfarache, se muestra gran parte de España y de Italia; la novela, auxiliándose del tópico del viaje, deja entrar en su ambiente caminos, ventas y lugares diversos. Se debe citar entonces al crítico literario Ángel del Río en su libro Historia de la Literatura española cuando refiere que; ―El marco físico, geográfico de la aventura, es doble: la ciudad y el camino. La novela se convierte en un viaje. Un viaje que es al mismo tiempo, viaje a través de diversos medios sociales y viaje a través de la vida‖65. Así pues, todos los pícaros recorren tierras, rompen con su entorno heredado, se apartan de su lugar de nacimiento para siempre. De esa forma ―aspira afirmar su «yo», asfixiado por la presión social y piensa que el logro de su pretensión social podrá manifestarlo con mostrar su camino exitoso, sin que tenga que tomarse en cuenta su manera de andarlo…‖66. En definitiva, los pícaros vienen a encarnar entonces los hijos de la modernidad naciente durante el siglo XVI español; en los que se manifiesta una curiosidad constante. Este viene a ser el germen que se da en ellos por lo novedoso y por la búsqueda de lo moderno, van a asimilar la idea de viajar a tierras lejanas tan bien, pues saben en el fondo que poseen una actitud estoica ante las situaciones de la vida; el viaje viene a ser un paso más en sus andares y deben adaptarse a las nuevas circunstancias. Aceptan toda desventura con absoluta conformidad; una desventura más en el acervo solo los haría más fuerte. El triunfalismo y libertad frustrada en el pícaro: los héroes de esta literatura se construyen bajo un mundo plagado de engaños y atado a los azares; pero le hacen creer a todos lo que lo rodean que su optimismo triunfal va a tener logros concretos; que el éxito le va a acompañar donde quiera que se halle. Según Maravall, ―desde el momento en que Lazarillo toma tan fríamente venganza del ciego, haciéndole saltar contra el poste de piedra, situado al otro lado del arroyo, la característica del 64 Alonso Zamora Vicente: Qué es la novela picaresca, Ed. Columba, Colección Esquemas, Buenos Aires, Argentina, 1970, p. 17. 65 Ángel del Río: Historia de la Literatura española, Columbia University, Ed. Revolucionaria, La Habana, 1968, pg. 303. 66 José A. Maravall: ob. cit., p. 254. 33 triunfalismo queda incorporada a la picaresca.‖67 En ese sentido, el pícaro no asimila, ni acepta tampoco verse en situaciones desfavorables, por tal razón surgen sus ideas optimistas y triunfalistas. Esta configuración en el carácter del pícaro está dada en buena medida por un factor psicológico: la vanidad; en ellos va a estar presente una pretensión de aparentar más de lo que realmente son, provocando y aumentando el repudio de la sociedad hacia él. Dicha cualidad lo lleva a asegurarse el éxito en los objetivos que se traza, lo lleva a creer que todos los que lo rodean lo tienen como preferido; como el más habilidoso en buscar soluciones y en salir de los problemas, o el mejor embaucador y fraudulento, así como el más ingenioso y ocurrente. Al hacerlo de manera presuntuosa es cuando se gana la desaprobación social; uno de los motivos principales de su condición de marginado. Por otro lado, sus anhelos por lograr la libertad es lo único que lo consuela cuando se percata de que no puede ascender a nada, que la sociedad lo niega siempre y que el fracaso, paulatinamente le llega al final de cada acción. En este sentido, muestra José Antonio Maravall la gran y evidente contradicción en ellos: estriba en la visión ilusoria de verse con el éxito entre las manos, mas los resultados siempre le demostrarán lo contrario. Asimismo, asevera Idelfonso Pereda Valdés en uno de sus textos; ―pero lo esencial en la novela picaresca no es el optimismo, sino el pesimismo‖68. En resumidas cuentas, hay una vinculación latente entre el triunfalismo picaresco y su ―tipo‖ de libertad, vista como escape ante la frustración de su vida. Muchos de los pícaros conocidos apelan a este sentimiento; ejemplos de ellos son el Pablos de Quevedo o Marcos de Obregón de Espinel, rigiéndose por el estandarte de que por la libertad todo se puede hacer y esa libertad, ―equivale a ser dueño de sí…‖69 La vida picaresca es por consiguiente como menciona Maravall, ―un desprendimiento, una renuncia a los convencionalismos, a los vínculos, etc. (…) es entregarse al juego de las fuerzas, de 67 Ídem, p. 465. 