Irán Cabrera Díaz de Villegas Maira González Alonso Suyen Pino Rodríguez Mireya Hernández Díaz Julia Isela Martín Martín Yaima Mederos Jiménez Yurima Calero Pérez Zadi Santos Rodríguez Ramón Alberto Manso Rodríguez Idalmis Pérez Cabeza Mercedes Catony Delgado Judiel Reyes Aguilar Aleida Rivero Villarreal Maibelín Carrasco Pérez Doris Madruga Torres Héctor González Fuentes Yakelin López Santos 2023 Marzo 2023 Centro Provincial de Superación para la Cultura «Ángel Román González Borrell» de Villa Clara 42203212 supervc@cenit.cult.cu novedadessupervc.blogspot.com facebook.com/superacionvc/ twitter.com/SuperacionVc Atribución-NoComercial-SinDerivadas CC BY-NC-ND Compilación: Irán Cabrera Díaz de Villegas, Doris Madruga Torres, Judiel Reyes Aguilar Edición y corrección: Miriam Artiles Castro Diagramación y diseño: Marvelys Marrero Fleites © Colectivo de autores, 2023 © Sobre la presente edición: Editorial Feijóo, 2023 ISBN 978-959-312-556-7 Editorial Samuel Feijóo, Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, Carretera a Camajuaní, km 5 ½, Santa Clara, Villa Clara, Cuba Índice Presentación.................................................................................................7 La mediación institucional en los procesos de consumo.....................10 El consumo cultural, participación y gestión sociocultural....................19 Participación en la programación cultural: alternativa para los estudios de consumo cultural...................................................................................25 Un primer acercamiento a los hábitos de lectura en la población joven de la ciudad de Santa Clara, Cuba..........................................................33 Las TICs y el consumo cultural en los jóvenes cubanos del siglo xxi..........44 Informatización, transformación digital y consumo cultural en Cuba.....52 Programa de Desarrollo Cultural, principal instrumento para la concreción de la articulación entre las políticas culturales y las prácticas culturales..........................................................................................67 Relación consumo cultural-servicios culturales: Reflexiones para su transformación.........................................................................................80 Figuras..............................................................................................................87 Anexos..............................................................................................................97 Datos de los utores..........................................................................................100 5 COLECTIVO DE AUTORES A la memoria de Fernando Martínez Heredia, amigo entrañable y maestro siempre. 6 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL 7 COLECTIVO DE AUTORES Pero no debemos suponer que el pensamiento estará forzosamente a favor de la opción socialista. O que no haya mentes y hábitos colonizados que persigan todavía, o el autoritarismo y los viejos dogmas en nombre del socialismo, o algunos de los ideales, las formas de organización y la cultura que el propio capitalismo ha ido dejando atrás en su desarrollo. Será un campo de batalla. Fernando Martínez Heredia, A la mitad del camino Presentación Irán Cabrera Díaz De VIllegas La idea de realizar un curso de posgrado sobre consumo cultural estuvo dan- do vueltas por algún tiempo entre un grupo de especialistas del Centro de Superación para la Cultura en Villa Clara. Se hicieron consultas, búsquedas en Internet, acopio de bibliografías relacionadas con el tema; y poco a poco fue creciendo la iniciativa del proyecto. Finalmente se realizó el programa y la propuesta de curso al sistema institucional de la cultura en el año 2019 y culminó su primera edición en 2020. De la experiencia de este proyecto, se propuso la realización de un libro que reuniría los distintos estudios y acercamientos al tema del consumo cultu- ral, donde la proyección institucional estaría en un lugar protagónico. También se hizo una revisión de trabajos presentados en diferentes edi- ciones del evento “Política Cultural, Superación y Desarrollo”, que cada dos años se realiza en el propio Centro, relacionados con el tema. En las distintas plataformas de discusión se encontraron algunas ponencias referidas a esta temática; y se incluyeron dos de ellas que darían una contribución al esfuer- zo colectivo de contar con un texto de utilidad para la profundización de las políticas culturales en el actual contexto, caracterizado por una diversidad de orientaciones en lo que a consumo cultural se refiere. Desde las últimas décadas del siglo xx hay un marcado interés por el estu- dio del tema. Néstor García Canclini utiliza el concepto de valor simbólico al definir el consumo cultural como “el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica”. En ese sentido, el consumo de los llamados pro- ductos culturales se posibilita no solo por el predominio del valor simbólico, 8 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL sino por el manejo de estructuras simbólicas por parte del consumidor, que le permiten reconocer dicho valor. En términos de Pierre Bourdieu: “solo realizará consumo cultural quien contara con el capital simbólico para reconocer el valor simbólico de los pro- ductos culturales”. En Cuba, en los últimos años ha aumentado el interés por estudiar las prácticas de consumo cultural, así como por profundizar en los vínculos que este tiene con los procesos de desarrollo tanto nacional, territo- rial, como comunitario. Abanderado en estos estudios, el Instituto de Inves- tigación Cultural “Juan Marinello” cuenta con un equipo de investigadores dedicados de manera muy profesional a la investigación de temas relacionados con el consumo cultural. Hoy en día existe un arsenal de estudios sobre las apropiaciones de los diferentes públicos de las manifestaciones culturales y el hábito de leer. Las po- líticas culturales han tratado de intervenir en la modelación de los escenarios y los comportamientos de esos públicos, quizás orientándose en la utopía de seguir construyendo ese horizonte inconcluso de la modernidad, en cuanto al papel liberador de la cultura y los saberes asociados a ella. La era del consumo y el consumismo está promoviendo en las sociedades contemporáneas una nueva orientación de la existencia, de las satisfacciones tanto espirituales como materiales, la legitimidad de los placeres, el hedonismo. Ya parece indetenible la avalancha de materiales audiovisuales que insisten en legitimar el triunfo del mercado sobre las demás aspiraciones humanistas en que debe orientarse la sociedad. Las modas, los artificios, los productos diversos, crean un malestar dirigido a destruir cualquier sentimiento de solidaridad; y lo individual, el individualismo, exacerba la condición humana. La tendencia creciente en los diversos grupos y segmentos poblacionales, es a preferir el consumo cultural en nuevos lugares virtuales: la esfera indivi- dual, la privada y el ámbito doméstico. Ello se debe a una amplia y diversifica- da oferta de bienes y servicios culturales provenientes de distintos medios de comunicación, redes sociales y nuevas tecnologías digitales que han impacta- do de manera determinante en las nuevas formas de consumo. Surge un modo diferente de consumo: los productos audiovisuales se con- sumen al interior de lo privado, de conjunto con el disfrute de las propuestas que hacen las instituciones para la variedad de públicos que se interesan por las ofertas culturales. En la provincia de Villa Clara, independientemente de los logros alcanza- dos en la praxis cultural, se evidencia una desactualización en cuanto a con- sumos culturales, de un público que rebasa el público cautivo de las ofertas culturales ofrecidas desde lo institucional. Ello ha provocado que se ignoren prácticas que se producen como resultado de la trama de relaciones objetivas 9 COLECTIVO DE AUTORES que se están moviendo en el campo cultural y subcampos, asociadas a un ca- pital económico no estatal creciente, que no siempre se corresponde con un capital cultural o artístico, y que se expresa en la reproducción de modelos, no valorados, a partir de criterios estéticos y de pautas auténticamente culturales y desenajenantes. Estas consideraciones preliminares parten de algunas lecturas comparti- das, y de análisis realizados sobre el tema, por los especialistas que participan en el proyecto de libro que presentamos a su consideración. Participan en él profesores, académicos, investigadores y especialistas del sector de la cultura y la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, cuyo interés esencial está en socializar ideas y análisis sobre el consumo cultural y sus repercusiones en el ámbito social. Esperamos que esta valiosa contribución estimule el interés por un tema de palpitante y permanente actualidad: el consumo cultural. 10 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL La mediación institucional en los procesos de consumo MaIra gonzález alonso, suyen PIno roDríguez y MIreya HernánDez Díaz El sistema institucional de la cultura en Villa Clara elabora programas, pro- yectos y sistemas de actividades, con el objetivo de transformar la vida cotidiana de los individuos, su actuación en la sociedad, modelar sus estilos de vida y es- tablecer pautas de comportamiento, representaciones de la realidad y rescatar valores e identidades, en correspondencia con la política cultural y el proyecto social cubano. Sin embargo, casi siempre estas propuestas tienen su base en estudios em- píricos y no recurren a estudios científicos que indaguen en las necesidades y demandas de sus destinatarios. Concentran sus esfuerzos en promover los va- lores más arraigados de la cultura, reconocidos y legitimados históricamente, sin dar suficiente espacio a la originalidad y creatividad de los sujetos que, en la dinámica de su vida cotidiana, producen, recrean, reapropian, transforman sentidos y les otorgan nuevos contenidos. El estudio que propone la Casa de Investigaciones y Promoción Cultural “Samuel Feijóo”, con el título de “Regularidades del Consumo cultural en los adolescentes del municipio de Santa Clara”, es de suma importancia para el proceso de toma de decisiones del sistema institucional de la cultura, puesto que pretende indagar en el diseño de la oferta cultural, desde el sistema insti- tucional al alcance de la población, especialmente de los adolescentes de Santa Clara, y profundizar en los niveles de demanda y satisfacción de esta oferta; lo que facilitará establecer las regularidades del consumo en este grupo etáreo y, con ello, estrategias de trabajo para la inclusión, la cohesión social y calidad de vida de estas personas. A partir de la década de los noventa en Cuba, la temática del consumo cultural se convirtió en objeto de estudio de muchos investigadores. Los ante- cedentes más importantes de estos en el país, son los desarrollados por el ICIC “Juan Marinello”, dentro de los que se encuentran: “Algunas tendencias sobre el consumo cultural de la población urbana en Cuba” (1998); “La población como actor de participación: un estudio de caso de la provincia de Villa Cla- ra” (1999); “Participación social y cultura: un estudio de caso de la provincia 11 COLECTIVO DE AUTORES de Holguín” (2002); “Prácticas culturales cubanas: una mirada al interior del país” (2002); “Una mirada a los intereses literarios y a las prácticas de lectura en Cuba” (2002); “En torno a la participación: el consumo cultural cubano” (2004); “Participación y consumo cultural en Cuba” (2008); “El consumo cultural y sus prácticas en Cuba” (2010) y “Participación Cultural de la ado- lescencia en Cuba. Expresiones y claves para su comprensión” (Unicef, 2016). Estos estudios consideran los procesos de consumo, en este campo, como objeto de investigación en sí mismo, a diferencia de épocas anteriores en que el concepto esencial era el de tiempo libre. Interesados no únicamente en las principales prácticas culturales de la población, sino también en los procesos socioculturales que acompañan estos comportamientos. La intención ha sido profundizar en los sujetos y su mundo de