68 Idelfonso Pereda Valdés: La novela picaresca y el pícaro en España y América, Montevideo, Organización Medina, 1950, p.19. 69 José A. Maravall: ob. cit., p. 335. 34 los impulsos, de las resistencias, pero también de la victorias y los fracasos, de los goces y sufrimientos que son suyos…‖.70 Por tanto puede conformar entonces una síntesis con los principales aspectos tratados anteriormente: 1. Desde el punto de vista interno, se observa desde las primeras obras, el carácter autobiográfico: el propio protagonista cuenta su vida; vida sencilla y vulgar del hombre que se encuentra en las fronteras de la sociedad, siguiendo los más diversos oficios que practica el protagonista y los distintos tipos de amos a los que se somete, sin llegar en la mayoría de los casos a convertirse en un delincuente. 2. Dentro de los elementos compositivos es primordial destacar la prosa sencilla y clara de las primeras obras; la forma seca, cortada y nerviosa, sin falsos adornos, ajustándose estrechamente a la visión que del mundo ofrece el pícaro. 3. La directriz del relato; las aventuras y desventuras están destinadas a mostrar la endeblez, la falsedad y ridiculez de las clases dirigentes, sus lacras morales y la hipocresía reinante. 4. El carácter paródico y satírico que poseen estas obras: de manera realista y con alto grado de comicidad están retratados la intimidad de las distintas gentes, sus más funestas ambiciones, su bajeza y su ruindad. Una sátira que está dirigida principalmente hacia las clases aristócratas, los militares y el clero. 5. El pícaro nace y se desarrolla dentro de un mundo plagado por aspectos negativos: su pensamiento y su moral no tienen cabida en un mundo donde todo se rige por el poder y el dinero. No obstante, el pícaro desea ser parte de ese mundo aristocrático aunque muchas veces no lo logre y predomine la frustración; esta meta es la que rige casi todos sus actos. Por eso muchas veces va a imitar a aquellas personas de comportamiento honrado; se crea una honra que no se posee. 6. El hambre es el motor impulsor que lo arrastra a cometer todo tipo de acciones y también el elemento que lo define como marginado: el hambre repercute 70 Ídem p. 335. 35 directamente en la concepción paupérrima que tiene del honor, de la moral y de la religión, lo cual se convierte en el factor principal en sus numerosos peregrinajes a cualquier territorio. Se convierte en mendigo cambiando poco a poco en el proceso su visión del mundo, dentro del cual no se halla a sí mismo, por lo que se ve obligado a robar, acción que lo predetermina moralmente. 7. Baja calidad socio-moral y carencia de escrúpulos, codicia, y afán de crecer a cualquier costo utilizando como medio el ingenio, la astucia y la cautela: las artimañas y trucos le sirven para esquivar el hambre y para huir de la miseria. 8. Su antihonor está en estrecha relación con los elementos anteriores, en su objetivo de integrarse a la clase social aristócrata. Esta es su excusa para pretender lo honorable, mucho más que poseer capital, su objetivo principal es lograr integrarse a la sociedad, la añoranza de no ser mal tratado, discriminado por su herencia. 9. De este modo queda conformado también que: la dimensión pragmática de la autobiografía en la novela picaresca se revela como uno de sus rasgos fundamentales. En ella el protagonista no actúa, sino habla, actúa hablando, haciendo de la situación narrativa marcadamente dialógica, extraña y conflictiva. El estilo en estas novelas es concebido como estilo ajeno (literatura sobre pícaros, no de pícaros). Es igualmente importante que, la narración picaresca tiene muchos rasgos que la identifican tanto desde el punto de vista estructural como estilístico con la oralidad, sobre todo a través de los refranes, proverbios y sentencias que provienen de la cultura y la tradición oral de los pueblos. 10. Retomando ideas ya manejadas, se precisa reiterar que toda relación entre textos es una relación que forma parte del proceso histórico de la cultura, valga decir, de la transculturación. La transculturación expresa mejor las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra, por tal motivo es que la literatura del Renacimiento español traspasa las fronteras y se asimila a los nuevos territorios; le ofrece al pícaro el paraíso soñado, la realidad idónea para desarrollarse a sus anchas. Este hecho resulta como producto y factor de la globalización transcultural. 36 CAPÍTULO II ANÁLISIS INTERTEXTUAL DE LA NOVELA AL CIELO SOMETIDOS 2.1. Generalidades: el autor y su novelística El presente capítulo tiene como base el estudio propiamente de Al cielo sometidos de Reynaldo González. Para ello se hace imprescindible el conocimiento de la vida del autor, los aspectos que caracterizan su proceder literario, qué ha escrito además de la novela escogida y también cómo ha sido su obra recepcionada por la crítica. Teniendo en cuenta este último aspecto, podrá apreciarse de cerca los gustos y particularidades que remiten en su obra a la búsqueda de otros textos. De ese modo, se podrá indagar, más adelante, en lo referente a los personajes de la obra, la realidad histórica en la que se hallan insertados y ubicar desde ellos a las principales fuentes literarias de origen picaresco. Por tal razón, es de suma importancia también el acercamiento a las referencias literarias más relevantes; pilar esencial en el enriquecimiento del análisis. Este epígrafe se apoya fundamentalmente en el motivo de aportar datos biográficos elementales, pero también resulta de gran importancia dentro de su campo novelístico, los intereses que este autor ha despertado en la crítica; interés que ha sido expresado, como ya se ha dicho en la introducción de este trabajo, en sus más diversas formas: entrevistas, presentaciones de sus libros, los prólogos realizados a varias de sus ediciones y otros estudios propiamente críticos realizados a los textos. Reynaldo González Zamora (1940) es en primera instancia, un periodista, poeta y narrador, que incursiona tanto en novela como en el ensayo. Sin embargo, sus comienzos no estuvieron signados por este ámbito de las letras pues se graduó en la Escuela de Comercio, ejerciendo labores como bancario. En la década de 1960 se vincula a la Campaña de Alfabetización como brigadista, hecho que lo centra definitivamente en el plano cultural. En lo sucesivo, va a tener sus primeros acercamientos al mundo de la cultura nacional convirtiéndose en 37 Responsable de Cultura en la provincia de Camagüey. De estos primeros años de la Revolución data su primera obra, una colección de cuentos titulada Miel sobre hojuelas (1964) fecha en que ya ejercía como fundador y redactor-jefe de la revista Revolución y Cultura, así como director de páginas culturales, editor y colaborador de medios nacionales e internacionales como Agencia Prensa Latina. Su primera gran obra literaria, es particularmente relevante por su incidencia en el proceso histórico-cultural tomando como referencia los años previos a la década del 60 en Cuba. Dicha obra se conoce como Siempre la muerte, su paso breve (1968); la cual obtiene Primera Mención en el plano de novela dentro del Premio Casa de las Américas, traduciéndose tanto al francés como al alemán y al polaco. Este texto representa una de las más sólidas y significativas novelas de la naciente Revolución cubana, por su apertura al diálogo estructural con la novela continental. En ella, el autor logra ficcionar la realidad de su ciudad natal Ciego de Ávila en el plano literario con el nombre de Ciego del Ánima, así también por la visión antropológico-cultural sobre el pasado prerrevolucionario que tiene; otorga una nueva arista en el tratamiento de estos temas. De esa primera etapa también se conoce la obra Che Comandante. Biografía de Ernesto Che Guevara (1969) publicada en la revista Cuba y en una edición mexicana. Este va a ser el primero de sus trabajos en coautoría con tintes investigativos, donde despliega todo un arsenal de herramientas pertenecientes al periodismo histórico. Su siguiente obra es un texto denominado La fiesta de los tiburones (1978) que viene a tributar al género del testimonio con creces. Posteriormente, ya en la década de los 80, se introduce en el género ensayístico con Contradanzas y latigazos (1983), texto paradigmático e interdisciplinar; que engarza tanto lo social, histórico y cultural, apoyado fundamentalmente en el mundo narrativo de Cirilo Villaverde (1812-1894) con su novela Cecilia Valdés. Este trabajo le vale su primer Premio Nacional de la Crítica Literaria en el año 1983. Continuamente, sigue haciendo gala de sus dotes ensayísticos con Lezama Lima, el ingenuo culpable (1988) y Llorar es un placer (1989), ambos ganadores del Premio 38 Nacional de la Crítica en años respectivos. De los dos, el segundo se ha convertido en un clásico de referencia obligada para las investigaciones culturales en la actualidad, ya