significaciones, necesidades, per- cepciones y representaciones sociales, como elementos imprescindibles en la concepción de estrategias realmente efectivas. Nuestro estudio se afilia a esta tendencia. El estudio tiene su base en las tesis de diferentes autores sobre consumo cultural, es el caso de Néstor García Canclini, una de las figuras centrales de las investigaciones del consumo cultural en América Latina, quien lo conside- ra como una práctica sociocultural donde se construyen significados, sentido de vivir. Así, lo legitima como espacio clave para la comprensión de los com- portamientos sociales, de ahí la afirmación de que sirve para pensar. Plantea que al seleccionar los bienes y apropiarnos de ellos definimos lo que conside- ramos públicamente valioso. El consumo, además, es visto no como la mera posesión de objetos aislados, sino como la apropiación colectiva en relaciones de solidaridad y distinción con otros, de bienes que dan satisfacción biológica y simbólica, que sirven para enviar y recibir mensajes (Canclini, 1992). Pierre Bourdieu relaciona las características del consumo con la clase so- cial a la que se pertenece, planteando que muchas veces el pertenecer a las clases populares equivaldría a renunciar a los beneficios y reducir las prácticas y los objetos a su función utilitaria. El gusto que, según este autor, es el modo en que la vida de cada uno se adapta a las posibilidades estilísticas ofrecidas por su condición de clase (Bourdieu, 1979). Refiere, además, que las clases se distinguen por su posición en la es- tructura de la producción, pero también por la manera de usar los bienes materiales y simbólicos de una sociedad. Su acceso depende de la capacidad económica, pero, además, de la posesión o carencia de un capital cultural ad- quirido, básicamente, en la familia y la escuela (Bordieu, 1990). Martín Barbero considera que el consumo se constituye un escenario de análisis de las prácticas cotidianas de los sujetos, lugar de interiorización muda de la desigualdad social, desde la relación con el propio cuerpo hasta el uso del 12 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL tiempo, del hábitat y de la conciencia de lo posible en cada vida, de lo alcan- zable e inalcanzable. Pero lugar también de la impugnación de esos límites, de expresión de los deseos, de la subversión de códigos de movimientos de pulsión y del gozo (Barbero, 2006). Además, sostiene que investigar el consumo cultural equivale a redimir la creatividad de los sujetos, la complejidad de la vida cotidiana, así como el carácter interactivo y lúdico de los públicos con los medios. Esto desde el desplazamiento de las fronteras disciplinarias e integrando estrategias meto- dológicas (Barbero, 2006). Es necesario destacar la contribución de estos autores en la temática estu- diada y, especialmente, el reconocimiento de la participación cultural como consumo. En el caso de Canclini su crítica a las posturas conductistas, donde defiende el carácter construido de las necesidades y rechaza la concepción instrumentalista de los bienes, que supone que estos solo poseen valor de uso. Dicho autor subraya la dimensión cultural del consumo, considerando que los bienes materiales, además de su uso práctico, también son necesarios para ser visibles y estar en las categorías de una cultura. Hace hincapié en la complejidad de un fenómeno irreductible a colecciones de gustos y antojos o compras irreflexivas, en el marco de relaciones estímulo-respuesta, sino esce- nario de construcción de significados y sentidos de la vida, donde se objetivan deseos, cristalizan rituales, comunican e integran y, a la vez, diferencian y distinguen, por lo que se convierten en espacio clave para la comprensión de las sociedades contemporáneas. Por su parte, Martín Barbero desde su crítica al paradigma informacional y su elaboración de la categoría de mediaciones llega al tema del consumo, real- za su dimensión cultural y carácter no reproductivista, para interpretarlo como espacio de producción de sentidos, escenario de constitución de identidades y conformación de comunidades. El consumo cultural es la forma de manifestación por excelencia de la participación social en la cultura, ya que la vía principal de relacionarse la po- blación con el hecho cultural es como público (Linares, 2008). Además, expone que el consumo cultural constituye un proceso activo donde las personas asimilan, rechazan o negocian aquello que se les ofrece, de acuerdo con sus intereses, necesidades y expectativas. Otra categoría a tratar en este estudio es la adolescencia, definida como edad de tránsito entre la niñez y la adultez. Constituye una etapa del ciclo vital que transcurre acompañada de un conjunto de cambios psicológicos, entre los cuales se encuentran una creciente independencia en la elaboración de criterios y en la declaración de preferencias (Ibarra, 2003). En términos generales, el adolescente se identifica por una posición so- 13 COLECTIVO DE AUTORES cial intermedia entre el niño y el adulto, en cuanto a estatus social, ya que el adolescente continúa siendo un escolar, depende económicamente de sus pa- dres, pero posee potencialidades físicas y psíquicas muy similares a los adultos (Ibarra, 2003). La Organización Mundial de la Salud (OMS), define como período ado- lescente la etapa que transcurre entre los 11 y 19 años, considerándose dos fases, la adolescencia temprana de 12 a 14 años y la adolescencia tardía de 15 a 19 años (OPS/OMS, 1995). Para la Unicef la adolescencia se divide en adolescencia temprana (de los 10 a los 14 años) y adolescencia tardía (de los 15 a los 19 años) (Unicef, 2011). En Cuba la adolescencia se fragmenta en su concepto legal entre infancia y juventud. Por lo cual se reconoce una primera etapa que va desde los 12 hasta los 14 años, que se solapa con la infancia, y una segunda fase que cubre desde los 15 hasta los 18 años y que coincide con el inicio de la juventud (Centro de Estudios de la Juventud, 1999). Estas mismas distinciones de edad las usa la Oficina Nacional de Estadís- ticas (ONE, 2010) en sus estudios sobre adolescentes, así como el Centro de Investigación Cultural “Juan Marinello”, en su estudio de Consumo Cultural (Moras, Linares, Mendoza, Rivero, 2011). El presente estudio se erige desde un posicionamiento dialéctico materia- lista, lo que permitirá dar cuenta de las regularidades del consumo cultural, a partir de un análisis crítico y reflexivo sobre la mediación que produce lo institucional en estos procesos, y así poder analizar la relación oferta-demanda cultural; y la mediación de lo institucional en dicha relación. A partir de los métodos aplicados se hace un estudio exploratorio que constituyó un primer acercamiento a la problemática, intencionando al aná- lisis del papel que juegan las instituciones en el proceso de oferta-demanda y, por tanto, en los consumos de los diferentes grupos etáreos. Ello implica una mirada actual a las relaciones sociales contentivas de las necesidades, intere- ses y capacidades de los sujetos y de la propia institución, como condición del mantenimiento del orden establecido. Las instituciones constituyen modelos de relaciones sociales que ejercen una acción reguladora sobre el comportamiento humano, tales relaciones se distin- guen de aquellas que son ocasionales, efímeras e inestables. La existencia de las instituciones le permite al hombre contar con una pluralidad de pautas de rol independientes, que puede oponer a las acciones naturales que emprende (Alonso y otros, 2004). Por ello la institucionalización permanente constitu- ye toda una ley sociológica desde una mirada funcional de la sociedad. Las instituciones culturales tampoco escapan del carácter de esta ley, lo que constituye premisa y condición necesaria para la orientación de la acción 14 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL y, con ello, la reactivación de los mecanismos institucionales que contienen la posibilidad de los sujetos para la transformación de las prácticas culturales como un proceso eminentemente político. Por tanto, un proceso de indaga- ción vinculado a los consumos culturales no puede estar al margen de un aná- lisis crítico de la mediación institucional; a partir del encargo político y social de las instituciones culturales en nuestro país de estimular la participación de las nuevas generaciones, con el objetivo de garantizar el relevo artístico, preser- var la continuidad de tradiciones, y garantizar un elevado desarrollo cultural. De tal manera, son las instituciones, entre otros actores, las encargadas a partir del conocimiento de las características de las prácticas culturales de los diferentes grupos sociales, sus intereses y expectativas, de desarrollar acciones tendientes a estimular los consumos. Al realizarse un primer acercamiento a la realidad objeto de análisis resul- tó pertinente para el examen del comportamiento del consumo cultural de los adolescentes de Santa Clara, valorar la mediación que produce lo institucio- nal en este proceso, pues son las instituciones, y en este caso las culturales, el medio que el estado ha concebido para el ejercicio de la actividad política y su acción reguladora, en relación con la práctica sociocultural. Esto implica un corte analítico que, por una parte, evalúe los aspectos objetivos de la realidad y, por otra, aquellos elementos que condicionan la sub- jetividad de los actores involucrados, los cuales fijan los límites y posibilidades para la reproducción o transformación de la realidad social, en los marcos institucionales de la actividad que realizan. El develar los límites y posibilidades de los sujetos, como dar cuenta de aquellos aspectos de la realidad objetiva que obstaculizan o facilitan el consu- mo cultural significa, por tanto, una contribución a la caracterización de este proceso en los sujetos seleccionados para el estudio. En este sentido, la etapa de acercamiento inicial de la realidad objeto de es- tudio, a través de la aplicación de diferentes instrumentos de recogida de infor- mación práctica, con la correspondiente contrastación de los referentes teóricos, permitió establecer algunos elementos que, en la práctica social, potencian o facilitan el consumo cultural y donde están, intrínsecamente, enlazando la oferta y la demanda. Cabe resaltar aquí la voluntad política que se expresa en los documentos oficiales y requerimientos de los programas de desarro- llo cultural relacionados con la programación cultural, su diseño, ejecución y evaluación. De igual modo, tal voluntad política toma concreción en espacios donde participan actores de diversas instituciones, que proponen estrategias para el diseño y ejecución de la programación cultural, con el objetivo de que la po- blación reciba un producto de calidad. 15 COLECTIVO DE AUTORES Las prioridades de trabajo que se intencionan para el sector de la cultura, establecidas por el MINCULT, están orientadas a desarrollar acciones ten- dientes a estimular los consumos. Una fortaleza es que la provincia cuenta con una amplia red de institu- ciones, las cuales brindan servicios, tanto en zonas urbanas como rurales; y desarrollan un conjunto importante de proyectos. Otro elemento facilitador lo constituye la existencia de un sistema de En- señanza Artística, con una red de academias y escuelas de arte, para la for- mación de estudiantes en diversas manifestaciones, que una vez egresados se convierten en portadores de un saber incorporado y, de esa forma, se fortalece la relación necesaria tradición-modernidad, como vínculo inherente a la cade- na propia de la sucesión cultural. La participación de todos los segmentos sociales, con énfasis en niños, niñas y adolescentes, constituye una estrategia de salvaguarda de la herencia cultural, con el reconocimiento del valor y el aporte de la formación cultural que se deben trasmitir a las nuevas generaciones. Existencia de espacios de retroalimentación con promotores, creadores y dirigentes, sobre el comportamiento de la población, intereses, necesidades, expectativas y satisfacción con la oferta cultural, que se realiza con sistemati- cidad por la Dirección Municipal de Cultura de Santa Clara y la Dirección Provincial, a través de su calendario de visitas. Desarrollo de vínculos cada vez más estrechos entre las escuelas y las insti- tuciones culturales, refrendados en convenios que permiten la participación protagónica de la población infantil, adolescente y juvenil, en las diferentes actividades culturales programadas por las instituciones, lo cual permite de- sarrollar su percepción, sensibilidad estética y la necesidad de participar en ellos como creadores y espectadores. Es de destacar la importancia que tienen las instituciones culturales para los adolescentes. En las entrevistas realizadas alegan asistir habitualmente a bibliotecas, librerías, museos, salas de cine y video, lo que demuestra la signi- ficación que tienen estos espacios para la satisfacción de su demanda. La existencia del Centro de Superación para la Cultura y la Casa de Inves- tigaciones y Promoción Cultural “Samuel Feijóo”, a partir de sus respectivas misiones, ha desempeñado un importante papel, desde el punto de visto do- cente-metodológico, en la preparación y concreción de determinadas acciones que han contribuido a la sistematización de los estudios de consumo cultural: • Cursos, talleres y otras formas de docencia, que intencionan la prepara- ción de especialistas, investigadores y creadores, para la realización de estudios de corte sociopsicológico, diagnósticos socioculturales y otros tipos de evalua- ciones relacionadas con la programación cultural. 16 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL • Propuestas metodológicas para la evaluación de la programación cultu- ral y de eventos que realiza la cultura en la provincia. • La participación sistemática y directa en los procesos de evaluación de las actividades culturales y en los diferentes espacios que se han creado por la Dirección Provincial de Cultura, teniendo en cuenta formas, medios y meca- nismos de las diferentes instituciones, para cumplir con las demandas de la población y así desarrollar acciones tendientes a estimular los consumos en los diferentes grupos sociales (Sondeos de opinión, Reunión de programación, Junta de Programación, Reunión de semanas y Jornadas, etc.) Sin embargo, las prácticas culturales medidas por toda una red de insti- tuciones se han visto condicionadas por elementos que no solo facilitan los procesos culturales, sino también aspectos que devienen obstáculos; y que son expresión de elementos potenciadores del estado de las relaciones sociales exis- tentes. De tal forma, una perspectiva dialéctica en el análisis de la realidad, implica asumir también que en el orden social establecido hay predominio de interpretaciones metafísicas, empirismo, fragmentación, prácticas exclu- yentes y clasificatorias, que limitan la participación activa de los sujetos en el desarrollo cultural. La participación de las autoras de este trabajo, como se ha expuesto antes, en espacios para orientar el trabajo cultural, permitió apreciar la existencia de prácticas institucionales verticalistas, que limitan la acción orientadora y regu- ladora de la institución, la concientización de los fines del trabajo cultural, a partir de las necesidades e intereses de los sujetos; y las particularidades de los diferentes territorios en general. Tales prácticas han establecido un sistema de relaciones sociales de domi- nación y subordinación, que oprime a los sujetos y los ubica en condición de objeto (lo que para nada serían acciones tendientes a estimular los consumos). Asimismo, las concepciones asistencialistas predominantes en las estrate- gias de trabajo institucional, profundizan la contradicción existente entre los roles asignados por la institución a determinados sujetos vinculados al trabajo institucional y las funciones sociales que deben desarrollar, en representación de las necesidades reales de la población, depositadas en estos actores. Es el caso de actividades culturales caracterizadas1, festejos tradicionales que han ido perdiendo su carácter popular y la posibilidad de su continuidad y con- servación por las nuevas generaciones, como parte del proceso de apropiación. Entre ellos podemos mencionar los carnavales, las fiestas de la verbena de la calle Gloria, fundación de la ciudad, entre otras. 1 Actividades caracterizadas es un término empleado en el sistema institucional de la cultura para referirse a acciones que son permanentes o se realizan con relativa periodicidad. 17 COLECTIVO DE AUTORES Tal fenómeno deviene contradicción respecto a las indicaciones de la po- lítica cultural, referidas a la implementación de acciones que permitan aprove- char las potencialidades colectivas de las comunidades en función de fortalecer y conservar cada tradición, realizando certámenes, desarrollando una progra- mación de actividades caracterizadas, trabajos de mesa en equipo siempre y cuando se tenga la concepción de la autoridad del conocimiento y no la buro- cracia (CNCC s/f ). Existen escasos estudios de corte sociopsicológico de los públicos, a pesar de su intencionalidad por parte de las instituciones correspondientes, lo que trae como consecuencia el trabajo cultural desde un enfoque empirista; por tanto, la toma de decisiones no se corresponde con las demandas de la pobla- ción (actividades sin público, exposiciones artísticas de gran calidad en salas vacías, estantes de librerías llenos de ejemplares que no se venden). También se evidencia el formalismo y las posiciones acríticas en la apli- cación de propuestas metodológicas diseñadas por la Dirección Provincial y Centros Provinciales, encargados del trabajo cultural, para el desarrollo de la programación cultural, que deja de lado las particularidades de los diferentes territorios y las diferencias entre las zonas rurales y urbanas. Resultado de ello son las propuestas de semanas y jornadas de la cultura de los territorios, con acciones homogeneizadoras, en la cabecera y los poblados de los mismos, selección de agrupaciones musicales de otras provincias, en detrimento del movimiento de artistas aficionados y del talento de la provin- cia, lo que limita la divulgación de lo identitario, lo autóctono. Elementos muy importantes en la formación de las nuevas generaciones. El profundo conocimiento de las características de las prácticas culturales de los diversos grupos poblacionales, su interés y expectativas, son requeri- mientos esenciales para desarrollar todo un conjunto de acciones tendientes a estimular los consumos. Por el rol que juegan las instituciones culturales en la aplicación de la política cultural, es necesaria una mirada crítica a los modos, formas y me- canismos que utilizan, para potenciar la participación de la población en el desarrollo cultural. Este estudio tiene como intención contribuir a enfrentar los retos que im- pone una realidad cambiante a los decisores, promotores y creadores del sector de la cultura, en su labor de promover la participación cultural. La información presentada ofrece la posibilidad de aproximarnos al cono- cimiento de cómo los diferentes grupos sociales, en especial los adolescentes, interactúan con determinados tipos de bienes y servicios culturales. Los resultados del proyecto aquí expuesto, así como las reflexiones deri- vadas del mismo, permitirán realizar recomendaciones concretas a políticas y 18 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL estrategias, con el objetivo de hacer más eficaces los procesos de socialización y democratización de la cultura. Referencias bibliográficas Bourdieu, P. (1990). Sociología y Cultura. Ciudad de México: Editorial Gri- jalbo S.A. Centro de Estudios sobre la Juventud. (1999). Cuba: Jóvenes en los 90. La Habana: Casa Editora Abril. García Canclini, N. (1992). El consumo cultural en México. Ciudad de México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Linares, C., Rivero, Y., Moras, P. (2008). Participación y consumo cultu- ral en Cuba. La Habana: Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”. Linares, C., Rivero, Y. y Moras, Pedro E. (2010). Participación y consumo cultural en Cuba. Ciudad de La Habana: Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”. Linares, C., Rivero, Y. y Moras, Pedro E. (2010). El consumo cultural y sus prácticas en Cuba. Ciudad de La Habana: Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”. Mariela Porro Fernández. (2013). Consumo Cultural de un grupo de adolescentes desvinculados de estudio y trabajo. Una experiencia en el Proyecto a+ Espacios Adolescentes de la Oficina del Historiador de La Habana: Centro de Estudios Sobre la Juventud. Moras, P. E., Linares, C., Mendoza Y Rivero, Y. (2011). Consumo Cultu- ral y Adolescencia en Cuba. Reflexiones a partir de una Encuesta Nacional. La Habana: Instituto Cubano de Investigaciones “Juan Marinello”. Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia). (2011). Estado Mundial de la Infancia 2011. La adolescencia. Una época de oportunidades. New York: Unicef. 19 COLECTIVO DE AUTORES El consumo cultural, participación y gestión sociocultural JulIa Isela Martín Martín y yaIMa MeDeros JIMénez Los profundos cambios, tanto en el orden político, cultural, económico y tecnológico, que acontecen en el mundo moderno, van marcando las pautas del consumo cultural, por lo que es un tema no agotado por investigadores, que continúan los estudios en busca de interpretaciones que den respuestas de los destinatarios, receptores o consumidores, ante las ofertas institucionales, según el modelo de desarrollo. Las crisis de las prácticas de gestión cultural, basadas en enfoques estrechos que hacen de la cultura un servicio, de las ins- tituciones culturales y sus especialistas, medios, y los mercados de bienes y servicios culturales, se convierten en producto cultural, en mercancía. Por tanto, la gestión en este ámbito, en simple comercialización. Todo esto ha propiciado un redimensionamiento progresivo de la atención que se presta a los públicos y a la consideración de los mismos, no solo como usuarios pasivos de la oferta de los servicios que se hacen desde estas institu- ciones, sino como un referente activo y selectivo a partir de concepciones y valoraciones diversas, positivas o no, presentes en dicha selección, y exigentes hacia el logro de la satisfacción, por esta vía, de sus gustos e intereses. Desde este enfoque utilitario, condicionado por las motivaciones comer- ciales y la búsqueda de incremento de ganancias a partir de la cultura como negocio, se hace evidente que: • El consumidor se redimensiona y su satisfacción se convierte en objetivo utilitario, mediante lo cual se obtienen las ganancias esperadas, lo que resulta un objetivo estratégico del proceso comercial. Recordemos aquella regla de oro del comercio que pretende destacar que “el cliente siempre tiene la razón”. • A partir de lo anterior se hace evidente que se puede incidir conductis- tamente en los públicos para favorecer la demanda por estos de uno u otro producto. • Se hace indispensable estudiar cuidadosamente las demandas y consu- mos, como parte significativa de la gestión cultural. Desde la perspectiva sociocultural, se consideran varias formas de apropia- ción, recepción y usos de los bienes culturales y artísticos, que están mediadas por determinadas relaciones sociales, las cuales ejercen, en gran medida, una fuerza en la estructura social en relación con el consumo. El consumo es uno de los componentes fundamentales en la construcción de las identidades sociales y los estilos de vida, ya que una sociedad que no 20 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL tenga presente las formas de consumo estará próxima a desaprovechar lo au- téntico y nocivo que hay en él, que bien puede construir o destruir los vínculos de socialidad en y entre los grupos humanos. Por tanto, es primordial, para el desarrollo social, que los sujetos sociales, tanto a nivel comunitario como institucional, conozcan las formas de con- sumo, pues no se concibe esta sin consumo, pero tampoco sin centrarse en el consumo mercantil, ya que entonces correría el riesgo de convertirse en ins- trumento de degradación, que lo llevaría a desgastar sus formas de solidaridad hasta transformarse en agregado de egoísmos excluyentes. En