que en él se abordan los estudios sobre la novela a través de los medios de comunicación masiva. En la década de los 90 sigue consolidando su escritura ensayística con trabajos como Cuba, una epopeya meticcia (1995), El Bello Habano. Biografía íntima del tabaco (1998), Cuba, una asignatura pendiente (1998) y La ventana discreta (1998). Cada uno de los textos anteriores se halla insertado dentro de una proyección social de la cultura cubana, que muestran el quehacer literario vasto del autor durante este período convulso de la Revolución, sin dejar de lado el buen sentido del humor que lo caracteriza y poniendo de manifiesto su universo polifacético, con un texto de recetas culinarias publicado por Casa de las Américas llamado Échale salsita. Comida Tradicional Cubana (1999). Pero no es hasta que escribe Al cielo sometidos cuando de veras se pronuncia de modo rotundo como creador literario. Con ella gana importantísimos premios: el Ítalo Calvino (2000) que otorgan conjuntamente el Grupo Fundacional ―Ítalo Calvino”, la asociación italiana ARCI, la Embajada de Italia en Cuba y la UNEAC. Es la novela que le da la entrada a Reynaldo González por unanimidad del jurado en la Academia Cubana de la Lengua. Sobre ella, el propio autor ha dicho en una entrevista ofrecida a la poetisa y narradora cubana Marilyn Bobes (1955) publicada en el Suplemento el Tintero del diario Juventud Rebelde durante el año 2015: M.B: La mayor parte de tu obra está signada por una pasión: Cuba. Sin embargo, hay una novela magistral, Al cielo sometidos en la que te vas a otro mundo y época. ¿Puedes explicar el porqué de esta suerte de desvío? R.G: Iba buscando una respuesta al origen cultural de la América hispana que no estuviera en los libros y me topé con pícaros. No los traté como culpables, sino como fundadores, y nos enredamos en una discusión. Casi salí hablando español antiguo, pero me inventé otro, virtual (…) No es un 39 desvío, sino una de las tantas zancadas que la libertad le pone al creador, a quien es difícil pastorear. Esa novela habla por mí.71 Además del premio anteriormente citado, gana además el Premio Nacional de la Crítica Literaria del año 2001 así como el reconocimiento de mejor libro publicado en los últimos cinco años concedido por la Academia Cubana de la Lengua en 2005. En la entrevista anterior ofreció también declaraciones al respecto: M.B: A los 75 años, con tantos premios y reconocimientos, y tan favorable percepción de tu obra por la crítica, ¿sientes todavía el deseo de seguir escribiendo? ¿Ensayos, novelas, o cuentos? R.G: Escribir es mi razón de existencia. Escribo para responder mis propias interrogantes. Interrogar es, también, mi manera de existir. Resulta que esa inquietud no la aplacan ni premios ni honores. Tampoco las dificultades que me pongan en el camino, porque las convierto en preguntas. Y vuelta a empezar. Serán ensayos y novelas, decantación que me dieron los años.72 Su labor no acaba ahí; al siguiente año incursiona en el acontecer poético con Envidia de Adriano, un libro que contiene una colección de poemas prologado por el destacado intelectual cubano Pablo Armando Fernández Pérez (1930). En el año 2007 se le otorga el Premio Nacional de Periodismo Cultural, y por su vasta labor hasta ese año, se le dedica en el año 2010 la edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana, período en el que también se le concede el séptimo Premio Nacional de la Crítica Literaria por su libro Cine Cubano, ese ojo que nos ve, lanzado por la Editorial Oriente en ese mismo año. Dentro de su laureada carrera, lo destacan todos los críticos, resalta sobre todo el texto de la presente investigación, considerándola como obra de impacto en el panorama de la literatura cubana y latinoamericana. La propia Marilyn Bobes hace mención al peso del lenguaje dentro de ella y en sentido general, en el resto de su obra: 71 Marilyn Bobes: «Interrogar es mi manera de existir» en El Tintero, en Juventud Rebelde, 25 de octubre de 2015, p. 3 72 Ídem, p. 3 40 M.B: Siendo miembro de la Academia de la Lengua, debes otorgar mucha importancia al idioma en tu obra. ¿Qué te seduce más, el argumento o la forma que escoges para expresarte? R.G: El idioma en el escritor es como la música en el oído del compositor, nace, no se hace. Conozco a quienes pierden las uñas garrapateando cuartillas y continúan con la incurable prosa del notario. Por supuesto que el