los últimos años, en Cuba ha aumentado el interés por estudiar las prácticas de consumo cultural, así como profundizar en los vínculos que este tiene con los procesos de desarrollo tanto nacional, territorial como comuni- tario. En este escenario la tecnología ha dejado de ser un concepto de las cien- cias duras, para ser aceptada en las investigaciones de la comunicación, se- miológicas, sociológicas y antropológicas, como un texto que adquiere fuerza en la experiencia cotidiana, y donde el lector también es un protagonista que debe comprometerse en la acción social, la cual está condicionada tanto por las propiedades del texto, como por la manera en que se lee. En la actualidad se observa que las prácticas de consumo cultural emergen con mayor fuerza en los espacios privados; este fenómeno está dado por el papel de las nuevas tecnologías y otros medios de comunicación global como Internet. Es usual que los teléfonos inteligentes tengan dispositivos que permiten la comunicación con Internet, mediante redes inalámbricas (WIFI), o la propia red telefónica (GPRS); el acceso a sistemas de geolocalización, como el GPS; acceso a las redes sociales, como Facebook, Tiwter, Linkedin. Estos “teléfonos” se han convertido en verdaderas computadoras que permiten manejar y com- partir, de manera global, imágenes fijas, videos, sonido y textos, etc. De otra parte están las redes sociales y las plataformas online, utilizadas para difundir contenidos, comunicar e intercambiar información. Además, se consultan sitios que funcionan como carteleras de espectáculos, mapas cultu- rales relacionados con sus gustos sobre cine, música y programas televisivos. O sea, que los condicionamientos inherentes a la propia realidad virtual acaban por tener un efecto de exterioridad en relación con el propio indivi- duo, imponiendo y condicionando comportamientos y acciones. Aunque existen numerosas investigaciones sobre el consumo cultural, se evidencia que sus resultados muchas veces no son aprovechados ni tenidos en cuenta como recurso para llevar a cabo procesos de gestión sociocultural participativos, en los que los sujetos se sientan comprometidos con la acción 21 COLECTIVO DE AUTORES cultural que se desarrolla y, a la vez, contrarresten la globalización de los mer- cados y sus efectos, las desigualdades, la exclusión social, entre otros. Entre los estudios realizados por investigadores se encuentran los del Ins- tituto de Investigación de la Cultura Cubana “Juan Marinello”, entre los cua- les se relacionan: El consumo cultural en Cuba: Trayectoria en su conceptualización y análisis, de la investigadora Yisel Rivero (2008), en el que la autora pone de manifiesto cómo se ha abordado el consumo cultural en Cuba; reconstruye histórica- mente su trayectoria y esboza los principales momentos de su desarrollo, en su vinculación con las circunstancias económicas y culturales de las épocas en que les tocó desenvolverse, el poder y los cambios sociales que implicaba una Revolución, donde la ideología y la construcción de hegemonía eran medula- res (Rivero, 2008). Este estudio cuenta con una amplia teoría al hacer un recorrido histórico en cuanto al consumo cultural en Cuba, lo cual es fundamental para llevar a cabo procesos de gestión, desde una perspectiva sociocultural. Otra línea interesante se presenta en la Participación y consumo cultural en Cuba, de Cecilia Linares y un colectivo de autores (2004). Teniendo en cuenta que el proceso de guiar el desarrollo social se lleva a cabo a través de las distintas formas de organización, que se asumen en el organismo social con la comunidad, donde tiene un peso muy importante como escenario de la parti- cipación de los ciudadanos: elemento indispensable que hace posible desarro- llar las capacidades humanas y estructuras, donde los actores principales son los comunitarios, los que materializan las soluciones a las distintas situaciones que allí se presentan (Linares, 2004). Por tanto, teniendo en cuenta que en Cuba se construye un nuevo modelo de sociedad, hace que surja la demanda de promover nuevos tipos de partici- pación, no solo en el ámbito institucional, sino también en el comunitario, una participación que parta de procesos de gestión, acordes con el proceso social que se acomete, una gestión que esté en función de implicar a los di- ferentes tipos de público, que sea participativa, no solo en las instituciones culturales, sino también en la identificación y solución de los problemas en su comunidad. No puede ignorarse el marcado verticalismo, paternalismo y asistencia- lismo de muchos de los procesos de gestión que se dan en las instituciones socioculturales, pues en la mayoría de los casos se aplica un tratamiento es- tandarizado de la política cultural que, en lugar de favorecer y contribuir a la participación activa y creadora de los sujetos sociales, los reduce a simples beneficiarios de políticas públicas, lo cual, en el plano cultural, los conduce a ser consumidores de cultura. 22 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL Se conoce que varias de las instituciones culturales no constituyen espa- cios de participación importantes para la población, pues, aunque está con- templado en el programa de Desarrollo Cultural, en muchas de ellas se ha venido potenciando el diseño de acciones desde lo que ofertan las institucio- nes, pero en muchos casos no se han tenido en cuenta las necesidades, gustos y preferencias de los sujetos demandantes, sino que se programa en función de lo que los programadores creen oportuno; por lo que aún existen insatisfaccio- nes con la programación cultural de muchas de ellas, pues presentan debilida- des en cuanto a la promoción de diferentes formas y niveles de participación, así como falta de atención a la diversidad cultural de la población, lo que ha traído como consecuencia una disfunción entre las metas fijadas, las tácticas implementadas y la apropiación del capital artístico por parte de los públicos. En este caso se evidencia que existen deficiencias en los procesos de ges- tión que se llevan a cabo en las instituciones culturales, hay que tener presente al público en todo el proceso y ser consciente de eso para tomar decisiones e incorporarlo, de forma tal que ellos sean también protagonistas y decisores de la actividad. A partir de este requerimiento, asumir el desempeño de la gestión cultural exige establecer relaciones de participación y cooperación, sin limitar el in- tercambio entre las personas, tanto con aquellos con quienes se comparte el proceso de elaboración de los productos culturales, como con quienes consti- tuyen sus receptores potenciales. Es necesario tener presente todos los elementos antes referidos, para gestar procesos de gestión cultural que potencien la implicación y participación de todos los actores sociales, en el diseño, ejecución y evaluación de las acciones culturales, sean estas de nivel institucional, barrial, grupal, etc. La gestión sociocultural debe verse como un proceso a través del cual se potencia la constitución de espacios de intercambio y socialización entre los diferentes sujetos, que buscan satisfacer las necesidades de consumo cultural y con ello contribuir al desarrollo social de su localidad, a través de la conserva- ción y difusión de la cultura local y la preservación de los valores identificati- vos de la cultura nacional. Por tanto, se requiere de una gestión sociocultural comprometida, capaz de desarrollar esta capacidad en los diferentes sujetos a quienes va dirigida la acción sociocultural, que genere sentido de pertenencia, compromiso social entre los sujetos vinculados a las acciones planificadas. Según plantea el Dr. Máximo Ricardo Gómez Castells (2013), existen ca- rencias en el tratamiento a los juicios de gusto producidos por los servicios de museos, desconocimiento que imposibilita aplicar políticas diferenciadas de atención a visitantes que contribuyan a elevar la calidad de sus servicios. 23 COLECTIVO DE AUTORES Por otra parte, plantea que “las ofertas institucionales crean disposiciones hacia un tipo de productos que hace a la vez indiferente las necesidades cultu- rales. Esa indiferencia en la formación y la oferta, para los tipos de sujetos, es el producto de la existencia de un público no diagnosticado, que puede hacer de las exclusiones un hábito” (Gómez Castells, 2013). Todo lo que evidencia la necesidad de hurgar en los estudios de consumo cultural para conocer puntos claves referidos a los públicos y a los agentes institucionales, así como conocer las tendencias en el consumo cultural de la población cubana en relación con determinadas variables sociodemográficas e indagar acerca de los intereses artístico-literarios, hábitos y expectativas en torno a la actividad cultural, lo que sería la base sobre la cual se pueden promo- ver procesos de gestión sociocultural. Y a partir de ello diseñar procesos de gestión bien pensados, que permitan actuar ante las relaciones de los públicos con determinados campos de la cul- tura, así como algunas de sus interacciones y condicionamientos, y con ello contribuir a que la oferta cultural satisfaga las expectativas y objetivos de los diferentes tipos de público que se tiene o se podría tener. Existen estudios que contribuyen a comprender las principales prácticas de consumo cultural de la población cubana y su relación con factores económi- cos, sociales y culturales. Los resultados permitieron revelar temas significan- tes sobre la tesis de que la mayoría de las prácticas culturales de la población estudiada, si bien respondían a intereses específicos, expresaban en última ins- tancia sus desventajas económicas. Los estudios del consumo cultural han hecho significativas las nuevas rea- lidades socioculturales que se construyen en los espacios sociales, como ele- mento activo en la experiencia cotidiana de la gente y como el escenario que aparece entre la ciudadanía y las instituciones. Por tanto, las investigaciones sobre consumo cultural continúan siendo una prioridad para la gestión sociocultural, ya que ellos aportan un conoci- miento profundo sobre el comportamiento de los públicos y la audiencia, en su articulación con estructuras y procesos sociales más generales. Se acentúa su carácter activo y los rasgos propios de la producción social de significados, además de los ejes interpretativos específicos de los grupos, donde la posición del individuo en la estructura socioclasista influye en sus estrategias y códigos receptivos. De esta manera, la recepción de los medios y las prácticas en que se con- creta el consumo cultural se legitiman como áreas de indagación importantes en las agendas de las instituciones. Por lo que es evidente que apropiarse de estos estudios permitirá la planificación, ejecución y evaluación de procesos de gestión cada vez más participativos y comprometidos. Si se tiene en cuenta 24 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL que en el consumo cultural están involucrados no solo el hecho de la apropia- ción, sino también las variables de los usos sociales, la percepción/recepción y el reconocimiento cultural. Referencias bibliográficas Gómez Castells, M. (2013). Significados atribuidos e intereses institucionales en el consumo de servicios culturales en los museos. Universidad de Oriente. Baya- mo. Linares, C. M., Pedro y Rivero, Yisel. (2004). Prácticas culturales y ac- tores de participación. Un estudio en Ciudad de La Habana. CIDCC “Juan Marinello”. Rivero, Y. (2008). El consumo cultural en Cuba: Trayectoria en su con- ceptualización y análisis. Revista del Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”, No. 1. 25 COLECTIVO DE AUTORES Participación en la programación cultural: alternativa para los estudios de consumo cultural yurIMa Calero Pérez y zaDI santos roDríguez Las políticas culturales en Cuba, y sus adecuaciones en programas territoriales manifiestan la voluntad de alcanzar altos niveles de participación en la vida cultural; sin embargo, las prácticas institucionales demuestran que no se han logrado establecer estrategias y mecanismos efectivos para lograr una mayor implicación de la población en la concepción, planificación y organización del trabajo cultural. En nuestra provincia, Villa Clara, continúan siendo in- suficientes los estudios de consumo cultural, así como los de efectividad de la programación cultural, reconocidos en el Balance Anual de la Dirección Provincial de Cultura del año 2019 (DPCVC, 2019). Ante esta problemática, se realiza el presente estudio con el objetivo de identificar regularidades de la participación de adolescentes y jóvenes en la programación de instituciones culturales del municipio de Santa Clara. Un objetivo fundamental de la política cultural cubana es lograr una im- plicación cada vez mayor de los diversos sujetos sociales, en el desarrollo de los programas y proyectos culturales. De ahí que se coincida con Alina Casanova y Ana Iris Carcasés al considerar la participación en la gestión institucional de la cultura como “…la influencia que ejercen variados actores sociales en las decisiones relacionadas con los programas y proyectos destinados a garantizar las condiciones que favorecen los procesos culturales” (Casanova y Carcasés, 2004). En la búsqueda de los referentes acerca del tema, se encuentran estudios realizados por autores de diferentes países de América Latina, entre los que se destacan Adolfo Colombres, Héctor Santcovsky y Víctor Guédez. Los mismos realizan reflexiones teóricas sobre los procesos de la cultura, en particular la programación cultural y exponen las experiencias de prácticas culturales con- cretas de sus pueblos. De manera general, refieren la programación como el conjunto de acciones que realizan desde comunidades locales, ayuntamientos, grupos e instituciones culturales para ofertar al público las actividades que realizarán en las funciones previstas. Víctor Guédez expresa una visión más amplia de la programación, en tan- to la concibe como una dimensión de la gestión cultural, un proceso más am- plio, integral y estratégico, en aras de lograr los fines de las políticas culturales 26 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL (Guédez, 2001). Desde este punto de vista la programación cultural viene a ser un instrumento de gestión de las políticas de las instituciones culturales públicas cubanas, concebida esta no como un momento aislado dentro del ma- croproceso de gestión cultural, sino como uno de los elementos del sistema que propicia las interrelaciones de las diversas expresiones artístico-culturales con los diferentes públicos, que tiene sus formas particulares de organización y ejecución y que debe ser una de las alternativas fundamentales de enriqueci- miento de la vida cultural de la población. En Cuba, los estudios referidos al tema se concentran, fundamentalmen- te, en el Centro Nacional de Superación para la Cultura y el Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”. Asimismo, en los Programas de Desarrollo Cultural elaborados por el MINCULT, se abordan la concepción y evaluación de la programación cultural y se reconoce esta como el proceso de diagnóstico, planificación, organización, ejecución, control y evaluación de un sistema de actividades que posibiliten la relación arte y cultura públicos, atendiendo a las necesidades, gustos, aspiraciones y demandas de la población y de los creadores, teniendo en cuenta la capacidad de gestión de las institucio- nes, y los espacios y recursos de que disponen para el desarrollo de la diversidad de opciones culturales en los distintos territorios (DPCVC, 2009). Sin embargo, interpretar el significado y alcance de la participación en la gestión institucional de la cultura, parece no ser tarea fácil. Las prácticas insti- tucionales no demuestran que se haya comprendido cabalmente por los deci- sores y gestores de la cultura. Aquí se revela el elemento que media entre la contradicción entre “pro- gramación cultural” y “satisfacción de públicos”. Lo que habitualmente se ha considerado como posible solución del conflicto, son los estudios de consumo cultural, los diagnósticos de intereses, gustos y preferencias hacia los bienes culturales, con el propósito de consumirlos. Pero el consumo, la recepción, es solo el nivel básico, mínimo, de la participación. Según García Canclini (1992), es necesario entender los patrones de per- cepción y comprensión a través de los cuales se relacionan los públicos con los bienes culturales, y el efecto que generan estos en su conducta cotidiana y en su cultura política. Este autor define el término de consumo cultural como “el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde, al menos, estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica” (Citado por Rivero Baxter, 2006). Tal definición abarca dos ejes fundamentales: de una parte, aquellos bie- nes específicamente culturales de carácter artístico-literario, los medios de co- municación y la cultura popular que se “ofrecen” al público; y, de otra parte, 27 COLECTIVO DE AUTORES aquellos bienes, sean estrictamente culturales o no, pero que tienen un valor simbólico para los individuos, en tanto se encuentran en estrecho vínculo con sus vidas cotidianas. Esta segunda dimensión, que reconoce las potencia- lidades “creativas” del sujeto en el consumo cultural, dio un vuelco a la inter- pretación de los procesos de recepción. Ya no se conciben personas aisladas, hechizadas por lo comunicado, sino que se remarca su potencialidad de asig- nar, refuncionalizar y otorgar nuevos sentidos a los mensajes, a partir de “un proceso constructivo, dialéctico y conflictivo” (Cantú, s/f ). Ciertamente, la utilización de las instituciones y espacios culturales es di- ferente entre los grupos sociales, y ciertos sectores se mantienen alejados de de- terminados tipos de producción simbólica. Los datos obtenidos en las investi- gaciones comentadas por Linares y otros (2008) confirman que las estructuras de gustos, expectativas y hábitos, apuntadas como tendencia en la población cubana, están lejos de reflejar las políticas culturales elaboradas. Sucede que, de hecho, cierta dinámica, propia y peculiar, parece regir el decursar de los proce- sos relacionados con la educación de gustos, preferencias y hábitos culturales, por lo que parecería imposible “estar siempre al día” de las variaciones en los patrones de consumo cultural para poder satisfacerlos con los programas, pro- yectos y programaciones culturales (Linares, Rivero y Moras, 2008). Así y todo, los estudios de consumo cultural en Cuba son insuficientes; más aún aquellos que revelen las necesidades reales de la población a través de la indagación en la efectividad y pertinencia de los programas de desarrollo cultural. Linares y otros (2008) caracterizan la evolución temática e histórica que han tenido dichos estudios desde los años cuarenta hasta la actualidad, afirmando que se aprecian dos campos de investigación específicos: la comu- nicación y el tiempo libre (Linares y otros, 2008). Los autores asumen la periodización realizada por (Alonso, 2000), que abarca una primera etapa en las décadas de los cuarenta y cincuenta, con un uso casi exclusivo de encuestas y de la variable clase social; un debilitamiento de los estudios en la década de los sesenta y principios de los setenta, con cierta preocupación por distinguir la prensa burguesa de la revolucionaria, y por sondear la imagen de dirigentes políticos; y desde finales de los setenta y la década de los ochenta, cuando se toma conciencia acerca de la necesidad de construir modelos y metodologías de investigación propias, y predominan estudios sobre audiencias en medios audiovisuales y de contenido en publi- caciones periódicas. A partir de los noventa se inicia una ruptura con las tra- yectorias teóricas y metodológicas anteriores, un mayor respaldo institucional, una apertura hacia nuevos temas y referentes teóricos, enfatizando en el con- sumo como recepción activa, dependiente de estructuras y procesos sociales más generales. 28 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL Linares y otros (2008) consideran oportuno añadir a esta última etapa, la preocupación por conocer gustos, preferencias, actitudes y niveles de satisfacción del público con respecto a las manifestaciones artístico-literarias, y a valorar el papel de las instituciones culturales en la modificación de aquellos, de lo cual se ha ocupado, junto con otros centros, el Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello” (Linares y otros, 2008). El mencionado Instituto ha realizado investigaciones sobre procesos de consu- mo cultural en la Bienal de La Habana, Feria Internacional del Libro y la Literatu- ra, Festivales de Teatro de La Habana y Camagüey, de Cine Latinoamericano, entre otros. En cuanto a la labor institucional, se estudió la promoción de públicos y de intereses literarios en jóvenes; hábitos literarios en bibliotecarios y libreros; labor de la prensa escrita en la promoción de público; y caracterización de residentes vincu- lados a la actividad cultural. Si, a tenor con los principios de la política cultural, las instituciones persi- guen crear, construir y consolidar un sistema de valores en correspondencia con el proyecto social cubano, deberían brindar espacios y condiciones para el trabajo creador, así como desarrollar en la población un interés por apreciar y apropiarse de los bienes artísticos y culturales (CNIDCC, 1998). Toda estrategia institucional debería desarrollar cuantas acciones sean necesarias para facilitar el encuentro de la diversidad subjetiva de los destinatarios, con la homogeneidad de valores a que aspira la política cultural. En el año 2004, Casanova y Carcasés compilaron los estudios realizados hasta esa fecha, acerca de los problemas de participación en la gestión institucional de la cultura, e identificaron sus posibles causas en los modos de concebir la participa- ción en distintos momentos del desarrollo de la política cultural; en las tendencias para conducirla en la gestión de varios territorios; y en la evaluación de este proceso en la práctica institucional de dichos territorios (Casanova y Carcasés, 2004). Por otra parte, la Dirección de Programas del Ministerio de Cultura, ha- ciendo un balance de los resultados de la programación en las instituciones del sistema, reconoce un conjunto de problemáticas que aún subsisten y que urge resolver, lo que constituye un importante acercamiento a la situación actual como punto de partida para la búsqueda de alternativas de solución en medio de las condiciones actuales. Entre otras dificultades se encuentra la insuficiente participación en el proceso de la programación, quiere decir la integración de todos los que intervienen en cada una de sus etapas, donde hay que resaltar que el público escasamente se incluye en ella. En nuestra provincia continúan siendo insuficientes los estudios de consu- mo cultural, así como los de efectividad de la programación cultural, reconoci- dos en el reciente balance anual de la Dirección Provincial de Cultura (DPCVC, 2019). 