idioma se enriquece y se afila. En cuanto a forma y argumento, lo uno llega con lo otro, te lo exige. El que no pesca la señal no da pie con bola…73 Teniendo en cuenta los propios comentarios del autor, los usos de la lengua van a ser vital en su obra novelística, razón por la que varios lingüistas y estudiosos de la rama, como la cubana Marlen Domínguez toman los textos de este autor como una especial fuente de estudio. Según esta autora en su análisis de la presente novela de González, comenta que ―la lengua puede revelar del mejor modo el fenómeno de la intertextualidad (…) tanto por la presencia patente de figuras y textos de distintas tendencias y épocas‖.74 Otro de los analistas que sostiene ese tema en la obra, es el joven periodista e investigador cienfueguero Julio Martínez Molina al hablar sobre la pericia innata del autor para articular y ramificar los eslabones de la historia sacando de su repertorio la amplitud exuberante del vocabulario español: ―Asido el narrador – y es una de las grandes virtudes del libro- a un lenguaje filoso y fibroso, que no escatima ni la más osada ostentación ni el término menos usual.‖75 Otro de los trabajos valorativos de su obra en revistas y artículos pertenece a la investigadora argentina Fernanda Elisa B. Herrera, aseverando que ―dentro de la producción de este escritor cubano, este texto marca, por otro lado, un camino en su escritura, ya que en esta novela, la tradición de la picaresca se entrelaza con el 73 Ídem, p.3 74 Marlen Domínguez Fernández: «Los que hoy vivimos, con su lengua hablamos…», en Signos lingüísticos 3, enero-junio, 2006, México, p. 28. 75 Julio Martínez Molina: «Al cielo sometidos: dos pícaros nada celestiales» en Cinco de Septiembre, 2 de marzo de 2010. 41 Barroco de Indias, proponiéndose fundamentalmente una experimentación con el lenguaje inserto en la modalidad de la nueva novela histórica.‖76 Como estas y otras evaluaciones más generales sobre su obra, han sido editadas y publicadas en numerosas plataformas y bajo disímiles autores: entre las figuras especiales se hallan Rogelio Rodríguez Coronel en el Recibimiento como Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua, Miguel Barnet en ―La Fuente viva‖ del año 1983, Julio García Espinosa en la presentación de la segunda edición de la novela Al cielo…, Manuel Vázquez Montalbán en el prólogo a la primera edición española, entre muchos otros autores, también foráneos como la polaca Anna Jesisnska a la primera edición en ese idioma. Se hallan otras interesantes estimaciones sobre sus textos; por ejemplo el crítico cubano Julio Ortega en Relato de la Utopía. Notas sobre narrativa de la Revolución (1973) destacó en González el carácter de uno de los ―narradores jóvenes con mayor ambición formal de la reciente narrativa cubana (…) En su concepción como narrador, actúa en primer lugar la capacidad para recuperar una persuasión poética en los actos humanos: no sin cálido y piadoso humor (…) Su novelística se constituye como una imagen que cuaja su estructura en la unidad de una visión no discursiva…‖77 Para otros autores, Reynaldo González representa una figura especial que se inscribe y define en el vasto campo de la literatura latinoamericana: ―El acierto narrativo de Reynaldo González está dado en llevar al plano estético elementos que provienen de la propia realidad.‖78 Más significativas son otras posturas en las que no se deja de señalar el sentido de pertenencia hacia su nación, que lo remiten necesariamente a las raíces y fuentes de su formación: ―Es un cubano orgulloso de pertenecer a una cultura que con un ritmo nuevo y palpitante trasciende los productos de la exhaustiva Europa. En su caso, la 76 Fernanda Elisa B. Herrera: «Cruces y encrucijadas en Al cielo sometidos de Reynaldo González» en Territorios comparados de la literatura y sus lindes: diálogo, tensión, traducción, CONICET – INSOC. Argentina, ISBN 978-987-657-126-5, p. 1. 77 Julio Ortega: «Relato de la utopía. Notas sobre la narrativa de la Revolución», en www.cubaliteraria.cu (Encontrado el 20-03-2015) 78 Rogelio Rodríguez Coronel: «La novela de la Revolución Cubana», en www.cubaliteraria.cu (en la entrega del Premio de la Crítica) (Encontrado el 20-03-2015) http://www.cubaliteraria.cu/ 42 reconstrucción de época es una lección de literatura y un derroche de conocimiento adquiridos en cuidadosas búsquedas…‖79 En síntesis, se puede apreciar ciertamente que las