29 COLECTIVO DE AUTORES Ante esta realidad, se realiza el presente estudio con el objetivo de identificar regularidades de la participación de adolescentes y jóvenes en la programación de instituciones culturales del municipio de Santa Clara. Para ello se utiliza el método de Encuesta, con el objetivo de indagar acerca del mundo interior de adolescentes y jóvenes, y de la percepción por estos de su participación en la programación cultural. Se aplica en su variante de Cuestionario (Anexo 1). El cuestionario de la presente investigación incluye, como Datos Generales, preguntas sobre las variables sociodemográficas: grupo etario, género, nivel educa- cional y ocupación principal (Anexo 2). Las dimensiones a explorar en el mismo son: vías más frecuentes de vínculo con la cultura, formas y niveles de participación en la programación cultural, par- ticipación en las distintas fases de la programación cultural, así como componentes psicológicos de la participación (necesidades, intereses y preferencias; motivos y fines, que constituyen configuraciones psicológicas caracterizadas por una mayor estabilidad, y valoraciones generales, relacionadas con los grados de aceptación, agrado y satisfacción hacia las actividades en las que se participa. Principales resultados Las vías de vínculo con la cultura que más se reconocen por los adolescentes y jóvenes encuestados son los medios de comunicación masiva (86.6 %), así como los grupos de amigos y las ferias y festivales culturales (53.3 %). Resulta significativo el reconocimiento por un 33.3 % de las instituciones culturales y otras vías como formas de acceder a la cultura; en este último caso se iden- tifican fundamentalmente las redes sociales. Se destaca negativamente, que solo el 20 % reconoce los grupos de aficionados y las actividades en la escuela como espacio de vinculación con las actividades culturales. Los resultados permitieron identificar en los adolescentes y jóvenes la con- dición de público o espectador como forma mayoritaria de participación en las actividades culturales (80 %), coincidente con un nivel de pasividad; a lo que se suma que más del 65 % de los sujetos encuestados no se implica en las fases de la programación cultural. Acerca de las valoraciones hacia las actividades culturales, se manifiesta alto reconocimiento general de su necesidad e intereses hacia las mismas (85.7 %); sin embargo, su grado de preferencias (35.7 %) es menor en relación con otro tipo de actividades. Por otra parte, a pesar de la motivación manifesta- da (78.5 %), no se aprecian fines y objetivos suficientemente estructurados, como para provocar estabilidad y participación consciente. En consecuencia, los altos grados de satisfacción mostrados (85.7 %), se interpretan como 30 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL “situacionales”, y no como expresión de móviles perdurables hacia esas acti- vidades. Contradictoriamente a lo esperado, resultados muy similares a los que se expresan en el presente estudio fueron recogidos en la investigación “Partici- pación juvenil en la programación de las principales instituciones culturales del municipio Santa Clara” (Calero, 2010), por lo que la categoría partici- pación en la programación cultural continúa siendo un reto para el sistema institucional de la cultura en la provincia. En este sentido, se confirma lo que Cecilia Linares y otros investigadores plantearon desde 2008, ya que “…muchas instituciones culturales continúan reproduciéndose con esquemas de trabajo repetidos, sin tener en cuenta las verdaderas necesidades y demandas de sus destinatarios. Concentran sus es- fuerzos en promover los valores más arraigados de la cultura, reconocidos y legitimados históricamente, sin dar suficientes espacios a la originalidad y creatividad de los sujetos que, en la dinámica de su vida cotidiana, producen, recrean, reapropian, transforman sentidos y les otorgan y les construyen nue- vos contenidos”. La política cultural cubana define la dirección e intencionalidad educativa que deben tener todas las influencias de su sistema institucional. La satis- facción de las necesidades espirituales del pueblo deberá lograrse a través de la formación de auténticos valores estéticos y culturales en los individuos, en correspondencia con la identidad nacional y la diversidad de expresiones cul- turales que se conforman en los diferentes ámbitos comunitarios. Para ello es imprescindible la participación activa de todos los sujetos sociales en la toma de decisiones de los procesos culturales. La gestión institucional de la cultura debe garantizar la suficiente apertura, flexibilidad organizativa y comunicación horizontal y dialógica, para asegurar las coherentes y armónicas interrelaciones a establecer entre públicos, creado- res y gestores, en los procesos de programación cultural institucional. Las estrategias institucionales para propiciar una mayor participación de- berían, primero, diagnosticar en qué formas y en qué niveles se ha concebido y propiciado la participación social en la gestión cultural, así como las posibili- dades para elevarlos desde lo institucional (capacitación de directivos, gestores y promotores; potencialidades comunicativas de creadores; disponibilidad de recursos, etc.); y por otro lado, las particularidades socioculturales de los pú- blicos (reales y potenciales) que están condicionando sus formas naturales de participación social, así como el posible “desarrollo próximo” de esas formas, en la dirección planteada por las políticas culturales en Cuba. En consecuencia, es imprescindible, desde el punto de vista sociopsico- lógico, determinar y comprender las necesidades, aspiraciones, motivaciones, 31 COLECTIVO DE AUTORES vivencias, experiencias de los sujetos participantes de la cultura, adentrarse en los procesos comunicativos que acompañan sus intercambios simbólicos, el uso de sus espacios, el significado de sus prácticas culturales, sus patrones de percepción, sistemas de representaciones y niveles de comprensión. Cada grupo social se distingue por la pluralidad y diversidad, a pesar de su aparente homogeneidad, lo que se deriva del reconocimiento de la subjetividad indi- vidual y de las relaciones intersubjetivas que se dan en la elaboración de los proyectos de vida. Sobre la base de estos supuestos será viable proyectar estrategias de desarrollo cultural que, desde la gestión institucional, se conecten verdaderamente con la vida y las necesidades de los públicos. Dicho propósito requiere del esfuerzo in- tegral de diversas disciplinas científicas, las que alcanzarán a brindar respuesta a estas cuestiones, en la medida en que entrecrucen sus preguntas, métodos y conocimientos. La condición de público o espectador resulta mayoritaria como forma de participación de adolescentes y jóvenes en las actividades culturales, lo que coincide con un elevado nivel de pasividad. Más de la mitad de los sujetos encuestados no se implica en las fases de la programación cultural. Se manifiesta alto reconocimiento de la necesidad e interés hacia las ac- tividades culturales, con un menor grado de preferencia en relación con otro tipo de actividades. A pesar de la motivación manifestada, no se aprecian fi- nes y objetivos suficientemente estructurados, como para provocar estabilidad y participación consciente. En consecuencia, los altos grados de satisfacción mostrados, se interpretan como situacionales y no como expresión de móviles perdurables hacia estas actividades. La variable participación en la programación cultural, puede ser conside- rada un camino de investigación hacia el logro de una gestión institucional que asegure la real participación de la población. Referencias bibliográficas Alonso, M. M. (2000). La investigación de la comunicación en Cuba: prés- tamos teóricos para un itinerario singular. Revista Temas, enero-junio 2000. Cantú, A. (s/f ). Consumo, recepción y uso. Un juego de implicaciones. III Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación. Disponible en: www.uncu.edu.ar Casanova, A. y Carcasés, A. I. (2004). La participación en la gestión institucional de la cultura La participación. Diálogo y debate en el contexto cubano. La Habana: Editorial Linotipia Bolívar. 32 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL CNIDCC. (1998). La población: actor de participación en el desarrollo cultural. Un estudio en la provincia de Villa Clara. Informe Final de Inves- tigación. Villa Clara: MINCULT. DPCVC. (2009). La programación cultural como expresión concreta de la política cultural. Dpto. Programas Culturales. Presentación en Power Point. DPCVC. (2019). Informe de Balance Anual Dirección Provincial de Cultura de Villa Clara, Santa Clara. Guédez, V. (2001). Gerencia, Cultura y Educación. Caracas, Venezuela: Fondo Editorial Tropykos/CLACDEC. Linares, C., Rivero, Y. y Moras, P. (2008). Participación y consumo cultural en Cuba. Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Mari- nello”. La Habana, Cuba. Rivero Baxter, Y. (2006). Cuba: ¿diferenciación cultural o desigualdad social? En A. Basail Rodríguez (coord.). Sociedad Cubana Hoy. Ensayos de Sociología Joven. La Habana: Editorial Ciencias Sociales. 33 COLECTIVO DE AUTORES Un primer acercamiento a los hábitos de lectura en la población joven de la ciudad de Santa Clara, Cuba raMón alberto Manso roDríguez A la hora de decidir las vías para crear o fomentar hábitos de lectura, se precisa de un estudio previo que ayude a determinar las variables que condicionan la implementación de esas acciones, para lograr que estas cumplan su cometido. En este sentido no solo basta con conocer lo que se lee, sino que es necesario determinar los hábitos de los usuarios con respecto a la lectura, los que condi- cionados por factores personales, culturales, sociales y económicos, determinan en gran medida el comportamiento de los individuos hacia la misma. Señala Palacios (2013) que las estrategias de animación a la lectura, requie- ren para lograr los objetivos de dichas acciones, trabajar sobre tres aspectos fun- damentales: el conocimiento de los lectores, de los materiales de lectura, y de las herramientas para la animación de los hábitos lectores. De este modo, para un desarrollo exitoso de cualquier acción que en este sentido se quiera implemen- tar, se requiere de toda una preparación previa, encaminada fundamentalmente a la identificación en el universo de usuarios, de los lectores y los no lectores y las preferencias en la lectura, así como valorar las posibilidades de acceso a libros en diferentes soportes, tanto en papel como en digital. Sin lugar a duda, un estudio detallado sobre el comportamiento de los usuarios, dará herramientas para comprender sus hábitos de lectura y actuar en consonancia con ello. Al respecto, las bibliotecas públicas cubanas en diferentes momentos han realizado diagnósticos de lectura, denominados Dinámicas de la Lectura, que básicamente consiste en conocer lo que los usuarios leen. Estas investigaciones sirven de antecedentes al presente estudio, el cual es un poco más abarcador, pues pretende conocer no lo que los jóvenes leen, sino cuáles son sus hábitos referentes a la lectura, en cuanto a prácticas comunes de entretenimiento, frecuencia con que se lee, soportes de lectura preferidos, tipología de géneros literarios, vías de adquisición, entre otros elementos que permiten darle una nueva mirada al fenómeno de la lectura, y valorar cómo se puede incidir desde una perspectiva tecnológica a reforzar este hábito como una opción para el esparcimiento y la elevación de la cultura general. El estudio concretamente ofrece el diagnóstico del comportamiento de los hábitos de lectura en los jóvenes de la ciudad de Santa Clara, los compara con estudios similares en otros países y establece los parámetros que han de condi- cionar el establecimiento de políticas y acciones que contribuyan a convertir la lectura en una opción de ocio y para el desarrollo personal y social. 34 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL Jóvenes y diagnóstico de sus Hábitos de Lectura: revisión de la literatura En la actualidad existe una tendencia de abandonar poco a poco la evaluación de lo que se lee, o sea, la calidad de los contenidos, centrándose solamente los estudios en valorar cuánto se lee y con qué fines. En este sentido, países como Inglaterra, Estados Unidos de América y España son precursores en el desarrollo de instru- mentos de sondeo, para conocer el comportamiento de los hábitos lectores en la población y poder definir estrategias que mitiguen cualquier dificultad en este sentido. Uno de estos referentes, en cuanto a estudios sobre hábitos de lectura, es el presentado por Reynolds (1996). Dicho diagnóstico valoró las aptitudes de 9 000 jóvenes ingleses, en cuanto a la tipología de documentos que consultaban (libros, revistas y periódicos, documentos digitales, etc…), cómo seleccionaban dichos documentos, dónde los adquirían, y además sobre los autores o géneros literarios favoritos y el lugar que ocupaba la lectura frente a otras opciones de entreteni- miento. Se ha de destacar que la encuesta confeccionada para este estudio, elabora- da por el UK´s National Centre for Research in Children´s Literature (NCRCL), ha sido ampliamente empleada por estudios similares en varios países. Siguiendo los estudios para conocer los hábitos de lectura desarrollados en Inglaterra, el más reciente fue realizado por la entidad DJS Research Limited y comprendió una muestra de 1 500 residentes. En el sondeo se evidenció cómo alrededor de la mitad solo leen una vez por semana y que un 45 % de los encues- tados prefieren la televisión o el video como opciones para el entretenimiento. De igual manera, demostró cómo la lectura contribuye a la satisfacción de las personas y a su éxito en la vida profesional; de ahí la importancia de implementar acciones de fomento de la lectura para contribuir a la erradicación de la pobreza y a la movilidad social. (Gleed, 2013) Igualmente, resultan de interés los estudios que realiza anualmente el Pew Research Center para conocer, entre los jóvenes estadounidenses, sus hábitos de lectura y el uso de las bibliotecas. En el último de estos informes, se exploran, además, sus actitudes hacia las bibliotecas, la valoración de la influencia de la mis- ma en la comunidad, el uso de las tecnologías y el papel de la biblioteca en la era digital. La encuesta fue aplicada a 6 224 americanos, comprendidos entre los 16 y más de 30 años de edad, vía telefónica y en los idiomas español e inglés. (Zickuhr & Rainie, 2014). En el ámbito hispano, uno de los principales estudios sobre el tema es el baró- metro Hábitos de lectura y compra de libros. Estudio que se realiza desde el año 2000 por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), de conjunto con la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura, y donde se recopila información de manera continua sobre aspectos relativos a los 35 COLECTIVO DE AUTORES hábitos de lectura de la población española; además, valora el comportamiento en la compra de libros, la cantidad de libros en los hogares, la lectura de otros medios, la asistencia a bibliotecas, el uso de Internet y la preferencia por otros hábitos de ocio o entretenimiento. La última encuesta, la de 2012, es aplicada a una muestra de alrededor de 6 700 personas, mayores de 14 años, y contactadas vía telefónica. (Federación de Gremios de Editores de España, 2013) Al adentrarnos en el entorno cubano sobresale la investigación que, con ca- rácter nacional, realizaron entre 2008 y 2009, un grupo de investigadores del Ins- tituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello” y el Centro de Estudios de Población y Desarrollo (Moras et al., 2011), relativas a las prácticas culturales en la población joven, entre las que se incluye la lectura, y que sirven como medio de comparación, a partir de una media nacional, de los datos obtenidos en el presente estudio. Se observa, de manera general, que los estudios de hábitos de lectura permiten valorar aspectos sociales, políticos, económicos, psicológicos e históricos inheren- tes a los individuos en un contexto determinado. Habitualmente estos sondeos son realizados mediante encuestas a una muestra relativamente homogénea de la población, resultando esta herramienta vital para conocer in situ la problemática de la lectura. Los cuestionarios a utilizar en el sondeo deben ser continuamente perfeccio- nados y atemperados al desarrollo tecnológico y social, a fin de que sus resultados sean válidos para conocer el fenómeno en cuestión y sus problemáticas, y conduz- can al diseño de soluciones, tendientes a mejorar las prácticas de lectura, que es la finalidad de la aplicación de estos procederes. Metodología El estudio que se presenta tiene un enfoque mixto, predominando los elemen- tos cuantitativos. De igual manera, por las características del objeto de estudio, el tipo de investigación es descriptiva. En él se analizan y evalúan, a partir de datos obtenidos de forma directa de la realidad, los hábitos de lectura de los jóvenes, se caracterizan, se identifican los puntos críticos que afectan este proceso, se estable- cen los comportamientos de las variables, y se corroboran sus posibles relaciones. La población escogida para la investigación estuvo compuesta por los usuarios de la Biblioteca Provincial Martí, residentes en la ciudad de Santa Clara y con una edad entre 15 y 35 años. De este universo poblacional, mediante un proce- dimiento probabilístico estratificado, se seleccionó una muestra de 1 138 jóvenes, la cual resulta representativa para esbozar elementos generales sobre la temática objeto de estudio. En el presente estudio se emplea como instrumento para la recogida de infor- 36 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL mación, el desarrollado por Pinto, García y Manso (2014), el cual se ajusta a los propósitos del mismo. El instrumento en cuestión, contiene de manera general indicadores relacionados con: • Elementos demográficos, comprenden los relativos al sexo, edad y ocu- pación. • Empleo del tiempo en diferentes opciones de ocio. • Razones por las que se lee. • Materias y géneros de lectura preferidos. • Formas de adquisición y acceso a los materiales para la lectura. • Formatos y soportes del texto, se mide la frecuencia de utilización de los mismos y sus preferencias a la hora de la lectura. • Comportamiento ante Internet, fundamentalmente lo concerniente a las herramientas sociales y las potencialidades de estas para estimular la lectura y la escritura compartida. La encuesta, del tipo semiestructura (open-closed-ended) fue aplicada en- tre los meses de diciembre de 2015 y abril de 2016, mediante el procedimien- to PAPI (cara a cara + papel). Hábitos de lectura en los jóvenes de la ciudad de Santa Clara, Cuba: Aná- lisis y Discusión Si se quieren tomar decisiones para fomentar y consolidar los hábitos de lectura entre los jóvenes, es necesario reconocer cuáles son las variables que los condi- cionan, en este sentido el sondeo aplicado a los usuarios jóvenes de la Biblioteca Provincial Martí dio como resultados los que seguidamente se analizan. En la muestra la representatividad por rango de edad se comportó de la si- guiente manera: el 42 % entre 21 y 25 años de edad, un 26 % entre los 15 y 20, el 19 % de 26 a 30 y el 15 % correspondió a jóvenes entre 31 y 35, considerándose una muestra homogénea a partir de que la intención de la investigación era reca- bar información sobre hábitos de lectura en la población joven, mayoritariamente estudiantes, que representan el por ciento mayor de usuarios que actualmente visitan la biblioteca, según las estadísticas propias de dicha institución. En cuanto a género, la muestra estuvo representada, en ambos sexos, en por cientos cercanos a la mitad de la población estudiada por cada uno de los rangos de edad, elemento que puede apreciarse en la Figura 1. Con respecto a la ocupación, el 31 % son estudiantes, de ellos 236 usuarios del nivel medio y 113 universitarios; las otras tres categorías de ocupación concebidas: profesores, investigadores y profesio- nales se comportaron en un 23 % de representatividad respectivamente. (Figura 2) Al analizar las prácticas diarias de entretenimiento se observa cómo un 94 % (n=1073) de jóvenes emplean los juegos de computadora, entre una hora diaria 37 COLECTIVO DE AUTORES y más tiempo, como alternativa para pasar su tiempo libre, seguido del video con un 86 % (n=981) y la televisión que acapara, en igual rango de tiempo, a un 75 % (n= 857) de los jóvenes encuestados. Por el contrario, respecto a la lectura solo un 58 % (n= 671) de jóvenes, en igual intervalo (entre 1 h y más tiempo), dedican espacio a esta actividad, en contra de 42 % que le dedican menos de 30 minutos; observándose de manera general que es al acto de leer al que menos tiempo se le dedica del conjunto de actividades presentadas. (Figura 3) Según muestra la encuesta, un 49 % (n= 556) dice leer con frecuencia para mantenerse informados. Resulta también destacable del análisis de los datos arro- jados en este aspecto, que un 31 % (n= 354) lo hace por razones de estudio con una frecuencia alta, y en igual sentido, otro 29 % (n=330) realiza la lectura por razones de trabajo, y en similar proporción por curiosidad. (Figura 4) En cuanto a la lectura por entretenimiento se debe señalar que un considerable por ciento, el 49 (n= 558) de los jóvenes abordados, manifiestan que nunca o casi nunca emplean la lectura en este sentido. Por otra parte, se destaca como género literario preferido la ficción (novelas, cuento, poesía, policiacos) con un 45 % (n= 508) de jóvenes interesados en este tipo de literatura, le siguen los temas académicos y/o de estudios con un 32 % (n= 371) y un 14 % (n=160) se sienten atraídos por otros géneros (fundamentalmente notas de prensa, curiosidades, artículos de revistas, etc.…). La no ficción (testimo- nios, biografía, historia) resultan los temas menos predilectos, solo marcados por un 9 % (n= 99) de los participantes en el estudio. (Figura 5) Al valorar la frecuencia de utilización por tipología documental se observa la prevalencia del empleo de audiovisuales con una frecuencia entre alta y muy alta, en un 69 % (n= 791) del total de participantes; con idéntica asiduidad se sitúan en segundo lugar los documentos electrónicos, con un 64 % (n= 735), seguidos de los medios de prensa o revista en general, que son requeridos por el 58 % (n=668), aunque se avista que este tipo de documentos ocupa el primer puesto en cuanto a una frecuencia alta. Del resto de los documentos que se consultan se destacan los libros en papel, con 51 % (n= 583) entre una frecuencia alta y muy alta y los libros electrónicos requeridos por el 47 % (n=536) en similar rango de tiempo. (Figura 6) La prevalencia del gusto por los audiovisuales corrobora la alta incidencia en la utilización del video como uno de los medios fundamentales de entretenimiento, como se observó al principio del estudio. En contraposición, la baja utilización de los audiolibros responde en gran medida al desconocimiento de la existencia de este tipo de documentos; la gran mayoría de los encuestados lo descubrieron a raíz de la aplicación de este instrumento, manifestando su interés por conocer más sobre el mismo. Un elemento interesante es que a pesar del predominio del uso de medios tec- nológicos por parte de los encuestados, quienes en un alto por ciento emplean la 38 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL computadora como una opción para el entretenimiento, según se valoró con an- terioridad, para la lectura utilizan y prefieren con frecuencia el papel, aunque con un reducido margen del 5 % en comparación con los que emplean la computadora para estos fines. Resulta interesante conocer que un 17 % (n=203) de los jóvenes participantes en el pesquisaje se sienten atraídos por emplear sus dispositivos mó- viles como soporte para la lectura. (Figura 7) Las formas básicas más empleadas para la adquisición de la generalidad de las fuentes documentales presentadas en el estudio son: el préstamo de amigos o familiares (n= 1123), la descarga desde Internet (n= 1035), y por último el prés- tamo bibliotecario (n= 1025). Particularizando en las fuentes más adquiridas, se tiene que como vía para obtener libros se destaca la compra (n= 355) y el préstamo de amigos o familiares (n= 225); en relación con los libros electrónicos predominan como formas: la descarga desde Internet (n= 363), el préstamo de amigos (n= 213) y la adquisición a través de los servicios de la biblioteca (n= 271). Otra fuente documental de importancia, los audiovisuales, por lo general son proveídos a través del préstamo por amigos o familiares (n= 236) o mediante su compra (n= 190). (Figura 8) De igual manera, en el estudio se manifiesta que la principal referencia para conocer de la existencia de un libro es el consejo de amigos o familiares, con un 39 % (n= 236) de menciones, mientras que la influencia de la TV es aludida por un 17 % (n= 204), y en 16 % (n= 191) se sienten influenciados por las acciones de promoción que realiza la biblioteca. Del resto de los canales de comunicación se debe destacar la prevalencia de un 11 % (n= 175) que han conocido de la existen- cia de un libro por medio de las redes sociales. El 52 % de la población encuestada (n= 591) refiere haber considerado la posibilidad de recibir ayuda, asesoría o sugerencias por parte de la biblioteca como una opción para motivarse a leer. Ahora bien, de modo general un 34 % (n= 385) de los encuestados manifiestan su preferencia por la participación en un Club de Lectura, como el tipo de ayuda que la biblioteca puede ofrecerles para motivarse a leer, seguido como segunda opción la sugerencia del bibliotecario, 26 % (n= 299), las guías de lectura, 25 % (n= 289), y solo un 15 % (n=165) reclaman la consulta al bibliotecario para ampliar sobre el tema. Al hacer referencia a los canales de comunicación preferidos por los jóvenes como mecanismo para que la biblioteca promocione sus colecciones, la televisión mantiene la prevalencia (22 %), seguida por los sitios de redes sociales (21 %). Aunque de modo general, se puede aseverar que todas las opciones presentadas mantienen un balance de preferencia bastante cercano unas de otras, entre uno y tres por ciento de diferencia solamente. (Figura 11) Si la biblioteca, a partir del alto por ciento de usuarios que manifiestan su preferencia por la participación en un Club de Lectura, decidirá implementarlo de 39 COLECTIVO DE AUTORES manera virtual, deberá observar que como opciones básicas estos: en un 98 % (n= 1116) prefiere solo leer los comentarios de otros miembros del club, un 92 % (n= 1048) reclama poder descargar la versión en video del libro, el 89.8 % (n=1022) dice que valoraría los libros por sistema de puntos, y un 89 % (n= 1021) quisiera poder establecer contacto con otros lectores miembros del club. En la tabla 1 se puede observar el comportamiento del resto de las variables. A pesar de predominar aún una cultura tradicional de emplear los textos im- presos como vía para acercarse a la lectura como opción general, particularizando en los textos docentes, un 53 % (n=598) plantean de suma importancia el poder disponer de estos en soporte digital; otro grupo de encuestados, el 32 % (n= 369), reconoce este elemento como algo importante, y solo 15 % no lo considera relevante. (Figura 12) La descarga del texto a la computadora es la opción preferida, para la lectura de un documento digital, por el 42 % (n= 481) de los jóvenes participantes en el sondeo, seguida por la impresión del mismo, en un 24 % (n= 279). La opción menos preferida es la lectura en línea, señalada solamente por el 12 % (n= 141) de los inquiridos. (Figura 13) Destaca como forma de lectura clásica, la de leer de forma fragmentada, sal- tándose párrafos, con un 51 % (n= 583) de jóvenes que la realizan de esa forma, corroborando lo planteado por Cerrillo y Senís (2005) al respecto. Otro impor- tante grupo, el 33 % (n= 377) lo hace siguiendo los hipervínculos, y un reducido número, el 15 % (n= 178), se lee la obra completamente. (Figura 14) Comentar un libro leído 962 Sugerir lecturas a otros miembros 841 Valorar mediante sistema de puntos, el libro leído 1022 Solamente leer los comentarios 1116 Charlar con el autor del libro 942 Comunicarme personalmente con otros miembros del Club 1021 Descargar la versión del libro en formato: Audiolibro 918 Electrónico 737 Película / Video 1048 Poder solicitar en la biblioteca el libro en soporte papel 948 Tabla 1. Opciones que realizaría el usuario de pertenecer a un Club de Lec- tura Virtual Otro elemento que se consideró fue la pertenencia a alguna red social (Face- book, Twitter, otras…), resultando que el 43 % (n= 497) del universo de usuarios 40 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL no se encuentra inscrito en ninguno de los sitios existentes en este sentido. No obstante, un considerable grupo, el 32 % (n= 373), posee un perfil en la red social Facebook, la de mayor utilización a nivel mundial. También se ha de destacar que un 17 % (n= 201) manifiesta que están inscritos en La Tendedera, un proyecto de red social cubano liderado por los Joven Club de Computación y Electrónica, y cuya dificultad mayor reside en que aún es un sitio no accesible desde la red nacio- nal, lo que puede dificultar la pertenencia de una institución, como la biblioteca, a dicha red, a la hora de implementar acciones en ella. (Figura 15) Por último, al indagar por la participación activa en Internet al emplear esta herramienta para formular preguntas, comentar, charlar o sugerir a otros usuarios, el 37 % (n= 418) manifiesta que lo hace con mucha frecuencia, un 19 % (n= 218) lo realiza frecuentemente, y de vez en cuando un 17 % (n= 197). Sin embargo, un 26 % (n= 305) nunca o casi nunca realiza alguna de las acciones esbozadas anteriormente. Como se muestra en los resultados anteriores, y de manera general, se puede inferir que los medios audiovisuales y la prensa son por antonomasia los tipos de documentos más consultados por los jóvenes. Por su parte, en cuanto a los hábitos de lectura, aunque prevalece como gé- nero literario la ficción (novelas, cuentos., etc.…), los encuestados suelen ser más propensos a leer fundamentalmente para mantenerse informados de los aconteci- mientos actuales y por razones de estudio o trabajo, que como opción de ocio. De ahí que también la lectura de temas académicos y de la prensa y revistas en general, acapara la atención de un grupo mayoritario de jóvenes. En general, los lectores participantes en el estudio descubren y se procuran los documentos de interés, básicamente mediante la familia, amigos y compañeros o mediante la descarga desde Internet, más que por las recomendaciones que la biblio- teca puede hacerles o proveerles. Aunque un gran número de estos reconoce que la biblioteca, si implementase un Club de Lectura, podría ayudarlos en este sentido. Resaltan como medios de comunicación preferidos, como canales para la difu- sión de información relativa a los libros, la televisión y los sitios de redes sociales. Dada la posibilidad, de ambas vías, de llegar a un gran número de personas debe procurarse su empleo en el desarrollo de acciones para fomentar el hábito de lectura. Finalmente, reconociendo el valor que tiene para las nuevas generaciones la lectura de forma fragmentada y su interés por participar de forma activa en sitios sociales, mediante la formulación de preguntas, comentarios, charlando o sugi- riendo, se ha de considerar ofrecer acciones de fomento de la lectura que tenga presente el conjunto de elementos identificados anteriormente. Se puede inferir que los comportamientos observados en los jóvenes resi- dentes en la ciudad de Santa Clara y descritos en este estudio, son similares a los 41 COLECTIVO DE AUTORES detectados en investigaciones de países, como España, Inglaterra y Estados Unidos (Federación de Gremios de Editores de España, 2013; Gleed, 2013; Zickuhr & Rainie, 2014). En este sentido, por ejemplo, en Inglaterra el 45 % de la población encuestada prefiere como medios de entretenimiento la televisión y el video, un 76 % muestran interés por el libro impreso y el 58 % adquiere los libros mediante la recomendación de amigos y familiares. Por su parte, entre los jóvenes norteamericanos se da el fenómeno de la lectura por razones de estudio, como elemento fundamental que induce al incremento de los lectores. También aparece un grupo representativo, el 73 %, que prefiere los libros impresos; la televisión y el video acapara la preferencia del 71 %, y la visita a redes sociales es práctica habitual para el 90 % de los encuestados. En el caso de España, también acapara la atención de los jóvenes como opción de ocio, el escuchar música, la radio o ver videos. En cuanto a la preferencia de los soportes, el mayor por ciento prefiere la lectura impresa; de igual manera sobresa- len por estudio y trabajo, y entre los materiales de lectura preferidos se encuentran la prensa y los blog y foros. Asimismo, se observa que una de las principales vías de acceso a los libros es mediante regalos, préstamos de amigos o familiares y la descarga de Internet; y, por último, existe similitud en el uso de Internet, que generalmente es aprovechado para la búsqueda de información y el acceso a redes sociales. Es así que la investigación demuestra el vínculo “significativo” entre los hábi- tos de lectura en contextos diferentes, fenómeno que puede estar asociado al im- pacto de la globalización en el sector cultural y la influencia de las tecnologías y los medios de comunicación, dando lugar a que se adquieren nuevos hábitos de co- municación, información y hasta de entretenimiento, elemento que debe tomarse como el punto clave para el desarrollo de estrategias o acciones en el camino para el fomento de hábitos de lectura en los jóvenes, como una opción para el ocio. Igualmente se corrobora la existencia de cierta falta de hábito lector entre los jóvenes, elemento que puede convertirse en un factor que les impida un mejor desenvolvimiento tanto en lo profesional como en lo social. De ahí que las políticas han de centrarse en corregir esta deficiencia y procurar la adquisición de habilida- des de comprensión lectora y del hábito de lectura para evitar el empobrecimiento y la inclusión. Se evidencia la necesidad de reconocer los elementos que caracterizan al actual usuario de las bibliotecas y centros de información, con la finalidad de mejorar, potenciar y ampliar las actividades de fomento del hábito de lectura que en estas instituciones se realizan. Además, se ha de valorar las tendencias actuales en el comportamiento de los lectores, promovida por la asimilación de nuevos dispositivos electrónicos, la supremacía de una cultura más visual que textual y la variedad de opciones donde pasar el tiempo libre y ratos de 42 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL ocio, elementos todos que constituyen un reto para el trabajo de fomento de la lectura desde la biblioteca. Al valorar las tendencias en el comportamiento de los usuarios y sus há- bitos, en los jóvenes residentes en la ciudad de Santa Clara, se corrobora la similitud de estos con los descritos en estudios desarrollados en otros países, fundamentalmente vinculados al uso prolífero de las tecnologías y en sus há- bitos de comunicación y de entretenimiento, elementos que resultan claves a la hora de implementar un conjunto de acciones para el fomento de hábitos de lectura. De manera general se puede concluir que: • Los sondeos de hábitos de lectura en la actualidad miden por qué y para qué se lee, abandonando la costumbre de evaluar los títulos más leídos. • La aplicación de instrumentos de sondeo de hábitos de lectura es prácti- ca habitual en países como Estados Unidos, Inglaterra y España. • El diagnóstico de hábitos de lectura es una herramienta vital para el diseño de soluciones, tendientes a mejorar las prácticas de lectura. • Se demuestra la influencia de la globalización de la cultura, el desarrollo tecnológico y los medios de comunicación en los hábitos de lectura de los jóvenes. • Como utilidad para la teoría, se presenta un instrumento para el diag- nóstico de hábitos de lectura aplicable en cualquier contexto. • Evidencia la necesidad de diagnosticar los hábitos de lectura en el uni- verso de usuarios que la biblioteca atiende antes de diseñar políticas y estrategias de fomento de la lectura. • Desde una implicación para la práctica se presenta el diagnóstico de hábitos de lectura en el contexto de un país en vías de desarrollo, el cual sirve de base para establecer procederes y generalizarlos según las poten- cialidades de cualquier organización de información. 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Young People´s Reading at the End of the Century. London: BookTrust and the British Library. Zickuhr, K. & L. Rainie (2014). Younger Americans and Public Li- braries. Pew Research Center´s. Disponible en: http://www.pewinternet. org/2014/09/10/younger-americans-and-public-libraries/ 44 GESTIÓN, MEDIACIÓN INSTITUCIONAL Y CONSUMO CULTURAL Las TICs y el consumo cultural en los jóvenes cubanos del siglo xxi IDalMIs Pérez Cabeza y MerCeDes Catony DelgaDo El siglo xxi ha sido marcado por la era posmoderna que ha penetrado los di- ferentes núcleos de la sociedad y sus límites colindantes, y que se expresa en una revolución de lo cotidiano, en un desencanto, en el tiempo no del otro, sino del yo propio, en lo heterogéneo, en lo prohibido, en el narcisismo, muy distante de lo que fue el prometeísmo o sisifismo; en el desgajamiento que origina la pluralidad de formas que desvalorizan lo que instauró la modernidad hace más de quinientos años. En este sentido, el discurso po